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Crónica: The Ömen: Rememorando el hito, 25 años después

Escrito por Alberto Paredes | Fotos de Alba Centeno | Publicado el 02.12.2019

Crónica: The Omen 25 Años

Pongámonos en situación. Año 98, en algún lugar de Getafe. El pequeño Alberto remonta el paseo Alonso de Mendoza, armado con dos porras bien grasientas, se supone que para ir a “estudiar”. Mientras camina, en sus todavía tiernas orejillas retumba una cinta de casete que le había pasado su hermano y en la que podía leerse escrito a boli: "Omën. Mulero/Yke.15-7-1995". Más tarde descubriría que aquella era una grabación de la sesión de cierre del mítico club.

Las historias que al pequeño Alberto le habían contado en el barrio y en casa sobre The Omën eran dignas de estudio y profundización, ya sea por el enorme background musical que allí se pudo escuchar (se ha descubierto con motivo de la fiesta que fueron más de 1.500 temas los que se pusieron) o por cómo congregaba gente de todos los rincones de España (recuerdo que una vez me dijo Héctor Sandoval que él conoció a Óscar Mulero yendo para allá en un coche con varios de sus colegas astures).

Historias que hablaban de un peregrinaje musical donde ya no solo se iba a descubrir música a espuertas, sino a disfrutar del ambiente, la compañía, los amoríos y, en definitiva, de una felicidad completa ocasionalmente ayudada por ciertos trasmisores de categoría que circulaban por aquella época. La música, como bien dice el bueno de Scorsese, es el arte más puro y el de mayor calidad, porque es el único que te llega dentro del alma. Y The Omën, amigos, fue un lugar que se cuidó de rodearla de las condiciones más óptimas para gozarla.

Pues bien, el año pasado, durante la Reunión de Overdrive en noviembre de 2018, mi colega Charlie me envió un wasap con la foto de un flyer anunciando el 25 aniversario de The Omën. Al contrario que otras legendarias discotecas patrias que sí que han organizado más eventos de homenaje, esta iba a ser la primera fiesta de este club desde su cierre en 1995. Un jodido año esperando el momento en que The Omën volviera con una sesión integra de Yke y con ese titan de las luces y el láser que no es otro que LJ Pájaro. Una pena la ausencia de Mulero, aunque tampoco se le extrañó demasiado, la verdad. El que desde luego no podía faltar era el pequeño Alberto. Ya no tan pequeño y ahora con las orejas bien curtidas, allá que me fui de cabeza.

Ocho de la tarde, bar de la estación de Pinto. Empezamos la previa el comando destinados a vivir a fuego tan magno acontecimiento. Servidor a los mandos, luego ya Charlie y Marta a su lado. A Alberto "Virus" nos lo encontraríamos de camino y luego se unirían en el trancurso de la noche Roberto PC y Alex. Bien de "rubias", algún pinchito y empezamos poco a poco con los trasmisores.

Son las nueve y media y vamos cruzando el Plaza Eboli (el Real Madrid ha remontado, todo en orden) que nos indica la proximidad del mítico túnel y la sala Groove. Vamos entrando por la puerta y ya divisamos una especie de "photocall" con el símbolo de The Omën en un fondo rojo. Grafiti para empezar a introducirnos en la sala y a escuchar los primeros compases de la fiesta. Llaverito al canto (había un buen surtido de merchandising, con la camiseta como plato principal). Paradita en el baño y pa´lante.

Empieza la faena. Me impacta en un primer momento ver cómo son solo las diez de la noche y ya hay una cantidad importante de gente. Desde luego, la escena da cuenta de lo que eran aquellas primeras horas en The Omën, donde la gente entraba bien temprano para degustar el calentamiento con el bueno de Enrique. Cuerdas gruesas, pads por doquier, guitarras sintetizadas "made und Deutschland" y alguna vocal para el despegue. Suena algo de la mejor tradición de Wolfgang Voight o Harald Bluchel, algo que, por el tipo de sonido, bien podría ser John Beltran. Y así, poco a poco, hasta que llega el primer pelotazo de la noche: Russ Gabriel - Peace for thought. El sonido comienza a coger carrerilla.

El sonido o lo que es lo mismo, la génesis de todo esto. Algo que es tan fundamental y a lo que muchos de los clubs/promotores no dan el lugar que merece. Su calidad debe de equipararse al headliner en cuestión, porque es tan importante o más. Pues bien, el sonido del pasado sábado fue de tal nivel que ni en las mejores Overdrive celebradas en esa sala, y si me pongo quisquilloso diría que estuvo casi al nivel de la Warehouse 440 que organizó Ricky en Arganda (por cierto, esta vez también estaba metido en el ajo). Qué luminosidad de frecuencias, qué grueso y bonito sonaba el subgrave sin llegar a saturar en ningún momento, y, sobre todo, qué bien balanceada que estaba la señal (ahí estaba "Grandmaster" con su app para ver la EQ paramétrica de la misma, 120 dbs por momentos).

Retomamos el ambiente lisérgico y esos trasmisores comprimidos que empiezan a hacer efecto, bien de bailes haciendo "las aspas", ya algún abrazo que otro con "virusin". Marta moviendo rizos cual Maradona dejando atrás a varios ingleses en Mexico´86, el espíritu bakala de Mr. Segura y Charlie haciendo el baile “cuellaneo” made in Villamayor de Santiago. Justo en ese momento empieza a sonar la intro del Space Track de Cosmic Baby y los berridos generalizados se apoderan del lugar.

¿Qué decir más, pues, del ambiente?. La media de edad era incluso mayor que en otras fiestas similares de conmemoración y se veía gente que tampoco suele ir a las otras, porque, después de 25 años, este día era auténtico y especial. Más que para mí, para muchos de los que vivieron a mediados de los 90 en la calle Fernández de los Ríos sus primeros "beats". Aquellos que conocieron de primera mano el "tono" que tenía The Omën con respecto a otros clubs de baile y para quienes la pasión que trato de transmitir con esta crónica espero sirva también de pequeño homenaje.

Mención aparte merece el aparato visual, que empieza a hacer mella en la pista con un rider de luces y lasers (el tema pantalla quedo en poner símbolos del club y alguna que otra imagen más) digno del mejor show de AFX, con unos contrastes entre focos y lásers acojonantes y muy bien manejado por el gran Pajarín. Llegados a este punto, brutal lo que aconteció mientas sonaba el remix del Love Simulation de Paul Van Dyk, con verdes, azules y blancos acompañando tan majestuosa pieza de cristalidad trancera. Por entonces, ya la gente iba a saco, era la una y poco de la madrugada y ni el Age of Love en los 20 años del “muler”. Fue entonces cuando llegó el que para mí fue que fue uno de los momentos de la noche al advertir que entraba semejante temazo: el Pfirsch de Antares. Y volamos, vaya que si volamos, venga bailes de sierra berlineses, venga "ojicuello" del conquense (el oxígeno en el cerebro, importante en estas cuestiones).

Sigue el jolgorio omenero y nuestro amigo Robert Villata entra en escena. Ya somos uno más o, bueno, uno menos, que no sabemos dónde coño se ha metido Marta. Después por fin nos encontramos a Alex, que se juntó a nuestra vera. Su expresión era de esas cosas que marcan a uno, a sus 44 años recordaba: "Fui 2 veces al Omën y a mí me cambio la vida". Y yo puedo más que entenderlo, porque, como ya he dicho, en cierto modo a los que seguimos esa carrerilla noventera nos fascinaron desde la adolescencia las mil y una historia sonoras y no sonoras sobre este club pionero.

Retomamos el partido y tras pasar por diversas historias proto trance y las primeras bakaladas frankfurter´s, es por fin el turno de Yke. Cual maestro de ceremonias comienza a meternos en la espiral de Harthouse, entre varias cosas de Hardfloor (despiporre la remezcla a Robert Armani del Circus Bells), los Der Dritte Raum y los inconmensurables Resistance D, pasando por otras formaciones del sello y varios temas del "sonido tipo".

Qué decir sobre el amplio debate que se ha generado respecto a la técnica de Yke tras el pasado sábado. Un debate que en realidad ya se generó también después de su actuación en Overdrive. Sabía del asunto desde hace tiempo, pero, qué queréis que os diga, estaba tan a gusto con el musicón que estaba sonando que me importaba un bledo si dejaba los temas enteros o si solo los mezclaba 4 compases. A mi juicio eso es un síntoma de ser un disckjockey grandioso. Creo que sabe bien lo que tiene entre manos y no hay mejor forma de respetar el trabajo de los productores que crearon algunos de estos inolvidables himnos.

El caso es que la sala estaba entregadísima, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Mucha peña del barrio/Getafe, otros conocidos de por aquí, de por acá y del más allá, bien de bailes "estereoscópicos" al compás de los “bajacos” y la profundidad de los leads de este tipo de música cuando comienza a sonar uno de los ejercicios más technoides de la velada, el Loop de LFO vs FUSE. Y así llegamos a la recta final con dos horas incidiendo bien en las hordas más ácidas del sonido sureño alemán, el This is A de Emmanuel TOP o ese tema londinense tan característico que es el Acid War de D.O.M. Finalmente, me sorprendió bastante que se pusiera el remix de Commander Tom del Minimalistic justo antes de que a las 6, ya con todas las luces encendidas, empezara a sonar el House of house a meter para dar por finiquitada la velada. Aunque todavía quedaría una agradable sorpresa a modo de bis, y no fue otra que calzarse el Milky Ways de Aurora Borealis.

Después, el consabido reventón de escándalo. Muy merecido tras afrontar una noche que fue tan "bailaora" y tan tocha como previamente prometía. Realmente, fue un placer para los oídos/mente de "toma navaja y come". Y así fue que para terminar tan espectacular evento y junto a mi querido equipo pusimos rumbo a la estación de Pinto. No sin antes realizar la paradina de rigor en el único bar del parque del Egido en que nos atendieron.

Parece ser que desde las redes sociales y otros círculos se pide que el año que viene vuelva a haber un nuevo aniversario. Pero no sé yo, guardo tan buen recuerdo del pasado sábado que no quisiera normalizar algo por lo que hemos esperado tanto tiempo. Me parece que las cosas especiales se hacen esperar y que está bien que así sea. Poder vivir una noche lo más parecida posible a aquellos despendoles de hace 25 años en Fernández de los Ríos sin duda lo fue. Por lo menos, el pequeño Alberto se lo gozó.

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