Especiales

Crónica: Sónar 2016 - Sónar de Día

Durante esta última edición del Sónar de Día hemos visto flaquear un poco la meteorología y la programación, con claroscuros que nos han hecho dudar de a qué escenario poder ir, cuando hace no tantos años se nos acumulaban más propuestas interesantes. A pesar de esos ha habido momentos en los que hemos disfrutado de la música y en los que todo encajaba, con nuevas propuestas de mucho interés y apuestas por nuevos sonidos; pero también ha habido mucho relleno (sobre todo el sábado en el Village) y cierta predisposición de ciertos DJs por soltar zapatilla a la menor ocasión, haciendo que a veces confundiésemos la Fira de Montjuïc con una prolongación de una sesión en Ibiza. Aun así nos quedamos con muchos (y buenos) momentos para el recuerdo y hemos podido descubrir a nuevos artistas a los que seguiremos con interés su trayectoria debido a sus excelentes shows. Todo esto nos hace tener fe en un golpe de timón para futuras ediciones.

Jueves 16

El tiempo fue un factor que este año se sumó al cartel del Sónar sin avisar. Todos los asistentes mirábamos por un lado el cartel y por otro la predicción del día, tanto para ver que llevarse de ropa como para ir haciendo planes en caso de “catástrofe”. El jueves al menos nos dejó estar tranquilos con nuestros atuendos veraniegos y pudimos disfrutar de las actuaciones sin un atisbo claro de nubes, algo que no afectaba a Strand, que actuaba a cubierto en el Sonar Hall. El madrileño Miguel Gil Tertre venía a presentar su excelente Maleza y su mezcla de footwork e IDM sirvió como perfecta apertura; sus temas sonaron con todos los graves bien definidos y la velocidad de sus nuevos temas hizo dar los primeros bailes al personal.

The Spanish Dub Invasion, con el gran Mad Professor - quien remezcló años ha el Protection de Massive Attack con excelentes resultados – se dedicaban a ir calentando poco a poco al personal en el Village con su dub clásico, ideal para esas horas; pero el cuerpo ya iba pidiendo algo más de animación, algo que sí que estaba dando y regalando Nicola Cruz, que presentaba su disco Prender el Alma en el Hall y tenía a todo el mundo ya bailando al son de su house andino, al que uno se acerca primero con precaución por esos sonidos tan característicos del folclore sudamericano (concretamente el ecuatoriano, donde reside, y peruano) que pueden tanto atrapar como echar para atrás; cuando predominaba la percusión, todo iba bien, los temas encajaban a la perfección y se creaba una mezcla muy interesante, en la que Nicola creaba unos fondos de house moderno, con cierta cercanía al techno más dub; cosa que no se repetía cuando lo que entraban eran instrumentos de viento (con flautas exóticas de esa que escuchabas en casete en el coche de tus padres de pequeño), que ahí ya la mezcla echaba algo más para atrás. Aun así uno de los primeros descubrimientos del festival y un artista a seguir.

Acid Arab es el duo formado por Guido Minisky y Hervé Carvalho, unos franceses que también han logrado una mezcla particular y única que les está haciendo girar por medio mundo. Hace unos años comenzaron las Acid Arab Collections con la ayuda de Gilb’r (mitad de Château Flight y de Versatile Records) y dieron con un sonido que mezcla melodías y sonidos del mundo árabe con el techno y el acid. Su sesión en el Village se centró en estas mezclas y tuvieron a todo el mundo revolucionado con remezclas como la ya mítica de Crackboy del Shift Al Mani de Omar Souleyman. Mientras tanto King Midas Sound y Fennesz comenzaban su show en un Hall repleto de humo, creando un ambiente lóbrego, ideal para su mezcla de dancehall, dubstep, dub y drones a muy, muy bajas revoluciones. Mientras Fennesz iba soltando esos sonidos tan suyos, Kevin Martin se regodeaba con sus bases y subgraves, dejando al personal totalmetne alucinado e inmerso en la experiencia, que resultó intensa y algo agotadora.

Al mismo tiempo que James Rhodes comenzaba su show de música clásica mezclada con algunos discursos personales en un Complex repleto, The Black Madonna daba el pistoletazo de su sesión en el Village; teníamos ganas tras verla un par de veces por Madrid recientemente con resultados algo dispares, con una primera visita que dejó a todo el mundo bailando y encantado y una segunda ocasión en la que la cosa flojeó un poco. En el Sónar tuvimos una de cal y otra de arena, con un arranque y un cierre muy en su línea – mezclando a la perfección disco y house – y un desarrollo muy difuso y zapatillero, en el que se empeñó en poner techno cuando casi todo el mundo esperaba algo más fresco y más house, algo que sucedió a más de uno tanto de día como de noche, pareciendo confundir el concepto festival en España con zapatilla a todas horas. Menos mal que justo al lado teníamos a un Jamie Woon más frontman que nunca, con guitarra y banda para ofrecernos su mezcla amable y sentida de house, post-dubstep y R&B, que comenzó con problemas de sonido pero que poco a poco fue cogiendo confianza, acabando por cerrar con un Night Air que sonó genial gracias a la nueva instrumentación que le dio más vida y color, y a esa voz angelical y buen rollo que gasta ahora sobre el escenario.

El dúo canadiense Bob Moses arrancó su show con un Village ya con una buena presencia de público que esperaba su mezcla de house y pop lánguidos con ganas. Su nuevo disco Days Gone By dejó bastante frío a más de uno, con un mayor ahínco en el pop de manual y una electrónica más descafeinada e impersonal, aunque sus anteriores singles sí que tenían algo de chicha. Fueron tocando sus últimos hits, hasta que llegó ese Grace que hizo interesarse a más de uno por ellos y que hizo subir el nivel del concierto varios enteros. No suenan nada mal, tienen algunos temas muy buenos, pero ese show que llevan tan enérgico y ese sonido actual que a veces recuerda a una mezcla entre Deadmau5 y Maroon5, no ayuda demasiado. Pero ahí estaba David August para llegar al rescate y plantarnos en los morros uno de los mejores conciertos del festival. Se presentó en formato trío, con batería, guitarra y teclados y nos dejó sorprendidos por esa energía bien llevada, por esa transformación de sus temas en algo más vivo que a más de uno le recordó por momentos al live que lleva Trentemøller (poca broma). Fueron cayendo los temas de su último disco y aunque a veces tenía algunos pequeños fallos de coordinación con el batería la cosa fue cogiendo color poco a poco y fue ganando en intensidad y precisión, hasta llegar al cierre con su revisión del Last Day de Kollektiv Turmstrasse en plan cósmico/épico que dieron ganas de vitorearlo y sacarlo a hombros del Hall.

Tras tanta intensidad y calidad el paso por el Village con un Kenny Dope repartiendo mucho techno y poco house – todo un poco de garrafa y mezclado con portátil - hizo que cogiésemos el camino directo para ver el show de Tuff City Kids (los grandes Phillip Lauer y Gerd Janson) a medio camino entre un DJ set y un live pero que sentó genial para ir cerrando el primer día del festival a base de una excelente mezcla de techno, acid y disco de rollo cósmico y triposo.

Viernes 17

El viernes amaneció algo nublado y con previsiones de lluvia, algo que se comprobó nada más llegar al recinto y recibir las primeras gotas durante la intro ambiental a base de frecuencias y drones de Ilia Mayer. El madrileño Jackwasfaster lo tuvo algo mejor gracias a actuar dentro del Dôme, aunque el público todavía andaba relajado en el césped artifcial cuando él comenzó a soltar su mezcla de house, balearic, cosmic a fuego lento, con devaneos ácidos y mucha intensidad, que sonó y encajó a la perfección para esas horas tan tempraneras (dos de la tarde); cuando llegó el momento de presentar su nuevo tema Better Pill To Swallow el escenario ya tenía mucha mejor pinta y la gente comenzaba a dar los primeros bailes del día. Mientras recuperábamos fuerzas con algo de comida sonaba de fondo el show de El Guincho, con un público muy parado y un sonido cercano al trap que, combinado con unas gotas de lluvia, nos hizo ir a refugiarnos e ir a visitar la instalación Earthworks en el SónarPLANTA, que tiene algo de visual, musical y, por supuesto, científico, con una pantalla rectangular enorme que iba mostrando el movimiento sísmico de la tierra combinada con unos sonidos generados por los mismos movimientos sísmicos, la actividad volcánica y los movimientos astrales.

Pulsinger & IRL comenzaron su sesión a base dub en el Dôme, demostrando la versatilidad de Pulsinger a la hora de sacar proyectos con éxito y calidad. Poco a poco fueron mutando de un dub de manual inicial hacia algo más tech-dub, momento en el que tuvimos que irnos al Hall porque daba comienzo el show audiovisual de Kode9 y Lawrence Lek, en el que un dron era el protagonista de unas visuales que querían denunciar el momento en el que nos encontramos, con esa falta de privacidad que nos rodea y amenaza; para acompañar la música de un Kode9 más experimental que nunca, con ráfagas de drum n´bass descoyuntado y cercano a veces al sonido más IDM enrarecido tipo Autechre. Hacia el final soltó una versión de su mítico 9 Samurai con la voz del malogrado Spaceape, tema que sigue emocionando al igual que el primer día gracias a ese gran sample y esa genial voz.

Mientras Congo Natty hacía bailar al personal en el Village con su mezcla de dub, reggae y electro, Jacob Korn hacía lo propio en el Dôme con su mezcla de techno y house elegante, funcional pero irresistible; comenzó algo simplón, con temas algo lineales, pero poco a poco fue introduciendo un poso house que hizo poner a todo el mundo a bailar. Buenas mezclas, técnica más que aceptable y una actitud enérgica y entregada hicieron que su nombre quedase apuntado para futuras actuaciones y lanzamientos. Entre medias hubo visita rápida a ver el show de Niño de Elche + Los Voluble, que presentaban su nuevo En el Nombre de, una vuelta de tuerca a su anterior espectáculo RaVerdial, esta vez con una carga mucho más política y centrada en los movimientos migratorios y políticas de inmigración, con una introducción de media hora densa y áspera -con lamentos, quejidos y experimentación con la voz de Niño de Elche mediante - que dio paso a otra parte del show algo más “normal”, con su mezcla “habitual” de flamenco y rave. Llegamos casi a la mitad del show de Underground Resistance presents: Timeline - o de cómo hacer un show medio verbenero-techno sin sonrojarse - y ni tan mal, porque en realidad pillamos el final de la sesión de Mark Flash a base de techno Detroit en un escenario a reventar; y a pesar del tufillo de reunión por pasta que tenía aquello, la cosa no quedó tan mal, sobre todo por ese cierre con la batería de clásicos - ya con todos los tres músicos sobre el escenario - del sello UR, con el Strings of Life y el Jaguar fusionados con otros temazos de la saga que volvieron locos a todo el mundo.

Tras un breve acercamiento al Village a ver un poco del primero de los dos conciertos de Santigold durante el Sónar (¿?) - cuya mezcla de M.I.A y cierto toque rockero no llega a atrapar - volvimos por nuestro camino para ver el DJ set del capo del sello Running Back, Gerd Janson, que, como es habitual, se desarrolló entre el disco más raruno, el acid mezclado a la perfección, con un cierre ya con toque techno que enlazó a la perfección con lo que ofrecía Matias Aguayo en ese momento en el Village; según nos comentaban comenzó con su rollo de house-tropical pero al poco viró hacia un techno que dio más vida a la gente que ya iba dejando el recinto para asistir a la primera noche del festival.

Sábado 18

El sábado día era a priori el que peor cartel ofrecía, a lo que se unió una previsión de chubascos/aguaceros que se cumplió a rajatabla. Algo que no afectó al live de TALKTOME, que se ajustó bien a esas horas con un tech-house lento y clasicón que no llegaba a arrancar pero que daba buenas sensaciones. bRUNA & Wooky con las visuales de Alba G. Corral sí que arrancaron, y de qué manera, ya que esa mezcla que están llevando a cabo entre IDM, ambient, house e incluso punto shoegazer les está quedando de lujo, a lo que se une el espectáculo visual que ofrece Alba, sencillo pero elegante, ideal para ambientar el show. Para la hora de la comida nada mejor que el show de los canadienses Badbadnotgood con su mezcla curiosa pero inofensiva de jazz, funk e hip-hop, se nota que son unos virtuosos y tienen unos temas muy interesantes (el disco con Ghostface Killah es brutal), pero en esta ocasión quedaron algo descafeinados. Eso sí, mucho mejor que lo que ofrecía Yung Lean, la “promesa” del hip hop europeo que mezcla trap, post-dubstep y angustia existencial adolescente con voces ahogadas en auto-tune, en un pastiche que al final acaba sonando a algo difícil de digerir.

El intento de ir a ver a Alva Noto quedó frustrado por el inicio de la lluvia, que hizo que todo el mundo marchase hacia el Complex, con lo que nos tocó esperar un rato bajo una carpa mientras comenzaba el inicio del show para los británicos y franceses que había por ahí, con una sucesión de DJs como Ivy Lab o Nozinja que se dedicaron a poner UK garage, dusbstep algo macarra. Mientras la lluvia arreciaba como si no hubiese un mañana Oneohtrix Point Never presentaba en directo su reciente Garden of Delete acompañado por un guitarrista. El show ya se presentaba algo incómodo tras oír el disco, en el que confesaba que se basó bastante en sus gustos nu-metaleros de cuando era adolescente, y algo de eso ahí en esos guitarrazos chirriantes, esas voces guturales, dobles bombos a mansalva y errores digitales, todo acompañado por unas proyecciones entre mal rolleras rollo máquina recreativa ochentera que no me atraparon de la misma manera que su anterior espectáculo, pero que aun así conservan la capacidad de seducción que emana su música, con algunos momentos de calma chicha en forma de esos sonidos/texturas tan suyos que se agradecían.

Nuevo intento de ir al Complex, ya con un día despejado y el Village repleto, y de nuevo aglomeración en la entrada y vuelta al Hall a ver el show de Howling, el grupo que forman Frank Wiedemann y Rye Cumming, con el pabellón a reventar y que fue otra de las sorpresas del festival. Acompañados por un batería, con Frank rodeado de sus teclados y Rye alternando sintes, guitarra y esa voz prodigiosa, ofrecieron un espectáculo muy completo y dinámico que alternaba momento más ambientales y algo ñoños con subidones progresivos y comedidos. Con Signs hicieron poner los pelos de punta a más de uno y ya con Howling consiguieron poner a todo el mundo a bailar con los brazos en lo alto. Una propuesta quizás no demasiado original sobre el papel pero cuyo disco no está nada mal (Sacred Ground, Monkeytown, 2015) y que en directo funciona a la perfección. Aun así salimos un poco antes del show para no perdernos todo el live de Magic Mountain High, que actuaban en un Dôme algo desangelado, en el que la propuesta de Juju & Jordash y Move D en plan mezcla de acid, house narcotizado y algo lo-fi se vio algo deslucida por la constante salida del personal hacia otros escenarios; mientras tanto ellos seguían con su peculiar jam que nos hizo bailar lentamente y con gozo. Algo que luego ya nos fue algo más difícil del lograr en el cierre del Village con el show Ed Banger House Party, en el que los frenceses Busy P y Para One se dedicaron a pinchar electro, house y clásicos varios en plan facilón hasta el cierre.

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Sónar: Web Oficial

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