Crónica: Lisboa Electronica 2018

Escrito por John Doe | Fotos de Lisboa Electronica | Publicado el 13.04.2018

No llevaban ni 100 besos dados cuando entre el 98 y el 99 salió de entre ellos en forma de plan la ciudad de Lisboa. En aquel momento tan solo era la idea que sus Freuds proponían al unísono como una futura consagración de lo que ya en aquel momento parecía ser un encuentro merecido para ambos, y eso es difícil, ya que son de 4 comisuras de mucho merecer, y por tanto de difícil satisfacer. 100, Sabían a poco.

Un alto porcentaje de los planes que nacen de un mañaneo, con alguien a quien acabas de conocer y donde la química (en todos sus formatos) impulsa el lanzamiento de las ideas, no suelen llevarse a cabo. Esta vez fue distinto, ambos inconscientes acordaron intervenir para que ni 20 lunes resacosos consecutivos pudieran con lo propuesto. Los pájaros de la casualidad ayudaron y el círculo se cerró unas semanas después de aquel encuentro con el anuncio del “Lisboa electrónica”. No era un festival a priori a donde ir a descubrir música, cabezas de cartel tan obvios como contrastados hacían ver que el viaje electrónicamente hablando era un valor seguro y que dejaría tiempo para lo que realmente se viajaba, para otro tipo de descubrimientos, para esas incertidumbres que generan los primeros cruces de ojos en blanco que acaban en miradas largas y parlantes.

Llega la fecha en la que por fin, sus ganas y sus cuerpos se cruzan en la ciudad propuesta.

Lisboa es de esos sitios donde nada más pisar ya sabes que te va a encantar... una ciudad con personalidad arquitectónica, con alma, y a la que su situación en el poniente más lejano del continente la empuja a ser un sitio idílico para olvidar sin dejar de ser, de igual modo que Europa se pierde allí, mirando al infinito del Atlántico apoyado en la barandilla que Portugal le brinda para ello. Y es que te sientes en casa, pero con la capacidad de poder mirar muy lejos de ella...

Después de un primer día soleado, regados de Sagres, y aprovechando cada una de las terrazas que la ciudad les brindaba para acometer el turismo del único modo que saben hacerlo (de bar en bar), se acicalaron para ir a la primera jornada del festival. Allí les esperaba uno de los platos fuertes, el showcase de Werkdisc (subsello de ninja tunes), conformado por un directo de Actress y un dj set de la Hauff, y menos mal de esto último, ya que la alemana como productora es del montón cuando con los vinilos es un(a) dj de podium. Después de un warm up local un tanto discontinuo en calidad, empezó el directo del británico, el cual con fastuosa personalidad nos regaló unos primeros compases (casi la mitad del set) de un ambient techno intenso (recordaba a su álbum guettoville), repleto de matices sonoros, con tantas capas de mensajes que abrumaban a la intención de discernirlos y donde se tuvo la impresión que la pista no supo recibir como se merecía. Y es que, el concepto de directo de 0 a 100 cada vez queda más lejos de ser comprendido en la mayor parte de escenarios... el asistente a festivales suele tener más zapatilla que oído y no suele conceder tiempo a la contemplación sonora en detrimento del baile. No obstante Actress en breve se sacudió las críticas provenientes de los cuellos inertes de balanceo con un final de set apto para el disfrute combinado del intelecto y los tobillos. Primero de los dos únicos directos que vivieron y es que no abundaron en el line-up, y siendo un festival que se apoyaba en sellos es algo a mejorar en futuras ediciones. Mientras tanto, la pista se movía envuelta de un “ambiente cojonudo”, que bien puede ser sinónimo de “ambiente Lisboeta”... compañerxs de baldosa simpáticos, que contribuían al pedo con tantas sonrisas como miradas emitían y que no dudaban en hacerles sentir en casa en cada conversación casual que se sucedía a la par que ya, de un modo tan inevitable como honesto, estos dos no podían dejar de elevar a la enésima potencia aquellos 100 besos base, aquellos que planearon por ellos un sitio donde aumentarse en número y mensaje y donde poner paisaje sonoro y arquitectónico al deleite de cada uno de ellos.


Helena Hauff

Con la pista, y lo que no es la pista, ya calentita, le tocaba el turno a la que de un modo indiscutible es una de las djs más en forma de los carteles, Helena Hauff. Qué manera de seleccionar música tiene esta tía, qué pasada, que "trackazos" de sesgo inteligente, con esas tres pistas tan bien diferenciadas, donde la polifonía que Bach estandarizó como perfecta convive a la puta perfección... donde unas líneas de bajo empujantes, cachondas y ricas cabalgan encima de ritmos electrosos repletos de cajas punzantes, y que se dejan encender por el conjunto de melodías de la parte alta del espectro sonoro, como si de una ciudad se tratara, donde esas líneas de bajo sean sus calles, la batería y su ritmo su idiosincrasia cultural, y donde los transeúntes iluminados por las luces de su día y de su noche fueran sus melodías, moviéndose estas armónicas y a través de sus calles. Si, pongamos que hablo de Lisboa, y es que eso es Lisboa a cada momento, por donde andes, o donde bailes, o donde duermas. Pura armonía vital, Lisboa es como un tema bien hecho sonando en un buen sound-system, como fue el caso, y es que durante todo el finde semana la música sonó clara y alta al gusto, dependiendo de donde te quisieras colocar en la pista (o en la ciudad), un 10 en este aspecto. A Helena hay que decir que el set de tres horas se le hizo largo, será que estaba con agua (es la primera vez que no la veo con su trago de birra a cada mezcla), que era jueves y aún le quedaban un par de bolos con sus correspondientes aeropuertos por delante, o lo que fuera. Y es que su segunda mitad de set estuvo menos embestida por sus mezclas, aunque sí que se mantuvo digna por la música que seguía siendo brillante y ecléctica, y menos mal, porque tanto los protagonistas de esta crónica como sus colegas lisboetas no estaban precisamente a agua... Con los oídos y las piernas colmadas de placer salieron del club Ministerium (club en la misma Plaza del Comercio, bastante bastante guapo) en busca de saciar a los demandantes e insaciables órganos damnificados por tanta mirada profunda y mensajera.

Se despertaron al son del ruido que El Barrio Alto emitía, como si no estuvieran allí y con la sensación que te deja una peli de Julio Medem bien pasada por THC. Pero no era una peli no, o si, el caso es que de serlo era la suya... así que se dispusieron a recorrerla, ansiosos de descubrir que les habían escrito en el guión, y que les tenían preparado los directores de fotografía y música para el segundo capítulo de esta. Bien de lisergia mediante (no hay nada más sugerentemente redundante que viajar dentro de un viaje) recorrieron otra parte de la cuidad siguiendo su ya consagrado método: ”una cerveza en cada bar que veamos”...

Para entonces ya nada se ponía en medio de ellos dos, ni ellos mismos, ni sus miedos, ni sus pasados, y ni mucho menos sus futuros...”No sé si son tus besos o este tripi que me sube”, canturreaban por esas angostas y empinadas calles que ascienden a los miradores de la cuidad, mientras recordaban la perfecta simbiosis del segundo anterior y se relamían de la del siguiente.

Y allí que se fueron, sonriéndose a carcajadas, a la segunda jornada del festival sito esta vez en el LX Factory, un complejo formado por diferentes locales donde se podían observar más tribus que la bakala, ya que en su calle principal se encuentran clubs de diferentes músicas de donde salían bailando diferentes tipos de ropajes con cuerpos dentro. Situado prácticamente debajo del famoso puente 25 de Abril, que les recordaba por donde andaban cada vez que inclinaban un poco la barbilla para apurar su copardo de Bourbon con red-bull a pachas. Al fondo del todo se llegaba a la instalación que a esta crónica interesa, a esa donde en esta segunda jornada se predisponían a escuchar-bailar en la mainroom a Kraviz y Deniro y que resultó ser perfecta para ello. Grandes espacios y un aforo perfectamente sostenible hacían más fácil el paseo de Cleopatra y Marco Antonio por el garito, y es que era espacio lo que demandaban sus anchos hombros orgullosos de su recíproca compañía, no había por allí nadie que les superara en esto, o al menos eso ellos creían/sentían, y eso ya es tan realidad como la mayor de las realidades.

Pasaron prácticamente toda la noche en la pista principal sumisos al ritmo de los dos de Trip récords, sello con nombre muy al pelo de aquel día. Habiendo prestado atención al sello de la controvertida Nina, y teniendo en cuenta que el LP que más le mola al más feo de la pareja es el de Deniro (Mendoza) no podían dejar pasar la ocasión de escuchar su set y para nada defraudó. Música original, con un tipo de ácido de la casa y con ritmos que aunque por momentos recordaban al rumaneo rápidamente se torcían en perfectamente digeribles por cualquier paladín del underground y del criterio. Melodiotes que daban paso a largas transiciones muy disfrutables si le llevabas el pulso a la sesión, y que consiguieron en definitiva que esas 3 primeras horas de noche fueran efectivamente un viaje adecuado para tal momento, para una noche en la que se suponía a priori tranquila pero que se presentaba con todas las características del fiestón, más, cuando todo lo que les rodeaba o les hacía bailar, o les sonreía, o les besaba. Empezaba Nina Kraviz, esa pedazo de Dj a la que los sordos y las sordas con sobrepeso se empeñan en demonizar y reducirla a la altura de Dj Marta. Que va, Nina es mucho más que su baile y es mucho más que su físico... la dentista rusa selecciona con personalidad, se ha adueñado de ese “bombo Bonzai” y de esos tracks coloristas y rápidos de corte belga de los que al menos el que escribe goza como un hijo de puta y sin ser ni mucho menos su música favorita. Además, sabe llevar un set de 3 horas, como muchos y muchas no saben, y es que se marcó una culebra ascendente de intensidades que acabó con el mejor cierre que la pareja de jefazos presenció en los 3 días. Si, dos jefazos, de esos que solos ya son un universo y que juntos parecían estar recreando el puto Big Bang en cada mirada. Se las gozaron tela este segundo día, se lo bailaron todo y se dijeron todo lo que se les pasaba por la cabeza, de una manera honesta y sin censura. “Que suerte de habernos encontrado” pensaron al dormirse 4 horas después del cierre.


Nina Kraviz

Tenían el sábado por delante y después de 2 días de fiesta con sus pre-partys, sus noches y sus mañaneos estaban, más que intactos, pletóricos. Y efectivamente su estado psico-físico fue un spoiler perfecto de la pedazo de fiesta que iban a vivir como colofón. Con la intención de poder “separar” la noche del viernes a esta del sábado se propusieron moverse más por el resto de localizaciones el LX Factory y fue todo un acierto.

Como siempre que no estaban durmiendo estaban pedo no tardaron en congeniar espiritualmente con la primera actuación a la que asistieron, y es que Michael Melchner y Benjamin Stager estaban regalando temazo tras temazo con un B2B de esos tan odiosamente de moda y que tan poco resultado viajador suelen dar. El caso es que resultó perfecto para calentar articulaciones con una selección musical divertida y “bonita”, con buenas sinfonías y que puso a punto sendos pedos para el resto de actuaciones.

Cuando faltaba media hora para la conclusión del set de Mulero se fueron de la mano, tó chulos, a oírle por aquello de pasar por caja del bueno de Don Óscar. Mulero no se baja del burro, te podrá apetecer más o menos su tipo de música pero lo que está claro es que es un Dj carismático que además sabe sacar partido a los sistemas de sonido como nadie, como sonaba, y que comunión tenía con el público. No obstante, nuestros protagonistas se frotaban las manos pensando en uno de los momentos del festival: el directo de Dani Legowelt...


Óscar Mulero

Clone cerraba el festival en la mainroom y eso es jodida buena noticia. El directo de Legowelt, como cabía esperar: ácido en su justa medida y épico en su totalidad, algo más rítmico de lo esperado (lanzar un directo después de la tralla de PoleGroup no debe ser fácil en este aspecto).

Ellos se lo gozaron, se marcaron todos los pasos de baile que se sabían y otros más que se inventaron, los extras de la peli que llenaban el festival hacían lo propio pero siguiendo el ritmo de ella, que acompasa todo lo que a su alrededor respira con solo mirarlo. La cosa prometía y es que el festival lo cerraba Serge, el capo de nada más y nada menos que Clone, el que para muchos es el mejor sesgo online del acetato. Moló, si, pero en opinión de quien escribe en tercera persona de si mismo como Aida Nízar se cebó demasiado con el ácido, tanto que se le perdía el valor al sonido, y hacía que temazos conocidos de este género quedaran sin en-viajar, por lo que no se le llegó a gozar del todo lo esperado.

Cerraba el festival y las dos sonrisas castellanas se piraban al after oficial en la sala Ministerium (por supuesto), ya en un tono más social, aprovechando las amistades de pista que se habían labrado con su presencia y buen hacer, pero sobre todo relamiéndose de su experiencia en Lisboa. Una experiencia muy común, nada del otro mundo; a tod@s les ha pasado, chico conoce a chica o al revés, pero que para ellos fue única en el mundo entre otras cosas porque es la suya, y porque aunque ya son mayores y les había pasado muchas veces esta emanaba matices sinceros y enfatizados, como si hubiesen estado entrenando toda la vida para debutar este finde, en este festi y en esta ciudad.

En definitiva, el festival es para recomendarlo sin parar. Es barato, el cartel es muy competitivo y variado, la organización es de 10, suena bien, y sobre todo está en esta ciudad que es para enmarcar, ya no solo por su hardware si no sobre todo por su software: su peña; simpatía, amable, solidaria y culta.

Lisboa 4eva.

Galería de Fotos


Más información:

Lisboa Electronica: Web Oficial

Compartir:

« ANTERIOR ABRIR UN ESPECIAL AL AZAR SIGUIENTE »

Comentarios