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Previo L.E.V. 2019: 'Artistas Inlevitables'

Escrito por Xavier Puig | Publicado el 23.04.2019

El L.E.V. es a los festivales una bocanada de aire fresco. Ciudad pequeña, espacios bellos y carismáticos, jardines atlánticos… y la mejor música electrónica y experiencias audiovisuales que echarse a la cara antes del calor agobiante del verano. Y todo en ese rinconcito que Legowelt calificó un día como “La Transilvania Española”. Ahora que los coreanos venden esencia de agua de bosque en spray y el aire puro se vende embotellado, el L.E.V. hace ya que ha patentado una fórmula igual de fresca y que le define a nivel metafórico, pero en vez de agua de sabores, irriga tu rostro de sonrisas a base de experiencias futuristas en clave tan audio como visual. No sabemos si es el aire puro del Cantábrico, el entorno verdoso y los edificios antiguos, o la simpatía technoasturiana, pero el LEV es único e intransferible. Este año el cartel es especialmente refrescante, notándose la dulce brisa de newcomers interesantes aireando un año más las sábanas de este nuestro querido festival. Aquí abajo, y cual Uniqlo o Zara de la electrónica, intentaremos escuetamente resumir los básicos de esta temporada Primavera/Verano que no te puedes perder en la cornisa asturiana.


Lanark Artefax

Calum Macrae no corre rallies, pero juega en una liga similar al WRC cuanto menos. Empezó mamándose musicalmente como teenager en el momento en el que Glasgow despuntaba con las fiestas Lucky Me y Numbers, menudo caldo de cultivo. Para hablar del bueno de Lanark, primero hay que hablar de Lee Gamble, que es un buen lector de apuestas, con el olfato tan afilado como un cerdo trufero, ya que le sacó el exquisito y complejo Ep Glasz desde su propio sello UIQ -todo jamón de bellota-. Últimamente hubo cambio de escudería, con varios pepinos en el templo del hype y de lo cool -merecido también-, como es la plataforma Whities. Este escocés se ha dedicado reformar la IDM a base de híbridos technoides y estética bass y con vocación de pista. Sus directos van desde la manipulación científica de beats glitchosos à la autechre hasta el techno-idmero que empezó el Al Tourettes de Sunken/Dodgem. El tipo está en forma, y su directo audiovisual junto a Shaun Murphy promete tanto crujir rodillas como volar cerebros.


Caterina Barbieri

Dicen los detractores de los modulares, que sus usuarios se pierden en los sonidos y experimentan vacuamente, logrando algo tan interesante como insufrible, y sin mayor finalidad musical que descubrir el arca perdida en el último arabesco electrónico. Pero claro, luego está la Barbieri, que no es de Sevilla, y sus dos álbumes para Important Records. Dos obras cumbre del minimalismo arpegiado y de la síntesis emotiva, rematadas por su colaboración en Punctum con un EP de esos que hacen leyenda. Luego están sus arpegios celestiales y sus bucles paroxistas, de una belleza formada de tonos tan puros como sus osciladores y entramado de patches. Caterina es la reina del Juego de Tonos, la sublimación de la substracción más atractiva, la fría sensibilidad de la máquina hecha amor, la intelectualidad y ciencia del sonido rendida al servicio de la emoción. Si te gusta la electrónica de cuchillo y tenedor, o la síntesis tan fina como el cristal de Bohemia, su directo con el artista visual Ruben Spini y comisionado por el Festival Atonal serán sin duda manjar de tu agrado.


Bliss Signal

O la señal bendita emitida por Wife y Mumdance, que si no los conocen todavía, corran a su google más cercano. Estos dos animales de espíritu se han juntado en el estudio, y el resultado es algo que los medios han dado a llamar post black-metal, aunque uno no ve nada de negro en su artilugio y poco de metal. Más bien el disco es todo lo contrario: una mezcla de melodías melancólicamente vitalistas, una estética y voluntad de difuminación espiritual shoegazera, y una rítmica, eso sí, que bien podría ser la versión gabber de una batería hiperactiva, que en algún momento lejano tuvo que descender del metal, pese a sonar muy orgánica. El todo suena a sanación espiritual y a ganas de estar vivo, tantas como para que tu mente rompa con tu cuerpo y vuelva a reunirse con Gaia, o con la energía primigenia del mundo, o acudan a cualquier otro eslogan barato de medicina homeopática. Ahora en serio, su álbum homónimo es tan vitalista, tan emocionantemente multicolor y relajadamente eufórico, que a más de uno le curaran la depresión a guitarrazos y pads etéreos. Ultra-recomendado para aparcar el prozac y el bromazepam mientras haces backflips en un pogo hiperespacial entre cristales de cuarzo.


El Jardín Botánico aka el Edén de Yamila y Oliver Coates

Los domingos de L.E.V. en el Jardín Atlántico ya puedes poner a Chenoa y a Raphael, que con las resacas y el amor acumulado durante el fin de semana la gente se liberará automáticamente. Pero si aún encima tienes la suerte de llegar al directo de la productora, compositora, chelista, y cantante Yamila -colaboradora de Clark y Niño de Elche-, los erizamientos de piel y llorera sintética están asegurados. La señora esculpe bellos y oscuros drones cinemáticos con su cello y voz angelical, unas veces sobre beats de hip-hop electrónico, otras sobre percusiones shackletonianas aflamencadas, logrando un miasma de sensibilidad pop tan barroco como moderno y efectivo, como si Björk se hiciera un trío con Dead Can Dance, los Dead Prez y Camarón, pero en latín y con purpurina como mostró en su reciente y magnífico álbum de debut Iras Fajro. Además, compartirá tarde con Oliver Coates, también cellista aunque más pop, colorido, abstracto, y con una electrónica tan inclasificable tipo Davey Kahoe, pero igual de bella y orgánicamente electrónica, logrando entre los dos un perfecto tónico dominguero apto para masajear resacas y erizar escarpias. Para meterse en un buen Jardín, pero y no salir nunca.


El Resto Para Los Restos

Ya sabemos todos que 5 cosas no serán. Hay miles más. Klara Lewis o la experimentación más oscura, espaciosa y emotiva. Los hermanos Truss y Tessela como Overmono o su versión noventera de dar guantazos en forma de breaks. Rafael Anton Irisarri o la electrónica preciosista más difuminada por la neblina de Seattle. La esquizofrenia popera y markfelliana de Gazelle Twin. El viejo espadachín Radioactive Man, en directo y tan electro-eléctrico como siempre. La ferralla industrial del incansable chatarrero del infierno Oliver Ho como Broken English Club. Los proyectos apadrinados y curados por LEV como el de Elías Merino, o las incontables performances e instalaciones visuales, y demás jeroglíficos marca de la casa con la que llenar la agenda de deberes y descubrir maravillado. Lo de siempre pero como nunca vaya.


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