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EOD
Named

[Balance]
Escrito por Carlos Añón, publicado el 20 de julio de 2018
El concepto de braindance era en sus inicios oscuro y escurridizo, indefinido por excesivo, en cuyo espacio ontológico los fenómenos disímiles vagamente facilitaban jalonar sus límites. En el recopilatorio Braindance Coincidence la definición del neologismo que aportaba el sello Rephlex acumulaba diecesiete adjetivos, recordando a la aliteración de epítetos a la que recurrió un alemán para hacer lo propio con el capital, y los cortes incluidos constituían una miscelánea de géneros, estilos, tempos, fuentes, diferentes tipos de carácter, e incitaban a distintas formas de baile. Dos años después, Rephlexions! An Album Of Braindance! (Rephlex, 2003) iba aún más lejos.

En general, el término –mordaz ante una supuesta intención elitista atisbada en el acrónimo IDM– hacía referencia a toda aquella música post-rave que, editada en el sello de marras u otros afines, sobre todo desde la mitad de la década de los noventa, partía de la irreverencia característica de Aphex Twin para, posteriormente, tomar cualquier género –normalmente electrónico– pretérito o contemporáneo y, siempre con medios electrónicos, fundirlo y reciclarlo discrecionalmente. Visto así, la imprecisión era consustancial a su naturaleza. No obstante, con el paso de los años algunos de sus protagonistas abandonaron, redirigieron sus producciones o encontraron espacio en otros niveles taxonómicos, mientras que nuevas generaciones siguieron unas tendencias específicas, potenciando sus elementos más representativos y convirtiéndolos en tradición por mor del empleo reiterado de éstos. Hoy, los términos braindance e IDM no son sinónimos, si acaso lo fueron alguna vez: el primero cabe en el segundo, pero no viceversa. Y sin ánimo de eliminar una libertad intrínseca, puede ser considerado un género o, al menos, un género dividido en dos vertientes: una cercana al electro y acid de los Analord; la otra, al drill and bass y jungle que va desde Squarepusher hasta Venetian Snares, pasando por Bogdan Raczynski.

Quienes están familiarizados con la obra del productor noruego Stian Gjevik, más conocido como EOD, saben que él es una de las figuras más eminentes de cuantas han intervenido en el proceso –insuficientemente explicado aquí–, y que lo suyo es la primera vertiente mencionada, sin perjuicio de haber conformado un estilo propio caracterizado por un conocimiento eximio de las posibilidades que ofrece el género y por un saber hacer especial para la construcción de melodías. Sin embargo, su primer álbum, Named –editado en el sello islandés bbbbbb, donde ya publicó Swurlk EP hace un año–, se inclina hacia la segunda vertiente, le permite cumplir el sueño de hacer el álbum que siempre quiso hacer desde que empezó a producir y nos informa de que su introducción a la música electrónica se produjo por estas latitudes. Pero Named es muchísimo más.

El otro principio del álbum son las continuas referencias a H. P. Lovecraft, maestro de la literatura fantástica y padre de la corriente del horror cósmico, si bien aquí lo lovecraftiano está, siguiendo a lo estrictamente musical, troquelado por la nostalgia. En primer lugar, en la portada se puede apreciar un monstruo –quizá un Primigenio– verdoso tipo pulpo con el cerebro descubierto, o diamantes verdes típicos de los juegos de rol, pero el trazo naíf, el uso de colores vivos y una analogía con la "aesthetics" del vaporwave –un tobogán serpenteante de parque acuático finaliza en una charca de tentáculos azules de la que emerge un tiburón devorando al David de Miguel Ángel, dotado también de tentáculos en la boca– despojada del elemento tecnológico hace que la ironía sobre el pasado sea sustituida por la nostalgia entendida como un parque de atracciones de la imaginación, como si la pesadilla del púber fuese observada por el ahora adulto como un sueño inocente. Segundo, y lo que consigue dotar de trabazón coherente y sentido dramático al álbum, en una suerte de cinemática de videojuego rolístico, los títulos de los temas remiten a personajes, lugares o frases que aparecen en libros de Lovecraft, principalmente pertenecientes al ciclo Los Mitos de Cthulhu.

Las dos piezas que abren el álbum remiten al cuento corto Las ratas en las paredes, el único libro que no pertenece al ciclo. Tras una pequeña introducción delicada y tierna, Exham Priory –una construcción imaginaria ubicada en Gales que fue lugar de templos desde tiempos ancestrales– se lanza súbitamente a un ritmo de jungle pausado, marcado por un riff mínimo en la melodía, y 'sblood Thou Stinkard es más rápido y ágil tanto en el ritmo como en el riff, y tiene mayor libertad melódico-contrapuntística. Asenath y Edward –el matrimonio protagonista de El ser en el umbral– son dos retratos psicológicos –el primero, una pieza corta romántica y triste, cercana a Cylob o Bochum Welt; el segundo, techno de bombo rotundo atravesado por una línea nerviosa de sintetizador–, y es que una de las característas más notorias del álbum es la generación de caracterizaciones de los personajes humanos o teóricamente humanos. Por su parte, Dagon –la deidad principal de los Profundos– retorna al pulso inicial, y R'lyeh –la ciudad sumergida en el océano Pacífico, donde reside Cthulhu, el Primigenio por antonomasia– es imponente y atractiva, una maraña de breaks intrincados salpicada por melodías de bits.

La siguiente secuencia se centra en la novela La sombra sobre Innsmouth. La historia de los profundos, seres mitad humanos mitad peces que traen prosperidad a Innsmouth a cambio de sacrificios y permiso para procrear con los humanos nativos, es contada por el anciano vagabundo y alcohólico Zadok, caracterizado aquí por un coro errático y misterioso. The Deep Ones es una grabación de campo de veinte segundos que nos ubica en exterior del Arrecife del Diablo, donde habitan los profundos, y Marsh Refinery es un auténtico gameplay del videojuego Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth. Finalmente, Y'ha-nthlei –la ciudad sumergida más importante de los profundos– es la mejor pieza del álbum, un viviente y orgánico ejercicio acuático de drum and bass neopsicodélico, más cercano a Photek que al braindance: eufónico, elegante, enigmático.

Wilbur y Lavinia, de El horror de Dunwich, son el correlato de Asenath y Edward: el primero es drum and bass cuadriculado, nostálgico, con una coda final en forma de melodía de 8-bit; la segunda, ambient voyeur, como observar la fornicación de ésta con el dios Yog-Sothoth, y la fecundación del óvulo del que nacerían Wilbur y su hermano. Nyarlathothep, el dios primordial o exterior que adopta cientos de formas, es puro caos rítmico, un chute sinuoso y críptico, alucinantemente hipercambiante. Blasted Heath es IDM contemplativa, un fragmento de su personal Selected Ambient Works. Por último, Wippoorwills es drum and bass/braindance de ritmo sencillo y repetitivo, con sucesiones de fragmentos melódicos: la finalización lógica del álbum, el adiós de un trabajo que inclina el espejo de la nostalgia para hacer de la imaginación algo vivo; para que el braindance sea el de antes, el de toda la vida.

EOD - Named [bbbbbb]

A1. Exham Priory
A2. ‘sblood Thou Stinkard
B1. Asenath
B2. Dagon
B3. Edward
C1. R’lyeh
C2. Zadok
D1. The Deep Ones
D2. Marsh Refinery
D3. Y’ha-nthlei
E1. Wilbur
E2. Lavinia
F1. Nyarlathotep
F2. Blasted Heath
F3. Wippoorwills


Más información:

bbbbbb: Web Oficial
EOD: Facebook

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