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Bubblegum, Afro-Synth, Kwaito y otras joyas de la música electrónica africana que aún no conoces

Escrito por Han-oi | Publicado el 01.06.2020

Selectors como Palms Trax, Hunee, o Antal están poniendo en valor cada fin de semana tesoros escondidos de la música africana y su hype no para de crecer.

Del orgánico sonido Filadelfia y el creciente fervor por los sintetizadores surgió en el noreste de Estados Unidos un sonido cuya influencia ha estado muy presente hasta nuestros días. La música disco lo infectó todo, su popularidad fue tan descomunal que algunas radios dejaron de emitir música rock para emitir éxitos plagados de groove, baile y positivismo con el que el nuevo sonido disco había conquistado a la clase media blanca estadounidense.

Ésto hizo que varios afamados radiolocutores perdieran sus puestos de trabajo. Es el caso de Steve Dahl, que por aquél entonces trabajaba en la estación WDAI. Dahl fue despedido en las navidades 1978 como parte del cambio de estilo de la emisora, comenzando una campaña anti-disco en la que muy probablemente no sólo se ponía en juego una rivalidad musical sino también de clases, de género y de libertades sexuales.

Toda esta campaña de desprestigio culminó con la famosa "Disco Demolition Night" en la que se animó a los seguidores de los Chicago White Sox a llevar consigo vinilos de música disco para quemarlos y hacerlos explotar en el descanso del partido contra los Detroit Tigers.

El Comiskey Park de Chicago dobló su afluencia de público esa noche y, no sólo miles de discos fueron quemados, explotados y volados por los aires, sino que el evento acabó siendo una de las expresiones de racismo y homofobia más abiertamente retransmitidas de los EEUU.

Resulta curioso cómo la ciudad que vivió este bochornoso espectáculo, fuera unos años más tarde testigo del nacimiento de la música house, cuyas influencias del sonido disco son más que palpables (‘House Music is Disco’s Revenge’, Frankie Knuckles), pero eso es otra historia.

Si bien es cierto que la disco music terminó muriendo de su propio éxito, su influencia se expandió no sólo a numerosos estilos musicales, sino también a otros territorios. Siempre se habla del disco/post-disco europeo como el gran olvidado de este movimiento pese a las grandes alegrías que nos dio, sobre todo en Italia y Alemania.

Pero más aún si cabe se ha pasado de puntillas por los increíbles sonidos que surgieron en las escenas locales africanas, especialmente en Nigeria y Sudáfrica.

En los últimos años, melómanos como Miles Cleret (Soundway Records, UK) se han embarcado en viajes al continente africano buscando joyas olvidadas en tiendas de discos, sumergiéndose en las escenas locales, contactando con productores, artistas y músicos locales con el fin de compilar y reeditar éstas rarezas que a día de hoy siguen siendo tan efectivas en la pista de baile. ¿Apropiación cultural?, puede que sí. Pero en ningún momento la marca africana ha estado tan viva como ahora.

Culpables del gran estado de forma que vive el "african style" son también selectors como el surcoreano Hunee o el londinense afincado en Berlín, Palms Trax. Ambos llevan años incluyendo con maestría estos sonidos en sus eclécticas sesiones. Sin olvidarnos del holandés Antal, copropietario de Rush Hour Records, record store y sello discográfico con sede en Ámsterdam que ha reeditado varios tesoros africanos con gran éxito.

En pleno fervor de la disco music a finales de los 70, Nigeria se presenta como el país africano con la industria musical más potente y es allí donde encontramos varias producciones de calidad influenciados por los sonidos provenientes de Estados Unidos. Los nigerianos celebraban la caída de la dictadura militar y una nueva generación de músicos quería alejarse del clásico sonido afrobeat liderado por Fela Kuti.


Kiki Gyan - Disco Dancer (Nigeria, 1979)

Recordado como la respuesta africana a Stevie Wonder, Kiki Gyan nació y se desarrolló como músico en Ghana. Su álbum ‘Feeling So Good’ fue editado por el sello Nigeriano ‘Boom Records’, del cual se han llegado a pagar 560€ por una copia.

‘Feeling So Good’ incluía en su primer corte este ‘Disco Dancer’, una psicodélica pieza entre el disco y el funk de 7 minutos acompañados en todo momento por su infecciosa línea de bajo y una orgásmica demostración de primigenios sintetizadores que llega a su Clímax alrededor del minuto 3:20.

Soundway Records publicaba hace unos años Doing It In Lagos (Boogie, Pop & Disco in 1980s Nigeria), recopilando una amplia muestra de esos sonidos post-disco y electro-funk que acercaban el sonido nigeriano a lo que se estaba haciendo en USA y muchas veces superando a lo que se producía en Europa.


Oby Onyoha - Enjoy Your Life (Nigera, 1981)

La lagosiana Oby Onyioha ofrecía al mundo esta sensual ‘Enjoy Your Life’, puro sonido disco que fue pinchado hasta la saciedad en clubes de Chicago y Nueva York. Grabado en los rudimentarios Phonodisk Studio en el sur de Nigeria, a día de hoy sigue sonando tan fresco y actual como hace 40 años.


Steve Monite - Only You (Nigeria, 1984)

Steve Monite sólo sacó un disco al mercado, apoyado por la multinacional ‘His Master Voice’ y el corte que lo abre, ‘Only You’, puede ser la mejor demostración del Afro-Funk o Afro-Boogie nigeriana conocida. Una copia original del vinilo está por las nubes, hasta 1.175€ se ha llegado a pagar por ella. Quizá sólo la poderosa e increíble línea de bajo tenga ese valor.

Con el paso de los años, el precio de esos primitivos sintetizadores se fue reduciendo poco a poco (sin dejar de ser sólo accesibles para unos pocos), empezamos a ver cómo cada vez eran mayor el número de producciones que los incluían y como la música electrónica iba tomando forma en países como Togo, Benín, Congo, Ghana y Costa de Marfil.


Stanislas Tohon - Owhaaou! (Benín, 1985)

Stanislas Tohon aka Papy Grande fue nombrado ‘Caballero de la legión de honor’ en Benín por su exitosa carrera musical, principalmente centrada en el modern soul. En 1985 lanzaba ‘Metamorphose - Owhaaou…!’, versión upbeat del tradicional sonido beninés de ritmos progresivos, sintetizadores espaciales y el saxofón más evocador que jamás has escuchado.


Tabu Ley Rochereau - Hafi Deo (República Democrática del Congo, 1985)

Hafi Deo viene a traducirse como ‘Agua de los Dioses’, y es una avanzada demostración pop congolés con toques balearic y proto-house. Tabu Ley Rochereau es uno de los nombres más importantes de la música africana. Pese a ello, Hafi Deo cayó en el olvido fuera del Congo, siendo quizá demasiado manso para los coleccionistas de la world music de la época.


Rex Gyamfi - Obiari Bewu (Ghana, 1986)

Vientos Jazzy y guitarras arpegiadas definen al sonido Highlife originado en Ghana. Fruto del éxodo de miles de ghaneses a Alemania a primeros de los 80 y la incorporación de sintetizadores surgió el Burger-Highlife. Culturalmente tan dispares, alemanes y ghaneses, crearon un sonido nuevo entre el clásico Highlife, el Disco, y el Funk.

Los 80 no fueron años fáciles para la población de Sudáfrica. El Apartheid, instaurado en el país desde 1948 no acababa de terminar y la mayoría negra seguía separada en ‘Bantustames’, guetos separados de la minoría blanca para privarlos de sus derechos. Curiosamente la industria musical era uno de los pocos sectores en los que negros y blancos podían trabajar juntos y colaboraron en la creación de varias joyas del género.


Letta Mbulu - Nomalizo (Sudáfrica, 1983)

Sintetizadores cósmicos y pura elegancia del downbeat disco más reposado. Dos años más tarde de su publicación, el álbum fue reeditado en Japón y es a día de hoy una auténtica pieza de culto en el país nipón.


Don Laka - Stages Of Love (Sudáfrica, 1986)

‘Stages Of Love’ es probablemente la obra maestra del Afro-Synth. Su elegante línea de bajo, su instrumentación y los coros que acompañan son simplemente perfectos. Dos años antes, Don Laka lanzó el LP ‘ I Wanna Be Myself’ y el hype por esta rareza ha alcanzado el módico precio de 600€ en Discogs.

Frente a la pesadilla Apartheid, la población negra lejos de sumirse en el derrotismo, buscó nuevas vías para sobrellevar esta sofocante atmósfera. Las revueltas locales cada vez eran más notorias y el gobierno estaba decidido a acallar la disidencia proclamando el Estado de Emergencia en 1986. Así, los músicos sudafricanos tuvieron que ingeniar diversos métodos para esquivar la estricta censura.

Aunando esfuerzos para resistir la represión y buscando un nuevo orgullo nacional, crearon un sonido local, colorido y de aspecto multirracial, había nacido el bubblegum. Toda una bofetada en la cara para las creencias de desarrollo separatista del Apartheid.

Nacido en el underground, radiado y pinchado en ‘Sheebens’ (bares de copas semi-legales), el bubblegum llegó a convertirse en algo mainstream. Pese a tener ciertos mensajes de protesta en sus letras, el bubblegum tenía un mensaje distinto: los buenos tiempos estaban a la vuelta de la esquina.

Este nuevo sonido ciertamente tuvo gran popularidad entre la mayoría negra, pero no se libró de cierta crítica de reputados músicos de jazz sudafricanos como Hugh Masekela, tildándolo de un opiáceo barato y escaso de recursos. No le faltaba razón, el bubblegum siempre fue una música barata, producida con los sintetizadores más asequibles a los que los músicos de época podían acceder pero llena de creatividad, fue simplemente música Pop.


Linda Babe Majika - Let's Make a Deal (Sudáfrica, 1988)

‘Let’s Make a Deal’ estaba incluído en el LP ‘Don’t Treat Me So Bad’ publicado en 1988 por Umkhonto Records infectando a toda Sudáfrica con su poderosa línea de bajo. Su poder para la pista de baile no ha pasado desapercibido y las copias estaban superando los 200€, por lo que Rush Hour lanzaba una reedición este mismo año.


V.O - Mashisha (Sudáfrica, 1990)

Eddie Magwaza, productor y compositor del proyecto V.O. fue un talentoso músico afincado en Johannesburgo durante la época final del Apartheid. Su carrera musical pisó trágicamente el freno tras ser disparado justo después de la publicación de ‘Mashisha’. El disco fracasó estrepitosamente en ventas en su lanzamiento inicial. 5 lustros más tarde, el sello canadiense Invisible City Records’ se puso manos a la obra para reeditar esta obra clave que representa a la perfección esa transición del más puro estilo Bubblegum sudafricano a la nuevas tendencias Kwaito y Proto-House que reinaron en el país durante la década de los 90.

A principios de los años 90, el escenario político había cambiado y las presiones internacionales para terminar con el Apartheid eran cada vez más intensas. En 1991 el parlamento puso finalmente punto y final al Apartheid tras un referéndum en el que la población blanca votó a favor de su abolición.

Con el destino de la nación irrevocablemente alterado, el bubblegum carecía de sentido y su popularidad cayó. La población estaba cansada de mensajes políticos, eran tiempos de celebración.

El país avanzó y el sonido bubblegum quedó indocumentado. Después de haber estado en la cima, simplemente se derrumbó. Todo el material quedó en el olvido, cogiendo polvo durante décadas en garajes, fábricas o en la sección 1 dólar de las tiendas de discos.

El kwaito (una mezcla de proto-house ralentizado y hip-hop) y el house con influencias de Chicago y UK tomó las riendas de la población durante muchos años.


City Express - It’s Too Late (Sudáfrica 1991)

Repetitivas líneas de bajo, pegadizos vocales, pianos clásicos y sonidos de la Roland TR-909 fueron la tónica dominante del House más vanguardista de los primeros años 90. ‘It’s Too Late’ es una producción 100% sudafricana, pero cuesta creer que no fuera creado en algún rincón de Manchester para ser pinchado en las paredes de la sudorosa Haçienda.


Ntombi Ndaba - Tomorrow (Sudáfrica, 1991)

Ntombi Ndaba saltó a la fama junto a The Survivals en 1986. Tras su separación, Ndaba creó el sello independiente Anneko Records con su productor y compañero sentimental A.T. Rubber Khoza. Tras publicación del LP ‘Why Me’ en 1991 y la muerte de Khoza, nada más se volvió a saber de ella.

Aquí se intenta reflejar en una resumida lista de temas, una historia de cómo la música electrónica fue calando entre la población africana a la vez que lo hacía en occidente. De cómo (sin perder ni un ápice de su esencia) los sonidos discos que venían de USA a finales de los 70 influyeron en las joyas del género en África. Y del posterior surgimiento de sonidos únicos como el afro-synth, el afro-boogie o el bubblegum dieron paso al kwaito y al house.

Probablemente las cicatrices psicológicas de aquellos terribles años 80 puedan ser culpables del abandono de todo este material. Pero estas joyas no podían estar cogiendo polvo para siempre y el hype que ha sufrido la música africana durante los últimos años ha transformado las pocas copias editadas en su día en auténticos artículos de deseo para los coleccionistas. Es prácticamente imposible encontrar imágenes de estos movimientos. No hay hasta la fecha ninguna referencia literaria escrita y los artículos en internet son realmente escasos. Su historia está prácticamente indocumentada.

Si bien es cierto que muchos artistas siguen gozando de gran popularidad y éxito en sus países, la mayoría cayó en el olvido e incluso en la pobreza. Por eso es tan de elogiar la labor que los sellos están haciendo por devolver a la actualidad estos discos olvidados de la forma más humana posible, contactando con los propios artistas o sus familias para compartir este resurgir de su música en forma de royalties.

Mix

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