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La comunidad del Convento: Electrónica en la Catalunya profunda

Escrito por David Puente | Fotos de Abel Castells y Jordi Plana | Publicado el 08.07.2015

Cal Rosal es una pedanía que se encuentra a tiro de piedra de la localidad de Berga, famosa en todo el mundo por sus fiestas del Corpus llamadas La Patum. Nos encontramos en la Catalunya central. A Berga no se puede llegar en tren. Entonces a Cal Rosal se llega casi con la imaginación. Su puerta de entrada es el Konvent. Igual les suena a más de uno de esta web, incluso si son de fuera de la comarca del Berguedà, a donde ya ha quedado claro que no llega el tren. Porque estas instalaciones, que en el siglo XIX cobijaban una escuela, un convento de clausura con su correspondiente hospital y una colonia textil, acogen ahora de una manera regular, un sin fin de propuestas relacionadas con el arte contemporáneo. En el Konvent despunta desde hace años un encuentro vertebrador de muchas iniciativas artísticas, más de cuatro decenas por convocatoria, con un eco que llega más allá de la propia comarca y alrededores: Konventpuntzero (o Konvent.0).

Texto presentación del festival en la home del mismo:

“Torna un any més Konventpuntzero, el festival. Enguany, però, serà una edició molt especial, un homenatge a una trajectòria, a deu anys d’experiències úniques, reptes, art performatiu, músiques experimentals i propostes culturals imbricades amb el territori”.

“Vuelve un año más Konventpuntzero, el festival. Este año será una edición muy especial, un homenaje a una trayectoria, diez años de experiencias únicas, retos, arte performativo, músicas experimentales y propuestas culturales imbricadas con el territorio”.

Imagínense los fastos de cualquier festival que conozcan y que coincidieran con su décimo aniversario. Mientras los organizadores de cualquier cita que se les ocurra aprovechan una onomástica de este tipo para tirar la casa por la ventana con fuegos artificiales, los gestores de las jornadas, antes citadas, decidieron celebrar su décima edición ofreciendo absolutamente nada. Eso mismo. Un Konvent de centenares de metros cuadrados con sus múltiples departamentos totalmente vacíos al público. Y sin avisar de lo que estaba por venir. Con el único testimonio de las múltiples imágenes religiosas. Como si el Conde Drácula dejara su castillo a merced de los turistas de paso por los Cárpatos. Vemos como un puñado de gente que desconoce lo que se va a encontrar, sube la cuesta hasta el Konvent con 34 grados cayendo a plomo a media tarde del sábado. Y así será mañana domingo también. Corre la voz: “Efectivamente, el Konvent.0 vuelve a su esencia”, murmullan unos. Otros asistentes locales, próximos a la dirección del festival, comentan que es una argucia para regenerar un festival que llevaba camino de desparramarse, con centenares de personas acercándose por las instalaciones en la edición del año pasado. Los más reconocen que como concepto, lo de este año es inapelable. Si el proyecto debe reinventarse cada año sin recursos ni financiación en los 23 años que lleva abierto el Konvent a propuestas artísticas que al menos sea partiendo de cero.

Lo diáfano del espacio multiplica, aún más si cabe, esa sensación esotérica que nos ha acompañado desde que saludamos a los dos encargados de seguridad que parapetan la entrada. Uno de ellos deja caer una mueca que me ha parecido que es de risa. Antes de entrar pasamos por el restaurante del Konvent que sirve cocina arriesgada y echá p'alante que como fuente de ingresos parece da para mirarle a los ojos al futuro con cierto arrojo.

Twitter del día de la apertura décima edición

KONVENT.0 2015 nos lleva al vértigo, a mirar la vida cara a cara y seguir adelante con los miedos que nos hacen sentir vivos.

“Bueno, está bien, de este modo has podido observar con detenimiento y tranquilidad el espacio totalmente vacío que también mola”, me comenta con una expresión burleta Martí Barcons, uno de los miembros de La Comunidäd, un colectivo de cuatro miembros, la mayoría de ellos del pueblo vecino de Gironella, que se ha caracterizado por promocionar la cultura electrónica en la tierra más remota de Catalunya y que cuenta con residencia en el mismo Konvent. De hecho, este grupeto de jóvenes entusiastas conocidos como La Comunidäd Gironella, un nombre que adoptaron con 18 años (con diéresis, para reafirmar su filia con la cultura electrónica germana), cuenta con su propia actividad organizada en el marco del festival: el Jardín electrónico que se celebraba cada año, hasta éste de la boutade conceptual, en el que obviamente no han podido ocupar los aledaños al descubierto del complejo como solían.


“En la planta baja de este complejo del siglo XIX había un colegio en el que mi padre había cursado estudios de pequeño. Arriba tenían viviendo a las monjas. También habrás podido ver la capilla que es donde tenemos por costumbre plantar el escenario para las actuaciones, con unas rejas que separaban a las de clausura. Parece que estoy hablando de hace setenta años y en realidad las monjas marcharon en los 90”, explica Martí. Al poco, Pep Espelt, su director, entró en el espacio que utilizó como lugar de ensayo de su banda de entonces. Según explica el diario Regió7, hasta cuatro propuestas de documental ha recibido el mismo Espelt en los últimos meses. Todo el mundo relacionado con el arte contemporáneo y la cultura del deshecho sabe del Konvent. Toda la parafernalia cultural de la zona quiere actuar o mostrar su trabajo en el Konvent. Hace siete años recibieron la propuesta de los miembros de La Comunidäd que, en cuanto se cruzaron en sus vides con el Konvent, decidieron apostar por ese espacio como su campo de operaciones. Desde hace siete años 'los comunitarios' vienen cubriendo el agujero negro de la electrónica de club en el corazón de Catalunya.

“Estas colonias textiles se asentaban cada kilómetro y medio, bajando por la pendiente del río Llobregat, al amparo de un salto de agua con el que dotarse de electricidad. Y esta del Kovent fue de las primeras fábricas en asentarse. Un núcleo comunitario con un amo, por lo general oriundo de Barcelona, que daba trabajo y educación a las familias de los propios trabajadores, en un régimen medio medieval, medio gulag y con algo de semiesclavitud. De esto, tampoco hace tanto. Mis tías y mis abuelas trabajaron en la colonia. El declive vino cuando Manchester aprovechó su maquinaria y se impuso por precio a la industria catalana”, nos explica el mismo Martí en una tienda de vinos con especialidades para todos los gustos.


Los ayuntamientos de pueblos pequeños, como el de Gironella, sin ir más lejos, a veces tienen verdaderos problemas para encontrar gente joven que esté interesada en encargarse de algunas fiestas más enfocadas al público juvenil. Cuando el de este pueblo les pidió a nuestros héroes electrónicos que se encargarán de dinamizar las primeras fiestas y sus primeros Carnavales, apenas habían visto pinchar a Ángel Molina en la vecina Manresa. “Hasta que llegó el principio de verano de 2003 y nos quedamos alucinados con el Sónar de aquel año, en el que habían estado Aphex Twin, Underworld, Metro Area... Hasta entonces, backgrounds muy dispersos, Martí, por ejemplo viene del hardcore. Después empezamos a ir al Nitsa con cierta regularidad, bajábamos a Barcelona unas diez veces al año. Martí Santamaría nos explica que sus fiestas preferidas de mediados de la década pasada eran aquellos cierres de las fiestas Kompakt con sus Speicher y todo. “Samuel Mateos era el único que al unirse al colectivo ya pinchaba en alguna discoteca de por aquí. Y el resto poníamos la voluntad. La de organizar las cosas en un punto geográfico que no tenía tradición de todo esto. Aquí no es fácil montar actividades de este tipo, para empezar no llega el tren. Así que decidimos invitar a los que sabían de verdad. Tenemos muy buena relación con Svreca que aquí pinchó una primera vez en solitario, una segunda junto a Regis e Irazu y una tercera en la que hizo un 'back to back' con Ángel Molina”, comenta otro de los miembros del colectivo, Larry.

“De hecho Enrique Mena dedicó al Konvent dos E.P’s en formato vinilo y el CD mix For your eyes only, que cuenta con un track inicial grabado en la misma capilla. Es el silencio del convento totalmente comprimido. Que si te fijas, puedes escuchar misterios. El artwork del disco incluye fotos realizadas en el espacio por el propio Svreca. El madrileño ha estado utilizando durante años una foto promocional en la que aparece un sagrado corazón está tomada en el Konvent. Hace poco lo fuimos a ver al Berghain. Intentamos visitarle en sus bolos más escogidos”, apuntilla Santamaría. Con el tiempo se han ido animando otras propuestas en la zona. Como el festival Manrusionica, que este mismo último fin de semana de junio ha celebrado su quinta edición y a la que se especulaba que hubiesen ido a parar esta noche los traviesos gestores del hoy desierto Konvent.0.

En esta misión evangelizadora de lo electrónico, los chicos de La Comunidäd también se encargaron de abrir la división electrónica de la asociación cultural de La Font del Balç, toda una institución en la zona con sesenta años apostando por la música en directo, sobre todo por el jazz.


Uno de los primeros artistas al que pagaron el primer caché que salió de sus arcas fue Marc Marzenit, “cuando todavía no había publicado nada destacado”. El primer artista internacional que contrataron fue Regis. Ese día excepcionalmente cobraron cinco euros la entrada. “Que el Dj que viene de fuera se encuentre a gusto, teniendo en cuenta que sale del circuito de clubs convencional al que está acostumbrado. El espacio ayuda mucho. En realidad tenemos poco que ofrecer, pero sabemos que puede llegar a ser muy bien valorado. 'Enrique, esto es un pueblo', le dijo Regis al responsable de Semantica cuando empezó a divisar el hábitat del Konvent”, comenta Barcons. “La música de la comunidad es como leer un libro”, dicen los usuarios a los que no les convencen las propuestas del colectivo, por demasiado ¿arriesgadas? ¿intelectuales?. “Aquí es que hay que picar mucha piedra”, reconoce el propio Martí. “Por ese motivo, toda la pasta que recogemos la invertimos sobretodo en sonido, tenemos dos mil vatios, y en pagar cachés. Se ha dado el caso de artistas que me han devuelto el sobre con el pago del bolo, a lo que, por supuesto, nos hemos negado”, remacha nuestro interlocutor que recuerda que algún miembro del foro de esta web como Boite aka TCC o iMP ya han actuado en el festival. “La precedencia del público se ha ido revirtiendo con el tiempo. Nuestro público ha pasado de ser un 80 por ciento local y 20 por ciento barcelonés, a justo todo lo contrario: el 60 por ciento viene expresamente de Barcelona y el 40 restante es de los alrededores. Con la cantidad de oferta que hay en la capital, no podemos negar que estamos muy satisfechos con nuestro trabajo”, comenta Barcons que añade algunas de las próximas citas electrónicas del convento: “El sábado 31 de octubre organizaremos una nueva edición de la Jornada Electrónica y contaremos con el directo de un artista internacional. También podemos confirmar que una de las fiestas de celebración por los diez años de Semantica Records tendrá lugar en el Konvent durante el año que viene”.

Vídeos promocionales de las Jornadas Electrónicas:


Con el tiempo, los vecinos de La Comunidäd han ido desligándose de las fiestas populares y potenciando otras aristas de la música electrónica que han ido asimilando desde que empezaron su quijotesca misión. Martí Barcons y Samuel, por ejemplo, comparten un directo de dark ambient y techno que presentan como No Parfum, proyecto que ha pasado por festivales como L’Estrany de Banyoles, Cau D’Orella y el festival noise (((gargall)), “un oasis”, del que se celebraron un puñado de ediciones en Manresa. Incluso se embarcaron en un gira esponsorizada por este festival que les llevó a girar por la Catalunya central cuando empezaron a mover su bandcamp. Este mismo 13 de julio presentan una remezcla en un sello italiano y hace poco sacaron un track original en Ballistic Records. “Por cierto, lo de la energía extraña en el Konvent que comentabas es cierto. Quiero decir, que ha venido gente con una sensibilidad, digamos, especial y ha sentido cosas. Sobre todo las fuerzas parece que se concentran en el hospital”, se despide Martí con una apreciación de lo más intrigante con la que me vuelvo al asfalto de la ciudad.


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