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Diggers Hard To Find - Vol.8: Especial Belgrado

Escrito por David Puente | Publicado el 23.03.2016

En el momento de escribir estas líneas trasciende en Twitter que un hombre se ha inmolado en la puerta de una pastelería en el centro de Belgrado. Un estropicio aislado que cae en el pozo sin fondo de internet. De hecho cuesta recordar cuál fue la última vez que la capital de Serbia asomó entre las noticias internacionales. Es como si después de los bombardeos de la OTAN de marzo de 1999, con los que se sacudía el último coletazo de la guerra de los Balcanes, la capital de la llamada Gran Serbia hubiera quedado en una especie de limbo informativo. [Por no hablar de la castigada Kosovo, de mayoría albanesa y musulmana, que en primera instancia se pudo quitar de encima la bestial presión serbia con la ayuda de la OTAN, para algunas voces discordantes como la de Noah Chomsky esa decisión unilateral de bombardear la capital serbia fue a las claras ilegal, pero su estatus geoestratégico a partir de entonces quedó reducido a los escombros de un agujero administrativo del que le está costando salir].

¿Qué sabemos entonces de lo ocurrido en Belgrado en los últimos tres lustros? Probablemente muy poco. Casi nada desde que acabara la última gran guerra europea del siglo pasado y Serbia quedara posicionada como el rival de Occidente al que se debe atar en corto. Por eso, cuando Abu Sou y Chez Ed me hablan de la posibilidad de entrevistar a Luka Novakovic, del que han pinchado un podcast en el programa de radio Canela en Surco, no me lo pienso dos veces y le mando un globo sonda para concertar una entrevista por Skype.



Curioso fotomontaje de la torre Genex, uno de los símbolos de New Belgrade y típico ejemplo de su brutal arquitectura.


Novakovic es un entusiasta de la música que hace pocos meses inició un sello de reediciones, Discom, que gestiona en Belgrado junto a su novia Vanja Todorovic. El propósito del mismo es dar a conocer al mundo algunas de las bandas más importantes de la extinta Yugoslavia, por lo general en materia synth pop, minimal waves o new wave en general. Novakovic responde a mi interés alegando que prefiere que le mande las preguntas por mail, para poder tomarse su tiempo a la hora de responderlas. A los diez días me manda de vuelta 16 páginas en un doc que parece una completa tesis sobre los últimos cincuenta años de la vida en Serbia, impecablemente ilustrada con fotos y profusamente salpicada de links. Un informe que dividiremos en dos partes, éste capítulo que estás leyendo y otro que servirá para ilustrar en los próximos días un podcast del propio Novakovic. Me explica que vive con su su novia “en un océano de hormigón modernista que se ha dado en llamar Nueva Belgrado”. En una zona donde todos los edificios son iguales y que es probable que no encuentres su portal a la primera, a menos que sepas la dirección exacta (y matiza que incluso si la tienes bien apuntada, debes ser un experto en geolocalización o un avezado arquitecto para no desorientarte).

“Creo que no ha pasado nada en Serbia durante los últimos años que pueda ser valorado como un fenómeno musical importante”.

La tarea editorial de Novakovic en ese rincón de Europa es más que ardua. Entre otras cosas, porque la industria musical de Serbia lleva tiempo devastada. “Sellos que están en manos de la mafia, la piratería, el turbo-folk, la degradación del gusto en general, los cantantes y músicos que en realidad no son más que fakes de cara a los medios de masas, la falta de trabajo y de bolos con los que conseguir algún dinero, el dolor general en el que seguimos sumidos... Te puedes hacer una idea de lo triste que es ver cómo los músicos jóvenes y talentosos no pueden ganar dinero con lo que hacen. Tampoco fue fácil conseguirlo en la antigua Yugoslavia, es cierto, pero si eras bueno podías ganarte algo más la vida, al menos te podías dar por satisfecho con lo que hacías… Visto con perspectiva, ahora parece como si hubiéramos soñado aquellos días”. Me explica que, la situación es algo mejor en Eslovenia y Croacia, “porque esos países contaban con mejores prácticas de protección de copyright que el resto de naciones ex yugoslavas, aunque también se enfrentan a problemas parecidos a los que he mencionado”.



Luka Novakovic y Vanja Todorovic al publicar el álbum The Future Has Designed Us de Max Vincent


La historia moderna de Yugoslavia se empieza a desarbolar en los albores de la década de los 80, con la muerte del principal arquitecto del estado socialista, el mariscal Josip Broz más conocido como Tito. Después de su fallecimiento, en mayo de 1980, “surgieron entonces algunas tendencias tanto positivas como negativas respecto a la música”. “Por un lado, muchos artistas sintieron cierto de alivio y se acercaron a géneros más creativos o abiertos, como por ejemplo en lo tocante a la new wave. La música popular con reminiscencias árabes sale entonces del underground. Como sabéis, Yugoslavia era un país compuesto de muchas naciones, por lo que la música popular no se consideraba mainstream al uso, ya que cada país tenía su propia música nacional. Si el folk hubiera sido la corriente principal, esto hubiera facilitado un proceso de desintegración dentro del propio Estado aún más acelerado”. Es por ese motivo que el régimen comunista yugoslavo de Tito apoyó formas más cercanas al rock and roll. Pero no porque a Tito le gustase ese tipo de música, probablemente ni siquiera la entendiera (“cuando los Beatles daban sus primeros pasos, Tito entraba en la vejez, tengo entendido que lo que le gustaba era la easy listening, como la chanson francesa o aproximaciones sentimentales del Schlager, su cantante favorito era Nikola Karovic”), sino porque el rock mantenía al país alejado de las tentaciones nacionalistas. “La banda de rock más popular surgida durante el régimen yugoslavo fue sin duda Bijelo Dugme en la que se encontraba el hoy muy popular Goran Bregovic. Sin embargo, la música de tipo folk estaba muy extendida en el país, ya que muchas personas del campo llegaron a las ciudades después de la Segunda Guerra Mundial y comenzaron a instalarse en las grandes urbes de acuerdo a la visión socialista de la industrialización. Una vez se asentaron en las ciudades fueron incapaces de hacer suyos otros géneros que no fueran el folk de toda la vida”.

“Todo el conflicto de los Balcanes se debe principalmente a los 500 años de dominio otomano en la península de los Balcanes. No debemos subestimar esa influencia. Pero no fue un dominio que afectara únicamente a Serbia, y los países de la ex Yugoslavia, fue clave también en países limítrofes como Grecia, Bulgaria, Rumanía o Albania, donde los otomanos gobernaron durante cinco siglos. ¿Cómo entró la música en la población urbana? Basta con echar un vistazo a los mapas demográficos de los Balcanes antes de la Segunda Guerra Mundial y a los que surgieron después. La mayoría de la población de los países balcánicos, antes de la Segunda Guerra Mundial, se concentra en el campo y después de la segunda gran guerra se desplazará a las ciudades. La gente del campo se instaló en las ciudades y trató de mantener en cierta medida su identidad y todos aquellos hábitos formados bajo la influencia de la dominación otomana cultural. Estos hábitos culturales no cambian de la noche a la mañana. Cuando analizamos la omnipresente degradación del gusto por la cultura, que llegó con la revolución tecnológica y la globalización, la pobreza económica de los países de los Balcanes, no es de extrañar el por qué de la importancia de la música popular dentro de la población urbana de estos países".



Portada de la revista LIFE de 1949 en la que aparece Marshal Tito.


Como era de esperar, después de la muerte de Tito, el nacionalismo de todos los países que conforman Yugoslavia despertó o se hizo más evidente en todas esas nacionalidades que formaban un mosaico que al final resultó ser un polvorín: Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia... “Ya no tenían por qué fingir otros gustos y podían decantarse por el tipo de música que más les gustase. Un halo de libertad que hubiera sido muy positivo, si las letras de las canciones no fueran tan machistas y vulgares”. Pese a ese mal gusto, muchas personas adoptaron como suyas todas estas formas populares que se convirtieron en acicate para la guerra que vendría después. “Ese tipo de folk fue tan popular en ese entonces, que ni siquiera un artista tan carismático como Bijelo Dugme, opositor de la desintegración del país, pudo hacer nada para parar la estampida nacionalista. Como ya he dicho antes, debido a su marcado carácter nacionalista, la música popular se mantuvo siempre en un círculo muy limitado. Hasta finales de los años 70, este tipo de formas populares no tenía cabida en los programas de televisión, ni en la radio, como sí ocurrió a partir de los años 80. Al principio, el jazz fue también una corriente underground, así como toda la música que venía de occidente, pero cuando Yugoslavia se dividió y se desligó del Pacto de Varsovia, tal y como había concebido Stalin, el jazz fue recibido con los brazos abiertos, más o menos como acostumbra a pasar siempre con cualquier forma cultural que ha sido prohibida durante un largo periodo de tiempo. Durante la Guerra Fría, el bloque occidental apoyó a Yugoslavia, el estado socialista más liberal de toda Europa en ese momento, por tanto, abierto y sensible a la música típicamente occidental. Durante los últimos años de la década de los 50, casi todas las grandes ciudades contaron con su Big Band oficial y los músicos de jazz pudieron publicar sin ningún problema. Sin embargo, el jazz nunca llegó a ser mainstream, con lo que los músicos de jazz nunca pudieron convertirse en grandes estrellas de la antigua Yugoslavia (por eso, los más talentosos se vieron obligados a abandonar el país)”. Me explica que, en su lugar, una variante de jazz de fácil escucha como el Schlager se fue popularizando a gran velocidad. "Es interesante señalar que una de las estrellas más grandes en ese género, Vice Vukov, fue censurado por nacionalista".

“Cuando el rock and roll irrumpió en el país como altavoz contracultural, con la celebración de conciertos salvajes donde predominaba el ruido, se alentaba la liberación sexual, curiosamente nadie puso el grito en el cielo. Es bastante extraño, que alguien que cantara canciones de amor desgarradoras fuera considerada inadecuada para el régimen y, en cambio, alguien que clamara una cierta ruptura desde el rock tuviera licencia para seguir su camino sin problemas”.

Novakovic me explica que durante el régimen comunista yugoslavo se encarceló a muchas personas por razones políticas, por lo general gente común: campesinos, obreros, pintores, poetas, escritores, escultores, actores, directores de cine... Pero no se dio ningún caso de artista de rock que diera con sus huesos en la cárcel. Durante los años 60 y los años 70 los músicos de rock no tenían en su diana a Tito. En su mayoría pertenecían a la generación nacida en los años 40 y todos sus congéneres fueron criados en el espíritu de la posguerra, de la Yugoslavia socialista, que incluye el culto de Tito. ”Incluso después de que Tito muriese, los músicos de rock no se pronunciaron en su contra, se decantaron predominantemente en contra de los regímenes que se establecieron después de su muerte. Durante los años 70 hubo actuaciones puntuales emitidas en directo desde los estudios de la Radio Televisión de Belgrado. Pasaron por esos estudios algunos de los grupos de rock más populares de aquel entonces, como Korni Grupa, Yu Grupa, Bijelo Dugme, Time, Smak...”.

Como ocurre en países totalitarios, la cultura se utilizó como representación del régimen: “a través de las bellas artes, y de generaciones de pintores y escultores que glorificaron la lucha de los partisanos contra las fuerzas del Eje y la revolución socialista; a través de películas que se convirtieron en los principales proyectos culturales estatales, como la que describe la Batalla del Neretva o la de Sutjeska, presentadas al público como películas de Hollywood, con estrellas internacionales como Richard Burton, Orson Wells, Yul Brynner, Sergey Baranchuk o Franco Nero, formando parte del casting, con música compuesta por Mikis Theodorakis y el póster de la película realizado, ni más ni menos, por Pablo Picasso”. Sin embargo, el propio Tito fue la más grande superestrella de todo el país en aquel complicado momento. “En plena posguerra, en un mundo dividido, cuando la gente tenía miedo de un ataque nuclear real, Tito logró presentarse como el auténtico garante de la paz, como líder del Movimiento de los Países No Alineados que representaba a unos 120 países en el mundo. Con el fin de alcanzar esta posición de liderazgo, Yugoslavia llegó a invertir una gran cantidad de dinero y de recursos. Todo el mundo en el país conocía las expediciones de larga distancia del líder para visitar a esos países no alineados, liderando una flota de buques y embarcaciones en general, aviones, automóviles, siempre al frente de miles de hombres formando parte de la tripulación o del ejército. Se grabaron escenas de esos viajes, y creo que Hollywood nunca hubiera sido capaz de grabar algo que se le pareciese ni remotamente a toda esa parafernalia. Las imágenes de reyes y zares en sus propios palacios, cientos de miles de personas en la calle saludando frenéticamente al paso de nuestro líder. La recepción de Tito en esos países era tan increíble que yo creo que no había ningún líder en el mundo en ese momento que fuera tan popular como lo era él. Algunas de las filmaciones de esas expediciones fueron retransmitidas por la televisión de Yugoslavia y aportaron tanta fuerza a su personalidad de cara a la opinión pública, que Tito no necesitó de mucho más para consagrarse como el gran líder”.

Y Tito muere en un contexto musical en el que el zeitgeist anglosajón experimenta los primeros años del post punk y de formas cercanas a la new wave y a lo que se llamaba funk blanco. Y esos parámetros son los que mueven a nuestro protagonista a la hora de nutrir a su sello Discom. “Al margen de lo que ocurría en Belgrado, hubo otros grupos de synth pop destacados en la antigua Yugoslavia. Denis & Denis de Rijeka, por ejemplo, eran geniales. Sus dos primeros álbumes: Cuvaj Se! y Ja Sam Lazljiva, ambos publicados en 1984 en Jugoton, el principal sello del país, cuentan con la producción de Andrej Basa, un nombre importante en ese periodo (y que publicó un álbum muy interesante en solitario y totalmente electrónico, Izmedju Neba i Zemlje, publicado también por Jugoton en 1982). Boa estaban afincados en Zagreb, era una banda de new romantics que consiguió una gran reputación entre la crítica y el público. Incluso tocaron como teloneros para David Bowie en Zagreb. Videosex de Ljubljana también era una banda fantástica. Su primer álbum, también de 1984, es un clásico con todas las letras. También me gustaría mencionar a Bastion de Skopje, y en especial su fantástico álbum homónimo de 1984, en el que se pueden escuchar unas melodías de sintetizador maravillosamente armónicas y con una excelente línea de bajo. Laboratorija de Novi Sad es otro nombre a tener en cuenta y recomiendo su single de minimal waves, Devica 69/Setnja, publicado en 1982 en Jugoton”.

La música disco también contó con representación local en Belgrado y en general en todo el país. “Además del mega exitoso cantante popular Zdravko Colic, algo así como el John Travolta yugoslavo de los 70, y de Mirzino Jato, los Boney M yugoslavos (ambas propuestas eran de Sarajevo, por cierto), también existían otras bandas de disco, funk y soul muy interesantes en Belgrado. En primer lugar, tenemos a Boban Petrovic con su grupo Zdravo. Llevó el disco, el boogie, el funk y el soul ,en sus formas más idiosincráticas, a nuestra ciudad. Podéis repasar su discografía en Discogs, pero necesitaréis un buen rato si os detenéis a descubrir lo que ha hecho este hombre por la cultura de Belgrado y lo que hizo una vez salió de la ciudad. Su álbum Zur de 1981 es el testimonio más valioso de cómo se las gastaba la gente de Belgrado en fiestas de ese calado”. Me recuerda que Boban Petrovic vivió en Marbella durante años y acabó presidiendo al Atlético de Marbella como lo haría un millonario retirado y que con su gestión acabó cabreando a la masa social más crítica. “Junto a él tenemos a Oliver Mandić que tuvo un gran impacto en la escena disco de Belgrado con tres discos brillantes. Especialmente notable fue su aspecto y su imagen transexual y vanguardista que lució en el programa de televisión Beograd Noću ("Belgrado de Noche", que además ganó el premio Rose d'Or en 1981 al mejor programa televisivo de aquel momento). Cuando se trata de música disco y boogie, debemos mencionar a también a la banda banda Aska con su álbum Katastrofa; Cice Mace que cuenta con un par de singles de disco muy interesantes, y a Lokice con su álbum Ja Sam Dinamit. Todos estos álbumes estaban producidos por un equipo de músicos veteranos de Yugoslavia (que podían tocar jazz con fondo electrónico). Nenad Stefanovic-Japanac, Miha Kralj, Slobodan Markovic, Zoran Simjanović, Sanja Ilić, Igor Savin etc... Estos artistas conforman la banda sonora de toda una generación. No sólo en clave música disco. Por ejemplo, Nacionalna Klasa  de Zoran Simjanović fue un hito para nuestros padres. Al margen del tema principal Floyd, el disco asesino en esta banda sonora venía de parte de Sladjana Milosevic y la canción Imam SVE. Incluso hubo músicos de jazz que empezaron a tocar disco de manera muy interesante: en esta onda nos encontramos con un disco sobresaliente realizado por la Orquesta de Jazz de la Radio Televisión de Belgrado en el que podemos escuchar canciones partisanas con arreglos disco y funk. Por supuesto que teníamos una gran cantidad de propuestas disco, funk y soul en otras partes de Yugoslavia: Igor Savin de Zagreb (considerado el autor de la primera canción de disco al estilo Giorgio Moroder en la antigua Yugoslavia con su canción Electra de 1977, publicado en el disco auto editado en Zdenka Kovacicek) con su álbum Yu disco Express, por no hablar del inolvidable Tihomir Pop Asanovic con sus dos discos en solitario y numerosas apariciones en grupos como September, Time, Boomerang; Kim band and Arian de Skopje, Kineski Zid de Split; Clan de Zagreb… En la antigua Yugoslavia no es una práctica muy extendida lo de hacer edits, como si ocurre en otros países como el vuestro. Conozco a varias personas de por aquí que hacen edits de disco como DJ Funky Junky, DJ Brka o Dj Lul”.



Portada de la revista FORBES de 1976.


Nuestro esforzado A&R duda que en estos momentos haya algún tipo de música, de ningún tipo, que pueda ser vendida con garantías en Serbia, “ni siquiera estilos populares como ahora el turbo-folk o antes el folk pop”. Los artistas que pueden ganar algo de dinero con sus conciertos, por lo general ya se hicieron un nombre cuando el país estaba unido. “Yugoslavia desapareció, es verdad, pero su patrimonio cultural permanece. Un buen ejercicio es comparar las películas, los libros, la música y el arte en general de la antigua Yugoslavia y todo ese conjunto después de la ruptura. Difícilmente se podrá encontrar algún trabajo facturado en los actuales países de la ex yugoslavia que sobrepasen en calidad a las obras de la Yugoslavia unida. No creo que sea sólo una cuestión de nostalgia, aunque hay que reconocer que los ciudadanos de los países que formaban la Yugoslavia de antes en general son muy nostálgicos”. Es algo que aún pervive en la memoria de Novakovic y los suyos, que no perdonan la inconsciencia de los mandatarios de aquellos trágicos 90. “Los que deberían ser culpados y juzgados por la ruptura de Yugoslavia y las posteriores muertes relacionadas con la guerra civil son los políticos. Los responsables últimos de la situación que condujo a este grave conflicto, fueron ellos los que lo alentaron, ya que amparándose en la guerra diseñaron sus pequeños sistemas políticos, cuyo principal objetivo era robar toda la riqueza del país”. Los indicadores económicos de Yugoslavia en la década de los 70 eran realmente positivos. Para confirmarlo, el digger serbio me adjunta una portada de la revista Forbes en 1976 que lleva por título: "Yugoslavia entre las naciones más ricas de Europa". Lo que para Novakovic era realmente importante de aquella economía era precisamente que el país fuera rico sin una casta de millonarios. “Así de primeras, suena como si hubiéramos vivido en una democracia desarrollada y próspera, ¿verdad? Pero después vino la guerra y empezó a incrementar el número de personas que amasaban miles de millones. Ahora, esas mismas personas pagan a los políticos para confeccionar un sistema con el que proteger su sucio dinero. Un sistema basado en la corrupción, en las mentiras, en la censura de los medios, la codicia, el miedo, la exaltación de la estupidez”. Para nuestro héroe, “lo más terrible del asunto es la falta de voluntad política para cambiar la situación económica y social del pueblo”.

Si alguna vez eligieras Belgrado como destino de unas vacaciones, podrías visitar algunas tiendas de discos como Yugovinyl, Leila, Evergreen... Yugovinyl (Toplicka, 35) tiene el catálogo más amplio de todas, desde jazz raro, pasando por blues o prog rock, así como material ‘yugo’. En cambio, Leila (Kralja Petra 14) está más orientada al jazz, al funk, soul y disco ... Ubicada en el centro de la ciudad, con una decoración interior interesante y donde se puede tomar una copa y escuchar algún concierto destacable o un DJ set. Evergreen (Bajo el pasaje del Centro Cultural Juvenil de la ciudad ) es una tienda pequeña, “pero el dueño es un gran tipo, siempre dispuesto a recomendar buena música”. También existen dos ferias de discos en Mixer House (Karadjordjeva 46) y el Centro Cultural Imago (Decanska, 14) que se celebran una vez al mes y en las que se puede encontrar sobretodo vinilo de segunda mano. “Puedes comprar vinilo nuevo en algunos puntos , pero en términos generales, la oferta es bastante modesta para ser una de las ciudades más grandes del sudeste de Europa. Creo que la razón principal de tan modesta oferta, no es sólo que nuestra economía sea más bien pobre, también es debido al hecho de que las personas que pueden permitirse ese dispendio ya no compran discos. Las personas con ciertos recursos que habitualmente compraban discos dejaron de hacerlo hace tiempo. Abandonaron ese hábito debido a las guerra, y a la situación política y económica de posguerra. Los que se quedaron aquí y siguen comprando música son auténticos entusiastas, yo los considero los auténticos héroes de esta ciudad”.



Entrada al Drugstore, el club underground más grande de Belgrado


En cuanto a fiestas o clubs a destacar de la ciudad, Novakovic destaca en primer lugar las fiestas 20/44, (“en realidad son las coordenadas de Belgrado”), que se celebran en un barco apostado en el río Sava con hermosas vistas a la parte antigua de la ciudad y a la fortaleza de Kalemegdan. El interior está diseñado como si fuera un burdel trash de Amsterdam, con cortinas sucias, lámparas rojas, televisores viejos por todas partes... Este club es el hogar de los mejores DJ y colectivos underground de la ciudad como Disco not Disco, que es la fiesta que organiza el citado DJ Brka, también se organizan las fiestas Mystic Styles o Beyond House... Los géneros que se pueden escuchar van del funk al soul, pasando por la electrónica experimental, deep house, industrial, dubstep, disco, electro, minimal, pero también música unplugged como world music, punk, new wave... The Guardian nombró a este club como uno de los 25 mejores de Europa en 2015. “También recomendaría el club Drugstore, el espacio más grande con el que cuenta la música underground en toda la ciudad. La entrada al club es una espectacular escalerilla de metal, que te da la bienvenida como si estuvieras entrando en una gran nave espacial. Su interior es muy oscuro y la verdad es que sería un espacio típico de película de terror, si no fuera por la buena música y por la mucha gente que congrega el club. Drugstore tiene el mayor podio de la danza en la ciudad y es muy emocionante palpar esta atmósfera formada por personas que están interesadas en diferentes tipos de música”. 


Más información:

Discom: Facebook

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