Crónica: Harvey, un cierre para morir de amor

Escrito por David Puente | Publicado el 02.10.2017

La primera vez que leí sobre Dj Harvey fue en 2001, en una revista llamada Nochemania que incluía un Top 50 confeccionado por el periodista Javier Blánquez. El número 27 lo ocupaba un Dj con pelo largo, como ya quedaban pocos, al que por entonces no se le había visto el pelo aún por nuestro país: “El hombre fuerte del sonido dance expansivo sigue al pie del cañón deleitando con bombo sutil y atmósferas de ensueño a sus fieles seguidores”, rezaba la nota sobre este Dj que ya entonces se erigía como Dj curtido. Hubo que esperar varios años para poder verle en directo por estos lares. Ese impass acrecentó el morbo y el interés de los connaisseurs por comprobar cómo se desenvolvía en directo este Dj barbudo “cool as hell” que supo conjugar los mundos musicales de ambos lados del Atlántico. Tuvimos que esperar para bailarlo hasta el 2014 que lo trajo el Sónar al escenario Village donde desconcertó a todos con temas de Nathan Fake o de Vitalic, para repetir un año después con un set que estuvo más acorde con las expectativas. En octubre de ese mismo 2014 madrugamos un domingo para desayunar con él mientras lo entrevistamos antes de su set en el Row donde calmó a las fieras con disco y ramalazos de italo.

En sus fiestas Mercury Rising que organiza en el hotel Pikes desde hace tres temporadas, el inglés que todo el mundo pensaba que era estadounidense, se erige como digno heredero y fiel transmisor del legado balearic. Aquí en Ibiza se gestó esta forma de pinchar y aquí tiene en Harvey a un baluarte. El balearic, como Harvey, es un estado de ánimo. Recordemos que el Pikes de San Antonio fue punto de encuentro de las farras de Grace Jones o Amanda Lear hace casi 40 años. Algo de esa gloria de los 80 queda a resguardo con el catálogo musical de este maestro de ceremonias que ha puesto el broche a estas ocho semanas que ha durado su residencia.

En la gruta del placer de Harvey destaca la presencia de algunos nativos ibicencos que parecen colgados de los 60 y dieron la nota de color a una fiesta que efectivamente parecía de otro tiempo, así como un grupúsculo de barceloneses del sector que se desplazaron a la isla para la ocasión. Vale la pena el viaje de ida y vuelta si encuentras vuelos baratos porque la fiesta es gratis (aunque el desmesurado precio de las bebidas provoca amagos de infarto en cuanto recibes un empujón y se derraman unas gotas al suelo). Pero en general, mayoría anglosajona en la pista de baile con conocidos del entorno de Harvey como su manager Heidi Lawden, compañera de aventuras en la edad dorada del Ministry Of Sound, allá por los 90, cuando por ahí se dejaban caer Dj míticos como Terry Farley o Andrew Weatherall. Su pareja Lovefingers, pilar de ESP Institute, también aguantó hasta el final de la maratoniana sesión (la pareja pinchaba la tarde siguiente en Hostal La Torre).

Harvey en Pikes nos devuelve la figura del Dj artesano que se preocupa por el manejo de la máquina de humo de la sala y se esmera con el juego de luces que el Dj inglés va encendiendo con tacto a medida que se va acercando el momento tan temido, ese final que nadie deseaba que llegase nunca. Harvey saca la pandereta y toca el pito para amonestar las infracciones de aquellos que comparten su hogar. Que te acercas a la cabina y le deslumbras con el flash de tu móvil, pues te toca el pito para avisarte de tu mala conducta (aunque al final de la sesión es el propio Harvey el que quebranta las normas con algún pitillo furtivo). Porque para algo Harvey está en Pikes como en su casa. Y su casa te acoge con un sonido que es la envidia de los clubs de la península. No hay más claves para montar una buena fiesta: buena música y buen sonido.

Bueno y un tipo que pilote en cabina claro. Además de ser muy quisquilloso con el sonido, Harvey es un Dj con un conocimiento muy vasto de la cultura musical de baile. Tan pronto te mete un tema de Stones Roses como se marca un tramo con Tullio De Piscopo como protagonista, con su cada vez más popular Stop Bajon, también conocido como el tema de la Primaveraaaa mezclado con E fatto è sorde! E? (Money Money). También hubo tiempo para escuchar una vez más El Turronero que puso la nota cañí con sus penas en un entorno típicamente británico. Por cierto, que Harvey descubrió este tema tan de remoda en los últimos años, una especie de disco aflamencado que gusta mucho a los anglosajones por su excentricidad, en la barcelonesa tienda Discos Paradiso. Suena esa maravilla que es Hypnodance de Who’s Who que parece que te vas a derretir en natillas. Otro hit de italo raro que ha sonado esta temporada nos lleva hasta la Zanzibar de Helen. Algo más conocido de su repertorio ese We Just de Moses que también sonó la tarde del Row. Otro clásico fetiche del Dj barbudo en su residencia en la isla es Love Bug de la banda disco funk Bumblebee Unlimited encabezada por el luminaria del disco con alma Patrick Adams o Dusty Springfield en edit de Horse Meat Disco. En sus manos, la nostalgia musical trasciende a la categoría de arte.

En cuanto a la técnica del barbudo diremos que también es especial. A la vieja usanza. Harvey pegado a su auricular con forma de teléfono no mezcla los temas, los mete como se unta mantequilla en el pan. Pim, pam… Los mete muy bien. Un primer tramo de sesión con cambios constantes que consiguen que la atmósfera cambie de tal manera que si salías y volvías a entrar a la pista en un lapso de 10 minutos, por ejemplo, parecía que estuvieras de vuelta a otra fiesta. El armazón sigue siendo disco en todas sus facetas, de KZA a Danielle Baldelli pasando por Greg Wilson.

Cuando la sesión llegaba a su hora de cierre oficial marcada para las seis de la mañana y a todo el mundo se le empezaba a encoger el alma esperando que de un momento a otro se encendieran las luces, llegó la proeza de un Dj que rebasa los 50 años. Un cierre de sesión que se alargó tres horas. Como un tie break infinito entre dos tenistas que se niegan a salir de la pista. Una secuencia más monocorde que el resto de sesión desplegando un ritmillo a base de loops que se podía haber alargado dos días sin interrupción. Pero el set tenía que acabar en algún momento. Esa inevitable lucha contra el tiempo que gracias a Harvey se convirtió por momentos en un posible. Y llegó. ¿Y después de tres horas de salvar bolas de partido qué pones como broche para cumplir con los bises que también los hubo? Pues el City Lights de William Pitt para que el público acabe de morir de amor. Un tema que condensa las dosis de sensualidad y sensibilidad que tan bien sabe conjugar Dj Harvey en sus sesiones. Final de maestro para que la gente salga al sol con una sonrisa después de nueve horas en las que rozamos la eternidad.



Texto escrito en colaboración con Edu Olivas e Iván Padilla.

Más información:

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Dj Harvey: Facebook

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