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Anecdotario: Siempre a lo grande - Jean-Michel Jarre y el libro Guinness de los récords

Escrito por David Fernández | Publicado el 05.05.2018

Overture

Jean-Michel Jarre (Juan-Miguel o Jean-Michelle, cariñosamente hablando), pionero de la electrónica, uno de los responsables en dar a conocer el sonido synthesizer. El señor que titula los temas de sus álbumes con un número, y todos igual. Él y sus cachivaches: con el arpa láser y las gafas rollo Tron (más chulo que un ocho), la guitarra-sintetizador, su piano de teclas luminosas, o el organillo madrileño con manivela y paraguas incorporado (a lo inspector Gadget). El de la casaca roja (o azul) estilo domador de leones, pantalón de chandal negro con raya blanca lateral y botas militares, cual marajá, ataviado con su fajín negro, la boina se la pone cuanda viaja a Moscú.

Hiper-mega-super / Big-bigger-the biggest.

Jarre (showman) es sinónimo de espectáculo, sonoro y visual. En la década de los 80 y los 90 se dedicó a dar la nota y llamar la atención montando conciertos multitudinarios gratis al aire libre, lo más parecido a una rave o a una open-air-free-party de las de ahora, pero en legal. Por aquel entonces, sus conciertos masivos aunaban el Carnaval de Rio, la feria de atracciones de Sevilla, el castillo de fuegos artificiales de Blanes y el Cirque Du Soleil (pack indivisible). El público asistente se quedaba embobado y con la boca abierta: aaah!, oooh!. Para toda la familia. A un sarao de Jean-Michelle, agarrábamos la fiambrera y nos podíamos llevar a la mujer, a los niños, a la abuela, al cuñao y al gato, tranquilamente, sin problemas: la diversión estaba asegurada.

La música del planeta azul / Electrónica pop para las masas.

Oxygene (Disques Dreyfus, 1976), su primer álbum más mediático, triunfó como la Coca-Cola. Jarre tendió un puente entre la música experimental electrónica y la música popular. Popularizó los correos cósmicos alemanes, haciéndolos más digeribles para el oyente de a pie.

Electrónica ecológica. Asoció la música a la naturaleza. El álbum fue todo un mensaje ecologista, desde el título a la carátula del disco (una calavera emergiendo del planeta Tierra) o, prestando más atención, la gran variedad de efectos sonoros (sonidos de la naturaleza) que contienen sus temas: canto de pájaros, lluvia, olas del mar,viento… Y, por supuesto, el famoso video de los pingüinos (iba a decir plastikmanes…).

Olvidaron incluir Oxygene 4 en el disco dorado de las Voyager, las dos sondas que en 1977 fueron lanzadas al espacio en busca de vida extraterrestre. Oxygene es atemporal, un clásico, y los clásicos nunca pasarán de moda.

Último gran álbum / Sequía creativa.

Su música ya no es para tirar cohetes. Jean-Michelle dejó de molar hace ya muchos años (dos décadas para ser exactos). Su descenso imparable a los abismos (fosa de las Marianas) comenzó en 1998 (coincidencia o no, este fue también el año en que rompió con la Rampling) y todavía no ha tocado fondo (va camino de establecer otro récord Guinness, en esta ocasión el de apnea libre). Vamos a ser indulgentes con él dando por bueno Oxygene 7-13 (1997), en particular los 3 singles que se extrajeron de él: Oxygene 7, 8 y 10. Su último gran álbum (ya ni me acuerdo), Chronologie, lo publicó en 1993. El gran legado del músico francés pertenece al siglo pasado. Si bien las primeras producciones de Jarre son infumables, pero tienen un pase por tratarse de música experimental, ruidismo o música concreta, lo que no tiene perdón de Dios son sus últimas chapuzas. A partir de 1998 comienza la cuesta abajo, un compendio de álbumes que se mueven entre la más absoluta insípida indiferencia (ni fu ni fa, sin pena ni gloria, ni chicha ni limoná) y las chapuzas que no tienen perdón de Dios -un error llamado Téo & Téa (2007) (Epi y Blas). Se las ha querido dar de modernillo -crisis de los 60? / I want to be forever young- haciendo incursión en la música de club -Téo & Téa, Electronica 1 (2015), Electronica 2 (2016)-, pero la jugada le ha salido rana: en muchas ocasiones acercamientos a la EDM o al psy-trance más garrulo (Pitufos makineros incluido). Y no hablemos de colaboraciones con personajes como Armin van Buuren (el que pincha bocabajo): qué necesidad había… No nos engañemos: hoy en día hay infinidad de propuestas mucho más interesantes que la del francés.

Récord Guinness: Jarre ha escrito su nombre en el libro Guinness en cuatro ocasiones.

Countdown: 5 seconds…, 4 seconds…, 3 seconds…

París 1979. Primer récord Guinness. El de la Place de la Concorde fue el primer gran concierto de Jean-Michel Jarre. Tuvo lugar el 14 de julio de 1979 y formó parte de las celebraciones del Día de la Bastilla, Día Nacional de Francia. Primera vez que Jarre entraba en el libro Guinness de los récords congregando a un millón de espectadores. El francés se limitó a repasar sus dos primeros álbumes más mediáticos, Oxygene y Equinoxe (1978). Tanto la parte visual -luces, proyecciones y pirotecnia- como la puesta en escena -Jarre, único músico presente en el escenario- fueron, en general, bastante austeras. El concierto fue retransmitido por televisión.

Houston 1986. Rendez-Vous Houston: A City In Concert. Jarre aprovechó la ocasión para presentar el álbum Rendez-Vous (1986). El concierto tuvo lugar el 5 de abril de 1986 en conmemoración del 150 aniversario de la ciudad de Houston (Texas), además de celebrar el 25 aniversario de la NASA. El evento también fue dedicado en memoria de los astronautas que fallecieron en la tragedia del Challenger en enero de ese mismo año. Uno de ellos, Ron McNair, astronauta y saxofonista, hubiera sido el encargado de interpretar en el concierto el tema “Last Rendez-Vous: Ron’s Piece” desde la aeronave: habría significado la primera pieza de música interpretada y gravada desde el espacio. El escenario estaba situado en medio de los rascacielos del skyline de la ciudad. Aquí, muchos de nosotros, conocimos el arpa láser, la guitarra-sintetizador y el piano con teclas luminosas. Era la segunda vez que el francés lograba entrar en el libro Guinness, reuniendo esta vez a 1,5 millones de personas. El de Houston está considerado como uno de los conciertos más espectaculares en la historia de la música.

París 1990. El 14 de julio de 1990, para celebrar el 200 aniversario de la Revolución Francesa, el músico francés tomó el moderno barrio de La Défense de París, y desplegó un escenario gigante en forma de pirámide iluminada que sincronizó con toneladas de fuegos artificiales. Imágenes de Marilyn, Lennon, Dalí, Chaplin o Cousteau se pudieron ver proyectadas en los edificios, espectaculares efectos de luz y láser, marionetas bailarinas gigantes, etc. Fue la presentación del álbum Waiting For Cousteau (1990). Tercera vez que el artista conseguía superar el récord Guinness: 2,5 millones de personas.

Moscú 1997. Oxygene In Moscow es oficialmente el concierto de música más multitudinario de la historia hasta la fecha. El 6 de septiembre de 1997 Jarre entró por cuarta vez en el libro Guinness de los récords al conseguir congregar a 3,5 millones de espectadores en la capital rusa, que celebraba su 850 aniversario. Presentación del álbum Oxygene 7-13 (1997), con el edificio de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú como monumental telón de fondo. En esta ocasión el show visual, en comparación al de Houston o París ’90, fue mucho más austero. Destacar el momento en que Jarre aparece interpretando Oxygene 10 con el theremin, el instrumento que se toca sin tocar, inventado curiosamente por un ruso.

Otros méritos / proezas a tener en cuenta:

Jarre fue el primer músico occidental que tocó en la República Popular China: The Concerts In China (1982).

En 1983 se le ocurrió hacer un álbum de una sola copia de tirada, y venderlo en una subasta, se llamó Music For Supermarkets. Fue un acto de protesta en contra de lo que estaba sucediendo entonces en la industria musical: la música (discos, casetes, etc.) comenzaba a venderse en los supermercados, como los yogures o el desodorante. El máster (grabación original) fue incinerado en directo. “Music For Supermarkets” se vendió por la friolera de 69.000 francos (unos 10.000 euros).

En 1984 publicó Zoolook, considerado a día de hoy, por muchos, como su mejor álbum (corrijo: obra maestra). La idea era utilizar la voz humana como instrumento musical. El disco contiene grabaciones de voces (editadas y transformadas) en veinticinco idiomas diferentes (casi nada): un trabajo de chinos. Zoolook es, junto a My Life In The Bush Of Ghosts (Sire, 1981) de Brian Eno y David Byrne, la gran biblia del sampleado.

En 1994 fue nombrado Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO.

The Last Rumba. Rarezas / Joyas.

El infravalorado Arpegiator (1982), puro trance en progresión, únicamente fue interpretado en el directo The Concerts In China, y nunca jamás se supo de él.

Waiting For Cousteau (1990), un corte de 46 min. de ambient submarino, le hace un guiño al Thursday Afternoon (EG, 1985) de Brian Eno. Fue utilizado a modo de pre-intro (música de fondo) en muchos de sus conciertos. Significó la primera (y única) incursión de Jarre en la sleep music. Años más tarde el sueco Healer publicaría el remake “Apnea” (2004): la banda sonora perfecta para el descenso (caída libre) al Dean’s Blue Hole (Long Island, Bahamas), el segundo agujero azul más profundo del mundo.

Nice computer-weekend !

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Más información:

Jean-Michel Jarre: Web Oficial

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