Especiales

Mi primer día en Soma

Los años de crisis y vacío cultural suelen poner en marcha la añoranza, el recuerdo de los tiempos mejores, de la juventud, de cuando lo pasábamos bien. Hay veces que ese sentimiento te sale del corazón, de manera automática, en un momento de melancolía y hay veces que estos recuerdos, te vienen por encargo.

Esto es exactamente lo que me ha pasado con este artículo y lo que significa, cuando mi cabeza estaba asentada en este presente tan gris que tenemos, cuando las ganas de seguir luchando por el techno flojean, cuando no tienes esperanza en tu ciudad y en tu país ...vuelve el pasado en forma de Soma Experimental Club.

Por un lado recibo la llamada en mi teléfono de Elesbaan Muñoz, alma mater y fundador de aquel sueño, para participar como artista en esta fiesta ‘Soma por un Día’ que da razón a este artículo y que se celebra el próximo 14 de Diciembre, por otro lado, David Sánchez, corazón de Clubbingspain, me llama igualmente para encargarme este trabajo.

Señales que ponen a funcionar mi máquina del recuerdo, que echa fuego cuando tecleo en mi google cerebral personal: mi corazón se dispara, los recuerdos vienen con fuerza, suben del corazón hasta los ojos y las lágrimas aparecen, no estoy de coña, es cierto. Hacía mucho tiempo que la emoción real no llegaba a mi maltratado cerebro debido a algo del pasado y aquí estamos, haciendo una vez más de abuelo del techno y recordando tiempos mejores, o más bien , los mejores tiempos.

En 1995 yo tenía 25 años, no era un nene, llevaba a mis espaldas la segunda mitad de los ochenta, había vivido lo que se denominó ‘la fiesta antigua’, ya entonces era parte de la escena microscópica de la ciudad con nuestro grupo Ballet Mecánico, Hd Substance acababa de nacer como proyecto personal, ya producía música electrónica y ya tocaba en directo con mis máquinas de segunda mano, había fundado junto a unos amigos la revista Undersounds, me acababa de separar de una novia que tenía desde los 15 y me había marchado a vivir solo, el mundo estaba lleno de oportunidades para mí.

El Madrid nocturno estaba en ebullición de nuevo tras los glorioso tiempos de Attica y New World, el techno, tal y como lo entendemos hoy en día estaba brotando y un chaval de apenas 20 años montaba un club que iba a hacer historia en la calle Leganitos, al lado de un prostíbulo de la vieja escuela y una comisaría de policía.

Elesbaan era compañero mío de colegio, unos cuantos cursos por debajo de mí, un día en las oficinas de la revista Undersounds recibo su visita, le envía mi compañero de sello Cocó, mitad del dúo Silvania que también trabajaban de residentes en el club, en aquellos días acabo de editar mi primer álbum en el sello Elefant y Cocó se dedicaba en aquellos tiempos a llevar el booking y le puso en contacto conmigo.

Se presenta con su particular voz y me explica que tiene un club, me dice que quiere que toque en él, cuando le digo que sí, no tengo ni idea de lo que esto iba a significar en mi carrera, no tengo ni idea de lo que voy a experimentar, tan solo me dejo llevar por el entusiasmo de este chaval ...

El día llega y me presento en la calle Leganitos con mi arsenal de chatarra y paso por esa puerta a primera hora de la noche para montar mi set y hacer la prueba de sonido. Lo que me encuentro no se aproxima ni de lejos a lo que imaginaba, un pasillo estrecho de apenas cuatro metros de ancho, con una larga barra de bar a un lado, avanzo unos metros y no veo pista de baile en ningún sitio, no veo cabina de DJ, ni escenario. Mi vista se pierde hacia el fondo de ese tunel e intuyo varias salas pequeñas al final, del tamaño de habitaciones de una casa convencional, no me percato que a mi derecha hay otro pequeño pasillo, muy estrecho, en el que apenas caben dos personas en paralelo, que dirige hacia otro habitáculo oculto, también muy estrecho de techno bajo, totalmente diáfano, sin barra, de baja altura, con la cabina a un lado del tubo y unos enormes altavoces ocupando el otro extremo, delante de ellos una improvisada tarima y unas mesas para colocar mi equipo.

Subido en esa altura y con el club vacío, veo que al final de ese espacio existe una escalera que dirige a alguna parte por debajo de mis pies, dejo lo que estoy haciendo y me dirijo hacia esa escalera. Bajo los peldaños y cual es mi sorpresa al encontrarme con una cueva subterránea laberíntica, con multitud de pasillos y pequeños huecos de distintos tamaños, en el más grande ellos una cabina de DJ montada en el suelo, sobre unas cajas de cerveza una mesa de mezclas y unos primitivos reproductores de CD, una pista de baile para unas 20 personas máximo...avanzo por las galerías y al final del laberinto otra habitación más grande con otra barra.

En mi vida había visto nada igual, no puedo imaginar un espacio así lleno de gente, estoy absolutamente poseído por el sitio en el que me encuentro. Subo de ese sótano, termino mi setup, encienden el equipo de sonido y la música de mis aparatos me golpea en la cabeza desde detrás, desde esas dos torres de altavoces y en ese momento me doy cuenta de que esa noche va ser una noche mágica, uno de esos momentos de tu vida en los que sientes que va a ocurrir algo importante.

Tapamos la colección de máquinas con una manta negra y nos vamos a cenar al principio de la calle Leganitos, al mítico O’muiño. Una hora y poco después subiendo de nuevo por la calle y a un par de manzanas de la puerta del club nos topamos con la cola,cientos de jóvenes esperando pacientemente para acceder al club, con sus flyers en la mano, con la misma cara que tiene la gente antes de entrar en el cine a ver un peliculón, rebasamos la cola y entramos en contacto con los porteros, me recibe un señor gordo con acento argentino y un playboy francés ( los dueños el club) y traspaso esa cortina de goma que separa la recepción del resto del club.

El sitio que había contemplado vacío hacía unas horas aparecía ante mis ojos totalmente transformado por proyecciones de diapositivas que cambiaban el color de las paredes a discreción, la música se escuchaba como un latido de fondo en la habitación paralela, dejamos la barra de lado y en el acceso claustrofóbico a la pista hay que hacer cola de nuevo, dejar pasar y que te dejen pasar, el calor es importante y cuando por fin lo atravesamos y entramos en la pista ya no es el espacio vacío que ví antes.

No es ni la una de la mañana y está repleto de gente bailando con los ojos cerrados al ritmo de la música de Chain Reaction, haciendo de lienzo de los visuales junto con las paredes, con el sudor cayendo del techo en forma de condensación en una comunión que nunca antes había experimentado al ritmo de una música tan básica y a ese volumen.

Subo a la cabina y allí está Santi Xpansul, jovencísimo, concentrado en su labor repartiendo ritmos del futuro que nunca antes había sentido con esa presión...magia.

La curiosidad me lleva a descender una vez más esas escaleras que llevan al sótano, traspaso la cortina de goma y la música más experimental del momento me recibe, camino por los pasillos, al ritmo de Autechre y en el espacio reservado a pista de baile están mis amigos de Silvania sentados en el suelo, con sus maletas de Cd, mezclando la crema de la electrónica mundial con maestría ante un público totalmente receptivo ...no me lo puedo creer, mis sueños de clubber se hacen realidad, la música que escucho en casa, la que mis amigos no entienden, la música que me vuelve loco está sonando en este club, en todos sus espacios, no estoy solo, acabo de encontrar mi casa...y vengo a tocar, creyendo que lo sé todo como artista invitado y me doy cuenta de que no soy el importante, que lo importante es el club, con 25 años entro en una nueva dimensión, todavía me queda mucho por aprender.

Esa noche de mi directo ni me acuerdo, supongo que bien, pero lo que me repetía en la cabeza constantemente era que yo quería formar parte activa de esa experiencia, que no me conformaba con lo de ese día, que necesitaba estar allí cada fin de semana disfrutando de mi sueño.

Por aquel entonces lo mío era tocar en directo, compraba muchísimos discos y pinchaba en mi casa pero nunca había pinchado delante de más de dos personas, no era Dj y mezclaba como el culo, con este currículum resultaba un riesgo muy alto pedirle a Eles que me fichara como residente y aun así , me tiré al barro y se lo propuse, ¿Porqué no hacemos otro espacio al final del club?, ¿un chill out? y mira tú por donde me dió la oportunidad y me hizo el tío más feliz del mundo.

En esa habitación de decoración árabe se escuchaba desde Led Zeppelin hasta Björk o Tangerine Dream, se ponía ambient durante horas o psicodelia de los 70, era un espacio libre como todo el club, un lugar donde se disfrutó durante años música de calidad, de todos los colores y cada fin de semana.

Allí pasé cinco largos años de mi vida y me hice como DJ, aprendiendo de todos, pasando horas en la cabina de la pista grande viendo a Eles o Santi o cualquiera de los tremendos invitados que cada finde nos visitaban, tomando notas mentales de todo, absorbiendo toda la energía de esos chavales de 20 años que me hicieron el profesional que soy ahora.

No tengo más que agradecimiento a estas personas, a toda la familia que formábamos en el club, desde los porteros a los camareros o la encargada del ropero o los dueños del local. Sin esta experiencia mi vida hubiera sido totalmente distinta, sin esta academia no estaría escribiendo estas líneas. No creo que vuelva a disfrutar un club de esta manera, con esta intensidad, el resto de mi vida, mi profesión me ha llevado por los mejores clubes y festivales del mundo durante mi ya dilatada carrera, pero el Soma era un sentimiento único, una experiencia que es muy complicado que se vuelva a repetir en mis carnes, unos años que me emocionan profundamente y que e este momento me impiden terminar el artículo sin lágrimas en los ojos.

10 TEMAS MÍTICOS DE MI ÉPOCA EN SOMA

IGNACIO - Virton


PLASTIKMAN - Minus Orange


OUTLINE - Blueprint 5


REGIS - Speak To Me


SLAM - Positive Education


F.U.S.E. - Substance Abuse


BEN SIMS / PHIL VERNOL / ROB JARVIS - Killa Bite 2 (A1)


DAVE CLARKE - The Storm

AUTECHRE - Eggshell


TANGERINE DREAM - Phaedra


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