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Opinión: El clubbing SÍ es cultura

En las últimas semanas estamos viendo determinados movimientos que parecen separar a un sector como el de la electrónica de baile, el mundo de los djs y clubes nocturnos (o como lo queráis llamar) del de los eventos culturales. En un momento tan incierto como el actual en el que las discotecas van a tener difícil volver a abrir en las próximas semanas o meses, creo que es importante dejar claro que aunque algunos no lo entiendan o no quieran entenderlo las actuaciones que tienen lugar en una discoteca a altas horas de la madrugada también pueden tener un componente cultural. Habrá djs más o menos interesantes, como hay cantautores divertidos y otros que aburren, como hay grupos que tocan muy bien la guitarra y otros que no saben más que tres acordes y salen adelante. Al parecer unos no están realizando una labor artística y los otros sí.

Hace un par de semanas se celebró una manifestación convocada por el movimiento Alerta Roja a la que se sumaron muchos djs y promotores de clubes porque creían que sus derechos también serían defendidos. Ese mismo día el señor ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, hacía unas declaraciones de las que nos hicimos eco en esta página en las que explicaba que hablaría con las diferentes autoridades competentes para asegurarse que las salas de conciertos fueran consideradas lugares de cultura, añadiendo la coletilla "y separados completamente del ocio nocturno". Hoy aparecen noticias en la prensa nacional que confirman esas manifestaciones de aquel día hechas por el señor Uribe: una cosa son los conciertos y los eventos, y otra es el ocio nocturno. Además, me consta que desde el movimiento Alerta Roja han querido también dejar clara esa distinción, algo que ha hecho que muchos de nuestro sector que hayan apoyado las reivindicaciones del movimiento se hayan (o nos hayamos) podido sentir traicionados.

Y preocupa que en ese ocio nocturno parecen también incluir a promotores y djs que llevan años luchando por un tipo de manifestación cultural (la de la electrónica de baile) que va más allá del mero entretenimiento. Jeff Mills en directo con su caja de ritmos o pinchando a tres platos a las 3 de la madrugada es un acto cultural igual que cualquier otro concierto. El público ha pagado por verle actuar, igual que pagan por ver a cualquier grupo en una sala de conciertos. No hay diferencias entre el promotor de un concierto y el de un evento. Ambos organizan la velada con la intención de ganar dinero por determinadas actuaciones que la gente paga por ver. Ambos programan eventos culturales independientemente del tipo de música que suene, o del lugar y del horario en el que se desarrolle. Al igual que el futuro Estatuto del Artista debería incluir también a quién se gane la vida como DJ o como productor de música electrónica.

No me olvido de que durante este verano hemos visto determinados comportamientos por parte de artistas y promotores que es totalmente reprochable. Y los medios de comunicación masivos se han aprovechado de ello porque estamos en un momento en el que cualquier noticia que emocione (positiva o negativamente) al público va a tener tirón; y si hay imágenes grabadas y se pueden ver por televisión aún más. Quizá el problema es que se ha dejado abrir demasiado pronto a unos locales que no están preparados para garantizar el distanciamiento social. Eso lo saben bien en Alemania y en muchos otros países de nuestro entorno que con muchos menos contagios llevan desde marzo con todos los clubes cerrados por imperativo legal. Aquí los que han abierto lo han hecho sabiendo que podían tener problemas, y los ha habido, no los podemos negar; pero no por lo que ha pasado con un puñado de ellos se puede demonizar a todo un sector. Y por otra parte, también habría que culpabilizar de lo sucedido, al menos en parte, a quién ha dado permiso para poder abrir.

El "clubbing" quizá ahora mismo no sea un entorno seguro, las discotecas pueden ser lugares en los que es difícil garantizar unas ciertas medidas de seguridad, pero de ahí a querer separar la programación en la que muchos promotores llevan trabajando desde hace años de la que se desarrolla en las salas de conciertos y considerar que lo que se celebra en unas es mero entretenimiento mientras que en las otras es un acto cultural se me antoja una distinción falaz y que no hace sino continuar con uno de los estigmas que siempre ha tenido la electrónica de baile.

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