Sonoramas

Artista: James Blake
Título: James Blake
Sello: Atlas Records
Puntuación: 9/10
Escrito por Xavier Puig, publicado el 25 de febrero de 2011
Antes de leer esto, me juego el cuello a que ya has escuchado hablar de James Blake. Seguro que si hace unos días pensabas que post-dubstep era el nombre que recibían las oficinas de correos húngaras, o que James Blake era el primer tenista negro en triunfar desde Yannick Noah, alguien se ha encargado de sacarte del error. Porque amigos, uno de los chavales que ha hecho que el dubstep salte del ghetto a los entornos universitarios y entre a lo grande en el circo mediático junto a Magnetic Man y recientemente Breakage, está hasta en la sopa. Y la verdad es que el hecho de encontrarme estos días con su fichaje por Atlas Records, su entrevista en El País, o su página de artista en Mtv, me quitaba las ganas de hablar de este James Blake y de tener contacto con cualquier enlace relacionado a lo que es sin duda el hype del momento. Bueno, por eso y la controversia que ha creado que el chaval despiste a media industria al marcarse no un disco de dubstep post-moderno sino un disco de canciones con toque urban. Pero amigos, no hablar de él no sería justo, ya que si nos abstraemos del hecho que el amigo esté presente o citado en cualquier medio musical, y nos fijamos en su música, solo nos queda aplaudir, o en caso de militar en el talibanismo purista de los bajos gordos y seguir lamentándose por no haber vivido en Croydon circa 2003, pues a cerrar la escotilla y criticarlo. Yo he optado por lo primero.

Digamos que el chaval tiene huevos. Todo el mundo esperando una cumbre del post-dubstep y después de tener al mundo en ascuas durante seis largos meses, va y se marca un álbum de “blanco que intenta cantar como negro”. También vale reseñar que el debut más anticipado de 2011 fue grabado cuando James Blake todavía iba a la universidad, cuando ni él mismo probablemente sabía la que iba a liar con sus producciones unos años después. Prueba de ello es que su voz a lo largo del disco parece estar chopeada, como cortada a base de warpeos del ableton live. No olvidemos tampoco que su padre -James Litherand, también compositor-, ha colaborado indirectamente en el disco al aportar el sampleo original de Wilhelm Scream. Pero bueno dejémonos de controversias chorras y hablemos alto y claro sobre lo que será seguro una de las obras más controvertidas del año.

Empecemos con obviedades: este James Blake es único. Si hablamos de su melodía, su sonido es una mezcla imposible entre dub y soul torturado con ambientes intimistas importados del folk, sonoridades emo-step dignas de los Kimbie y elementos del minimalismo clásico y del pop del siglo XXI, como el autotune a lo Kanye West que trufa el disco al mismo tiempo que impera en las listas MTV. Pero no podemos dejarnos la que es quizás la tela más importante de este tapiz, y es que hay que reseñar que el álbum hiede a incienso y mirra, o dejándonos de metáforas, a música pasional, cuasi religiosa: el fervor que se aprecia en cada lamento cantado de Blake, el empleo del contrapunto de tonos menores y mayores, la utilización de órganos, el folk waspero anglicano a lo Zoo Kid etc. Si bien la temática de las letras trata más sobre el amor y sus devaneos, el tono general del disco está intrínsecamente ligado a la pasión desgarrada que solemos encontrar en las iglesias de corte evangélico, aunque en la intimidad y sin acudir al culto, válgame. Este bizarro e irresistible tapiz melódico, está sumergido en una bruma de minimalismo levantada por los copiosos ecos prestados del dub, así como rítmicas sincopadas en clave dubstep que beben ocasionalmente del mismo sirope que las de Dj Screw o Three Six Mafia, pero que James se apaña para montar en su puzzle de forma tan natural que hacen que el dirty-south parezca digno de un meapilas creacionista sureño. Bueno, en realidad digo dubstep pero hay que recalcar que son pocos los elementos puros del género de Croydon que se pueden encontrar a lo largo del Lp, y de ello otra vez hay que usar la palabra post: uno es el bajo tembloroso de Limit To Your Love, que sería un tema de soul sino fuera por el fino delay aplicado al piano que le da un aspecto totalmente jamaicano. A medida que nos vamos adentrando en el disco, encontraremos lo que será el gospel del siglo XXI, o ramalazos de soul sureño que se empastan en pasajes de dubstep sin apenas bajo, que dejan bombo y caja desnudos ante las reverberaciones de los ambientes que acentúan el poder melódico de los temas y el dolor en la voz de Blake. Estas bellas piezas vocales se ven en ocasiones levantadas poderosamente por los inimitables increscendos melódicos marca de la casa como el de I Never Learnt To Share, canción en la que aparte de enterarnos de que su hermano le debe 6000 pavos, Blake se suelta la melena y desata sus sintes en clave nu-gospel hasta convertirlos en auténticas bombas de melodías que suben y suben hasta que te elevan tan alto que te dejan en el mismo limbo blakiano, un lugar colorido e irresistible que ya visitamos en su remix del Stop What You’re Doing de Untold o del Maybes de Mount Kimbie.

Así pues, James Blake se sirve del r’n’b, del blues y del folk para mearse en las músicas urbanas y las predicciones de los especialistas en post-lo que sea. Son estas imposibles mezclas entre influencias tan dispares las que hacen de este James Blake una obra efímera y bella, una solitaria Edelweiss que se cuela por las fallas de la música moderna y echa sus raíces al lado de otras cepas como Burial, Joy Orbison o Mount Kimbie -inclasificables todas-, y que logra con solo mes y medio vencido lo que va a ser uno de los discos del año en los medios. Si bien ya nos olíamos este giro vocal en octubre, cuando el pequeño geniecillo pijo se marcó un exquisito cover del Limit To Your Love de Feist incluido en el disco, lo que no podíamos esperarnos era que todo el disco fuera a basarse en el uso de su voz, que Blake se iría a la misma isla que Jamie Lidell o Sly Johnston de la Saïan Supa, ni que imitaría flagrantemente a Zoo Kid, sino que al menos se tiraría unos cuantos tracks instrumentales como él, y solo él sabe hacer. En lo que respecta al manierismo soulero, las bases ya las había sentado en el oscuro The Bell Sketch y el ensoñador CMYK.

Es cierto, el disco es cortico y el chaval va de crooner siendo más bien un chico blanco del coro al que todavía le falta voz para ser un reputado soulman, como dice Alex Denney en su feroz crítica para NME. Pero el chico produce como los ángeles, muestra aptitudes en esto de los gorgoritos –sobretodo en eso de imprimirle desgarro y tristeza a su voz- y si tiene cuidado con no acabar pareciéndose a algo semejante al Zoo Kid del continuum hardcore, puede lograr que una nueva oleada de niñatos por fin den sentido a la -por ahora- absurda etiqueta “vocal-step”, acuñada exclusivamente en honor de Sir James. Una cosa es segura, Blake is here to stay.

James Blake - James Blake (Atlas)

01.
"Unluck"

02.
"The Wilhelm Scream"

03.
"I Never Learnt To Share"

04.
"Lindisfarne I"

05.
"Lindisfarne II"

06.
"Limit To Your Love"

07.
"Give Me My Month"

08.
"To Care (Like You)"

09.
"Why Don't You Call Me?"

10.
"I Mind"

11.
"Measurements"


Más información:

Web Oficial: James Blake