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Dj Harvey y el mercurio derramado

Escrito por Christian Len | Fotos de La Skimal | Publicado el 09.08.2018

Mercury Rising llegó a Ibiza en 2015. Yo realmente no le había seguido la pista nunca a DJ Harvey ni lo había escuchado pinchar, pero si que sabía que era figura de culto. Así el día del opening me acerqué sólo a Pikes a primera hora a ver qué pasaba por ahí. Y me quedé prendado. Tema tras tema no me dejaba marchar y posiblemente aquella noche sea la noche que haya estado más sobrio en Pikes. Repito, me quedé encandilado.

Ese verano de 2015 diría que no me perdí ni un Mercury Rising y los lunes se convirtieron en cita obligada para mi y para unos cuantos. Lo recuerdo como si fuera histórico. Yo y mi partnenaire en cabina, Camilo Miranda, acabamos de forjar ahí una amistad y también se acabó de dar forma a lo que luego ha sido nuestra propia fiesta en Pikes, Homies. Además él empezó una amistad con Harvey y verano tras verano los lazos se han estrechado. Así que hay algo de Pikes, de Harvey y de Mercury Rising que se han convertido en casa, en algo familiar.

Han pasado ya tres veranos y este va a ser el cuarto de Harvey en Pikes, aunque justamente este año no estoy en Ibiza. Pero vivir la vuelta de Mercury Rising era obligado para mí, así que cogí un vuelo la misma tarde del lunes para poder vivirlo. Yo no suelo hacer estas cosas. De verdad que soy muy poco fan de nada y si lo soy solo me dura un ratete. Y no es cuestión de jactarme pero puedo decir que he estado en clubs de todo el mundo y escuchado a muchos, muchos dj's. Pero vuelvo a decir que Mercury Rising es, de largo, la mejor experiencia de club que he tenido. De hecho Mercury Rising en Pikes no es una experiencia de club. Es otra cosa.

Harvey se entrega. Se prepara la cabina horas antes. No cena. Se encierra en su habitación y llega por la puerta de atrás. No bebe alcohol durante. Y aunque este año Pikes cierra a las 4am, Harvey decide hacer su jornada de 6 horas. Lo más fácil hubiera sido ceñirse al horario de 00 a 4. Pues el amigo empieza a las 22. Horario de concierto al fin y al cabo.

Harvey fuera de Pikes a veces decepciona. A veces. Puede ser irregular y no estar fino. Pero me atrevo a decir que es porque en el fondo se la trae floja. O dicho de otra manera porque no acaba de conectar con el lugar. La última vez que se le pudo ver en Barcelona fue en el Sónar y mucha gente me ha comentado que le decepcionó, y eso que hizo 6 horas. Es la conexión entre la pista y el DJ lo que hace que una sesión sea especial. Y si a esa conexión se le suma la familiaridad y el amor al lugar entonces la comunicación entre la pista y el DJ se hace todavía mayor. Y es en ese terreno donde la experiencia con Harvey crece exponencialmente. La pista le cede total confianza a Harvey y el, por supuesto, no defrauda y te lleva por donde quiere.

Justamente un día después de Mercury Rising, un tío que sabe muy bien de qué va la cosa, Piti Urgell, el hermano de Ricardo Urgell (fundador de Pacha), me comentaba que “un buen dj se tiene que salir de la tangente, tiene que arriesgar y crear algo muy propio. Volver al redil a poner lo que te funciona es lo fácil. Tener confianza, seguridad y generar la sorpresa es lo que hace que la gente explote”. Eso es lo que es excitante y lo que se traslada a la pista de baile. Que un dj te meza. Nunca le he preguntado porque le puso el nombre de Mercury Rising. Está claro que hay un juego de palabras. Por un lado se refiere al espíritu de Fredie Mercury volviendo del más allá. Freddie's es el nombre del club, la habitación donde Freddie Mercury pasaba (y muy bien) largas estancias en Ibiza. Y por otro lado está el mercury rising del termómetro. Lo pienso y es una imagen muy ilustrativa. La temperatura subiendo poco a poco y el mercurio derramándose porque ya no cabe. Porque ya no te cabe. Hay algo en ti que se derrama. Harvey te cocina a fuego lento. Harvey te hace chup chup. Y de vez en cuando sube un pelín el fuego y la pista hierve a borbotones. He ahí el desparrame.

No voy a decir si puso una u otra canción. Ni hacer un recorrido por estilos. El disco sigue siendo el punto de convergencia. Pero de ahí coquetea con muchos géneros. Siempre elegante. Siempre entre los 100 y los 110 bpms. Siempre sensual. Siempre fino. Coqueteando con el pop. Con la oscuridad o con sonidos exóticos. Con lo que fuere. Pero siempre dando en el clavo. Y no lo digo yo. Lo dice la pista. Y parafraseo aquí a Harvey en una entrevista que le hice hace tres años:

No soy un DJ auto-indulgente. Considero constantemente cuál es el movimiento correcto: hacer que se lo pasen bien, hacerlos felices, jugar con sus emociones. Yo tengo el poder, pero en el fondo no es mío, es suyo. Es del público. Así que cuando estoy ahí en frente del público sé lo que quieren. Lo dicen con su lenguaje corporal, con su manera de vestir, su edad, sus vibraciones, si quieren algo energético, más sónico, con más tempo… Y hago lo que creo que un DJ debería hacer, que es hacer que la mayoría de la gente en una fiesta se lo pase bien. Podría pinchar discos que nadie nunca ha escuchado o cosas rarísimas, o discos caros, o tratar de decirle a la gente lo que es más interesante para mí pero en cualquier caso no importa que sea raro o no. Para mi es dar un regalo.

Eso es. Personalmente estoy empezando a estar aburrido del digging. O sea el digging está bien siempre y cuando no se convierta en masturbación. La gracia está en compartir pero poniéndote en el la piel del otro “¿Cómo puedo hacer que a esta gente se le pongan los pelos como escarpias?”. Pinchar es leer entre líneas. Qué poner en el preciso momento para lograr un estado en una gente que tiene una energía X y que está en un lugar determinado. Y así en un fluir constante. Es descifrar Matrix. Y en Mercury Rising el mundo se ha tomado la red pill y la blue pill a la vez. Una mezcla de sabiduría, libertad, incertidumbre, esencia pero a la vez de irrealidad, felicidad, belleza y un que le den por culo a todo maravilloso.

Tampoco seamos ilusos. A Harvey le interesaba volver a Ibiza. Tener base en verano en Europa, época de festivales y de otros bolos en Ibiza, le facilita la logística. Y claro, vivir en la isla y en Pikes durante un par de meses no debe estar nada mal. Pero más allá de eso Harvey quiere hacer Mercury Rising ahí. Pikes es el lugar y Harvey está pletórico. La dupla es perfecta. Pura simbiosis. Además a esto se le suma el hecho de que en Pikes no se va a ganar dinero. En cualquier otro lugar Harvey pincharía menos y ganaría mucho más. Os recuerdo que Mercury Rising es gratis, como todos los eventos de Pikes. Gratis con lista para mayores de 25. La pista es para unas 150 personas bien apretadas pero los diferentes rincones , jardines y terrazas del lugar admiten a mucha más gente así que en una noche se pueden congregar 800 personas. Y toda la experiencia es magnífica. La gente va rotando en la pista. Sale y entra. Te apretujas. Pero puedes bailar un rato (o mucho) y sudar torrencialmente. Salir a tomar el aire y perderte por algún rincón surrealista del lugar y luego volver a entrar. No es ir a un club y ya. Es otra cosa. Mucho más libre.

Que Harvey anteponga la esencia de lo que hace a la pasta para mí es clave. Y que no tengas que pagar entrada es muy significativo en una isla donde las entradas están entre los 30€ y los 80€. Con fiestas y clubs por doquier, compitiendo con unos carteles parecidos y con unos conceptos de fiesta que son una mierda pinchada en un palo. Y lo digo con conocimiento de causa. Solo hay algunas excepciones y estas son las únicas que realmente funcionan. Pero se pueden contar con los dedos de una mano. Luego están los aparatos de marketing. Facebook aumentando sus arcas con videos de las promotoras. La isla inundada de pósters. Todo el mundo queriéndote vender la moto. Una Variant trucada muy cara que te dejará tirado a la vuelta de la esquina. De Harvey no vas a ver prácticamente promo. Ni offline ni online. Who knows knows. Y el concepto aquí es el propio jugo. Es el propio néctar. Es la esencia en estado puro de un lugar como Pikes y de un tío como Harvey. Zumito de vida.


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