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Trentemøller
Obverse

[In My Room]
Escrito por Alejandro Serrano, publicado el 26 de septiembre de 2019
Al adentrarse en la discografía del multi-instrumentista Anders Trentemøller, es fácil percibir una actitud inconformista y una educación centrada en dos formatos: el rock y la música electrónica. Nacido y criado en Copenhague, Dinamarca, el joven Trentemøller conectó por primera vez con el rock, pasando el crepúsculo de su adolescencia actuando en bandas de rock alternativo, inspiradas en artistas como My Bloody Valentine, Joy Division o Depeche Mode. Hizo un primerizo viaje a Londres, durante el cual descubrió Massive AttackTricky Portishead , con los que tuvo una afinidad especial. En aquél momento formó Trigbag, un show de house en vivo junto al DJ Tom Von Rosen, formado en 1997. Tras la disolución de la banda, después de solo tres años, Trentemøller se instaló por su cuenta y, en 2006, después de una serie de EPs, lanzó The Last Resort, su debut de larga duración más impactante. Marcó un antes y un después con aquellas melodías memorables y paisajes sonoros exuberantes. El álbum es un hito en la historia de la música electrónica contemporánea, marcando una línea entre ser una colección de temas independientes, cada uno con su propia personalidad, y el disco entendido como una unidad.

Esta dicotomía entre rock y electrónica, ha subrayado la carrera de más de 20 años de Trentemøller. En la estela de The Last ResortTrentemøller formó su primera banda completa en vivo, completa con Henrik Vibskov a la batería, Mikael Simpson en la guitarra y visuales del director Karim Ghahwagi. Siguió un patrón similar con sus siguientes tres álbumes de estudio, Into The Great Wide Yonder (2010), Lost (2013) y Fixion (2016), todos los cuales salieron bajo su propio sello, In My Room, y fueron replanteados rápidamente en formato live.

La capacidad de Trentemøller para infundar lo mejor del rock y la electrónica en su propio estilo, es constante en su trabajo. Es cierto que este equilibrio basculó en Fixion, su último trabajo, más orientado al live en grandes escenarios. El álbum parecía estar escrito para el show, como si Trentemøller  hubiera puesto la carreta delante del caballo, para consternación de algunos de sus más entusiastas admiradores.

Por el contrario, Obverse, el último álbum de Trentemøller, está escrito sin esta exigencia por el escenario, sabiendo además que la paternidad requeriría que pasara más tiempo en casa. Por ello, el productor danés se centró en escribir lo que pretendía ser un álbum completamente instrumental, pero también, lejos de la idea fija de tener que trasladarlo sí o sí al escenario. Partiendo de esta premisa, más liberadora, planteó el estudio como una herramienta en sí misma, a la vez que indagaba en cuestiones familiares ambiguas, entre la luz y la oscuridad, la turbulencia y la serenidad, el frío más penetrante y la calidez más reconfortante.

Así pues, tiene sentido que Obverse se desvíe de su hoja de ruta original. La mitad de las composiciones presentan cantantes tan emblemáticos como Lina Tullgren, Lisbet Fritze o Jennylee, de Warpaint, una banda influenciada por el dream pop. Y como todos los grandes intrumentistas, los temas de Obverse cuentan sus propias historias. Normalmente, la música es impulsada por las letras. En este caso, la letra quedó subyugada a la música. Si bien Obverse nació con una ética de trabajo diferente a los trabajos anteriores, también continúa un camino que empezó en 2006. A partir de entonces, cada álbum ha sido más allá que su trabajo anterior, de ahí que Obverse retoma la historia donde Fixion la dejó.

Durante la última década, Trentemøller ha estado perfeccionando el equilibrio de claroscuros, conjugando imágenes de paisajes austeros, para reflejar el clima escandinavo, donde la mitad del año apenas se pone el sol, y el otro apenas alcanza el horizonte. Si bien ha habido un elemento de cine negro en su trabajo anterior, Obverse es la primera vez que cada tema se siente como una colección de bandas sonoras de bolsillo.

Él mismo declara que siempre ha trabajado con el contraste. Y Obverse no iba a ser una excepción. Es en los sutiles entrecruzamientos de sentimientos y contradicciones tonales donde más brilla el disco. La cover habla por sí sola, a cargo del artista con sede en Los Ángeles, Jesse Draxler, que ha contribuido con su arte para examinar lo blanco y lo negro, lo dinámico frente a lo sereno, lo grande y lo pequeño. ¿El resultado? Un estudio de contrastes complementarios, como el álbum en sí, que forma una simbiosis perfecta entre músicos y vocalistas.

Al fusionar el amor por el pop más ensoñador, la música oscura con sintetizadores, las partituras de bandas sonoras y una profunda conexión con los paisajes nórdicos más crudos y grises, Anders ha creado un lenguaje inimitable. En última instancia, Obverse ha creado un género en sí mismo.


Más información:

Trentemøller: Website

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