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Crónica: 6º Aniversario de Replay

Escrito por Thierry Marseillais | Publicado el 24.07.2018

El sexto aniversario de Replay tuvo nuevo emplazamiento, esta vez situado en la Caja Mágica (más al centro de Madrid), algo de agradecer para sus asistentes. Mucha zona amplia y abierta, grandes sofás en la zona chill-out y diversos puntos para adquirir las copas o los famosos food-trucks donde picotear algo para tanta hora de baile desenfrenado. Aunque, si bien es cierto, no pareció gustar a todo el mundo, quizás por no guardar la esencia de la sala Groove de Pinto. Por otro lado, y en esto sí que tenemos que ser objetivos, el sonido no fue su fuerte. Un lugar tan grande como éste merece especial atención en cuanto a oído se refiere. En cualquier caso, como bien apunta la dirección del evento, son lentejas. No hay vuelta atrás y, hasta la fecha, ésta será la nueva dirección para las Replay Sunset Parties. Pero, no nos deviemos del asunto en cuestión: el cartel fue de lujo.

Llegamos pronto, a eso de las 12:30h, comenzando ya Maryo que ofreció al poco público asistente a esas horas un set donde la sonoridad house estuvo muy presente. Luego le siguió Hons, porque Alffie andaba por Ibiza y no pudo asistir. La música de Hons se mostró muy madura y actual. Mucha esencia broken beats y techno detroitiano en el set de este nuevo talento.

Simón García y Álvaro Medina, los residentes de Replay, se abrieron paso a un público ya más notable animando con mucho cariño esos parajes houseros que tanto les gustan. Pero en este singular b2b no faltó techno de la vieja escuela y ese aire retro por el nuevo electro.

Cerca de las 17h se abrieron paso nuestros favoritos de esta edición. Los incombustibles Nicolas Lutz y Craig Richards fueron las estrellas del sexto capítulo de Replay. Un b2b que abrazó bien fuerte la originalidad y la riqueza en matices sonoros ciertamente ilimitados. Allí sonaron grandes hits, como el Aftermath de Nightmares on Wax del afamado dúo británico LFO o la incendiaria Puffer Jackets de Breaka. Sonaron simpáticos, todo hay que decirlo.

Y con Thomas Franzmann llegamos al ecuador de esta bonita fiesta. Él es la persona que se encuentra tras el alter ego de Zip y también de Dimbiman. Si conoces el sello Perlon, no hace falta decirte entonces que él es su co-fundador. Una casa que tiene un fondo de catálogo de envidiar desde hace ya 20 años. Figura ciertamente carismática, con ese aire retro, modernete y algo rockero. No paraba quieto en el escenario y de lucir una sonrisa de auténtico placer. Aunque su música, a simple vista, se mueve dentro del ámbito del house, nos ofreció un florido conjunto de canciones.

Le siguió el también germano Ion Ludwig, un chico que ha firmado referencias en sellos como Alphahouse y Resopal (Tigerskin, Der Dritte Raum, Acid Pauli...). Nos hizo bailar con un potente live, y esto lo remarcamos en gran medida. Tanto fue, que llegamos a creer que había roto uno de los altavoces. Dejó el listón un poco bajo después de Zip porque a pesar de crear un buen conjunto sonoro donde el techno fue su principal guía, tal vez le restó algo su forma más abstracta de representar la electrónica. Pero el chico se lo curró, sin lugar a dudas.

Y finalizando, ya entramos en el espectro del ámbito techno con dos grandes nombres. La primera, el rumano Barac, que metió cera por un tubo, muy simpático con el público y muy guasón, aunque sonó muy lineal hasta que llegó Sonja Moonear. La suiza, también apoderada del formato vinilo como buena artista del sello Perlon, se adentró de lleno en esas cumbres oscuras, abstractas y duras del techno más europeo. Era lo que necesitaba la gente en esos momentos para acabar una fiesta como es debido, una que ya ha cumplido seis añitos y que se consolida como una de las principales referencias de la electrónica madrileña.

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