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Crónica: DGTL Barcelona 2016

Tras una primera edición donde el festival importado desde tierras holandesas sufrió por culpa de los caprichos atmosféricos (a pesar de celebrarse en pleno mes de agosto) por segundo año consecutivo pudimos disfrutar, esta vez en su total plenitud, de 24 horas -divididas en dos jornadas- de música electrónica de baile de muy alto nivel. Fueron esta vez 4 los escenarios –uno más que el año pasado- que albergaron a 30 mil almas sedientas de vatios y chicha bailable, 10 mil más que el año pasado. Tuve la oportunidad de hablar in situ con Max Morel –uno de los artífices tanto del DGTL original de Ámsterdam como del Pleinvrees- quien me contaba “estoy más que satisfecho con esta segunda edición de manera consecutiva, todo apunta a que seguiremos apostando por Barcelona, es una ciudad fantástica, el ambiente que se vive aquí es único, es maravilloso descubrir en primera persona como la gente se ha desplazado al recinto desde primera hora, por cierto, público muy variopinto, eso me emociona, tanto por edades como por nacionalidades… justo tenemos por aquí dando vueltas y atento a un muy importante promotor australiano quién está encantado también con todo, quien sabe, igual tenemos pronto un DGTL en Melbourne”.

DGTL, un evento muy implicado con el medio ambiente (muy sabiamente con el tema del reciclaje, algo que pudimos ver nada más llegar descubriendo como la entrada estaba formada por muros de containers de carga –ídem en 2015- como no con los ya famosos vasos hechos de plástico reutilizable) y conceptos revolucionarios como una experiencia 100% libre de productos cárnicos (ideales los zumos naturales de la Granja Kosturica y las pitas de shitake-seitán o espinacas-tofu de la única food truck ubicada esta vez dentro del recinto, el resto de propuestas gastronómicas estabas en fila india dentro una misma barra). Soltado esto me centro de lleno en lo musical. En el apartado internacional destacar la presencia de nombres como Maceo Plex, Robert Hood, Surgeon, Nina Kraviz, Jamie Jones (quien se marcaría un versus junto a Joseph Capriati) o Agoria, mientras tanto, en el plano nacional tampoco faltaron los bpms y la ilusión aportada por Cora Novoa, Edu Imbernon, Óscar Mulero, Pional o Sau Poler.

Fue precisamente este último, el badalonés Sau Poler, quien el viernes 12 se encargó de inaugurar el festival, concretamente desde la poltrona del escenario Phono (el más cercano al mar y ubicado justo debajo de la gigante sombrilla fotovoltaica del Parc del Fòrum). Lo hacía antes de poner los pies en polvorosa para plantarse en Francia, donde pinchaba de nuevo al día siguiente, y es que son cada vez más los ‘de aquí’ que no paran de pasear sus mezclas por medio mundo. Sau es un ejemplo, uno que nos lleva fascinando hace tiempo a pesar de su juventud. Lo suyo para ir abriendo boca fue todo un acierto, himnos al house fino y orgánico como Bercy o Esperits resultan como una cosquilla extra de brisa para nuestros oídos. Tengamos en cuenta que la apertura de puertas tanto el viernes como el sábado fue a las 15:00h. Esto es, solete, y este año mucho, tanto que, como suelen hacer en el “Brunch in the Park”, atados a la barras donde servían copas pudimos encontrar botes de protección solar. Teniendo en cuenta la inmensa cantidad de público foráneo no resulta solo curioso, sino necesario. Coincidieron con Sau Poler en estas primeras horas de fiesta Rainer de Half Baked Records (un yonqui enamorado del vinilo y el house de clase), Daniela Marques, Pional y Raxon. Escena local para dar el primer aventón a tantas horas de jarana. A primera hora de la tarde, a eso de las 18:00h, tuve la oportunidad de enchufarme a una de las grandes sorpresas de todo el “festi”: Gardens of God. El jovencísimo productor lituano –quien tuvo el honor de debutar nada menos que en Ellum Audio, sello de Maceo Plex- se marcó una sesión de 3 horas verdaderamente para enmarcar. Mindaugas Lapinskis, que así lo llaman en casa a la hora de cenar, nos sumergió en una progresión perfecta de techno visceral y por momentos corpulento. Bastante diplomático en las mezclas (nada de aspavientos con la mesa y dejando los temas correr) nos lanzó una buena amalgama de síntesis cruda y 4/4 oscuros si bien a veces iluminados por cortes más houseros, mínimamente melódicos e incluso algún clásico de siempre como el Plastic Dreams (1993) de Jaydee.

Ganadores también de esa tarde (sobretodo cara a un público muy entregado) los venezolanos Fur Coat. Sergio e Israel fueron fieles a la versión más endiosada de su sonido, esto es tech-house y fuego. Bombardeo incontestable (como el remix que acaban de hacer para Matador) al que saben bañar bastante bien con flecos trancero-melódicos (tipo Alex Niggemann), y algo de percusión latina (sin excesos). Latidos y alma psicodélica. Nada más terminar ellos y en el mismo escenario (“Audio”) tuvimos al brasileño Gui Boratto puliendo su mejor artillería en formato ‘live’. Hora y media donde pudimos escuchar su particular destreza liberando tramos emotivos arrancados de cuajo por minutos más secos, retorcidos y contundentes (Take My Breath Away es un buen ejemplo). El de São Paulo es casi único pellizcando las líneas de su Roland TR-8 y su AKAI APC40. Un set en directo bastante similar al que le pudimos ver hace un par de meses en el mismo enclave, concretamente el Kompakt Open Air de Barcelona. En todo caso esta vez tuvimos la oportunidad de pasar mayor rato con él, unos treinta minutos más que en Junio. Por cierto, deseando estoy de verle actuar pero junto a Elekfantz. Espero que pronto.

Mientras tanto, en el “Phono”, se sucedían las sesiones algo más comedidas el londinense Fort Romeau, el binomio lleno de contrastes Hunee B2B Antal (adición y pasión a los platos, rica combinación de distintas maneras de entender el house salpicado de todo tipo de soniquetes, especialmente raíces africanas y disco-funk) o la experimentación, de esa que te lleva en volandas del de Hessle Audio, el míster Ben Ufo. Apuntar que lo de ‘comedido’ es un decir, pues la plaga del groove había infectado todo el recinto, con mayor notoriedad nada más se adivinaba que el sol buscaba el oeste para esconderse. Curiosamente a los ‘adictos más veteranos’ (hablo de compañeros de trabajo o conocidos de la escena electrónica de toda la vida) me los encontraba siempre en esta área. Estaba claro, a su favor, en el escenario “Phono” reinaba un magnífico eclecticismo, verdaderos yonquis del vinilo y el coleccionismo… en su contra sin embargo, que al estar ladeado y según soplaba el viento, muchas veces su soundsystem se antojaba corto, la somanta de vatios proveniente del “Stereo” era mucha tela. Ahora es cuando entro precisamente en ese campo de batalla. La primera pista de baile al aire libre que te encontrabas nada más entrar era la más atlética de todas, para que nos entendamos, sin duda alguna la que más techno y más revoluciones nos sembró. Me gustaría destacar de la 1ª jornada a Truss, Óscar Mulero y Surgeon. Este último, todo un maestro que viene demostrando con creces durante media vida –desde que lanzase en diciembre de 1994 aquel EP de título homónimo en el sello Downwards- lo jodidamente bueno que es inspirando y manejando secuencias technoides sofisticadas, subs crudos, piezas poco saturadas pero que suenan como mil demonios manejando una caja de ritmos y algún cacharro alienígena. Anthony la sigue liando. Igualmente contundente pero mucho más sucio fue Truss durante sus dos horas. Tom Russell no vino con milongas. Belleza repetitiva con ese grado incontestable de mala leche que tanto nos gusta a la hora de percibir bofetadas de techno. Jugó mucho con mantener al menos dos pistas subidas, tiró de CDJs cuyas pistas tuvo controladas en todo momento, iba sobrado el amigo, tanto que apenas trasteaba con ellas, únicamente con la mesa de mezclas. Encima lo justo y necesario. Destacar que en el tramo final lanzó más un buen track de acid-techno y que justo a mitad de recorrido sonó todo un clásico, esta vez el Frequency de Altern-8 (buen momento para hacerlo ya que en otoño se re-edita esa maravilla llamada Full-On Mask Hysteria ¡25 tacos ya!). Tampoco anduvo cojo por supuesto nuestro madrileño de pro. Un set donde destiló técnica -algo que ya no nos sorprende- y donde comenzó muy mental para luego adentrarnos en techno más percusivo. Mucha clase en la manera de enseñar y esconder profundidades y detalles rítmicos. Techno con clase y pálpito de cueva.

El cierre de la primera jornada no podía ser mejor. Esencial Maceo Plex en el “Digital”. Su intro fue de las que más me engancharon, sin duda alguna ese arpegio beatless que iba mutando formas y picos… luego -ya le vamos conociendo- es un arquitecto único de la construcción. Su lado más oscuro fue el que dio la cara, personalmente siempre fui muy fan de su sonido como Maetrik, y mucho de eso es lo que tuvimos en nuestros oídos y vientres sonando. Magníficas fosas atmosféricas, voces robóticas muy penetrantes, algo de lujuria en más de una sintetizador o bajos sueltos, claps que eran puros cachetes y lo que más me fascina siempre de él, su calidad y amplitud a la hora de disparar el sonido. Pocos que trabajan con techno-house la consiguen como él, tanto pinchando como produciendo. También editando, en este sentido tiene a la gente loca con el Shazam buscando ‘track IDs’, a no ser que se tratase de uno tan evidente como el Hale Bopp de Der Dritte Raum. Que lo pinchó casi al final. Personalmente él junto a Gardens of God, lo que más me sedujo del viernes, también debo decirlo, de todo el temario ofrecido en este DGTL 2016. Ellun y su grandeza.

La mención especial del arranque del sábado es claramente para Cora Novoa. Suyo fue el escenario “Stereo” por tres horas. En mi época álgida como DJ, la duración perfecta para desarrollar una sesión llena de personalidad y donde jugar con los tempos, técnicas, atmósferas y envites. Así lo hizo nuestra meiga favorita. Abrió su pecho en canal para abstraernos con drones, revoluciones caprichosas y *oscuridad, mucha oscuridad. Todo un contraste para el solano que pegaba a esas horas. Apuntar los recortes minimalistas, analógicos y electroides que pinchó, así como ligeros instantes con un trasfondo industrial soberbio. La medianoche a plena luz del día. Anunciaba en sus redes Paula Temple, la artista con sede en Berlín que la seguía, que se iba a tirar 3 semanas sin pisar el estudio de grabación. Recién aterrizada desde Helsinki nos descubrió en primera persona porque es uno de los actuales baluartes de todo un sello como es R&S. Deathvox fue solo uno de sus primeros pasos para colonizar la escena techno a nivel mundial (incluyendo no solo salas, sino otros sellos esenciales como 50Weapons o maestros como Jeff Mills). Al jamón. Techno con identidad germana, recio y detallado. Su manera de pinchar es siempre muy atractiva pues juega con todo lo que se le ponga por delante. Por supuesto nos regó la pista con su autoridad multiplicando loops, secuencias absorbentes y todo tipo de plástica del beat donde desde un silencio, un glitch o una nota de sinte charcuteada te ponen a vibrar. La noche cayó finalmente en dicho escenario gracias al presi Robert Hood. Muy distinto como te puedes imaginar. Es igualmente techno de altos quilates, pero con ese sampleo vertiginoso lleno de volteretas soul (Chicago) y un groove minimalista pero correoso marca de la casa, M-Plant, Detroit, que no entiende de épocas y muy pocos lograrán imitar jamás. Nadie se pudo resistir a los encantos del incombustible norteamericano. Cerraron por todo lo alto, y volviendo a la inflexión y paso firme germánico: Marcel Dettmann y Ben Klock.

Otros protagonistas íbamos a tener en la jornada del sábado en los otros escenarios del recinto. John Talabot y Nina Kraviz en el “Digital”; Agoria, Edu Imbernon y Hot Since 82 en el “Audio”; Kyle Hall y Marc Piñol en el “Phono”. Al que antaño se llamase D.A.R.Y.L. lideró durante dos horas y media su pista, su gente, con eso que debemos creer ya a pie juntillas le viene de fábrica, un innato dominio de la técnica y la cultura de baile. Mezclas pacientes y un aluvión de discos que uno no ha escuchado ni volverá a escuchar jamás a no ser que siga sus pasos sin descanso. Por supuesto no faltaron producciones propias, ni de su santa casa Hivern Discs. Es un lujazo dejarse llevar siempre con su particular lectura donde van pasando uno tras otro, en fila india, con sentido y sin aglomeraciones house, disco, acid, etc. Sin fronteras, sin despistes. De golpe y porrazo miras el reloj y te quedas aplatanado pues el amigo Oriol está afrontando su recta final. Menos mal que le tenemos pinchando por doquier, y desde hace tiempo. Además, muy contento de verle de nuevo resarcido, ondeando su habitual bandera, esa que pasea por todo el mundo representando la escena barcelonesa, y de la que muchos pensaron dejó no se sabe dónde en alguno de sus últimos sets en la ciudad condal, Sónar por ejemplo. Ya que estamos jugando en casa y tratando sobre el talento local. Me doy de chocazos por no haber podido sumergirme lo debido en la sesión de Marc Piñol. De 5 a 7 de la tarde, y franqueando a Guim Lebowski y Tama Sumo, le tuvimos dando envidia sana en, repito, el escenario más desinhibido, ecléctico y con más regusto a “selectors” de todo el festival. Marc es otro de esos DJs que pueden presumir de haber generado riqueza (hablo de la musical, pues de la otra yo creo que ni él ni su perrete Aaron andan muy sobraos) y buen ambiente en la escena cultural y electrónica –que no solo electrónica- de Barcelona. Las dos veces que pude pasar por su zona lo que oyeron mis oídos volvió a ser fino y desconocido. Eso me encanta. Ni papa de lo que sonaba, pero sin dudarlo se trataba de algo similar al house underground de alma analógica, sonido disco algo eclipsado (barbaridad de caja electro-funk) y con un jaleo de samplers pegadizos muy ‘afros’. “Alaba-babá-alaba-babá” qué sé yo si eso significará algo en suajili, pero lo tuve un buen rato metido en la cabeza. La otra vez que le bailé su tacto era más deep, tech-house y atmosférico. De ese que entra solo y te dejas llevar gracias a sus melodías escondidas en un segundo plano.

Mientras tanto, en el “Audio” se cocía a fuego lento una irrebatible noche de techno-house, con los bpms mucho más hercúleos e impacientes que la noche anterior. El mismísimo Agoria me sorprendió con un set mucho más bronco de lo que me esperaba de él. Plagado de paradas, ráfagas y luego entradas de bombo a lo grande. Así que con vuestro permiso doy un saltito en el tiempo y me paro con el valenciano Edu Imbernon. De él sí que me esperaba que vendría con el puñal en los dientes (eso que madre mía, vaya si me contenta descubrir el camino que va cogiendo su sello Fayer, su propio Bitter Fate, el EP de Cubicolor, mucho más sutil y a veces hasta pop). Fue sobre todo a partir del minuto veinte cuando arrasó con la pista como si llevase puestas las mismísimas alas incendiadas del ave Fénix. Techno-house intratable, solido, que dejó al respetable bien servido de sudor. Incontestable lo suyo cuando se pone a meter chicha con arpegios yo-yo y contratiempos (hi hats, platillos muy amplios). A veces se puso el traje de atrevido e intercalo zurriagazos de bajos sónicos con piezas más piadosas y accesibles como el Fine Day de Kirsty Hawkshaw, remezclado por James Holden con el que precisamente cerró su actuación. A Edu le siguió Hot Since 82, quien continúa imparable creciendo y afianzándose en el panorama internacional gracias a su tech-house recio pero muy abordable, ese que tanto se ha valorado en Ibiza, lleno de progresiones, percusiones que regatean con los bombos, subidas, bajadas, más subidas y bajadas… Desde luego si te tapabas los ojos fácilmente podías pensar que estabas ante el set de cierre de una fiesta “Paradise” en la DC10.

Junto a Agoria, los otros artistas que me dejaron con un sabor más amargo que dulce fueron Âme y Rødhåd quienes se marcaron un “back to back” de dos horas. Daba por hecho que la conjunción Innervisions vs Dystopian me iba a encandilar más, que sugeriría más cosas. Sin embargo fue excesivamente seca, repetitiva y virulenta sobre todo teniendo en cuenta lo que había pasado por esa misma cabina anteriormente y lo que estaba por aterrizar pocos minutos después, Nina Kraviz. Si bien es cierto, la artista rusa tampoco tuvo muchas contemplaciones con las revoluciones por minuto, sí que considero realizó un cierre remarcable. Techno bastante dinámico a la vez que minimalista e hipnótico. Buenísimos los retazos ácidos. Y no tan retazos, descaradamente castañazos acid de los buenos. Ya sabemos que Nina es una adicta a los soniquetes paridos por la familia 808/909/303. La moscovita anduvo frenética y futurista. I LOVE ACID, I LOVE NINA, I LOVE DGTL.

Para los escépticos que pensaban que jamás calaría en Barcelona, en pleno agosto, un festival programando música electrónica de altos quilates, aquí tenéis la prueba que desbarata ese halo negativo. Tendremos “Audio, Stereo, Phono y DGTL” para rato.

* Oscuridad, mucha oscuridad: Léase ese lugar imaginario que alcanzamos con los ojos cerrados dejándonos llevar con la fuerza de piezas electrónicas, por ejemplo, el techno. Nada que ver con funerales ni depresiones de caballo.

Más información
DGTL Barcelona: Web Oficial

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