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Especial: Primavera Sound 2011

Nueva edición del Primavera Sound que ya va por la 11. No nos hemos perdido ninguno. El recuerdo de cada una de las ediciones previas se va difuminando y confundiendo fechas y con el tiempo te vas acordando de los detalles más que de las propias bandas. La mente es caprichosa y tiendes a retener los sucesos. Este será recordado por algunos sustos como el llenazo de la noche inaugural que dejó a las puertas del recinto del Poble Espanyol a miles de abonados con la pulsera en la muñeca. También por el desastroso sistema de prepago de bebidas que se fue al garete de buenas a primeras y que del futurista año 2011 donde domina la tecnología móvil nos devolvió de un plumazo a los antiguos 80 cuando se podía pagar en efectivo en las barras. El Primavera Sound de 2011 será recordado también por ese nuevo escenario Llevant que abre el Fòrum hasta casi amenazar a los bañistas de la Barceloneta. El festival en su edición de 2011 se recordará como el festival en que nos hicimos viejos de golpe. Se nos ha hecho muy grande a algunos de los veteranos que sacábamos la lengua mientras pensábamos si valdría la pena superar la corriente en contra de los miles de aficionados que flotaban por el espacio (precisamente muchas de las opciones del festival están pensados para ese mismo target, cosa que es muy de agradecer a los programadores del festival). Esas distancias hacen imposible seguir el festival a partir de una planificación previa (es además el festival que más gente olvidada vuelve a cruzar en tu camino con el tiempo que se tarda en poner al día a tu interlocutor). De todos modos el San Miguel Primavera Sound 2011 también se salvó en lo musical por algunas propuestas que en despliegue Top Ten (orden cronológico) te mostramos a continuación:

Grinderman: Entrevistar al proyecto paralelo de Nick Cave siempre tiene efectos secundarios. Y eso que de la rueda de entrevistas que tuvo lugar en el hotel Me de Barcelona -famoso por sus fiestas en el bar Angels & Kings de la sexta planta- no participó el líder de la banda que también lo es de Nick Cave & The Bad Seeds, se supone que la banda oficial aunque nunca se sabe cual de los dos proyectos será el principal en el corazón de Nick Cave. Algo de mala simiente crece en la mente de su percusionista Jim Sclavunos que con pinta de hippie tronado comenta que lo mejor para escuchar su segundo disco como Grinderman “es ponerse en primera fila después de haber tomado una pastilla de éxtasis”. A la mayoría de las decenas de miles de aficionados que se apostaron delante del escenario San Miguel, el principal, les bastó con la sola presencia de Nick Cave para traspasar las puertas del cielo durante la hora y poco que duró el concierto. Ese efecto se repitió en todos y cada uno de los conciertos que tuvieron lugar en ese San Miguel que recibió a los cabezas de cartel de esta edición: Of Montreal, The Flaming Lips, Belle & Sebastian, Pulp, PJ Harvey, Animal Collective… Estos últimos rozaron el absurdo y acabaron con la magia de su última visita al festival donde acabaron de confirmarse a gran escala en nuestro país en 2008 –aunque previamente tocaron dos años antes con bastante menos afluencia de público-, esta vez ofreciendo una actuación que, como me decía un seguidor incansable del festival, parecía la venganza personificada bañada en ketamina del Manchester que horas antes había perdido la final de la Champions contra el Barça. A estas horas aún hay gente que se pregunta por las razones de tan desastroso sonido. Por cierto, el tema de la retransmisión de la final de Champions se solventó con una pantalla en el escenario Llevant –uno de los escenarios nuevos que además es el más alejado de la puerta principal a un kilómetro exacto del centro geográfico del festival que lo contamos con una de esas aplicaciones tan molonas del iPhone- y todos tan tranquilos.

P.I.L. (Public Image Limited): Si un veterano como Sclavunos aboga por el uso de estupefacientes para el deleite musical, está claro que a John Lydon, ex de Sex Pistols y cabeza de familia de P.I.L., debería predicar el consumo de los mismos como secreto para alcanzar la juventud eterna. Pese a las reservas iniciales que hay que tomar ante una banda veterana con miembros de más de 60 años –el Primavera Sound es especialista en reanimar cadáveres artísticos antes de su muerte definitiva- la banda de post-punk suena muy bien sobre un escenario como ese mastodóntico y debutante escenario Llevant. Sus temas publicados en los albores de los 70 y que tuvieron continuidad en esa década de los 80 tan necesitada de héroes de verdad se nutren de las texturas del dub dotando a sus temas de más plasticidad y longitud de recorrido (más de seis minutos cuando el punk predicaba temas rápidos y con carga anfetamínica). En 1979 proclamaron la muerte de la música disco con su hit Death Disco que sin saberlo se convertiría unas décadas más tarde en la simiente del nuevo neo disco actual, el oscuro, dramático y blanco, no tanto el orquestal, más groovie y por tanto más negro. Sobre el escenario aún tienen muchas cosas que enseñar a las nuevas generaciones. Y es aquí donde volvemos al primer punto: de donde sacan esa energía para empezar una primera lección introductoria. Por cierto, otro suceso festivalero a destacar, en este mismo espacio del Fòrum, el propio John Lydon protagonizó en julio de 2008 un lamentable incidente que nunca se llegó a aclarar del todo cuando agredió en los camerinos a Kele Obereke, miembro de raza negra de Bloc Party que según algunas versiones recibió un tortazo de parte del líder de los Sex Pistols que se reunieron para tocar en el Summercase festival cuando el joven se acercó al veterano para decirle que P.I.L. era su banda favorita. Creo que con las medidas de Big Boi (Outkast), que actuaba justo en esos momentos en el escenario Ray-Ban, no se hubiera atrevido a tocarle un pelo.

Suicide: Nunca antes un grupo había concitado tal divergencia en las opiniones del público. Ante lo que pensé fue el timo del año –sonido insufrible, una irritante postura de “niños malos” a sus más de 60 años que no encajaba del todo con el look trasnochado a lo Gadafi de Alan Vega…- me decidí a sondear feedbacks de aficionados a Suicide que a partir de finales de los 70 se convirtieron en influencia para posteriores generaciones de productores de synthpop, techno, industrial y la nueva ola new wave que tuvo en el electro-clash su punta de popularidad. Se dice incluso que la primera vez que se utilizó la palabra “punk” para promocionar un concierto fue precisamente para describir la actitud de la banda de Alan Vega y Martin Rev en un concierto en NY. Pese a toda esa pléyades de grupos que han citado su primer álbum homónimo que vinieron a (re) interpretar en el Fòrum, la banda no se tomó en serio a si misma. Y parece ser que ahora que tienen un pie y medio en la tercera edad no van a cambiar de actitud. Para mi el sonido se resintió con ese discurso extra musical, pero está claro que antes y ahora lo más importante sigue siendo la actitud. A ellos les sobró.

Moon Duo: Si Suicide decidieran repartir “actitud” de la buena entre las bandas contemporáneas es probable que estos californianos se quedaran fuera de la rueda. Se quedarían con la música de la que los propios Moon Duo son fans declarados. El proyecto paralelo de Ripley Johnson, su principal arma son los Wooden Shjips también la onda triposa californiana, es ante todo actitud y una secuencia eterna como la vida misma. Un lujo para los ingenieros de sonido a los que apenas dan trabajo con su guitarra y su teclado a cuestas. Nada más. Tanto y tan poco a la vez. Si de algo va sobrado el ideario musical de Ripley Jonson es de premisas krautrockistas como las de Neu! y sus bases formando en bucles infinitos. Su segundo álbum Mazes es algo más pop y melódico que su predecesor y eso que lo grabaron en la gris Berlín. Es un rayo de sol que es consustancial a los factores metereológicos de la Bay Area, el epicentro de la movida psicodélica de la costa oeste norteamericana. Eso también es actitud.

Pere Ubu plays “The Annotated Modern Dance”: Otros de los veteranos de guerra a los que había que visitar el viernes por la tarde en el escenario Ray Ban. Otro de esos grupos que escribieron sus propias reglas sobre cómo y a qué debía sonar su propia música. De esas bandas que en el Cleveland de mediados de los 70 se encontraron con todo por reescribir en la llamada escena No Wave de la que también tiraron bandas como los ya citados Suicide o Glenn Blanca Enemble que también estuvieron en el Fórum pero me los perdí aunque me dijeron que estuvieron simplemente arrolladores. Pee Ubu vinieron a Barcelona para presentar su primer disco Modern Dance que es uno de esos 1001 que dice el libro no deberíamos de dejar de escuchar antes de morir. Rock sin escuelas, ni partituras, ni ataduras estilísticas que va bien cosido al discurso del lenguaraz David Thomas. El líder de la banda se mostró parlanchín –estremece su voz y sus gorgoritos de narrador omnipresente- como suele ser norma en él. Thomas fue una de las figuras que dinamitó el punk desde dentro con contínuos exabruptos con el nihilismo desencantado del movimiento punk original (vamos que John Lydon tampoco hubiera hecho muy buenas migas con Lydon). Y es que Pere Ubu son ante todo compromiso.

Ariel Pink’s Haunted Graffiti: Lo primero que me extrañó al acercarme al escenario por la rampa de las pantallas solares que presidía el escenario Pitchfork, justo en las antípodas del Llevant, el más cercano a Sant Adrià, fue la cantidad de gente congregada ante un Ariel Pink que parece se ha convertido en una verdadera estrella de pop. Tal vez ahora que se ha sacado de la manga esta banda llamada Haunted Graffiti con la que grabó su último álbum Round and Roun (4AD) aclamado por las listas de lo mejor del año pasado es tiempo para dejar de lado su sonido lo-fi –en muchos puntos cercano a la química del recuerdo tan propio del gol-fi- y apuntalar maneras de frontman rebelde que no duda en parar su concierto para irse a encender un cigarrillo que es ideal para atraer jovencitas. Algunos temas incluso fueron coreados por un público de diverso pelaje en el que coincidieron gentes locales con otros venidos de fuera de nuestras fronteras.

Kode9 Burial set: La pregunta que resumiría este ítem sería: ¿Está justificado un set del responsable de Hyperdub relleno únicamente con temas de Burial a la una y media de la madrugada? Por tonterías como esta Burial me está empezando a caer gordo. En su segunda cita con el público del Primavera Sound, Kode9 se decantó por una sesión armada con los temas más verbeneros del último tramo de la música con raíz rave. En ambos casos Kode9 salió a asegurar el marcador.

Ford & Lopatin: Otro que repitió actuación fue Daniel Lopatin, el jueves por la noche como Oneothrix Point Never –con el que también ha pegado un estirón hacia el pop de masas a tenor de la cantidad de público congregada en el espacio ATP- y un día después vuelta al Fórum para tocar junto a Joel Ford (Tigercity) en el proyecto antiguamente conocido como Games. Proyecto con el que inicialmente pretendían acercarse al pop que sueña con volver a los 80 –melodías reconocidas de otro tiempo que siguen sonando fascinantes- que sobre el escenario queda reducido a un set bailable sin demasiado interés para los más avezados clubbers (y que en algún momento aprovecha de manera algo oportunista la voz de helio de las producciones de Burial que a la postre sirvieron para anunciar la llegada del invitado de después, Kode9). Su primer álbum presentado hace muy pocos días, mezclado por Prefuse 73, nos habla de una industria musical regentada por potentes robots. Me temo que en un mercado de tal calado el directo de estos dos muchachos sería super-ventas. Muy mecánico y predecible. Por mucho que esos mismos robots desconocieran que Kelly LeBrock es la chica de la portada de su álbum Channel Pressure.

Swans: Otra de las propuestas que podrían entrar en esa etiqueta difusa a conciencia que es la no wave. Swans protagonizó uno de los conciertos más redondos de los pocos que pude ver por lo menos hasta llegar al 80% de su duración total (obviamente todos los aquí comentados). Otro de esos grupos que entrarían también en el formato de inscripción del festival “bandas-que-se-retiraron-hace-tiempo-pero-vuelven-a-los-escenarios-porque-son-más-grandes-que-la-vida-que-no-puede-estar-sin-ellos”. Por eso el año pasado publicaron My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky de nuevo a las órdenes de un Michael Gira que también parece en buena forma después de dejar a la banda en stand by allá por 1997. A destacar también la fogosidad de las dos baterías, Thor Harris y Phil Puleo, que dejaron a cuadros a cualquier novel de la percusión. Y que así siga siendo.

DJ Shadow: Bajó de una cabina en forma de huevo (así, literal) y ahí se acabó el chiste. Más verbenero que de costumbre parece que Dj Shadow conoce de sobras al público standard de los festivales. Lo que ocurre es que el público medio que va a un festival se puede llevar a la confusión con un batiburrillo sónico algo predecible. Me acordé del estratosférico live act en clave turntablism de Dj Koala hace ya algunos años. Dj Shadow lo hizo tan fácil que su discurso tanto estilístco como musical nos supo a poco.

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Web: Primavera Sound

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