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Crónica: MIRA ¤ SON Estrella Galicia 2019

Escrito por David Elpezs | Publicado el 18.11.2019

Cada vez más y más aficionado de asistir a este tipo de festivales donde se permite hacer “vida normal” alrededor de él, a tenor de los horarios por los que discurre y del tipo de actuaciones que se despliegan en su programa. Una reunión de buenos y educados oídos en base a conceptos musicales que van más allá de la intención de hacer bailar y de festear al uso. Sin duda unos de los festivales que más de “tranqui” me he pegado ever, y es que como digo, este tipo de gatherings anima, o al menos permite, sobrevivir a él sin la consabida resaca dominguera; o no... eso ya depende del par de zapatillas de turno.

La Fabra i Coats de Sant Andreu, donde todo lo a relatar se sucede se antojaba perfecto a la expectativa nada más entrar. Un par de naves lo suficientemente espaciosas para albergar este tipo de actuaciones además de amplios patios que sirven de hogares sociales donde hablar sin molestar al gafapasteo y que descongestionan las cabezas de los escuchadores entre actuación y actuación, algo necesario teniendo en cuenta la intensidad que se emite desde los escenarios, y que a nadie con un mínimo de inquietud artística puede dejar indiferente. Es, como otros festis del palo, una experiencia audiovisual que necesita un periodo de reflexión para asumir lo visto/oído, un all you can eat vía oreja-ojos que tardas en digerir. Una “carpa” hinchable desde la que disfrutar de proyecciones en 360 tumbadito en el suelo y otras dos salas con instalaciones fijas completaban las instalaciones que como último año (el año que viene se desarrollara en otra ubicación aún por confirmar) facilitan la escucha visual del MIRA.

El ambiente de pista curiosamente varió de un día a otro del festival. El jueves era difícil ver a nadie que no fuera disfrazado de moderno a no ser que te miraras en un espejo. Según avanzó el festival la pista se fue llenando de personajes más propensos a pensar en la música más que en ellos mismos y volvimos a sentirnos en el planeta tierra. Buen rollo en cualquier día y a cualquier hora en cualquier caso, y tan solo algunos problemas con el aforo y el tránsito de la gente al cambiarse de sala mancharon una buena, en general, calidad de servicio.

Pasamos a destacar cinco de las actuaciones que más me indujeron viaje y por ende más recuerdo como para describirlas...

Alessandro Cortini, Volume Massimo.

Es la segunda vez tras hacerlo en Atonal que presencio el increíble espectáculo audio visual que el italiano ofrece. Esta vez, descuidado de sorpresas pude fijarme más y mejor en el producto general y más en concreto en lo visual, y es que en Atonal no pude hacer otra cosa que bailar sus drones con los ojos cerrados; su música en primera instancia no da otra oportunidad al resto de sentidos. Cortini, es, en mi humilde opinión, un músico que tiene la capacidad de emocionar con sus líneas melódicas como pocos pueden o saben hacer. Volume Massimo es un disco romántico, como son sus pistas, con ese toque abrupto que enmascaran la miel a primera escucha pero que realmente interviene para enfatizar el mensaje general.

Como digo, esta vez permanecí atento al conjunto del mensaje, o sea, con los ojos abiertos y en dirección a las tres pantallas por las que trascurrían las historias que su música narra. Efectivamente, cada una de ellas traslada una temática amorosa al receptor, o al menos giran en torno a las relaciones interpersonales. Es espectacular el nivel de fotografía que tiene el visual de este tío, en cualquier momento podrías pulsar el “pause” a las proyecciones y montar con ese randomicer una exposición en algún museo moderno.

Alessandro Cortini

B-12

Nunca antes los había visto en directo y relamiéndome de ello esperé su aparición; no me defraudaron. Los que hemos “crecido” musicalmente con su IDM como una de las referencias sonoras en las que apoyarnos para discernir lo bueno de lo malo sabemos de cómo de alto puede hacerte volar esa música repleta de cajas a contrapié, con esas miles de melodías revoloteando a su alrededor, de ese baile mental que no tarda en contagiar a las extremidades para acompañarle y de ese regusto a futuro que lanza su mensaje.

Me llevé una grata sorpresa cuando empecé a escuchar acordes de tracks de un par de décadas atrás procedentes de álbumes como Electrosoma o Time Tourist mezclados maravillosamente bien con el repertorio nuevo, un tanto reinterpretados lo que les daba un aire más renovado. Eso si, prefiero sus versiones originales ya que las tengo grabadas a fuego en mi memoria musical y esas variaciones hacen que me chirríe en cierto modo la escucha.

Gran actuación, además la pista lo disfrutó muchísimo, de hecho diría que fue uno de los momentos de más discotequeo puro que viví por allí.

Biosphere

Biosphere

Uno de los platos fuertes del festival, al menos para un melancólico de la música de los 90 como yo, el señor Geir Jenssen... Habiéndome jalado sus últimos dos LP’s con excelso placer esperaba un directo adecuado a sus últimos sonidos y esto ya de por si me hacía salivar de placer venidero, aún lejos de ese ambient techno que le hizo resaltar ya para siempre como generador de un sonido irrepicable, sus últimos LP’s supuran excelencia en el trato del sonido aparentemente inmovilista del que soy cliente habitual. Y si, ahí estaban en algunos tramos pistas tanto del Petrified forest (2017) o de su reciente lanzamiento The Senja Recordings (2019), álbumes con la clara vocación de retorcer grabaciones de campo siempre con ese estilo suyo tan marciano y a la vez tan orgánico... no obstante, y aunque ya hubiese sido suficiente con lo anterior, sonaron intercaladas piezas de sus primeros discos, piezas que no pueden ser más icónicas para quien como yo nos sentimos marcados por aquella generación IDMesca de principios de los 90. Nunca imaginé que escucharía de sus manos y en directo temas como Microgravity, Substrata o Patashnik... fue una experiencia sublime que me va a costar olvidar, o que nunca olvidaré mejor dicho.

HUMA

Destaco esta actuación además de porque la música me pareció lo suficientemente embaucadora como para ni hablar ni mirar a otro sitio que no fuese a la cabina, dejándome llevar por la espectacular puesta en escena que la combinación que el musicón y las proyecciones en 3D que ofrecían. Si tuviera que elegir entre las proyecciones de visuales clásicas y las que están basadas en luminotecnias me quedaría sin duda con estas últimas. Me dejó un regusto a novedad sensorial el haber estado rodeado del propio visual, y es que los láseres que utilizaban el humo como lienzo te atrapan, literal, y hacen que sea imposible no encontrarse envuelto en una sensación de completa simbiosis con el espectáculo...

Huma

Floating Points

Por último hablo de esta actuación por lo decepcionante a tenor de las expectativas creadas por el disco en el que se basa, un álbum que creo que sabe melodiear y empaisajar la mente de un modo sublime y que es uno de esos discos que a buen seguro copará unos cuantos resúmenes del año con toda justicia... El caso es que su versión "en directo” que está más adaptada al baile pasa a ser poco más que una sesión “tech-house” tipo Elrow que otra cosa. Esas melodías que sin la batería me hacen cerrar los ojos y pensar pasan a ser simples contrapuntos sonoros a una combinación de hi-hats y snares más propios de otros estratos musicales, de menos pensar y más bailar, de más comer pienso que de comer jamón. Horrible sorpresa.

En definitiva considero el MIRA una opción más que inteligente para revisar la idea de festival, de fiesta al uso, y donde encontrar momentos de absoluto viaje musical, con su principio y su final en cada actuación, y donde escuchar en directo a no solo artistas relativamente obvios si sigues este tipo de música, si no otros muchos programados con muy buen gusto. Un festival cómodo, adulto, culto, pero tan divertido como el que más si así lo orientas aunque su idiosincrasia sea más contemplativa e “inmovilista” en cuando a pista se refiere.

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