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Crónica: LEV Matadero - Nuevos planes, idénticas estrategias

Crónica: L.E.V. Matadero 2019

Unos meses atrás estábamos tan tranquilos, ocupándonos de nuestros quehaceres diarios y mundanas preocupaciones, cuando, de repente, saltó la liebre: el festival L.E.V. iba a hacer una edición en Madrid y el sitio elegido sería el Matadero de Legazpi, ese lugar donde hemos podido disfrutar en el pasado de otros festivales y otras propuestas que dieron un poco de color a la a veces monotemática escena madrileña. Esa noticia se fue ampliando más tarde con varias confirmaciones que mostraban una apuesta fuerte para esta primera edición, algo que se vio correspondido con una compra de abonos intensa, que dejó a más de un habitual de la edición de Gijón sin su entrada.

Nada más dar comienzo el festival ya comenzaron las (odiosas) comparaciones: ni el Matadero es la Laboral de Gijón ni Madrid es esa preciosa ciudad asturiana que nos acogió durante varias ediciones sin ningún fallo. Pero, a pesar de las diferencias obvias, todos esos obstáculos se fueron sorteando. Vale que no tenemos aquí ese precioso teatro donde poder disfrutar sentado de unas actuaciones bien cargadas de audiovisuales, pero a cambio los organizadores han creado a nueva sección llamada Vortex donde se incidió bastante en las tendencias más actuales de la escena audiovisual más avanzada, con mucha presencia de propuestas basadas en la realidad virtual que a veces trascendían el espacio asignado de la Cineteca y se expandían por todo el Matadero con una serie de paseos virtuales.

El resto del festival siguió un planteamiento parecido al realizado en Asturias, con una nave del Matadero dedicada a directos con mucho componente visual y un sistema de sonido que brilló durante muchos momentos y que acabó por ser uno de los puntos a destacar. Durante el fin de semana también se hicieron unos directos en la plaza del Matadero, pero los del sábado tuvieron que cancelarse a la mitad de la programación por la inoportuna lluvia y los del domingo se vieron afectados por la resaca generalizada y el tiempo algo inhóspito.

Viernes

El jefe del pop hipnagógico y del vaporwave James Ferraro fue el encargado de abrir la sesión del viernes con un directo de música etérea y con ecos de los años ochenta inspirada en su obra “Requiem for Recycled Earth” que fue perfecta para arrancar el festival con buenas sensaciones; en determinados momentos le acompaño una flautista que le daba un toque algo folk para hacer contraste con la música electrónica de Ferraro. De las alucinadas y algo pastelosas proyecciones se encargó el artista canadiense Maotik, quien ya colaboró en su momento con Max Cooper y Nine Inch Nails, y que sirvió perfecto acompañamiento para la música. Uno de los platos fuertes del festival fue el que ofreció el japonés Ryoichi Kurokawa, quien se curró uno de los directos más interesantes y epatantes del festival con una música que recordaba a lo mejor de Aphex Twin y todas las lumbreras del braindance/IDM y unas visuales que no te permitían quitar la vista de la pantalla, que no paraban de mostrar unas figuras arquitectónicas que se deconstruían y mutaban mientras la música te iba poco a poco llevando a su terreno; en un momento determinado toda la sala se quedó en silencio y a oscuras, y al poco pudimos comprobar el potencial del sistema de sonido, con un sonido que iba dando vueltas alrededor de nuestras cabezas gracias a un paneo genial.

Ryoichi KurokawaRyoichi Kurokawa

Una de las primeras decepciones del festival fue la del live de Felix Manuel aka Djrum, quien venía a presentar su nuevo live tras ese cambio de giro que dio con su último trabajo “Portrait With Firewood”, donde añadió a su habitual batido de techno, bass y jungle un nuevo toque más centrado en la música clásica, con pasajes sonoros más delicados que en el disco quedan bien, pero en directo descompensaban un poco todo. Iba a acompañado en el escenario por la cantante Lola Empire y la violonchelista Zosia Jagodzinska, quienes contribuían a darle un toque más musical a sus momentos más bailables, pero que se veían un poco fuera de lugar cuando comenzaba a divagar un poco y a ponerse más ambient, haciendo que la dinámica del concierto se resintiese bastante. Tras él tomó el relevo la suiza Aïsha Devi - anteriormente conocida como Kate Wax -, que llevó a la Nave16 todo ese mundo oscuro y sombrío que destapó allá por el 2013 cuando decidió enterrar su anterior alias y comenzó a producir bajo su nombre real. Con este nuevo proyecto ha dejado correr su inspiración y se ha metido en aguas cercanas al industrial, jungle, Bass e IDM para crear unas piezas que transportan al oyente a sus catacumbas personales; el directo en el Matadero fue todo un viaje a sus infiernos del que Plaid conseguirían rescatarnos algo más tarde.

El proyecto formado por Ed Handley y Andy Turner va camino de su treinta aniversario sin desfallecer ni dejar de ofrecer música interesante; también es verdad que llevan una temporada sin sacar un disco sobresaliente, y que su último lanzamiento, “Polymer”, no llegó al nivel de sus discos anteriores, pero aun así siempre gusta dejarse llevar por la IDM exquisita y dinámica de estos dos veteranos, que saben cómo animar al personal y hacernos pasar un buen rato sin demasiadas pretensiones gracias a alguno de sus clásicos y de los temas de su último disco, que discurren por un rollo algo más techno con muchos pasajes contemplativos y unas visuales más que acertadas. Les sucedieron el dúo de terroristas musicales HP, proyecto formado por el mítico outsider Russell Haswell y el productor Powell, ambos de Londres y ambos con un buen currículum que abarca el techno, EBM, industrial y la experimentación más dura. Un directo que a más de uno le hizo coger la puerta y tomar rumbo a casa - o al club más cercano para redimirse -, en el que Haswell se dedicó a soltar ruidos y frecuencias bizarras mientras Powell tejía unos ritmos abstractos y alucinados en los que pudimos escuchar de todo menos un kick para marcar el paso.

Sábado

La plaza del Matadero acogió la edición diurna del festival, que arrancó con un dj set de Djrum que se caracterizó por su finura a la hora de pinchar y también por algunos fallos técnicos que deslucieron lo que iba camino de ser una sesión mítica en la que este hombre se dedicó a derribar barreras con estilos como el jungle, bass y techno. Tras él tocaba el live de Ikonika, una productora inglesa que ya había pisado Madrid con anterioridad tanto como DJ como con su live. Ella es una de esas figuras que llevan bastante tiempo en la escena pero que no han llegado a triunfar y que han acabado quedando en un segundo plano de fama y giras, algo que es un poco injusto, ya que su música, sin ser una locura, es efectiva y transita por géneros como el post-dubstep, trap y house, sin llegarse a quedar demasiado tiempo en uno de ellos y haciendo de su directo una experiencia dinámica, aunque algo descafeinada por momentos. El asturiano Skygaze cerró el escenario con una dinámica actuación que se llevó por delante todo lo escuchado anteriormente, con un set que terminó con un enérgico drum & bass que tuvo a todo el mundo bailando de principio a fin, y a la postre acabaría por convertirse en otro de los momentos a destacar de esta edición.

Morton Subnotnick, Lillevan & Alec EmpireMorton Subnotnick, Lillevan & Alec Empire

La Nave16 acogió el directo de Morton Subotnick, Lillevan y Alec Empire, quienes venían a reinterpretar en directo su disco “Silver Appels of the Moon” que fue compuesto en 1967. El directo en si fue bastante bizarro, con los tres sentados tras sus pantallas y sintes desde los que soltaban pequeñas descargas de electricidad y frecuencias que iban tejiendo una amalgama de sonidos que a veces llevaban a alguna parte y en otras ocasiones se quedaban en algo bastante plomizo; daba cosa ver a un tipo como Alec Empire, tan cañero y enérgico en directo con su proyecto, en plan paciente y ensimismado, tejiendo su madeja sonora particular. Mucho más entretenido estuvo el directo de Spime.Im, un colectivo artístico que utiliza unos controladores midi especiales que van en sus guantes en una obra llamada “EXALAND” y que juega con el trance, techno y ambient para hacer algo con un punto un poco hortera – tanto en lo visual como en lo musical – pero con un punto entretenido y cautivador que nos hizo alucinar un poco con las visuales y echar unos buenos bailes.

La cantante y productora Babii retomó la programación de la plaza del Matadero con un show bien cargado de pop y R&B en el que ella se lo curró todo (bases, melodías y voces) subida sobre la tarima y con un tono algo pasteloso que se hacía aguantable durante unos cuantos temas, pero que a la mitad del concierto ya cansaba un poco. En esas decidimos ir a cenar algo, y a la vuelta para ver el show de Mr. Mitch comenzó a llover y el concierto se canceló al poco de empezar, dejándonos un poco con la miel en los labios de un show que arrancó con un rollo grime lento que tenía muy buena pinta.

La lluvia nos obligó a cobijarnos en la Nave16 mientras esperábamos a que comenzara el show de Sega Bodega, otro de los platos fuertes del festival, al menos en su primera mitad de show. Comenzó parapetado tras una estructura separada por unas cortinas de plástico y un rollo techno rápido y contundente que iba mutando en jungle e incluso trap, todo esto mientras el escenario y su cabina-estructura se llenaba de humo, dándole un efecto apocalíptico y oscuro que pegaba a la perfección con la música que estaba poniendo. A eso de la mitad decidió salir de su cubículo para ponerse un poco más meloso con unas canciones en las que su voz cobraba todo el protagonismo, y los dos primeros temas no estuvieron mal – algo edulcorados, pero con algo que atrapaba -, pero poco a poco se le fue yendo la mano y el show pasó de la intensidad al aburrimiento en poco tiempo; y ya el cierre con guitarra en mano y toque prog-rock fue la puntilla. Al poco comenzó el set de Melika Ngombe Kolongo aka Nkisi, afiliada al sello UIQ del siempre sorprendente Lee Gamble. Su set fue por esos derroteros en los que la experimentación va de la mano de un techno oscuro, roto y viciado que fue acompañado por una puesta en escena sobria pero efectiva, con ella tras la mesa de mezclas sin proyecciones y con mucho humo rodeándola para dar un halo de misterio que benefició a una sesión en la que el respetable no paró de bailar cada vez que el ritmo lo permitía.

Tras ese par de actuaciones en las que todos pudimos soltarnos un poco y sacar el puñito para bailar, llegó el bajón con el show de Emptyset, un live que ya habíamos visto en otras ocasiones y que siempre suele variar de un año para otro. Esta vez venían con nuevo planteamiento centrado en un software musical basado en la IA que mutaba cajas de ritmo y sintes para llevarlos a otro estadio, algo que, si se ve sentado en un auditorio y antes del resto de los shows, podría haber entrado muy bien, pero que a esas horas quedaba un poco desencajado, a pesar de que lo que ofrecían sonaba bastante bien y era muy original. El cierre con el live bien cargado de techno de Tensal acompañado por las visuales de Marta Verde fue el colofón ideal para una noche con algunos altibajos y bastantes momentos a destacar.

Domingo

El domingo se notaba que las fuerzas empezaban a decaer con una presencia de público algo más baja. Por nuestra parte pudimos llegar a ver el excelente live de Bvdub bien cargado de dub techno de muchos quilates que fue perfecto para arrancar la jornada. La artista francesa Lucie Antunes se presentó con dos músicos para recrear algunos de los temas incluidos en su último trabajo “SERGEÏ”, en lo musical la cosa oscilaba entre el pop y la electrónica afín al sello francés Infiné, que siempre se ha caracterizado por unas producciones que aunan experimentación y buenas sensaciones, y que tan pronto te musican un desfile como aparecen en un anuncio. La actuación de Promising/Youngster se canceló por enfermedad del artista y el relevo lo cogió Tensal con su aka Komatssu, en el cual se dedica a bajar la intensidad y los bpms para crear una electrónica que navega por el ambient, dub y techno y que acabó poniendo a todo el mundo a bailar.

La Nave16 acogió la última jornada que arrancó con el live de Eli Keszler y Nate Boyce que, según la nota de prensa, “trabaja en las fronteras de la hard fusión, el metal, la electrónica y las percusiones industriales”, algo que se ajusta a la perfección a lo que luego tocaron sobre el escenario, pero que a casi todo el mundo le pareció un poco plomizo. Por momentos parecía que la batería de Eli lograba hacer un ritmo original - que recordaba al hard bop jazzero, pero deconstruido - y llegaba a cohesionarse con la música de Nate, pero la ilusión duraba poco y la atención se iba perdiendo en pos de unas visuales algo regulares. La norteamericana Kelly Moran repetía visita a Madrid tras la pasada edición del Electrónica en Abril y un reciente álbum para el sello Warp que la ha puesto en boca de todos. Su show, colorido y muy visual, fue de menos a más y nos fue atrapando poco a poco en sus redes hasta llegar meternos en ese mundo suyo tan peculiar; primero lanzaba un dron ambiental – inspirado en sonidos de la naturaleza procesados - y sobre él se dedicaba a darle a base de bien a un piano preparado que sonaba un poco como un clavicordio. Tras unos cuarenta minutos en los que nos tuvo navegando a su antojo por sus mundos decidió comunicarnos que tenía preparados un par de temas nuevos destinados a su próximo trabajo y que quería probarlos ante nosotros, pero que no tenía todavía unas visuales preparadas, algo que incluso la ayudó, ya que sin las visuales uno se centraba completamente en su forma de tocar.

Alessandro CortiniAlessandro Cortini

Se encargó de cerrar el festival por todo lo alto el gran Alessandro Cortini que además venía con un reciente (y genial) “Volume Massimo” que logro trasladar con mucho tino al directo. Durante todo momento estuvo acompañado por unas sencillas visuales basadas en el artwork de su último disco que llevaban bastante mensaje y mucha elegancia. Durante todo el (breve) show él se mantuvo a su aire, sin comunicarse en ningún momento con el público, mientras desgranaba todos esos sonidos que transitaban por el ambient industrial y el downtempo más asfixiante y opresivo, que recordaba a algunos de los mejores pasajes de Nine Inch Nails, grupo del que formó parte durante una temporada. Tras unos escasos cuarenta minutos en los que nos tuvo a todos pendientes de cada uno de sus movimientos, se fue sin despedirse, dejándonos con la miel en los labios y con los ecos de una excelente actuación que sirvió como broche perfecto de esta primera edición del festival, al que esperamos que le sigan otras muchas más para que podamos volver a disfrutar de unos artistas y estilos que no suelen pasar con mucha frecuencia por estos lares.


Más información
levfestival.com/19/

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