Especiales

No es clubbing para viejos. Parte 1

"No dejamos de jugar porque nos hayamos hecho viejos. Nos hacemos viejos porque hemos dejado de jugar".
George Bernard Shaw
Este viernes tiene lugar en BeCool una fiesta titulada Decline and Fall of Club Culture Empire. Una fiesta con muchas particularidades. La organizan dos Djs veteranos con más de 20 años en las cabinas que no quieren dar su nombre por razones que más adelante explicará uno de ellos. Otra de las singularidades del evento es la política de puerta y promoción que los promotores han convenido con la sala: los mayores de 30 años entrarán (entraremos) gratis. La tercera característica que convierte a esta fiesta en algo fuera de lo normal salta a la vista, claro. El nombre contiene un tinte crítico y feroz respecto a la actual situación de la cultura de clubs: “Declive y caída del imperio de la cultura de club”. Hablamos con uno de los dos Djs que organiza la fiesta y que prefiere mantenerse en el anonimato, no porque sus declaraciones sean comprometidas, si no por no romper una de las premisas sagradas de la fiesta: “No importa quien pinche mientras la música sea de calidad”


“¿Por qué el anonimato? En los 90 mucha gente se movía independientemente del Dj que pinchara. Por aquella época no se había llegado a la obsesión del “dj invitado” que creo es una deria que ha llegado a dañar profundamente a la cultura de clubs de este país. Hace diez años el público se movía por la música que, además, era variada y no estaba encasillada en una escena. Entonces reivindicamos el concepto de Dj residente que es el que conoce al público y el que puede jugar con ellos. A fin de cuentas el trabajo del residente ha sido siempre más rico musicalmente hablando porque además al invitado siempre le cae encima una expectación tan grande que al final no puede moverse libre y al margen de lo que el público espera de él… que para eso ha pagado la entrada para verle. Entonces nosotros hemos decidido guiarnos por una máxima que es: “No importa quien pinche mientras la música sea de calidad”.


“No reivindicamos un “Vuelven los 90”. Lo único que intentamos es pasárnoslo bien e ir un poco más allá en la revisión. Es decir, se trata de poner música que interese a los que pasan de los 30 años pero además dando profundidad a todas esas escenas que nacieron y se desarrollaron en los 90. No vamos a pinchar una ristra de hits porque tampoco tendría sentido. Las fiestas empiezan y acaban con los hits. Se supone que nos dirigimos a un público adulto que además quiere reconocer y conocer temas que por una razón u otra les pasaron desapercibidos en su momento. Tampoco hay que darle más importancia. Principalmente a lo que vamos es a pasárnoslo bien a partir de un hilo musical que va desde la época del Hacienda y últimos años del house de los 80 hasta el 2000”.


“Yo hasta que no tuve el último disco en casa no me vine a dormir a mi nueva casa”, nos comenta el misterioso residente al hilo de su amor por el plástico redondo que primará en estas fiestas de carácter bimensual (la próxima será el 23 de abril). “La idea de la fiesta se centra en la música de los 90s porque tirar más para atrás sería exagerar demasiado el revisionismo, teniendo en cuenta que se trata de una fiesta que tampoco quiere sonar exclusivamente “remember”. Mi socio y yo hablábamos de que a los que ya tenemos una edad y aún nos gusta salir a escuchar música, no todos los findes pero si vez en cuando, contamos con muy pocas opciones de fin de semana por lo menos en esta ciudad (Barcelona). Por norma te tienes que limitar a pocos clubs, siempre llenos de un tipo de público muy joven, en el que normalmente se pincha la música que se lleva o está de moda. Eso es todo. Debería haber alguna opción más”.

“Unidos por la música, jóvenes de extracciones étnicas, u orientaciones sexuales y edades diversas bailan alegremente en la pista repleta disfrutando con los ingeniosos trucos acústicos del disc-jockey. El sentimiento de comunión se acentúa a medida que la música ensordecedora, combinada con efectos visuales, atrapa a los participantes —ritmos y pulsaciones de una máquina mensajera de paz, amor y unidad. Bienvenidos a Body and Soul, en el corazón de Nueva York, un club donde la pista de baile hace realidad el sueño de una isla utópica donde, según una diva de la música dance, “cada cual es libre de pasarlo bien”.
Extracto del artículo publicado originalmente en el Correo de la UNESCO en su número de Julio-Agosto 2000 y escrito por Hillegonda C. Rietveld, autora de “This Is Our House: House Music, Cultural Spaces and Technologies” (Ashgate,1998).


“La historia es dar una fiesta cada dos meses en viernes. ¿Por qué en Becool? Sobretodo porque la zona en la que está ubicado el Becool se libra de toda esa masificación que se da en otras zonas habilitadas “para salir de noche” de Barcelona. El que quiere ir al Becool tiene que ir expresamente allí porque no es un sitio de paso. Además tiene un público un poco más adulto que es algo que siempre me ha gustado de este club. Y hay otra tercera razón y es que si hubo un local en Barcelona donde se vivió la cultura clubs en todo su esplendor en esta ciudad fue en el primer Nitsa que residía en el actual Becool. Y ahora es un buen momento para que nosotros montemos fiestas allí ahora que la pista gira, un hecho que desconocíamos cuando les propusimos nuestro concepto a los gestores del club. Pues perfecto, nos marearemos otra vez”.

“En la música dance, al igual que en otras formas de cultura popular, la distinción no se da en los planos estético y formal, sino también en la forma de comprometernos con los elementos estáticos y las prácticas culturales: en el modo de experimentar y de participar en las culturas de la música dance. Las autenticidades se basan en la evaluación de los distintos modelos de práctica. Está claro que algunos integrantes de las culturas juveniles como el dance, los DJ, los productores musicales, los compradores de discos o los clientes de bares, valoran una forma determinada de compromiso que consideran más activa que otros tipos de consumo cultural popular. Al igual que los miembros de muchas otras culturas, entre las que se encuentra la académica, privilegian la noción de compromiso (asistencia regular a un local determinado, implicación en la promoción u organización de una velada, prácticas en funciones de DJ, colecciones de discos), y la adquisición y exhibición de conocimientos. Por consiguiente, desde el punto de vista del capital cultural, no basta simplemente con salir a bailar”
“Cultura y políticas de la música dance”. Jeremy Gilbert & Ewan Pearson. Paidós Comunicación.


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