Opinión: Ser DJ, lo que era y lo que es

Escrito por Luis Rozalén | Publicado el 27.11.2017

Me pide mi amigo David Sánchez que confeccione un artículo de opinión sobre lo que era y es ser dj, corren unos tiempos difíciles en los que expresar tu opinión sin tapujos te puede llevar a lugares no deseados, linchamientos en social media, problemas profesionales ... Parece que los dj’s solo nos tenemos que dedicar a lo nuestro, sin opinar de cosas relativas a nuestras profesión, sin mojarnos mucho, sin salirnos del rebaño. No diré por lo tanto nombres, ni haré diferencias de género y condición. No sea que se me crucifique en exceso.

Muchas cosas han cambiado desde que comencé en el mundo de la música, en mi caso eran finales de los años 80, una década explosiva en cuanto a musicalidad, todos queríamos formar parte de ese mundo mágico de las giras y las bandas y los videoclips, pero nos parecía algo inalcanzable, casi de ensueño. Sabíamos que había que currárselo mucho.

Nos conformábamos con formar nuestra propia banda, con imitar a los grupos que nos gustaban, con echarle horas a dominar un instrumento ensayando sin parar. Cuando se tenía un repertorio más o menos largo, se le sumaban unas cuantas versiones y ya se podía dar el salto a tocar en bares y antros varios, casi siempre vacíos, con tus amigos y tu familia de público. Le perdías el miedo al escenario, te sentías una rock star doméstica y volvías a tu rutina de estudios y trabajo.

Por aquel entonces, la figura del dj no distaba mucho de lo que podía ser el empleado del ropero o el señor de la puerta o el camarero, era uno más del engranaje hostelero, pinchaba toda la noche, mayormente con material ajeno y sin mucho poder creativo o de decisión. Entonces casi nadie quería ser dj, no era algo glamuroso ni envidiable.

Con la explosión del fenómeno en Valencia el concepto fue cambiando hacia lo que conocemos hoy, hay varios y buenos libros que cuentan esta historia, no voy yo a recontarla aquí de nuevo, lo que sí ocurrió es que muchos jóvenes dejaron de lado el asunto de las bandas y los conciertos para convertirse en selectores musicales, coleccionistas de discos y reproductores en público de los mismos, siguiendo más o menos la progresión que antes indicaba sobre los grupos musicales, primero pinchar en tu casa, luego en fiestas de amigos, luego en sitios de mala muerte, etc... Sufriendo y echando callo.

Este ciclo iniciático se podía prolongar durante años hasta conseguir actuaciones más o menos profesionales o con mayor repercusión y muchos de los aspirantes quedaban en el camino. Por supuesto entonces no hacía falta editar discos para ser dj, ni los dj’s se pasaban la mitad de su vida en los aeropuertos. Tener una carrera significaba hacer una carrera, desde la salida hasta la meta, con mayor o menor fortuna, con mucha inversión en discos y muchas horas echadas a la espalda, compaginando esta pasión con estudios o trabajos de toda índole, cobrando lo justo y reinvirtiéndolo en la profesión... podía darse el caso de que tus primeros platos te los pudieras comprar años después de empezar a pinchar, por ejemplo.

Se necesitaba mucho esfuerzo, mucho amor por la música, mucha constancia, muchas horas de ensayo y error hasta cuadrar dos discos, muchas sesiones en solitario o para casi nadie. Se sabía que no era algo que pudiera hacer cualquiera, que no era darle a un botón y a los que lo hacían bien se les respetaba y se les seguía allí donde fuera, así empezó la carrera de algunos de los que ahora están en lo más alto.

Muchos de estos ahora dj’s de éxito están empezando a recoger los frutos de su esfuerzo más de 20 años después de comenzar y se acercan a los 50 años si no los han superado ya.

Pero con el paso de los años y el cambio de siglo han ocurrido varias revoluciones que han dado un giro de 180 grados a lo anteriormente expuesto, la tecnología avanza, aparece internet, los formatos digitales, los nuevos sistemas de reproducción y creación y fundamentalmente las redes sociales.

Ahora el público puede ser parte más activa del movimiento, puede comentar, compartir, juzgar, aprender, piratear... puede ver sesiones de los mejores desde el sillón de su casa, el público puede participar sin ser parte real del club, sin exponer su cuerpo y mente directamente al asunto, sin militar activamente, sin currárselo, tan solo sintoniza la web precisa y ahí tiene su club, sus videoclips, sus tutoriales, sus descargas piratas, su software hackeado... la cosa se pone más fácil. No hay que sudar para conseguir tu colección musical, no hay que chuparse horas de cabina para aprender, no hay que sufrir practicando con dos platos... lo que antes era una carrera ahora está lleno de atajos, como público y como profesional.

La destreza con un instrumento queda al margen, lo intrincado de tu selección también y lo importante es llegar antes y de la manera que sea y si puede ser con ayuda externa mejor. Lo que importa son los likes, los seguidores, la fachada que creas en el mundo irreal de las redes, que paradójicamente te lleva a lugares de éxito en el mundo real, un éxito que por su tamaño se convierte en el objeto de deseo de los jóvenes principiantes, que quieren ser dj’s, no cueste lo que cueste, si no lo antes posible y con el mínimo gasto de energía, tiempo y dinero.

Por otro lado, el público ha perdido nivel de exigencia con sus dj’s y es el que encumbra al estrellato a figuras mediocres, si en el fútbol le pitan a un jugador mediocre aquí no, aquí se lo comen con patatas y le siguen el cuento.

Si repasamos una lista imaginaria de dj’s que lo están partiendo a día de hoy veremos en ella a muchos que cumplen con los parámetros de esfuerzo y dedicación y muchos otros que son simple y llanamente productos creados de la nada. Ambas especies conviven en el parque de atracciones de éxito y nadie hace nada para impedirlo, porque esto es algo que requiere compromiso y no está a la vuelta de un click, no es fácil y hoy día si no es fácil no mola y no se hace. No se ven muchos casos en los que el público largue a un dj de la cabina.

Así pues, tenemos en parte lo que nos merecemos y por eso la escena está repleta de gente irreal, productos de marketing, escaparates de belleza física muy distantes de lo que es algo respetable y profesional, mucho circo, mucha tontería y mucha superficialidad, como la tele que no es de pago. Dj’s que viajan con tres personas, una que le graba videos para youtube otra que le hace fotos para instagram y otra que le hace la prueba de sonido para que el/ella toque el botón preciso y pueda bailar y menearse a discreción.

Afortunadamente continúan existiendo artistas que merecen la pena, dj’s excelentes en todos los aspectos, que no tienen porque ser viejos o veteranos, que son jóvenes y trabajan en serio y a los que debemos apoyar a muerte, separándonos de la masa de borregos fáciles, volviendo a la raíz de lo que fue este movimiento, la calidad, lo diferente, lo arriesgado y lo real.


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