Nace el mito en Nitro: 35 años del primer directo de Kraftwerk en Detroit

Escrito por David Puente | Publicado el 25.07.2016


Si buscáramos un día que pudiera reivindicarse oficialmente como la efeméride que dió luz al techno tal y como lo entendemos hoy día, una de esas fechas podría ser la del 25 de julio. Porque tal día como hoy de hace 35 años se celebraba en Nitro de Detroit un directo que cambió la perspectiva musical de los jóvenes que allí se congregaron. Aquella noche aterrizaba por primera vez en la ciudad del motor una banda que había cambiado las reglas del juego musical en Europa. Kraftwerk llegaban a EE.UU. seis meses después que Ronald Reagan, fuera elegido el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos. La moral de las minorías estadounidenses, así como la de las comunidades más desfavorecidas, como la negra, estaba por los suelos.

Corrían malos tiempos para los derechos civiles. Malos tiempos que se estirarían por lo menos durante ocho años de mandato del vaquero de Hollywood. El resto del mundo occidental llevaba días hipnotizado con los preparativos de la boda entre Carlos de Inglaterra y Lady Di que se celebraría cuatro días después. En lo musical, y si tomamos como baremo la lista Billboard de aquella semana, los éxitos del momento estaban copados por The One That You Love de la pareja de soft rock azucarado Air Supply y esa balada a mayor gloria de los ojos de Bette Davis y cantada por la voz rasgada de Kim Carnes. Un par de ejemplos de lo que unos años más tarde se denominaría AOR (Adult Orientated Rock, lo que vendría a ser un eufemismo para denominar lo que se entiende por “rock inofensivo”) y que siguen sonando con cierta periodicidad en radio fórmulas para amigos de lo nostálgico. El futuro estaba a punto de escribirse en un local de Detroit que, por cierto, lleva ya años cerrado, como una tumba egipcia, manteniendo los secretos del pasado, por si algún dia a alguien le da por tratar de entenderlos.



Ojos tan obnubilados como los que debieron abrir los centenares de asistentes del concierto de esa misma banda que Electrifying Mojo había ayudado a difundir a través de las ondas hertzianas. Su radio show, Midnight Funk Association, emitía temas de Prince o de Funkadelic, y de repente.. zas! unos blanquitos maquillados de más blanco hacían levantarse de sus asientos a los ortodoxos del funk que no daban crédito a lo que escuchaban. Una banda de nombre impronunciable para un detroiter. Krafktwerk alineaban con sus restallidos metálicos a blancos y a negros que en aquel momento se encontraban en un momento de convivencia crítico teniendo en cuenta el declive económico de la ciudad y la espada de Damocles que empezaba a afilar el nuevo inquilino de la Casa Blanca.



1981. El año en el que se exhibieron por el local de Telegraph Road, muy cerca del río Rouge, es el de la presentación de su octavo álbum, Computerwelt. “It's More Fun To Compute”. Y vaya si fue más divertido. La ingeniería alemana en pleno centro neurálgico de la depauperada industria automovilística de la primera potencia mundial, con permiso de la URSS que, por entonces, empezaba a desangrarse en conspiraciones palaciegas, alimentadas por alguna que otra brisa de cambio impulsada por los trabajadores polacos hartos de uniforme en tonos grises. Que el futuro era otra cosa. El futuro era la MTV que una semana después de ese concierto empezaría a emitir vídeo clips 24 horas al día. Un lustro después de aquel mítico concierto, los niños, por lo menos los catalanes que teníamos acceso a TV3, empezaríamos a pronunciar, más o menos bien, eso de Kraftwerk, gracias al programa Oh, Bongonia del inefable presentador sabadellense Miquel Calzada aka Mikimoto, que un día decidió pasar el clip del tema Music Non Stop. La canción, porque antes los temas eran todos canciones, del “punchak ping poing”. Caras de interrogante ante la pantalla de televisión.

El resto de la historia, ya es futuro, casi pasado, pero con Kraftwerk todavía en activo. Como Juan Atkins, uno de aquellos jóvenes negros que babearon delante de los alemanes con caras muy blancas. Por cierto, tal y como explica Atkins, el hecho de que la banda se presentara ante el público como como una especie de proyecto abstracto, le daría en el futruo al techno esa excusa para el anonimato que muchas propuestas siguen manteniendo como seña de (no) identidad.

“No tenía todavía los 18, así que tuve que pedir prestado un carnet de identidad en la cola para entrar. Fue la experiencia más excitante que jamás he tenido. Era tan diferente a lo que había visto, a lo que tenía idealizado en mi cabeza, a lo que debía ser una "banda". Me llamó la atención que no hubiera guitarras ni batería. Sólo aquellos paneles eléctricos. Mi tema favorito de la banda es Poket Calculator. Porque personifica todo lo que siginfica su sonido y su proyecto”. Juan Atkins.



De este modo, con Computer World, el álbum con el que los alumnos aventajados de la Escuela de Düsseldorf -a los que hay que añadir otros pioneros del kraut, movimiento en el que se pueden ordenar los primeros discos de Kraftwerk, como Cluster, Can o Neu!.- llegaban por primera vez de gira a EE.UU. La teoría de la escuela alemana insuflaba con su filosofía mecanicista y robótica una nueva vida al funk negro como el tizón.



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