Especiales

Con Juan Atkins y Detroit en Barcelona

Me encuentro con Juan Atkins con motivo del off week de BCN, ese evento creado por varios clubes y promotores a la sombra del Sónar. Es jueves y hay una fiesta de Detroit con Robert Hood, Carl Craig, Mortiz Von Oswald, Matthew Dear y Derrick May. Tela marinera.

Juan va a pinchar el viernes en un hotel, cuyo nombre no recuerdo, y aprovecho su estancia en la ciudad para encontrarme con él. Conmigo llevo un libro de Lovecraft, The Colour of Outer Space, que me regaló hace años Ginés Alarcón. En Wikipedia se destacaba la influencia de Lovecraft en el arte y su importancia en el nacimiento del techno, señalando a Juan Atkins y a un veterano de la guerra de Vietnam, Richard Davis. La idea es que me lo firme. Hay mucho ruido, ¿no? – dice Juan junto a su chica. Ha aparecido tras un aviso de su agente desde Dinamarca. En el hotel no les constaba su registro, “es que hay mucha gente de paso, quizá es un hombre que iba a la suya….”.

Sí, es la semana del Sónar y hay mucha gente.
Vamos a sentarnos aquí y luego voy a comer.

Nos sentamos en unos sofás blancos. Sus gafas Vava son la leche. Yo me veo reflejado en ellas y me desconcentro. El origen del techno, pienso, mientras miro sus adidas rojas. Juan, un tipo cercano y con el que da gusto sentarse y charlar un rato. Dejo a Lovecraft sobre la mesa.

Ayer te estuvimos esperando en una presentación de gafas en Barcelona. Apareció Carl Craig pero no llegaste. ¿Qué sucedió?
Perdí la conexión. Pinché en Belgrado con la Orquesta Filarmónica. Estuve en el aeropuerto de Munich cuatro horas esperando al siguiente vuelo y, obviamente, me perdí el evento.

A propósito del evento el Belgrado, ¿de dónde nace y cómo fue?
Otras personas como Jeff Mills y Derrick May habían hecho esto previamente. Posteriormente se hizo en Detroit y establecieron contacto conmigo. Fue allí donde contactaron conmigo, hicimos amistad y valoramos la posibilidad de trabajar junto a la orquesta. Yo dije “sí, por supuesto”. Me gustaba la idea de transferir mi música a una orquesta.

¿Y cómo valoras la experiencia?
Fue rápido. Practicamos en Macedonia una semana antes, pero fue una experiencia arriesgada y funcionó bien. Lo cierto es que queremos repetir, ya hay ofertas y definitivamente es una experiencia que quiero volver a hacer.

Durante unos años has estado al margen, y en los últimos tiempos Metroplex ha remodelado su página, Bordeland (su colaboración con Moritz von Oswald) ha reaparecido y suena como posible la reagrupación del trío de Belleville…
Bueno, en realidad hemos hablado de esta unión en los últimos años a menudo. La unión de nuevo de los tres era algo que iba a pasar tarde o temprano…y el momento ha llegado. Hemos decidido que es el momento de reunirnos (…le comento el mítico vídeo del Awakenings que corre por la red con los tres juntos y sonríe…). Sí sí, pronto.

¿Y podremos veros en Barcelona?
Sin duda, seguro. Tengo que mirar la lista de festivales y Sónar es uno de ellos.

Así que el año que viene, ¿nos vemos en el Sónar?
Es lo más probable.

Acerca del trabajo Borderland, con Moritz, es más soul, más jazz, cómo lo explicarías…
Los dos amamos el jazz, yo crecí escuchando jazz. Hemos trabajado juntos durante años y ha sido un camino más. Es música electrónica, experimentamos con diferentes tipos de sonido, pero no pensamos en la pista de baile ni en la mezcla. Lo importante es la música, el puro placer de la música. No pensamos en otra cosa.

Por fin la gente en la sala se ha callado, parece que nos escuchan
Jajaja, sí sí, aprovechemos.

Tengo una teoría sobre el inicio del techno y es que el origen del techno está en tu abuela, la que te empujó a tocar música.
Sí, cuando estaba en la escuela mi abuela, que podría ser considerar mi madre, tenía un órgano en casa y yo siempre lo tocaba. Iba con ella a menudo a comprar música y allí, en las tiendas, a través del órgano, entré en contacto con los nuevos sintetizadores. Y mientras ella compraba, yo trasteaba por la tienda. Le pedí en una ocasión que me comprara uno. Y con ella hice mi primer disco, como Cybotron, “alleys of your mind”. Para ella yo sólo hacía ruido y me decía que buscara un buen trabajo, pero ella fue capaz de verme pinchar en el primer Movement en Detroit y se sintió orgullosa. Hace diez años que padece una enfermedad pero, aunque nunca fue una de esas madres que muestran los sentimientos, siento que aún me aconseja y me apoya.

Juan, tengo aquí un libro de Lovefrat, y un texto de Wikipedia que nos conduce al origen del tecno…
Oooooh, no lo sabía, recuerdo hablar con Richard sobre Lovecraft pero, ¿cómo ha llegado esto a internet?

Lo ignoro, quizá lo nombró en alguna entrevista…
Richard era un tipo muy callado. Hicimos Cybotron juntos. Él venía de Vietnam. Nos encontramos en la escuela de música y allí todos éramos músicos. Yo estaba en casa, hacía demos y las llevaba a clase y todos quería hacer jam sessions conmigo. Richard fue uno de los que me lo dijo. Él era muy solitario, pero al escuchar la demo me dijo, “vamos a hacer algo juntos”. Hicimos varias canciones juntos, algunas de ellas no han visto todavía la luz, pero Richard fue muy importante. Así empezó Cybotron….

La idea de techno siempre ha estado unida a la de futuro, ¿aún se puede mantener esta relación?
La evolución ha sido variada, ha ido por diferentes caminos, algunos mejores, algunos peores, pero yo no quiero criticar porque respeto a cualquier que se acerque a la música. La idea es poner las manos sobre un teclado y hacer a la gente más feliz o el mundo un poco mejor. Yo me limito a tomar la música en serio y lo mismo espero de los demás.

¿Quizá la diferencia entre la música europea, más unida a la rave y a la fiesta, y la música de Detroit está en el alma, en la seriedad hacia la música?
Sí, puede ser. Yo siempre he amado la música, posiblemente incluso dentro de mi madre. A mí no me preocuparon nunca el dinero o la fama, sólo el amor por la música. Creo que la tecnología ha permitido un gran progreso para la humanidad, pero también un crecimiento de la gente que quiere ganar dinero rápido.

Juan, siento que no puedas comer por mi culpa, voy a intentar terminar. ¿Te atreves a hacer alguna predicción sobre el futuro del techno?
Creo que la tecnología continuará constantemente, no ya en la música sino en la vida cotidiana. No veo límites, no tengo idea de qué puede pasar, no imaginaba que vería en mi teléfono vídeos o fotos en tiempo real. No quiero hacer predicciones, pero creo que estamos en un buen momento.

¿No has pensado en vivir fuera de Detroit nunca?
En realidad lo hice, en Los Ángeles durante cinco años. Pero por supuesto volví a Detroit, por varias razones. Me encanta el clima, los escenarios, pero todo lo demás lo odio. La gente te decía lo que querías oír, había muchas promesas, pero todo giraba alrededor de las películas y la fama. A mí me preocupaba la música. Me encantó el lugar, pero volví a Detroit para reencontrarme conmigo, con la música, y la familia, mi abuela estaba enferma y yo quería estar a su lado. Le debo mucho y quiero estar a su lado cuando sufra.

Juan, una última pregunta, ¿por qué Juan y no John?
Ya me lo han preguntado antes. Es por el nombre de un tío mío, pero no es latino. Mi madre está muerta y no le puedo preguntar. En cualquier caso prefiero no saberlo. Es destino. No siempre hay que saberlo todo.

Nos despedimos y Juan me pregunta si el libro de Lovecraft era para él. Le hace mucha ilusión y le digo que sí, comprueba que está en inglés y me dice que no sabe dónde lo tiene, que anda por su casa pero que lo reelerá. Él va a comer, yo cruzo BCN y me voy con el libro en el bolsillo. Joder.

Horas después estoy en el Pueblo Español de BCN. Voy a la fiesta IR de Detroit. Juan no lo sabía, le informé yo, su novia hizo una foto a mi entrada y me aseguró que irían. Llevo el libro conmigo junto a una nota que dice “lo siento, me lo llevé por error. Pero la palabra es la palabra. Aquí tienes el libro”. Pienso en llevarlo después de la fiesta, aunque en el fondo sueño con cruzármelo en un momento y poder dárselo.

Una vez en el lugar nos equivocamos de entrada (hay tres fiestas simultáneas) y nos acercamos a una de Perlon. Ginés, al que le cuento la historia, me dice entre risas “Juan está ahí”. Corro y le doy el libro. “¿otro?”, me pregunta sonriendo y algo despistado. “No, no, es que me lo llevé por error”. “Muchas gracias” dicen Juan y su novia. Promesa cumplida.

Por fin entramos a la fiesta detroitiana. Moritz von Oswald representa la excelencia de la elegancia con camisa, americana y bastón. Robert Hood revienta la pequeña placita que hay junto a la ermita a base de Floorplan, y su hija Cyril empieza a levantar pasiones a golpe de bombo. Kevin Saunderson lleva a mis amigos a abrazos con el I feel Love, Derrick May hace un set hundido en sudor mientras todos deseamos abrazarle. Pura magia. Termina con un voz que habla de la Biblia, de Dios, de que todos somos hermanos.

Todos pensamos, sí sí, viva Dios, y Carl Craig juega con esa idea y nos dice, empezando el final, que “in the beggining there was Jack...”. La gente revienta de placer, Carl Craig regala una botella, todos los artistas de Detroit comparten escenario y conversación y yo sé que Lovecraft anda escondido en algún bolso o bolsillo mientras la oscuridad se cierne sobre el altavoz que retumba junto a la ermita.

Lástima que nos obliguen a elegir entre el Sónar y la Off Week. Lástima que, en lugar de aprovechar el eco del Sónar, hubiera el valor de apostar por un Off Month. Todos disfrutaríamos más, todo sería más hermoso sin poner palos en las ruedas. Quizá nos hace falta un poco del espíritu de Detroit, menos negocio y más soul.

Al final de la noche lo que queda es el eco de la música y de nuestra felicidad momentánea.

Más información
Juan Atkins: Facebook

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