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Crónica: WOS Festival 2019, un festival con alma

Escrito por David Sánchez | Publicado el 18.09.2019

WOS Festival

Familiar, sostenible, mágico, sublime... son algunos de los adjetivos con los que calificaban la reciente edición del WOS Festival algunos de los que han tenido la oportunidad de asistir. Pero si me tengo que quedar con alguno es el que le oí a mi buena amiga Patricia que dijo que es un festival "con alma", porque se ve que hay mucho cariño puesto por parte de su equipo organizador, porque conseguir reunir una programación como la que han tenido este año no debe de ser nada fácil y menos en una ciudad como Santiago de Compostela, tan alejada de los grandes núcleos de la electrónica más y menos experimental pero que con el tesón de la promotora del evento, Work On Sunday (de ahí lo de WOS), está consiguiendo que muchos artistas y público foráneo la conozcan y acaben encantados con la experiencia.

Era la sexta edición de este proyecto que se inició en 2013 y que con el paso de los años no ha ido perdiendo fuelle sino todo lo contrario. Su premio al mejor festival Indoor de Europa del pasado año no es sino la constatación de que el festival sigue creciendo y haciendo las cosas bien, logrando que público y artistas se sientan a gusto durante varios días en un entorno tan bello como es el casco antiguo de Santiago de Compostela.

Para quién no lo conozca y no sepa de qué estoy hablando hay que explicar que se proponen casi medio centenar de actividades a lo largo de cuatro días repartidas en múltiples espacios que incluyen dos museos, dos teatros, una iglesia del siglo XVIII, un mercado, un par de salas de conciertos, una sala de cine independiente y otros edificios como la Ciudad de la Cultura o la sede de la Fundación SGAE; todos ellos a muy poca distancia a pie entre ellos y la mayoría en pleno casco histórico de la ciudad.

Yo solo tuve la oportunidad de asistir a las jornadas del viernes y del sábado por lo que no puedo hablar de lo que sucedió fuera de esos días, pero si me dio tiempo a comprobar lo fácil que es vivir este festival sin grandes agobios, con una programación que se iba alternando entre los espacios y que te obligaba a cambiar de lugar cada hora, algo que a bote pronto puede parecer un incordio pero que al final se convertía en algo hasta agradable. Además, lamento no haber podido disfrutar de la programación que el festival dedica a los artistas gallegos, centrada principalmente en la jornada del jueves (con algunas excepciones en el mediodía del sábado en los dj sets de Elektrogena y Chago).

De todas las actuaciones que pude ver disfruté muchísimo con Kali Malone, la norteamericana que llegaba con su último álbum en iDEAL bajo el brazo y nos presentó un directo lleno de drone planeando en la primera parte, para luego dar paso a una serie de "olas sonoras" que iban rompiendo como si estuviéramos en la orilla del mar en medio de un temporal y luego volver a retomar la calma. También me gustó mucho el directo de Drew McDowall junto a las visuales de Florence To, que mantuvieron en tensión a lo largo de casi una hora un Teatro Principal lleno. En ese mismo espacio al día siguiente estuvo un brillante Loscil con su nuevo show audiovisual lleno de nubes y agua que acompaña a su reciente álbum Equivalents; una actuación que parecía llevar bastante bien trabajada al contrario que una de las cabezas de cartel del festival como la norteamericana Holly Herndon, quién a pesar de lograr sacar vítores del público me dió la sensación de que aún le falta mucho por pulir a su nuevo show en el que la acompañan cuatro vocalistas y su querido "Spawn", el programa de inteligencia artificial que ha usado en su nuevo trabajo.

Otras actuaciones destacables fueron las dos que se celebraron en la bella Iglesia de la Universidad. El viernes pudimos ver a Mary Lattymore dando buena cuenta de su arpa y tocando en directo algunos de los temas de su reciente álbum en Ghostly, que además alabó el escenario donde le había tocado actuar; al igual que el gran Rafael Anton Irisarri que presentó su álbum Solastalgia en un entorno completamente azul oscuro, perfecto para acompañar su ambient lúgubre.

Otro de los escenarios que más disfrutó el público fue la azotea de la Fundación Eugenio Granell, espacio donde se desarrollaron cuatro actuaciones en total, dos cada tarde, aunque yo gocé solo (aunque mucho) de los ugandeses Nihiloxica, que con su alegría y energía encadilaron a los asistentes; y a Lafawndah, que nos hechizó con un concierto que fue de menos a más.

La sala Capitol fue el escenario de la programación nocturna y de las propuestas más "populares" (si es que se puede considerar que alguno de los artistas invitados lo sea) como la mencionada Holly Herndon. Por allí pasaron los finlandeses Amnesia Scanner que presentaron un directo efectivo y efectista, con un uso y abuso de los flashes tanto blancos como naranjas que a mi no me llegó a convencer del todo, y eso que era una de las actuaciones que tenía marcada en rojo. También pudimos ver a Plaid con su nuevo y entretenido show presentando su reciente álbum Polymer (Warp) en el que estuvieron acompañados de un violinista de unas visuales proyectadas en una pantalla dividida en ocho rectángulos que pudimos ver como configuraban en los momentos previos al concierto.

Otro que estuvo en la sala Capitol fue Blanck Mass, lo suyo fue una auténtica descarga de sonido que invitaba más a verlo sentado mirando las visuales proyectadas tras el escenario que al baile propiamente dicho, así que el mejor lugar para verlo fue sentado en la primera planta de la sala, desde donde se podían ver perfectamente las visuales. La noche del viernes abrió la programación Bendik Giske, al que solo pude ver terminar su show y llevarse una acalorada ovación tras desgañitarse con su saxo en solitario en el escenario, y por lo poco que pude ver me quedé con ganas de haber llegado antes. La noche fue rematada de forma magistral la italiana Elena Colombi junto a la polaca Olivia con un dj set lleno de electrónica de baile, con aromas a los años 90; antes el escocés Konx-Om-Pax presentaría en directo su último álbum en Planet Mu.

Además de las actuaciones musicales tuve la oportunidad de asistir a dos de las charlas que había programadas; una interesante mesa redonda en torno a la idea del folk moderada por Viktor Flores en la que participaron Camille Hédouin aka Mounqup, Faia Díaz Novo y Xandre Outerio, que estuvieron comentando, en gallego, el papel de la música tradicional gallega y el de las instituciones al respecto del folk; y otra charla sobre el coleccionismo de vinilos moderada por Frankie Pizá y en la que participaron David G. Balasch, Javi Bayo, Pablo Eletrocute y Noelia Rodriguez que explicaron las razones por las que coleccionan discos, y si consideraban tener alguna función en la escena musical como coleccionistas.

Esta era mi primera visita al festival y espero que no sea la última, no por mí, sino porque ello significará que la aventura sigue y que iniciativas como esta son "sostenibles", siguen siendo "familiares", a la vez que consiguen momentos "mágicos" y "sublimes" y sin perder "su alma"; al igual que espero que se mantengan en el tiempo otros proyectos similares que se han iniciado en los últimos años en nuestro país, y cuyos nombres seguro que muchos tenéis ya en la cabeza.

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