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La Ciudad Secreta

Escrito por David Puente | Publicado el 07.01.2014
“Esa sensación de que se disuelve todo lo que hay a tu alrededor, de que te han dejado en el furgón de cola y te dicen que eso ya no te pertenece. Habéis cambiado muy deprisa. Pensáis en gente más joven que yo y con otros propósitos”. JG.

El periodista Jaime Gonzalo cada lunes cuelga una canción en su Facebook y en su web oficial en una sección denominada Dispensador Orgónico con la que mantiene el pulso del recuerdo. El latido de un instante que promete apagarse entre los fastos de la pirotecnia de una ciudad que ya no quiere ser puta barata. Probablemente ahora huela mejor aunque siga en venta. No en vano, Gonzalo, nacido en Bilbao, no lo olvidemos, lleva un montón de décadas radiografiando una Barcelona de la que ya no queda mucho. Su último libro publicado a mediados de diciembre pasado, La ciudad secreta (Munster Books), nos devuelve el legado de unos locos que en su día les dio por combatir el gris de la época con sus artefactos y cachivaches. Y además nos regala un triple CD con algunos de los proyectos de los que se habla en este libro que lleva como subtítulo unas pautas de tiempo y espacio claves en el devenir de la ciudad, “Sonidos experimentales en la Barcelona pre-olímpica 1971-1991". Uno de los más famosos incluídos en este trabajo es Víctor Nubla y sus Macromassa que, por cierto, siguen en activo. Pero hay más. Muchos más personajes que ni siquiera llegaron a tocar ante el público. Por suerte, la bibliografía de aquellos chispeantes 70, que durante mucho tiempo han permanecido secretos para coetáneos del momento y sobretodo para los más jóvenes ansiosos de donde viene estos lodos, empieza a emerger con fuerza en una época como la de hoy que dicen se parece a esos 70. Ni que sea en el gris del cielo.

En una entrevista reciente para “Discópolis” de RNE comentas que hay que tener valor para editar un libro como este.
Sobretodo valor para editarlo como se ha editado. No sólo hay una inversión económica importante para dar con una edición muy cuidada, se han dedicado muchas horas a un trabajo laborioso. La producción ha sido costosa porque tenía pensado desde el primer momento que el libro tenía que ser un objeto en sí mismo. Un libro agradable al trato y a poder ser que tuviera vida propia. He supervisado totalmente la confección del libro físico desde la portada hasta el material del libro. Para ello, he contado con la gran ayuda como maquetador de Marcelo Fioramonti que se ha encargado de ejecutar toda la parte visual. Y la verdad que hay que agradecerle el esfuerzo a Munster Books porque ellos en realidad mueven otro tipo de público. Con Munster tengo contacto de hace años, de hecho saqué una de sus primeras referencias, el libro de La banda Trapera del Río: “Escupidos de la boca de Dios” allá por 2007. Ventas igual muchas no les va a dar a la editorial, pero supongo que este libro supone un prestigio para Munster Books. Este libro va a salir también en EE.UU. en forma de caja con tres LP y un encarte redactado de cara al mercado americano, japonés e inglés que son mercados potentes que siempre se han interesado por el progresivo de vanguardia que se facturaba en nuestro país, sobretodo en dos núcleos muy importantes en los setenta como fueron Barcelona y Sevilla.

En su web se presenta como “periodista contracultural”.
La contracultura me ha gustado siempre y entiendo que queda mucho por desarrollar de su historia y de su presente. Este libro tiene un alto componente contracultural ya desde el momento en que coincide por ejemplo con los movimientos libertarios de finales de los 70 o el cooperativismo que ha seguido funcionando, aunque sea de manera latente, en nuestra sociedad. Todo eso aparece en el libro porque todos esos referentes sociales tuvieron mucho que ver para que Barcelona tuviera ese carácter tan abierto musicalmente hablando.

El libro cuentan con el rock progresivo como génesis de todo este movimiento.
Si, uno de los puntos de partida del libro es el rock progresivo barcelonés facturado del 69 al 73. Un movimiento centrado en Barcelona y Sevilla como te decía antes, pero con otros focos de interés como Valencia, por ejemplo. Pretendían poner al día a este país con una propuestas presentadas como “underground” por sellos discográficos bastante potentes, no lo olvidemos. En realidad hay pocas propuestas como Música Dispersa que realmente hagan algo propio. pero fueron todas ellas bandas necesarias para sacar al país de un cierto estancamiento en sus formas como ya os podéis imaginar. En La Ciudad Secreta aparecen las formas más arriesgadas de una corriente que en realidad no es tal porque muchos de ellos funcionaban por su cuenta y riesgo, nunca mejor dicho. Me refiero sobretodo al underground autosuficiente y autogestionado.

¿Era el rock laietà el enemigo a batir en esa época?
La tardo cultura española de finales de la dictadura trae formas a Barcelona como la musica laietana que no dejaba de ser una deriva del hippismo que muchos odiábamos porque acabó convirtiéndose en el sonido imperante. Los melenudos, los primeros sociatas… eran estereotipos que no repelían un poco. Por eso mismo, porque se convirtió en la cultura dominante y algo domesticada de la época, cuando se suponía que su génesis era protestataria. Una imagen que a muchos de nosotros nos tiraba para atrás. Los míos ni teníamos formación política, ni la queríamos por entonces. Éramos absolutamente apolíticos en un tiempo en el que la política, a mediados de los 70, buscaba su sitio en un nuevo terreno de juego. Si a principios de los 70 no estabas por la política no eras nadie. Y todo ese movimiento laietà se posicionó del lado de los valores institucionales que preparaban el terreno de la democracia que estaba por llegar. Con lo que el sonido laietà ocupaba mucho espacio y eso normalmente es mal visto por unos cuantos que íbamos a la nuestra como muchas de las propuestas musicales que aparecen en el libro. Los que íbamos por entonces a la contra, veíamos esa música demasiado barroca y rockera en sus formas más convencionales... qué quieres que te diga, no nos interesaba. Pero por otra parte, hay que reconocer que el mascarón de proa de todo este movimiento que fue Zeleste -ahora Razzmatazz- no le hacía ascos a otras propuestas, La Banda Trapera, una banda de punk , no nos olvidemos, llegó a tocar allí. Gente que iba a la suya como Oriol Perucho también tocó en el antiguo Zeleste. Cuando entra la salsa un poco después del sonido rock laietà ya es un sálvese el que pueda porque llegan las orquestas de baile y entonces el aparato festivo acabó por fagocitar a los últimos talentosos que en ese terreno que daba dinero veían una seguridad que el underground de verdad no les aportaba. Con lo que el rock progresivo se queda más desarmado todavía. Entonces es cuando los miembros de aquella logia llamada Sociedad Secreta ven el campo abonado para hacer su camino al margen de cualquier institución. Todo eso coincide en un momento en el que el ciudadano catalán se empieza a desarrollar más libremente en sus valores propios y hay una euforia identitaria que se verá reflejada en todo ese movimiento laietà y orquestal. Existe la idea de que el franquismo va a dejar un espacio en el que se pueden hacer cosas nuevas.

Entonces no se puede considerar a todas esas propuestas como una escena per se...
En lo musical los proyectos a los que me refiero en el libro iban cada uno a la suya. Es difícil hablar de estas propuestas como de un todo homogéneo. Entre ellos había posiciones dispares en lo ideológico. En lo humano también había conflictos. Piensa que eran gente que iba muy a la suya y eso a veces colisiona con el interés general ya sea de una escena o de una sociedad. Ya lo señalo en la conclusión: los músicos experimentales de ese periodo son tan humanos y contradictorios como el resto de mortales.

El contexto social hace de ese movimiento algo especial, supongo.
En los 70 había más cosas por descubrir y más gente probando a abrir nuevas puertas. También había menos mercado que es un dato que provoca otro ritmo muy diferente al que llevamos ahora. Los 70 se parecen a nuestra época, pero sólo en lo malo o en lo gris. Sin el régimen por medio todas estas aventuras experimentales se hubieran asimilado en mayor medida a finales de los 60 o principios de los 70 como pasó en otros países europeos que no pasaron por el mismo trance que este país. Pero eso es especular demasiado, creo. Ahora cada vez hay más gente con talento, pero el talento no es genio.

¿Recomienda la lectura del libro especialmente a los más jóvenes? ¿Por qué crees que es importante que lo lean?
Importantes hay pocas cosas en el mundo. Las de mi libro son interesantes como mucho. Si no tienes interés por la arqueología musical difícilmente te vas a interesar por un libro de estas características. Seas o no joven. El libro de todos modos se ha planteado para que se conozca este movimiento fuera de Barcelona. Hoy se vuelve a hablar de solidaridad que son conceptos que entonces nos parecían demasiado relamidos. O por lo menos sospechosos. Ahora estamos acuciados por un mundo que se vacía en lo moral y eso hace que la gente se aferre a esos valores. En el epílogo del libro se dice que la vanguardia está muy desnaturalizada. Vanguardia podemos hacer tu y yo si le echamos suficiente cara al asunto. Hoy en día ves una mansedumbre en todos esos neo hipster -porque hipsters ha habido siempre- que se tragan todo lo que suena a diferente y para ellos todo eso es bueno. En aquella época había que echarle muchos más huevos porque lo más normal es que te insultaran si al público aquello le parecía una tomadura de pelo. O creía que era una tomadura de pelo. Muchos grupos se arriesgaban al rechazo y a la ignorancia. Si, sobre todo predominaba la ignorancia en relación a este tipo de música. Aparece gente en el libro que no llegó a actuar ante el público. Aunque probablemente mostrarse en público no era su principal objetivo. En la escena a la que me refiero no importaba tanto el dinero, entre otras cosas porque se podía vivir con un muy poco. Aquello de mostrarse como el más guapo, el más alto y el más listo no estaba tan interiorizado en aquellos músicos que ni siquiera habían hecho suyas las lógicas del mercado o de la industria. Lo importante era vivir libremente en tu círculo de acción. O intentarlo por lo menos. Tampoco creo que lo que se hiciera entonces tuviera alguna repercusión real en el entorno, pero sí que es verdad que el proceso de creación era mucho más rico y aportaba más viveza entre los que participaban de ese trabajo.

En aquella época los artistas de verdad se creaban sus propios instrumentos, lo que supongo aporta al sonido de aquellos creativos una personalidad definida.
Tampoco es de extrañar porque Catalunya siempre ha tenido una tradición industrial que ha provocado que la tecnología no fuera vista con ojos de extrañeza. El interés por nuevas culturas también ha sido superior al de la media y eso provocó que muchos artistas barceloneses crearan sus propias herramientas para conseguir un resultado artístico más personal. Gente como Luis Callejo en la Fundación Phonos. Otro puede ser Rafael Duyos que está trabajando con Macromassa, otro puede ser Jaume Camp. Gente que efectivamente fabrica sus propios artilugios. Bien sea copiando las plantillas de sintes como el Moog o fabricando sus propios modelos beta. En esa época hay un rango de aparatos increíble y estoy seguro que en el libro no se mencionan ni la mitad. Los generadores de audio propios sonaban distinto a los de otras propuestas similares. Supongo que esa distinción es la que se paga hoy en día porque es lo que se valora de las bandas de esa época. Todo eso contribuía a que esta pseudo escena tuviera un color que de otra manera hubiera sido imposible. Insisto que era un momento en el que todavía quedaban muchas cosas por probar que hoy en día nos parecen de lo más normales. Hoy en día Barcelona triplica en población al índice de jóvenes que había en la ciudad por entonces. Con eso te lo digo todo.

¿Se establece algún tipo de relación entre esos músicos barceloneses más arriesgados y otras células de experimentación fuera de nuestras fronteras?
Se empieza a contactar con movimientos alternativos como Rock in Opposition que parte de la banda Henry Cow que es un grupo que es expulsado de Virgin por ser demasiado inaccesibles. Un grupo de rock progresivo entre comillas, era muy free, muy complejo a oído medio y que sale del catálogo de una major para emprender una especie de cruzada por todo el mundo. Y llegan a actuar un par de veces en Barcelona y entran en contacto con bandas locales. Su objetivo es aglutinar todas esas músicas que las majors no quieren que escuches. Peter Hodgkinson que es el hermano del baterista de Henry Cow monta un taller de arquitectura con los Bofill. Ese tal Peter traerá discos de fuera que aquí en Barcelona no se verían si no años más tarde. También tenemos otro enlace en la figura del francés Armand Miralles que tiene un grupo en Montpellier que se llama Heratius Music Corporation que por entonces ya se han autofinanciado y han sacado material por su cuenta y organizan veladas con músicos internacionales en un castillo de por aquella zona al que también empiezan a asistir músicos catalanes y de la zona. Y después está todo aquel movimiento generado por la International Cassette Network que es cuando explota toda la fiebre por la cinta a finales de los 70 y que también será importante en la difusión de la música menos acomodaticia. Todas estas iniciativas ayudan a abrir canales de fuera a nuestras fronteras y viceversa. En la escena de fanzines francesa de la época se hablaba de todas esas músicas de las que se hablan en el libro. Mucho más que aquí que los medios digamos convencionales apostaban por la salsa, la canción protesta de los cantautores y demás.

Esta pregunta igual excede la competencia de su libro, pro creo que es interesante poner en solfa el por qué esa degradación socio-política en Barcelona a partir de los JJOO?
No hemos sido distintos al resto del mundo. Formamos parte de la misma corriente. Los JJ.OO. fueron la gran oportunidad de darle un barrido a la ciudad y a empezar otra vez, pero en esta ocasión con otras normas que son las que sufrimos hoy en día. Se permite que la mafia hotelera campe a sus anchas e imponga sus reglas. Existe un libro que se titula Barcelona, ¿a donde vas? que está escrito en 1974 pero que es profético de lo que pasa hoy en día en la ciudad. En ese libro se habla ya de los chanchullos de las familias que siempre han estado detrás del poder en esta ciudad, los Ferrer i Salat y los Pujol. Todos estos personajes actúan con la impunidad que les permite la connivencia del alcalde Porcioles. Ahí se empieza a consolidar la Barcelona que vivimos actualmente. La Barcelona de las superestructuras y los grandes festejos. En realidad, un gran vacío pirotécnico donde el ciudadano lo único que puede hacer es intoxicarse con el humo que despiden esos fastos.

Hubo que lamentar el fallecimiento de uno de los protagonistas del libro durante la producción de “La ciudad secreta”.
Pues sí, la de Joan Saura, miembro de una de las bandas que aparecen en el libro, Koniec, estaba muy enfermo cuando empecé a trabajar en este libro. Justo cuando iba a resolver el tema de las licencias me dicen que ha muerto. Tuve que acabar el trabajo con otro miembro de la banda, Xavier Maristany. Los años 70 pasaron factura. De los que quedamos pocos encontrarás que estén impolutos. Yo no lo estoy, la gran mayoría tampoco. Vives la cultura del momento y pruebas las cosas que te pone delante el contexto de la época. Otra cosa es tu sentido común. Es gente que además después de los 70 pilló los 80 que también fueron muy intensos en materia de sustancias. En los 80 ya no se trata tanto del hachís o del trippy, es entonces cuando llega lo más goloso y por ende lo más autodestructivo también. Es el momento en el que coinciden la heroína con la cocaína, aunque conozco a mucha más gente perder la vida y la esperanza fumando la pasta base de la cocaína - en algunos sitios se le llamaba “paco” y estaba elaborada con residuos de la propia “coca” se trataba con ácido sulfúrico y queroseno- que esnifando cocaína de la época y eso no se explica demasiado. Cuando Madrid le arrebata el primer puesto de atención gracias a la movida, nuestra ciudad decide apostar por el diseño y esa cultura fomenta un cultivo para la noche canalla que llegará hasta bien entrada la década de los 90. Pero yo sinceramente creo que la droga tiene poca incidencia en el proceso creativo de la gente de la que hablo en el libro. Yo recuerdo que la coca era un símbolo de ostentación de la época. La gente que manejaba en la restauración o en la hostelería, los peces gordos del momento, llevaban la coca en una frasco de vidrio. “Te la soplaban en la boca”, se decía entonces.

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