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Sequence Report
Secromance

[Beautiful Grandville records]
Escrito por Jami Bassols, publicado el 05 de octubre de 2013

La carrera de Tevo Howard está sin duda ligada a la recuperación del House de Chicago como una de las tendencias de moda en los últimos 5 años. Ya desde el principio, a este productor singular le ha acompañado ese aura de autenticidad que beneficia también a los pocos nativos de Detroit que siguen haciendo música Techno. Esta atención mediática -producida por una serie de acontecimientos ajenos al propio Howard- y este interés eminentemente europeo en sus producciones de baile añejo, ha propiciado que el público lo haya encasillado con el tiempo a una manera de hacer cercana a los revivalistas europeos del Chicago House (que no son pocos). Afortunadamente para los que seguimos su carrera, la intención de Howard, más que de asentarse en un bucle de auto-complaciencia donde su fórmula -una emocional y cruda del House, escuela Larry Heard- se repite una vez tras otra, las intenciones de Howard parecen querer apuntar hacia nuevas metas creativas.


Que este hombre es solo House de Chicago, ya lo podíamos intuir a raíz de referencias como la publicada el año pasado en Permanent Vacation. En ese fríamente recibido EP llamado What Is Sound, ya aparecían un sonido más desgastado y deslavazado de lo habitual en las producciones del americano. Este sonido, inspirado seguramente en el Italo-Disco y el primer Techno-Pop, constata el viaje hacia atrás en el tiempo de Howard en busca de ese terreno fértil y mal delimitado que algunos llaman Proto-House. Esta misma búsqueda, todavía más profunda, es la que acaba desencadenando en un álbum como este Secromance que se nos presenta tras el AKA Sequence Report.


En este disco encontramos un Tevo Howard muy diferente al que estan habituadas las pistas de baile. Explicado por el propio productor, la idea tras esta colección de canciones, es la de experimentar con el Pop. Afortunadamente, no estamos hablando de cualquier erupción histérica del Pop actual, si no más bien de una versión muy libre de la música mainstream que se hacía sobre todo en los años 80. Este hecho, unido al uso protagonista de las voces generadas por ordenador, otorga al disco un curioso tono sepia que nos hace pensar en las historias de amor hombre-máquina pensadas por Kraftwerk hace unas cuantas décadas. El disco en sí, fuera de las evidentes apuestas estéticas realizadas por Howard -solo hay que ver esa portada, inspirada en los primeros gráficos digitales generados por ordenador- funciona solo a ratos. Tras un inicio fulgurante con dos de las mejores canciones del disco -Emotion Number Eight y Tragedy- y tras el pico emocional que significa la adictiva Beauty To Body Count, nos encontramos con momentos -Even With All Adds o Been Steppin' To Your Love- donde las voces mecanizadas a lo Art Of Noise acaban resultando algo cansinas.


Queramos o no, se nota que las aptitudes de Howard como compositor de todo un álbum con aspiraciones tirando a Pop, no son las ideales. Aun así, se agradece el viaje temporal a este rincón del pasado inventado con el que nos sorprende un hombre que no se conforma con ser encasillado.





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