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Crónica: Unsound 2019

Escrito por Adrián Líndez | Fotos de Unsound / Adrián Líndez | Publicado el 17.10.2019

Unsound 2019

Décimo sexta edición del festival polaco que durante una intensa semana viste a la ciudad de Cracovia de electrónica. Este año, el tema escogido es ‘Solidarity’ en conmemoración del 30 aniversario de las elecciones polacas del 89 y las consecuentes protestas que contagiaron a media Europa. Aquí, un simple y breve resumen sin querer entrar en detalle y acabar escribiendo un relato interminable.

Miércoles

Aterrizamos en la antigua capital polaca el tercer día de festival, dejando atrás nombres como Lingua Ignota, Bastarda, y algún que otro debate de interés. Tras recoger la pulsera que nos acompañará hasta antes de empezar a escribir estas líneas vamos directos a una de las charlas para inaugurar recorrido. Hay que dejar claro que aquí en Unsound todos los talleres y conferencias son gratuitos y para todos los públicos, no hay lugar para elitismos ni ese amiguismo asqueroso de bebidas energéticas. El primer intento de rellenar libreta es una charla con el autor Jay Springett quien, en una sala medio vacía, explica el movimiento solarpunk; y cuando digo explica quiero decir leer literalmente de una pantalla. Un tema que imagina un futuro optimista dentro de sociedades tecnológicas, y que a pesar de su atractivo cae en el tedio al dejar poco lugar a la espontaneidad y quedar más cerca de un audio-libro que de una conferencia.

Cruzando la plaza principal llegamos al cine Pod Banarami en pleno centro del casco antiguo para ver Black To Techno, un mini documental con una calidad audiovisual sorprendente, en una sala con un sonido que ya quisieran muchas salas de la península. El documental cuenta mediante imágenes de archivo intercaladas parte de la historia de la música negra en la ciudad del motor y su vínculo con el Detroit techno, una grata sorpresa muy recomendable. Seguidamente, la proyección continúa con el colectivo Stabat Mater Dolorosa y sus videoclips, que no por el hecho de ser transgresores y diferentes son sinónimo de calidad, tras diez minutos de paciencia acaba nuestra presencia en el cine. Vuelta a las charlas con las personalidades del sello de Uganda Ngeye Ngeye para casi cerrar los ojos víctima del aburrimiento, simpleza de los comentarios y una falta de ritmo inexplicable por parte del comisario Andy Battaglia.

Unsound 2019

A cosas más serias. Camino a Wielizcka. Las enormes minas de sal a las afueras de la ciudad acogen uno de los grandes eventos de todo este Unsound. Tras bajar a velocidad de la luz a 150 metros de profundidad en un ascensor en el que no cabe siquiera la claustrofobia, el americano Philip Sherburne da la bienvenida con un set de ambient a una sala subterránea lo suficientemente grande para olvidar el pánico a los espacios cerrados. A las 19:30, Felicia Atkinson aparece en escena. Luces tenues que tiñen de azul una galería única en el mundo, respetuoso silencio y comienzo de la actuación. El directo son capas de ambient de una finura frágil pero a su vez llenas de personalidad sobre las que flota por momentos la voz de la francesa. Una aparente simpleza y sencillez total y aun así increíblemente poderoso hasta el punto que un inesperado déjà vu nos azota repentinamente desde el silencio de la sala. Sin haber tomado ninguna sustancia nos preguntamos si es una simple paramnesia, un verdadero recuerdo no vivido, o la brutalidad de la realidad que estamos experimentando. Sea lo que fuese, la gran ovación es merecida. Breve receso para echarnos un par de cervezas antes de la colaboración entre la siempre presente orquesta sinfónica local (Sinfonietta Cracovia) junto a The Necks dirigidos por el director Ilan Volkov. La excesiva iluminación durante este concierto y cierta falta de potencia de sonido desde nuestros asientos -será la única en todo el festival-, hace difícil conectar con una de las actuaciones principales, eso, sumado a alguna cerveza de más junto a nuestra inevitable claustrofobia nos empuja a volver al centro de la ciudad.

De nuevo en el casco viejo tenemos la primera noche de baile vertical con toda la cúpula de Room 4 Resistance y Club Chai, colectivos de DJs/productores queer y género no binario que fusionan dentro de la electrónica estilos más tradicionales con sonidos futuristas. Lamentablemente, la sala donde pincha Object Blue tiene más similitudes con una sauna finlandesa que con una pista de baile y a pesar de la calidad de la música, decidimos tener nuestra parte de oxígeno en la principal con la sesiones de Foozool y Deena Abdelwahed cogiendo el testigo, y siendo ambas responsables de los primeros bailes a ritmo de techno, bass music, y clásicos como Work That Mothefucker de Steve Poindexter.

Jueves

Uno de los extras de Unsound es el inevitable hecho de poder visitar la ciudad de Cracovia durante el festival gracias a la diversidad de localizaciones fácilmente accesibles a pie. Camino al cine Kijów y hablando de artistas con mayor peso, Leyland Kirby bajo su conocido alias The Caretaker podría ser el nombre más destacado de todo el cartel. En una enorme sala de cine nos sentamos a abrir boca con Eli Keszler y Nate Boyce presentando su proyecto Pedagogy. Un directo con percusión aumentada sintéticamente con la que Eli Keszler derrocha virtuosismo a raudales, y guitarra por parte de Nate Boyce que se centra en un solo sonido potente que hace vibrar toda la sala junto a unos visuales con una calidad de imagen brutal, y que para ser sinceros nos despierta de manera repentina tras haber cerrados los ojos apenas unos segundos; resultado más que satisfactorio que precede al estreno mundial del inglés Jim Leyland Kirby. Bien. The Caretaker. La actuación, o el concierto, o llámemoslo directo, o entrando en tecnicismos y siendo más precisos deberíamos decir ‘el puto show’ de The Caretaker, tendría que ser un punto y aparte en este texto aunque bien merece una crónica independiente. Todo comienza con un vídeo del propio artista escondido bajo una careta de cerdo paseando por las calles de Cracovia y echándose unos dardos en el mítico bar Propaganda con crítica -para nada indirecta- a personajes de la industria musical como es en este caso Red Bull. Un presentador vestido de gala en modo ochentero, presenta a gritos y micrófono en mano aThe Caretakerquien espontáneamente aparece bajo un foco de luz por un lateral de la sala vestido de boxeador y acompañado por un séquito de féminas portando sus discos como si del número de round se tratase. Tras calentar en el escenario con los continuos aplausos del público y quitarse los guantes, es el momento de coger el micro y montar un inesperado karaoke con el Holding Back The Years de Simply Red. Sí, esto es lo que está ocurriendo, público brazos en alto cantando ‘I keep Holding On’. Un comienzo que no conoce el término indiferencia. Momento de meterse en la parte del propio live centrado en las obras del pintor Ivan Seal representados por el aclamado artista visual Weirdcore. A los cinco minutos de directo The Caretaker para la música para sorpresa de todos/as y decide hacer una breve prueba de sonido, y aquí ya uno no sabe si forma parte del show o no, con Leyland Kirby es difícil saber hasta dónde llega su personaje. Vuelta al surrealismo cuando Ivan Seal trepa al escenario a mitad de directo para sentarse en completo silencio en uno de los dos sillones que visten la tarima, una escena más cercana al universo de Lynch que al propio El Resplandor de Kubrick en el que se basa el personaje mismo de The Caretaker. Poco después, mientras la música y visuales continúan, Leyland Kirby abandona los mandos y acompaña al pintor a tomar un whiskey. En lo musical, estamos ante la fusión de música de los años 20 y 30 con el característico ruido blanco al reproducir un vinilo; un collage sonoro que abarca dark ambient, música ligera, y pura experimentación. La actuación termina con el artista saliendo por el mismo lateral de la sala por el que irrumpió, mientras su careta de cerdo gira en el tocadiscos y un vídeo final arranca una tremenda ovación con varias caras de perplejidad entre el público.The Caretaker señoras y señores.

Unsound 2019The Caretaker

Dispuestos a quemar suela con más baile vertical, cruzamos el Vístula para adentrarnos en el Hotel Forum. Un edificio que desde la distancia ya impresiona con su estética socialista y que a día de hoy está cubierto por diferentes anuncios gigantes que prostituyen su atractivo soviético. Metidos en faena, llegamos justo al final de John Object del que lamentablemente poco podemos decir por falta de tiempo pero suficiente para disfrutar de esta sala The Kitchen que alicatada hasta arriba recuerda a esa cocina de Solo Contra Todos de Gaspar Noé. El mayor interés a esta hora es el directo de Emptyset presentando Blossoms, un live act audiovisual de música experimental y esa etiqueta tan vaga como puede ser ‘música abstracta’ que a pesar de la potencia visual de los visuales con un continúo epicentro en la pantalla y la innegable clase de la pareja nos dejó un tanto indiferentes y en búsqueda de beatlines más reconocibles. Todo lo contrario que los siguientes Prison Religion, un dúo americano del que nada sabíamos y que combinando noise, hardcore, y rap atraen toda nuestra atención . El cantante sin camiseta no para de moverse en el escenario mientras grita los temas con una pasión que da anginas. El momento clave es al final del concierto cuando éste decide interpretar el último tema a pie de pista y de repente montar un pogo radical que pilla por sorpresa a más de uno/a; movimiento que hace que el público decida llevar en volandas al americano para cerrar una actuación de exaltación supina. Otro descubrimiento que nos hemos traído de vuelta es el del productor Osheyack del sello chino Svbkvlt, al que acompaña Adam Dupré en la parte visual; una de las prerrogativas que trae consigo nuestra ignorancia. La pareja, pasados algo menos de diez minutos tras encender motores, tiene que comenzar el live de nuevo por falta de sonido, cosa que no les incomoda en absoluto y aún menos a nosotros por la posibilidad de estar en primera fila entre unas torres de sonido que ahora sí suenan a gloria, el productor residente en Shangái escala hasta las primeras posiciones de nuestro ránking con su increíble concepción del techno, sonidos industriales y un halo gabber que les hace estar entre los mejores directos del festival. En esa misma sala enmoquetada el colectivo Wixapol presenta el impronunciable Przesniona Rejwolucja que es básicamente una vuelta a la música hardcore, rave, y demás estilos comerciales que coparon la década de los 90 no sólo musicalmente sino también con una clara estética identificable: gafas arnette llueve o truene, chándal para las mejores celebraciones, deportivas, y esos cortes de pelo que pocos confiesan haber llevado; en definitiva lo que conocemos comúnmente como un buen bakala. A esto le sumamos a uno de los miembros de Wixapol dando recuerdos por el micro a todo aquel que mande un sms al número que aparece en los visuales mientras el público con esa sonrisa inevitable de complicidad dentro de toda esta ironía, no para de botar con los peores éxitos de bakalao noventero, ¿y ante esto qué se puede hacer? Fácil, formar parte del espectáculo. Otra de las salas dentro de este hotel en el que no te sorprenderías al cruzarte con Jack Torrance o la pareja de gemelas, tenemos la Chandelier Room, una sala iluminada por lámparas que simulan candelabros y le dan un encanto único a la estancia. Aquí, y para nuestro asombro, Rosa Pistola mueve a un público entregado a base de reguetón, lo cual, dentro de mis límites, supone la frontera de la flexibilidad musical, el ‘por aquí no paso’ que nos dirige nuevamente a The Kitchen para clausurar la noche con JD Twitch de Optimo que ofrece un set contra el fascismo y por ello elige una versión electrónica del himno Bella Ciao para comenzar el discurso. Un discurso que salta de un estilo a otro de manera consecuente pero por momentos peca de poca profundidad con ritmos afro, techno, e incluso paralelos al house.

Unsound 2019

Viernes

En horario diurno tenemos señalados en el programa dos citas: el directo de Robert Henke que nos perderemos por el aforo completo y del que nos hablaran maravillas, y la conferencia con el trío Leyland Kirby, Ivan Seal, y Weirdcore. Cogemos sitio en primera fila y pasados unos minutos no podemos evitar volver a suspirar por las preguntas planas, sin fondo, y totalmente insustanciales a las que se enfrentan los tres artistas por parte de Andy Battaglia, un entrevistador que no ahonda en detalles sino que vaga en la superficialidad. Afortunadamente la actitud irreverente de Ivan Seal, las explicaciones de Weirdcore y alguna anécdota con Aphex Twin junto al disparatado The Caretaker, hacen de la charla algo realmente interesante y que nos permite meternos más a fondo en el universo creado tas su colaboración, y sirven para tener un punto de vista más preciso sobre el cautivador resultado final.

Entrada la noche nos desplazamos al teatro Laznia Nowa dónde hace nueve años disfrutamos de nuestra primera edición del Unsound en un espacio que acogía los eventos nocturnos y que hoy en día se ha quedado demasiado pequeño para ello. Roly Porter y MFO presentan en una sala abarrotada Kistvaen una actuación audiovisual en la que también figuran tres féminas a modo de voces eslavas que dan sin lugar a duda un plus increíble a la experiencia en directo. Una exploración de las raíces paganas en nuestra sociedad con unos visuales llenos de naturaleza acompañados de música experimental pausada que cambia radicalmente en el último segmento donde la tecnología en forma de paisajes de neón en medio de enormes campos se fusiona con elementos del paganismo en lo musical y visual. La pausa entre conciertos se convierte en un retraso de 50 minutos que sirve para seguir las recomendaciones de la organización y adquirir un par de tapones para ‘disfrutar’ del concierto de los titanes Sunn O))). Teniendo un respeto máximo por el líder de la formación, Stephen O’Malley, y probablemente hartos de la espera, nuestra presencia en el concierto se queda reducida a media hora en la que el sonido drone y doom metal sin apenas variabilidad apreciable para nuestros oídos y tan sólo el impacto en el pecho de las vibraciones, nos empujan a buscar el silencio sin tener que recurrir a tapones.

Unsound 2019

Aún comentando la potencia del concierto de Sunn O))) nos metemos en el bus que gratuitamente ofrece la organización para llevarnos del vuelta al centro. Un autobús con el letrero “Eternal Return” que como un presagio de nuestra visita conecta con aquel otro autocar que en la edición “Future Shock” nos llevo hasta el 1970 de Alvin Toffler. Así, nos presentamos en el Hotel Forum para el comienzo de Vladislav Delay y AGF presentando Rakka. El problema es que a estas alturas uno tiene ya cierta saturación de música experimental y la sensación que este directo no ofrece nada que no hayamos visto estos días es en mi caso difícil de eludir. Cambio de tercio con DJ Python quien tampoco nos levanta el ánimo con su dancehall por lo que decidimos investigar The Secret Lodge, una sala donde se da cabida a música más orgánica y estilos folk que viendo al público por el suelo y sofás parece más un fumadero de opio que una sala de conciertos. En nuestra búsqueda de sonidos centrados en el baile, nos topamos con la inglesa Manara quién revienta la pista con un set de UK hardcore, garage, y vocales e influencias Bollywood; una amalgama de estilos que juntos en una frase pueden carecer de mucho sentido pero que en pista de la mano de Manara son puro jolgorio, hasta el punto de acabar saltando como locos con una versión en modo rave del tema Wannabe, sí, de las Spice Girls. Subiendo revoluciones, en la sala principal Gabber Modus Operandi desde Indonesia zarandean a los presentes a placer con puro hardcore, juke acelerado y gabber, velocidades para las que uno no ha nacido. Mismo problema con el set de la inglesa Paula Temple que de manera inverosímil tiene la Ballroom llena con un techno sin alma que agota nuestra paciencia cada vez que cruzamos esta sala principal y que seguirá una línea similar con la artista nacional VTSS. Nada que ver con el mano a mano de Teki Latex y Betty que contentan nuestra expectativas con la calidad técnica del francés y etiquetas que no son tarea fácil de identificar pero traducibles a baile y disfrute por igual, ideales para ir pensando ya en el día siguiente.

Sábado.

La charla Invisible Jukebox presentada por la revista Wire será nuestro punto y final en el tema conferencias. La pareja Matmos son los elegidos para intentar adivinar piezas musicales que anteriormente han sido seleccionadas por uno de los periodistas de Wire. Entre los temas, algunos fácilmente reconocibles por el dúo M.C. Schmidt y Drew Daniel, recordamos nombres como Patrick Cowley, Throbbing Gristle, Der Zyklus, y un etcétera que siempre da lugar a varias anécdotas y experiencias personales de ambos miembros.

Otra de las actuaciones que aparece subrayada como imperdible era la presentación de Proto por la americana Holly Herndon y sus colaboradores. Justo antes de su esperado directo la formación de Klein promete una performance multisensorial que explora la pérdida de memoria y la fragilidad cultural mediante Lifetime. Pues bien, desde la ignorancia no logro entender ni cual es la idea en el escenario ni mucho menos la forma en que se expresa, por lo que desde esta perspectiva no puedo forzar nada positivo sobre su actuación, y de hecho supone tema de discusión entre colegas hasta que Holly Herndon entra en escena. Si antes hablábamos de The Caretaker mereciendo una crónica aparte, la presentación de Proto no se queda ni mucho menos atrás. Es cierto que las expectativas son altas y eso siempre juega en contra pero la facilidad de Holly Herndon para erizar absolutamente todo el bello de nuestro cuerpo resulta sobrecogedora. El directo se compone de la parte electrónica y de inteligencia artificial capitaneada por la propia Herndon y los vocales de cinco cantantes, dos voces masculinas y tres femeninas que desbordan carácter a raudales. Hay que apuntar que la parte visual pasa desapercibida por una calidad de imagen totalmente secundaria pero el todo es un vendaval experimental e incluso por momentos tintes pop con el que consiguen llevarse una de las ovaciones más largas del festival y esa frase al terminar la actuación que resume fielmente lo vivido: “joder que flipe”.

Unsound 2019Aya

Nos vamos acercando al final de un festival que hace semanas divisábamos desde la remota lejanía como un algo demasiado futuro y que ahora mismo está llegando a su fin. Directos a la Chandelier Room del Hotel Forum, disfrutamos de géneros que a estas alturas, después de tanta oscuridad e introspección, son como un regalo. Olivia y Chino presentan Radiation 30376, una descarga de acid y ritmos más electroides más que necesaria y que viene como anillo al dedo para hacer tiempo hasta el live de Aya (fka LOFT) de quien algunos ya disfrutaron por primera vez en España hace unas semanas de la mano de Dialektik. Música aparte, alguien dirá que lo que más llama la atención en este momento es el aspecto del artista en la cabina pero a nosotros lo que no deja de impresionarnos es el número de celebrities que se han hecho hueco en primera fila: parte de Matmos, Objekt, o incluso un inesperado The Caretaker entre ellos. Ya sólo por ello uno puede sospechar que lo que viene a continuación no va a ser un mero directo de entre tantos. La productora -en género femenino- de Manchester se apuesta tras su portátil y lo que parece una controladora para llevar a la locura a todo el personal con una música que se antoja inclasificable. Como si metiéramos en una coctelera estilos como la IDM, jungle, bass music, drill’n bass, y lo agitáramos a carcajadas caricaturizados de un Dalí maquillado por Klaus Nomi bajo los efectos de cualquier droga lisérgica. Es difícil poner etiquetas a tan semejante espectáculo con la complejidad musical que conllevan sus producciones, pero tampoco es fácil explicar la soltura para dejar boquiabiertos a todos los presentes con su sonido, puesta en escena, y sus comentarios blasfemos por el micro. Una hora de directo que vuela en el tiempo para acabar entre desconcierto y admiración con la propia Aya saltando al público y conseguir otra de las grandes ovaciones de esta edición. ¿Y ahora qué? Pasamos por una sala y por otra pero tras la sacudida anterior todo nos parece un tanto anodino. El techno de Terrence Dixon bajo el alias Population One no logra engancharnos a pesar de la potencia de sus líneas de bajos, y el directo de Matías Aguayo Support Alien Invasion es de una linealidad desmesurada para ser programado a estas horas, así que coger sitio para disfrutar de Objekt y Ezra Miller parece la mejor alternativa. Una mejor opción que acaba en una inesperada decepción -sacrilegio, lo sé- empezando por el interminable retraso que precede a la actuación, y siguiendo por el propio live en sí que vaga en una uniformidad poco propia de Objekt y que sumado a las excesivas pausas no ofrecen una continuidad que nos ayude a meternos en el directo y abatir al cansancio acumulado desde el que ya intuimos la línea de llegada. Última vuelta de reconocimiento durante la cual intentamos no con mucho éxito seguir el tempo de Hyph11e y Slikback que traen de vuelta a la pista con velocidades frenéticas dentro del illbient, speedcore y el glitch, y terminamos por cerrar con el gran set de Eris Drew b2b Octo Octa de electrónica menos experimental enfocada a un público que sabe contentarse con menor grado de sofisticación musical. Techno, scratches, más 4x4, y demás estilos asequibles que al menos el que escribe ha echado de menos en esta edición.

Domingo

Quienes no consiguieron entrada para la world premiere de Chernobyl con la islandesa Hildur Gudnadóttir acompañada de Chris Watson (fundador de Cabaret Voltaire) y Sam Slater del sábado, el domingo hubo una segunda oportunidad. El lugar elegido, como no podía ser menos, es una fábrica en funcionamiento que entre el polvo y la estructura parece más bien abandonada. Unas doscientas personas rodean a la formación en un escenario totalmente en consonancia con la propia serie. Para quien haya visto ésta, la música será familiar pero lo que es todo un mundo nuevo por descubrir es el hecho de experimentarla en este entorno que enfatiza todas las sensaciones hasta límites hasta ahora vírgenes. El hecho de que ciertos sonidos se desplacen de un lado a otro de la sala como la mejor ejemplificación del efecto doppler es sobrecogedor, la iluminación vibra meticulosamente con cada crujido haciendo de ello un experimento visual, y la salvaje potencia sonora hace que en el tramo final más de uno no podamos evitar taparnos los oídos con todo el bello de punta. Otra actuación de 10.

Unsound 2019

El Teatr Im. Juliusza Slowackiego será la última localización por descubrir. Un teatro clásico lleno de mármol y madera en el que nos adentramos para situarnos en uno de los palcos cual miembros de la realeza. Justo a tiempo para el comienzo de “Plastic Anniversary” que celebra el trabajo de la pareja Matmos donde crean música con elementos de plástico: dos vasos, una simple bolsa, etc. cualquier objeto les vale para ofrecer un universo sonoro que acompañados de las visuales crean una actuación de lo más interesante y que incluso incita al baile.

Último paso por el Hotel Forum con una fiesta gratuita en la que nos dejamos de libretas y reseñas para dedicarnos al hedonismo traducido en música, excesos y alcohol, siempre junto al disfrute de la compañía de los y las colegas, la nueva gente conocida, e inevitablemente, añorando a los que se marcharon por la mañana. El punto final merecido. Foto de familia, abrazos, gracias, y despedida. Unsound Solidarity ya forma parte del pasado. Cinco días de pura intensidad que no sólo en lo musical han vuelto a dejar huella. Una experiencia única, que ya en pretérito, será difícil de olvidar. Dziękuję bardzo.

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