Con Laurent Garnier entre el Panorama Bar y el Sónar

Escrito por Sergio Andrés | Publicado el 01.04.2016

Me desplazo a Berlín para un viaje de menos de 24 horas. El objetivo es dar un breve paseo, charlar con Laurent Garnier, acudir al Panorama Bar y regresar con esa sensación que te da la música cuando te permite olvidarte de ti mismo durante unas horas.

Tras un paseo por Berlín la imagen que más impacta, aunque sea una tontería, es la de los restos del muro rodeados de vallas. Una especie de contradicción en el concepto, una repetición más barata, metálica, de lo que simboliza esa pared. Pienso en Siria, pienso en el terrorismo, pienso en Donald Trump y la imagen que me llevo de mi paseo por el East Side Gallery es de la un déjà vu que me entristece ligeramente. Dos días después Bélgica sufrirá un atentado y la seguridad de los países europeos tiritará y las vallas y los controles serán la primera solución del miedo. Vallas y más vallas. El muro evoluciona, no desaparece. “Necesitamos más control” dirán, el 84 de Orwell, la sociedad panóptica de Foucault. Y pienso en el portero del Berghain, en su fama de ser una persona intransigente, a la que entrevistan por su fama de obcecado. Y sigo pensando en vallas.



Acudo al encuentro con Laurent Garnier, pero todavía no ha llegado al hotel. Mientras le espero recuerdo que Felix da Housecat no hace mucho puso a parir al Berghain. No le dejaron entrar, a saber si por el color de piel o por su estratosférica cabellera, y usó las redes para cargar contra una actitud que dista totalmente de lo que es el origen de la música electrónica, de las raves iniciales, del Electroshock que relataba Garnier en sus primeros capítulos. Pienso que si Juan Atkins hiciera cola en el Berghain no entraría. Pienso que el acceso al Berghain tiene muchas vallas. Pienso en Ibiza y en que el concepto de “underground” cada vez me parece más clasista, hoy en día su sinónimo en la RAE podría ser “VIP”.

Llega Garnier, deja la maleta, busca un rincón cómodo, pide agua y la conversación fluye como si me conociera desde hace años. Natural, espontánea, como sucede con un amigo al que hace tiempo que no ves y, tras un café, parece que el tiempo no pasó desde la última cafetería. El objetivo es preguntarle por el Sónar, en el que este año tendremos una actuación de nada más y nada menos que siete horas.

¿Hace poco más de un año me dijiste que ibas a actuar menos porque estabas implicado en la producción de la película de tu libro?

Sí, es cierto, estoy actuando mucho menos. Ahora mismo estoy actuando una o dos veces al mes, esta misma semana hemos terminado de preparar el guión y de presentar el proyecto para obtener financiación para jóvenes creadores que se inician en el mundo del cine. Una vez solicitado esto y presentado el guión ya no hay marcha atrás. He reescrito el guión cientos de veces, pero sé que esta vez es la buena, lo sé, lo puedo sentir…Y ahora viene el salto al vacío (risas).
Pese a todo has tenido tiempo de producir el disco de Abd al Malik, preparar su actuación con Scan X, trabajar en la película y seguir pinchando.

La verdad es que no he parado, pero ahora estoy en un momento interesante. En tres meses sabremos con seguridad si la financiación definitiva llega, cosa que en Francia es complicado. Si la respuesta es que no, esto es todo, habré trabajado ocho años para nada. ¡Pero éste es el juego!

Si sale adelante, y creo que saldrá, empezaremos a trabajar tras el verano y esto ocupará mi vida durante un año, así que dejaría de pinchar y actuar y me centraría sólo en el rodaje. Es algo que tengo que hacer, la dirijo, la edito, hay que cortar, mezclar…así que sí, estaría un año sin pensar. En este caso Sónar, o quizá un show en agosto, serían mis últimas actuaciones durante bastante tiempo.
Ahora mismo estoy rechazando cualquier petición para actuar a partir de agosto.

¿Qué se siente al plantearse renunciar un año a actuar para alguien como tú que ama la música?

Uf…amigo, es que voy a hacer una película, un sueño. Si tuviera que parar por, no sé, un problema de salud, entonces sí. Pero es que voy a parar para hacer una película, ¡es lo más excitante que he hecho en años!

Yo adoro pinchar, pero cuando decides hacer un proyecto debes entregarte al máximo. Es algo en lo que siempre he creído y por eso no puedo estar en varios trabajos a la vez. Tengo que estar concentrado al 100%. Ahora mismo no sé dónde estaré en unos meses, estoy justo en el borde del precipicio, no hay marcha atrás.

¿Y todo empezó con un libro?

Sí, pero el libro es muy diferente a la película. No tratan sobre lo mismo. La historia trata de quién sería yo si no hubiera encontrado a la gente que me rodea, qué habría sido de mí. Es un poco oscuro…Llegar al lugar en el que estoy ahora me ha costado muchos esfuerzos, me he comprometido. Podría haber sido peor no haber construido una vida alrededor de la música. Si lo piensas es triste y le sucede a muchos dj´s. Tener a alguien fuerte a tu lado, que te espera, que confía en ti…puedes estar rodeado de mucha gente y sentirte muy solo…

(en este momento interrumpimos la entrevista porque aparece un grupo de personas disfrazas, elfos nos atacan con sonrisas y prosiguen su camino hacia alguna parte).

Sin mi mánager, Eric, sin Scan X, sin mi mujer, sin aquellos que me mantienen fuerte, ¿quién sería? De eso irá la película. Yo a veces soy una persona oscura por mis propias ideas. La película no es mi historia, sino que trata sobre la pasión por la música. Y la pasión puede llevarte a la oscuridad muchas veces y actuando, das mucho, pero puedes olvidar cómo recibir de los demás. En cualquier caso, aunque el tema es profundo, tres cuartas partes de la película son muy divertidas y felices. Soy muy fan del humor inglés. Será algo así.

Otro tema por el que quería preguntarte es el reciente Astroboum. Vi fotos tuyas disfrazado de yeti pinchando para niños. Hace unos años también participaste en un Sónar para niños. ¿Cómo es esa experiencia?

Sí, es cierto, lo hice en Sónar, también en Nuits Sonores y en algún festival más. La experiencia de pinchar para pequeñajos de 5 y 6 años es increíble. Te piden canciones de Disney y dices que no, y te dicen que sólo pones canciones viejas. Les preguntas por qué piensan que son viejas y te responden que porque no las conocen. Cuando les insistes en que eso no significa que sean viejas te miran y dicen “es verdad”. Es precioso ver cómo se cuestionan. Cualquier cosa que hagas, siempre que ames lo que haces, hará que los niños entren en el juego. Lo mismo sucede con los adultos, si el dj está bailando y es feliz todo es más feliz. 

En Astroboum éramos tres dj's disfrazados y los niños nos miraban extrañados. Pero poníamos música, nos reíamos y yo les decía a mis colegas “no pongáis música disco, no la conocen. Tienen 4 ó 5 años, la música disco no les hará bailar. Poned techno, no os preocupéis, poned techno”.

Y bailábamos con ellos y todo era una locura. Y además no había padres. Sólo podían entrar los padres de niños tan pequeños que fueran incapaces de andar. A partir de los 3 años entraban solos. Fue tremendo. 

(hablando de niños, juventud y techno le comentó la actuación en Dekmantel de Robert Hood con su hija el año pasado, un vídeo mítico en el que al final incluso aparece la madre. Laurent Garnier me comenta que Kevin Saunderson también lo hace a menudo. Parece una especie de futuro alternativo para el techno, alejado de clichés, en el que padres e hijos comparten la música)

A veces el techno mantiene esa idealización de lo underground…

Bah, ya no podemos hablar de eso, ya no hay underground. Una música que atrae a millones de personas no tiene nada de underground. La música sí, puede ser, pero todo el movimiento que hay a su alrededor hace tiempo que ya no lo es…

Esperemos que eso lo entienda el portero del Panorama igual que tú…

Bah, no te preocupes. ¿A qué hora vas? Ven aquí a las X y vamos juntos. Así no te molesta nadie para entrar. No hay problema amigo. En cuanto al underground, lo importante es la música. A mí es lo único que me preocupa. Si lo que quisiéramos es mantener el concepto underground, pincharíamos en clubes muy pequeños y no dejaríamos entrar a casi nadie. Eso no tiene sentido.

Para mí lo que es realmente underground es pinchar techno para niños de cuatro años.

Sin duda, siempre que ellos los pasen bien, entonces no hay problema.

Cambiando de tema, Sónar 2016, 7 horas pinchando. ¿De dónde ha salido esto?

(Se ríe) OK, ok, lo reconozco, fue idea mía. Fui el año pasado y mi hijo estuvo allí (no iba a estar, pero se lo pidió a amigos comunes de Sónar y le dijeron que dependía de mí y mientras no se moviera del escenario con su madre le dije que no habría problema…y disfrutó como un enano, le enamoró Modeselektor y bailaba y se lo pasó en grande). Aquella noche fue mágica para mi hijo, para mi mujer y para mí. Estar como una familia, en el escenario. Y al terminar comenté “ha sido maravilloso pero es poco tiempo, siempre es poco tiempo. La próxima vez quiero venir y pinchar siete horas, quiero pinchar toda la noche”. “Pero eso es imposible”. “Lo sé, pero siempre estáis abiertos a nuevas ideas, vamos a abrir una sala más pequeña, como en Time Warp, y lo intentamos”. Y tras pensarlo me dijeron que sí. 

Siempre que he propuesto cosas en el Sónar me han escuchado y es algo que valoro. En principio quería una sala pequeña, para unas mil personas, pero me han propuesto tres mil. Para siete horas es mucha gente pero confío en que lo organizarán bien. El único problema es que se convierta en una zona de paso. En ese caso podría ser un fracaso. 

O sea, que este año no veremos amanecer (le hablo también del Sónar car que es donde aparentemente actuará, si bien la propia web habla ya de un nuevo “SonarCar”).

Este año no, este año he pedido una sala oscura. Pero pasaremos mucho tiempo. Creo que es bueno promocionar los festivales, pero también volver a lo básico. Y lo básico es la música, es el origen. Un artista siempre te va a dar más si tú le das tiempo. Con siete horas puedo pasar por diferentes estilos sin verme obligado a enfocar el set según la hora. 

Hablando de sus experiencias en Sónar, ¿cómo surgió la idea del año 2000 de cerrar el Sónar como Dj Jamón? (set publicado en Excess luggage)

Es lo mismo, de nuevo intentamos hacer cosas diferentes. Quería hacer algo diferente, si siempre haces lo mismo aburres a la gente y te aburres tú. ¿Puedes decepcionar a la gente? Sí. Pero también puedes enseñarles cosas nuevas y compartirlas con ellos. 

La historia detrás de esto es que el patanegra (literal) me encanta. Fue uno de mis regalos de boda. Y se me quedó ese nombre entre amigos, jamón. La idea era presentar un dj totalmente desconocido, que no existiera, y ver hasta dónde podíamos llevarlo. Había pósters en la sala de prensa en los que ponía “no habrá entrevistas con dj Jamón”. Y esto hizo que todos preguntaran por él. Así que creamos a Dj Jamón y cuando la gente me vio, sonrió y la broma fue un éxito. Y para mí, una vez más, el usar otro nombre me permitió explorar otros campos musicales durante aquel set y no hacer lo que se podía esperar de antemano. Creo que necesito forzarme para excitarme y para ir más lejos. Hay que intentar tener nuevas ideas y llevarlas a cabo. Si no puedes terminar en la frustración.

La entrevista queda aquí, pero no la charla. Hablamos de vino, de jamón (pequeño regalo que le hizo reír como un pequeñajo feliz en el Astroboum) y le pregunté, por último, si me podría solucionar una duda bizarra que tengo con un amigo común.

Has estado muchas veces en Detroit y hay una pregunta que tengo hace tiempo sin responder. ¿Sabes por qué Juan Atkins se llama Juan y no John?

Pues ahora no estoy seguro, creo que es un tema familiar, pero me parece que es un tema de raíces españolas. Habría que investigar.

Horas después, tras un pequeño descanso, aparezco en el hotel, voy con Laurent Garnier, todo perfecto, evito al vikingo de la puerta, me ofrecen dejar mi chaqueta en una sala aparte y empezamos a disfrutar. Hago una foto pero me avisan de que eso no está permitido.

Paso de la música a mis ideas y de mis ideas a la música. Hablar con Garnier tiene algo enérgico, contagia ganas de hacer cosas, de seguir nuevas reglas. Pasan las horas y amanece. La gente baila, algunos miran por la ventana y se ríen de los que hacen cola. Intento olvidar lo tóxico y recuerdo que hace unos años vi amanecer allí mismo. Esa luz la he tenido en mente durante años. Hago otra foto. Tengo que compartirla con un amigo con el que viví ese momento. Acto seguido me dicen “a la calle”.

Como ya era tarde tampoco me supo mal, más allá de la estupidez inherente al secreto que esconde una fotografía de una persiana. “Perdón pero mi chaqueta está en esa sala, ¿puedo cogerla?”. “No, vamos abajo”. Una vez abajo pido mi chaqueta. Berlín, 8 grados, camiseta. “Ticket”. “No tengo ticket, vine con Laurent Garnier y me dijeron que dejara mi chaqueta en la habitación que hay detrás del dj del Panorama, puedo recogerla en un momento”. “Ticket”. “No, mira es que no tengo ticket, tampoco sello, pero puedes mirar un momento porque sólo está mi chaqueta, la cojo y me marcho, no hace falta ni que vaya yo o si queréis me acompañáis”. Los dos alemanes que están en la puerta se ríen. “Ticket o si no ven mañana u otro día o llama al consulado”. Se ríen. 

Me acuerdo de la valla, me acuerdo del vikingo, me acuerdo de esa definición de Berghain como “templo” del techno. Pienso en lo ridículo de convertir el underground en una iglesia. Pienso en reírte ante una persona que tiene su chaqueta dentro y a la que no se la das. Por un momento recuerdo que es un club, un puñetero club, y que es difícil entrar, es difícil coger tu chaqueta y está prohibido esto y lo otro. Al final se quedan mi chaqueta y regreso a BCN con cara de idiota.

Efectivamente si esto es el underground, todo para ellos. Paris Hilton también ha conquistado Ibiza. Me acuerdo que en el último Sónar vi amanecer con Garnier en Hospitalet. Un amanecer precioso. Pienso en la gente de Sónar, en lo fácil que es tratar a la gente como gente.

Charlo con Thomas Brinkmann al día siguiente. Le comento la historia. Me explica algunas anécdotas. Que una vez en Berghain echaron a un dj porque la gente no bailaba. Que otra vez querían expulsar a su novia y ésta les tuvo que explicar que era la decoradora de parte del Panorama Bar. Richie Hawtin fue expulsado una vez. El bueno de Brinkmann me dice “si viviera en Berlín me acercaría a solucionártelo”. Me siento feliz. Laurent Garnier me ha inculcado las ganas de hacer cosas independientemente de cómo salgan. Thomas Brinkmann, sin conocerme, se ha preocupado por mí. Y el Berghain, dudo que lo vuelva a pisar más, me gustan sus altavoces. Pero el clasismo pensé que se había caído con el muro. Al parecer las vallas están de vuelta.

En junio habrá siete horas de Garnier y yo me imagino un SonarCar en el que el techo del circuito de autos de choque tenga paletillas de jamón colgadas.

Un Sónar que recupere a Brinkmann algún día. 

Y un Sónar que apueste por poder errar con una novedad, antes que convertirse en una pseudomeca.
It's just muzik.

PD: Os comparto las fotos porque en el fondo son para la gente que lea esto y no haya estado o no vaya a estar o para todos los que han estado y lo quieran recordar. En realidad la culpa es de Garnier que anima a uno a compartir lo que le apasiona. Así que lo doy por bien empleado.

Por mi parte, será porque he trabajado con niños, me parecen más interesantes los coches de choque del Sónar que el Berghain. Industrias antiguas con techno también las vi en Moscú. 

Merci Laurent! Ciao muro! 

Nos vemos en el SonarCar y si puede ser con jamón mejor!

Actualización: A petición de Berghain / Panorama Bar hemos retirado las dos imágenes tomadas dentro del local 


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