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Crónica: MUTEK Barcelona 2020

Escrito por Reinaldo Gil Peñas | Publicado el 16.03.2020

En tiempos delirantes de COVID-19, el mundo sigue girando en la medida de lo posible y los festivales de música electrónica con pinceladas de “arte” en forma más sonora o más visual se siguen o seguían sucediendo, ya que las cancelaciones de eventos y el confinamiento de la gente en sus casas está a la orden del día. A pesar de esto, Mutek es un claro ejemplo de ello, franquicia canadiense que tiene una de sus varias localizaciones a lo largo del año con base en Barcelona.

La jornada inaugural del festival en la que se dieron cita gente de la industria, avezados asistentes al festival y otros tantos en modo “afterwork” transcurrió entre una entrevista tumultuosa debido al público charlatán a Nicolas Bernier y la instalación audiovisual que presentaba en torno al “light quanta” que hubiera ganado en enteros si el entorno en el que se ubicó hubiera sido adecuado. La luminosidad del espacio y la gran afluencia de gente al mismo tiempo impidió del disfrute en condiciones óptimas de la performance. Mención especial a la reproducción completa del Lifestyles Of The Laptop Café de The Other People Place que hizo más agradable la espera de los acontecimientos.

Durante las tardes de los siguientes días, se dieron lugar varios eventos denominados por el festival como AMBIENT, término poco adecuado para alguna de las actuaciones, como la que nos ocupa, del pianista y compositor Francesco Tristano. El show que se dio lugar el jueves en el espacio Casa MUTEK x Reebok (que e celebró en Bridge_48, coworking de artistas más o menos influyentes residentes en Barcelona) empezó con connotaciones ambient pero en muy poco tiempo viró hacia unas latitudes percusivas, arpegios y cuerdas neodetroitianas, lo que hizo que parte de la gente, aunque sentada, comenzara tímidamente o no tan tímidamente a bailar. El desenfreno y las ganas se notaban en el ambiente.

Lucinda ChuaLucinda Chua

Como nota negativa, decir que era imposible acudir a todos los eventos programados por el festival, debido a la distancia entre ellos y el poco tiempo dado entre la finalización y el inicio, de uno y otro, que se concatenaban de forma inigualable. Así pues, llegamos con algo de retraso al Instituto Francés de Barcelona, en cuyo auditorio se daban lugar dos actuaciones con sabor a Japón y en femenino, ya que estaban comisionadas por el Consulado de Japón de Barcelona. La primera de las integrantes, Tomoko Sauvage, con una puesta en escena sobria, con el uso de los claroscuros como efecto visual y dotada de una serie de instrumentos de producción propia creó una experiencia inmersiva y de experimentación sonora, usando el agua como hilo conductor, cuyo movimiento estaba captado por micrófonos subacuáticos. Se echó en falta algo de volumen para poder apreciar con mayor detalle lo especial de la experiencia. En segundo lugar, Lucinda Chua armada con un cello comenzó tocándolo de una forma bastante virtuosa y grabando diferentes loops de su cello. Los iba superponiendo creando un ambiente cálido que acabó siendo algo empalagoso debido a una serie de “haikus” que recitaba sin cesar y que no aportaban mucho a su buen hacer con el cello.

La noche se dio cita en LAUT. Uno de los clubs barceloneses que más nos gustan. Empezó con un dj llamado Hayden F al que llegamos al final de sesión en la que estaba mezclando clásicos atemporales como el Lush 3 (3-1 & 3-2 20) de Orbital y el Showreel Part 2 de Djrum. Le siguió el directo de Tadleeh en el que un noise retorcido y sinuoso se acompañaba de una modulación de su voz en directo. La noche acabó con el directo de Bleid que, con una mezcla de techno marciano, guetto, electro y breaks nos dejó quemando zapatilla y con muchas ganas de continuar al día siguiente. Portugal as its best.

Otro de los espacios a reseñar en este periplo barcelonés fue la sala Aranya del complejo de la Universitat Pompeu Fabra en el barrio de Poble Nou. En este espacio, el viernes se dio la segunda y última de las AMBIENT (hoy mucho más acertado el término que describe la sesión), en la cuál sonaron las creaciones de io io, adalid de la computer music y el techno experimental forjó un gran directo en el que sobraron una serie de visuales que acompañaban en algún momento a la música y que eran más propias de algún juego de simulación social muy conocido. En última instancia despedimos este espacio con el fantástico despliegue de Grand River, conocida últimamente por sus producciones en Spazio Disponible, la cuál desarrolló una serie de capas de sonidos muy próximos al ambient claramente influenciados por el minimalismo y por la música clásica (dada la formación más tradicional de la italo-holandesa).

Previo receso para cenar en las inmediaciones de la Estació del Nord y de acopio de más amigos, lo cuál hizo que la entrada en el Nocturne 1 se retrasara, encaminamos nuestros pasos hacia la mítica sala Apolo, cada día más modernizada y por ello, con algo menos de encanto, aunque cumpliendo su función a las mil maravillas. Tanto en Astin (sala inferior) como en Nitsa (sala superior) se dieron un conjunto de actuaciones más que notables a pesar de las cancelaciones de última hora de Jane Fitz o no tan última hora del estreno mundial del directo de Special Request. Lo menos interesante fue Levon Vincent, que intentó hacer una mezcla de noise y virtuosismo al piano que no era lo más indicado para el momento y el espacio. A pesar de ello, Lotus Eater (duo formado por Lucy y Rrose) con su “tunnel” de techno inmersivo y cavernoso puso a bailar a la gente y el desenfreno, la locura y el ambiente más propio de una rave que de un garito cerrado, lo puso la vibrante Sherelle. La londinense puso patas arriba a los pocos valientes que iban quedando en Nitsa, ya que la velocidad del set fue infernal. En él se mezclaron de una forma rápidamente endiablada estilos como el juke/footwork, el electro, el jungle, el old school breaks e incluso la IDM. A destacar temas que sonaron como el LFO de LFO, el Blacklash de Wehbba, el Work 07 de dj Rashad e incluso un pequeño homenaje con el remix de Sully del Vortex 164 de Special Request, el gran desaparecido de la noche.

Y, por fin, llegamos al último día de festival, con el imponente espacio que ofrece Estrella Damm, con su antigua fábrica de cerveza (mención especial al tirador de Inedit del que también disfrutamos y mención menos especial al acceso del recinto que hacía que te sintieras en un loop infinito), disfrutamos de música sumamente dispar. Desde los paisajes sonoros a base de grabaciones de campo, ruido blanco y otras hierbas de Meitei pasando por la experimentación techno a base de cintas magnéticas de YPY el cuál resulto bailable con la materia gris y con las articulaciones a la vez, retorciendo líneas de bajo que basculaban entre la abrasión, la calidez orgánica y las connotaciones ruidistas haciéndola deliciosa. No llegamos a entender los ritmos urbanos futuristas de Ikram Bouloum que se presentó con una puesta en escena efectista pero sí bailamos con intensidad el directo de Loraine James que presentó su disco For You and I en el archiconocido Hyperdub en clave más percusiva y “ritmorotista” que lo que uno puede escuchar tranquilamente en su casa. El baile desenfrenado con la cabeza y con los pies continuó con el gran esperado de la tarde. Aquarian desplegó un directo lleno de breaks ultraretorcidos, bombos demoledores y melodías oníricas que convirtieron la pista de baile en una compleja maraña de incredulidad, paroxismo y éxtasis a lo largo de toda su interpretación del reciente The Snake That Eats Itself. Sublime.

AquarianAquarian

BarkerBarker

Como no podía ser de otra manera, Mutek acabó su Nocturne 2 en sala Apolo de nuevo. Esta vez las actuaciones más interesantes se dieron cita en Astin, donde que uno de los niños bonitos de Ostgut Ton, Barker, estaba dispuesto a deleitarnos con su aclamado LP Utililty. Esos arpegios tan orgánicos y tan metálicos a la vez, esas melodías que invitan al baile con los ojos cerrados, esa escasez de un bombo a negras en muchísimos de sus tracks y esa complejidad sonora que te hace levitar y entrar en un estado alterado de consciencia debido a la repetición concreta, concisa y con sentido de los elementos anteriormente descritos. La hora más mágica de todo el festival, sin lugar a dudas. El festival culminó con el dub humeante, los ritmos jamaicanos y el groove de Deadbeat y el descaro de Dj Plead, que en lo que vimos de su dj set se atrevió a mezclar algo que podría asemejarse a música folclórica árabe y breaks totalmente marcianos, ritmos sincopados para no perder de vista el hype que tienen en estos momentos de la historia.

En definitiva, y como colofón, decir del Mutek que es un festival lógicamente disfrutable para un amplio espectro del público que está pendiente de esto que viene siendo la música electrónica.

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