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25 Años de La Terrrazza: Hablamos con su fundador, Julio Amores

Escrito por David Puente | Publicado el 14.05.2020

Llevábamos todo el invierno peleando para preparar esta temporada tan especial en la que íbamos a celebrar el 25 aniversario de La Terrrazza. Llegar vivo a los 25 años en esta ciudad no es nada fácil y había que celebrarlo por todo lo alto”. Julio Amores es uno de los socios fundadores de Night Sun Group. A lo largo de estos últimos cinco lustros ha producido sesiones de verano al aire libre con La Terrrazza, de invierno como Discòthèque e incluso durante dos temporadas de mañana, como fue el caso del after Tijuana. En realidad, Amores lleva más de 30 años trabajando en la noche. “Trabajé en la primera época del Apolo y también estuve trabajando en el Verdi de la calle del mismo nombre, cuando pinchaban Pepe Billy y Toni Verdi. Yo venía del ON/OFF del Poble Espanyol que fue la continuación del Ars con César De Melero como Dj principal. Ahí ya me empapé del todo de la cultura house que después hemos intentado difundir con nuestros eventos”. Algunos miembros del equipo de La Terrrazza han podido entrar en el recinto esta semana después de dos meses y han aprovechado la incursión para recuperar unas fotos que nos han cedido para ilustrar este artículo. “Me preocupa la escena actual. La gente ahora sólo sale a ver a un Dj en concreto. Como si fuera a ver un concierto. Escucha al Dj con una actitud más científica que fiestera, compara la sesión con las que ya ha escuchado en Soundcloud o visto en Youtube. Por lo general, queda defraudado y sube el comentario a las redes. El problema es que no todos los Djs internacionales funcionan. Son sólo unos pocos los que tienen tirón. Te la juegas trayendo a tal Dj internacional y después la gente no sube a Montjuic como sí hacía antes”. Como Mahoma no puede ir a la montaña, la dirección del open air ha decidido llevar la montaña a los usuarios que decidan asistir mañana a la inauguración virtual de la temporada de La Terrrazza a través de Zoom (tienes más información aquí).

Como colectivo habéis hecho vida en Montjuic, una zona bastante alejada del centro neurálgico de la ciudad. ¿Cómo habéis sido capaces de salvar las distancias teniendo en cuenta que, tradicionalmente, a los fiesteros de esta ciudad les ha costado bastante desplazarse para salir de marcha a espacios alejados del centro?

A la gente no le ha dado reparo subir a Montjuic cuando tocaba, porque la ciudad ha funcionado siempre por fenómenos. Barcelona siempre se ha movido por modas. Los fenómenos en Barcelona han funcionado bien. Night Sun Group mismo fue un fenómeno. Yo es lo que digo, la ciudad permite un periodo de prueba para lo nuevo. Si el ON/OFF era donde había que ir para ser guay porque estaba César De Melero pìnchando house de Ibiza, pues la gente subía a Montjuic. Es que en esa primera mitad de los 90 tampoco había tantas opciones de bailar música de club. Otro punto importante en todo esto es que en esos años todos los promotores empezamos a chupar de Ibiza. Los hermanos De Melero importaron a Barcelona muchos aspectos de la fiesta de Ibiza y lo más importante, el primer sonido house. En el 89, nosotros aquí en Barcelona estábamos escuchando los hits de Technotronic. En las discotecas se escuchaba una mezcla de muchas cosas, en ese tramo entre finales de los 80 y principios de los 90. No teníamos ni idea de lo que era el house, hasta que llegó el Ars que abrieron ellos en la zona alta y después el after del Ozono, el primero especializado en acid. Las y los gogos empiezan a dar una nota de color a los locales y la gente empieza a disfrutar de otro espectáculo en las discotecas que, poco a poco, empiezan a parecerse más a los clubs de mediados de los 90. Un fenómeno como ON/OFF atrajo a la gente como para buscarse la vida y subir a Montjuic que, como dices, era una zona muy poco visitada para salir de marcha. Como te decía, una de las particularidades de Barcelona es que te da un tiempo de gracia para que empieces con un proyecto. Pero lo difícil para un promotor es mantenerse a lo largo del tiempo una vez superado ese periodo de gracia con el que cuenta todo proyecto. Es como que la ciudad te da una oportunidad. Tu proyecto funciona mientras eres capaz de captar la atención del público más trendy. Pero en cuanto estos mismos influencers dejan de venir, tu fiesta ya se puede ir despidiendo. Mientras tengas la aprobación de ciertos líderes de opinión, todo bien. En cuanto los pierdes, porque piensan que el producto ya no es el mismo que su molde original, ya puedes ir pensando en otro proyecto. Es el postureo típico de esta ciudad. En Madrid, por ejemplo, la escena funciona de otra manera.

Explicame como empieza a gestarse Night Sun Group.

En el verano de 1995, Jorge Rodríguez, dueño del mismo local que después sería Discothèque, un personajazo que ya rondaba por entonces los 60 años y estaba en franca decadencia, y eso que había tenido locales en Ibiza, intentó reflotar su local en el Poble Espanyol, incluso se había atrevido a abrir una especie de franquicia del ACTV valenciano. Lo que tenía se lo gastaba como bon vivant que era. Un empresario de la noche de manual. Y con deudas. Por aquel entonces, era la época de las carpas Barna Estiu de la Plaza Espanya y a Jorge Rodríguez, como medida desesperada, se le ocurre montar otras carpas justo detrás del Poble Espanyol. No funcionaron demasiado bien porque eran muy cutres. Pero ahí se empezó a gestar algo entre la gente que se implicó en aquel invento. Por allí apareció Albert Tió, otro puntal del incipiente Night Sun Group, y también Sergio Patricio que llegaría a ser nuestro Dj residente. Se puede decir que en esas carpas se fraguaron las que serían las primeras fiestas de La Terrrazza. La primera fue de medio after, en aquella época todo era más salvaje, menos reglado, todavía menos estando como estábamos allí arriba, abrimos como a las tres de la mañana hasta las tres de la tarde.

Esos primeros escarceos tuvieron lugar en el verano del 95. Total, que en esa tesitura desesperada y sin margen ninguno, pasó ese verano del 95 y Jorge Rodríguez le propuso en noviembre a Pedro Jiménez, al único promotor al que le había funcionado el invento de las carpas, si le parecía bien que le alquilara la discoteca porque ya no sabía qué inventar. Jiménez no tenía dinero suficiente, ni tenía los contactos porque no tenía experiencia trabajando en la noche, así que recurre a mí para ver si nos aliamos. Hablamos con Sergio Patricio para que hiciera de Dj y con Albert Tió, siempre ha sido un tipo muy popular, ya lo era en esa época, tenía una tienda de estampación de camisetas, había trabajado para el Florida 135 de go-gó… Así que lo pusimos a trabajar de RRPP. Yo me encargaba del funcionamiento de la sala y de poner en marcha los equipos de trabajo. Pedimos dinero prestado, algo que nos traería problemas en el futuro porque nuestros acreedores se mostraron bastante duros a la hora de reclamar el dinero. Así que empezamos en esto siendo conocidos en la noche, pero sin ninguna experiencia como promotores de la noche. Como la idea era establecer colaboraciones y abrirnos a otros garitos, yo mismo eché mano de algunos camareros que habían estado en Distrito Distinto, un local de la Meridiana con el que compartimos puntos en común en lo de mezclar público gay y hetero. Hablamos también con la gente del Satanassa, otro local delicioso de la ciudad, con ese ambiente entre gay y petardo. Inauguramos durante ese invierno de 1995 con un horario bastante extraño, abríamos a las dos de la madrugada y cerrábamos a las diez de la mañana. El empuje de todos sirvió para que estas primeras fiestas, a las que llamamos de primeras X ON/OFF (aprovechamos el tirón de las fiestas de César de Melero), fueran un éxito.

¿Y cuando ocupáis el espacio de La Terrrazza? Vuestro famoso “open air” de todos los veranos desde hace 25.

Por entonces, el local que teníamos justo al lado, al aire libre, y que luego sería La Terrrazza, se llamaba Sotavento. Lo gestionaba un tal Pepe y unos policías, era bastante oscurete como te puedes imaginar. Por nuestra parte, nosotros tuvimos bastante éxito. Pasó la Navidad, nos estaba yendo muy bien, y de repente Jorge nos dice que ahora nos alquila el local por semanas y cada semana nos subía más el precio. Nos estaba extorsionando, pero como teníamos la necesidad de continuar para aprovechar el tirón, pues tragamos con sus exigencias ese enero, febrero, marzo y entonces apareció en escena uno de los promotores de la época, Javier Adrados. Nos hizo una opa hostil. Por entonces estaba montando fiestas en La Via y después en Polyester, las discotecas de la Estación de Francia que dirigía Antonio Morales que era otro personajazo. Sólo decir que Morales era entonces presidente de la Unión Deportiva Gramenet de Segunda B. Le estábamos haciendo bastante la competencia porque compartíamos público y eso a Adrados nunca le hizo gracia. Así que se presentó un emisario suyo para hacerle una oferta a Jorge para quedarse la discoteca. Nosotros ya éramos Night Sun Group, lo fuímos desde el principio, pero no dejábamos de ser unos muertos de hambre en el negocio.

Eso sí, metíamos unas 1500 personas en estas fiestas y ese éxito por lo general no pasa desapercibido a tus competidores. Todo el moderneo se vino con nosotros porque teníamos los partners adecuados, gracias a nuestros contactos iniciales con Satanassa y Distrito. Y Antonio Morales pensaba que podía quitarse de encima a la competencia que éramos nosotros, lo gracioso es que después trabajaríamos con él en la Estación de Francia en el que sería nuestro primer Fellini. Total que Jorge nos dice que muy bien lo nuestro, pero que le han hecho una oferta mejor y que nos da una semana para que nos despidamos. Durante esa semana nos reunimos todo el equipo y Pedro Jiménez suelta lo de pillar el local al aire libre que teníamos al lado, el Sotavento que ya no funcionaba porque los polis lo habían dado por imposible. Sin pensarlo apenas, ese fin de semana nos despedimos del X ON/OFF y al acabar la sesión le dijimos a todo el mundo que seguíamos la fiesta en La Terrrazza. Fue el 1 de abril de 1996 cuando organizamos la primera fiesta de La Terrrazza en nuestro open air que ocupamos desde los últimos 25 años. Le pusimos ese nombre porque estaba al aire libre. No hay más. Las primeras semanas eran muy duras porque nuestros clientes todavía pensaban que estábamos en el ON/OFF y si entraban 100 personas en las primeras noches de La Terrrazza ya eran muchas. Pero nuestros clientes reaccionaron y empezaron a llegar. El boca-oreja nos ayudó muchísimo a recuperar a nuestro público. En un mes y pico la discoteca de Morales pasó a tener 100 personas, yo no recuerdo bien qué nombre le pusieron, no sé si aprovecharon lo de Polyester o qué sé yo, y en cambio nuestra cola daba la vuelta al Poble Espanyol. Pasamos un verano del 96 espectacular. Empezamos a trabajar en cabina con los Dope Brothers, los mexicanos Professor Angel Dust y De Lippo.

En mitad del verano, Morales no se pudo contener y nos envió a uno de sus esbirros, recuerdo a un señor muy mayor, para proponernos irnos a la Estación de Francia el próximo invierno que ya se habían cargado a Javier Adrados y pensaban en nuevos proyectos. Lo hablé con el resto del grupo, siempre decidíamos las cosas en plan cooperativa. Y decidimos ir para la estación de Francia para montar el primer Fellini en octubre del 96. Y así fue como empezamos a trabajar con Antonio Morales. Estuvimos dos temporadas. Ese invierno del 96 y el del 97 y te puedo asegurar que Morales me dejó exhausto. Un tipo muy complicado para trabajar. Agotado acabé. Y esas ganas por quitarnos de encima a Antonio Morales, provocó que pensáramos en un concepto propio de club que daría forma al Discothèque. Pensamos en un proyecto más inclusivo, que apostara por promocionar aspectos de la cultura de clubs como la exposición de flyers que montamos a nuestro paso por el Fellini. Como todos veníamos de la noche, nos interesaba relacionar la música con el clubbing. Nuestro eslogan cuando presentamos Discothèque fue, “el club ha muerto, viva la discoteca”. Recuperar la discoteca como un punto de encuentro de gente diferente. Ofrecer un espacio abierto en el que compartir experiencias con gente de aquí y de allá.

¿Qué recuerda con más cariño de aquellos primeros años en los que reinastes en las noches de verano?

Pues recuerdo que lo que más gracia nos hacía eran aquellos castings de entusiastas que estaban interesados en realizar performances. Albert Tió y yo nos reuníamos cada martes a las cinco de la tarde con la gente que se dirigía a nosotros para presentarnos un espectáculo que incorporar en La Terrrazza. Era lo mejor de la semana. Las performances eran psicodelia pura. Una especie de de GOT Talent allí con La Terrrazza cerrada y gente haciendo unas cosas, que ahora me arrepiento de no haberlas grabado, porque eran de un ingenio que ni te explico. Unos que venían con unos váteres y salían de dentro y empezaban a bailar una coreografía que habían ensayado en casa. Otra decía que salía a cantar un tema de Gloria Gaynor con un casco nazi en la cabeza. Las influencias serán diferentes, pero la gente antes tenía la misma creatividad que ahora, lo que la exteriorizaba de otra manera. Ahora para eso tenemos el Tik Tok. En aquella época de justo antes de las redes sociales, la gente se mostraba en los clubs con su ropa y sus looks porque era la única manera de expresarse ante una audiencia. Lo que eras lo tenías que mostrar en la calle. La gente se ponía fantástica para lucirse en La Terrrazza porque entonces también se salía a ligar. Con tanta gente predispuesta a mostrarse era normal que en La Terrrazza pasarán cosas que, a fin de cuentas, era para lo que salía la gente, para que le pasaran cosas. Ahora vas a escuchar a un Dj del que ya te sabes hasta el último truco. Antes habías escuchado hablar de él, hoy antes de que pise el club ya lo sabes todo de él. La opinión al final se resumía en un, “me ha encantado porque no he parado de bailar”.

De La Terrrazza de finales de los 90 también recuerdo las colas y lo duro de la puerta. Se escuchaba aquello de “en La Terrrazza no entras si no vas disfrazado”. Incluso recuerdo a un chaval que estaba delante mío al que tiraron para atrás que exclamó contrariado, “¡pero si yo soy de la fauna!”.

Si que tuvimos que filtrar bastante a la gente porque no se cabía. Y efectivamente, preferíamos dejar pasar a la gente que daba color al local. Teníamos que cribar, no nos quedaba otra. De hecho, algunos dejaban en el coche varias mudas por si no le dejábamos entrar de primeras. Todo se debe a que entre los 80 y los 90, como te comentaba antes, Ibiza marcó muchísimo la oferta de esta ciudad, sobre todo el Space, que estiró sus horarios y abrió nuevas posibilidades de disfrutar de la música en plan diurno. A partir del año 95 pasamos de vestirnos guapos, a salir muy llamativos. Yo lo entiendo eso como una necesidad de expresión, que en esa segunda parte de los 90 explotó en locales como el nuestro. Y en este contexto de color, llegaron las drag queens que simbolizaron para bastantes hombres la última frontera de cómo lucir para la ocasión que te brindaba el fin de semana. Lo llevaron al extremo con aquellas plataformas espectaculares, gracias a las cuales eran vistas a muchos metros de distancia.

Pero es que además tuvimos mucha gracia a nivel internacional. Durante muchos años estuvimos montando tours internacionales y en ciudades como París nos envidiaban. En el Queen's de París estuvimos dos años y medio organizando una fiesta mensual, y siempre nos decían que teníamos suerte de vivir en Barcelona, por el espectáculo que se vivía en nuestros clubs. Barcelona entre finales de los 90 y principio de los 2000 fue la capital del clubbing mundial, muy por encima incluso de Ibiza, porque nosotros además teníamos el Sónar y ellos no. Pero con el tiempo, el público gay dejó de aparecer por clubs donde también coincidían heteros, para recluirse en el gayxample y la fiesta empezó a decaer. La gente del Row aún pudo estirar con éxito y a última hora el modelo de público mixto y muy extravagante. En sus fiestas se reparten gafas de colores, todo tipo parafernalia, pódiums, aparecen los famosos hinchables… Todo eso lo hacíamos ya nosotros en el 95. Y eso lo recupera elRow ya bien entrados los 2000 y les ha servido como tabla salvavidas. Me quito el sombrero ante la familia del Florida 135.

Otro de los distintivos del club fue la nómina de estrellas y estrellonas del house internacional que pasaron por la cabina del local del complejo del Poble Espanyol. Podrías hablarnos del primero que contratásteis…

Chito de Melero, con el que siempre he tenido una buena relación, trabajaba en Triceratops junto a Javier Verdes, una de las primeras agencias de booking en esta ciudad de Djs internacionales. Me dijo en el verano del 96 que habíamos llegado a un punto que teníamos que dar un salto de calidad contratando a Djs internacionales. “Te va a costar una pasta pero te va a dar caché”. Tenía buen rollo con Sven Vath porque su hermano César hacía la temporada de verano en Ibiza. Total que nos liamos la manta a la cabeza y ese verano contratamos al propio Sven Vath. Fue más una apuesta arriesgada que otra cosa, porque no hay que olvidar que por aquel entonces en lo promocional funcionábamos a golpe de flyer. Tampoco estaban los precios como se pusieron después, pero buenos estabas contratando a un tipo que ya estaba produciendo en el año 87 y tenía tirón y demás. Eran un momento en el que la escena de un Dj internacional se limitaba a muy pocas plazas. No se montaban festivales en Croacia, ni en Bulgaria… Los Djs aún no viajaban a países como Albania como sí que ocurre ahora. Piensa que después Sven Vath estuvo montando su fiesta de Cocoon fin de semana del Sónar en La Terrrazza durante diez años seguidos. En 2007 se cansó y ya no vino más. Por La Terrrazza pasaron también Frankie Knuckles, Robert Owens, trajimos a Deep Dish por primera vez a la península y presentamos a Danny Tenaglia por primera vez en Barcelona. Acabábamos siempre en la casa de alguno con Sven Vath que nunca tenía bastante. Éramos jóvenes, teníamos un club y las llaves del mismo. A veces nos pasábamos tres días en La Terrrazza sin salir. Montábamos unas hamacas, encendíamos el equipo de música y ya podían ir pasando las horas.

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