Especiales

Primavera Sound 2005

Pistoletazo de salida
El Primavera Sound baja de las montañas para encontrase con el mar del Fòrum y a fe que la brisa marina le sienta muy bien. El Poble Espanyol tenía su encanto pero con este nuevo emplazamiento nos hemos dado cuenta que era igual que esos lofts de diseño que se llevan ahora, tan coquetón como pequeño, con demasiados rincones bellos que, funcionalmente hablando, imposibilitaban la buena circulación de energías y de caudal humano. Los terrenos del Fòrum permiten el esparcimiento sin necesidad de pedir ticket para hacer acopio de reservas de oxígeno. La fiesta de presentación del jueves –cada año más larga y ya casi asimilable en contenidos a un día normal de festival- demostró que por suerte o por desgracia hay cosas que no cambian: Los Planetas siguen haciendo números para que los castiguen en próximas ediciones del festival a tocar a las cuatro de la tarde como al asturiano Nacho Vegas. Y no lo decimos nosotros, que nos quedamos hace años atrapados en “su motor de un autobús”; son sus fans los primeros en reconocer como bueno el dicho aquel que dice que son mejores en disco que sobre las tablas. Más tarde, Sevices demostraron que la new wave de la new wave sigue imparable como una ola gorda precediendo a un Max Tundra tan inclasificable como alocado, con un pop electrónico campestre que le ha valido ediciones en sellos tan dispares como Domino y Warp. Vitalic enchufó su “Poney part 2” justo en el momento en el que muchos empezaban a pensar aquello de “Mañana viene lo bueno” antes de encarar el final de más de doce horas de premiere primaveral.

De culos y tetas
El hat trick al que se apuntó la mayor parte de los asistentes del sábado contó con tres patas principales: Iggy & The Stooges New Order Human League en el escenario Nitsa-Apolo. De los primeros se podría decir que su frontman Iggy Pop sigue haciendo gala de unos pantalones elásticos milagrosos que aguantan lo que le echen antes de caer al suelo y dejar con las vergüenzas al aire a la mítica iguana. A punto de morir asfixiado al atragantarse con un hueso de pollo, comentaba atónito el de Michigan hace unos años que “lo que no pudieron hacer las continuas drogas estuvo a punto de conseguirlo el inofensivo hueso animal”. Ya se sabe que lo que no mata engorda, así que encaró hasta dos veces “I wanna be your dog” y tan contento que se fue del festival. Entre Iggy Pop y New Order dio tiempo a ver uno de los conciertos con más empaque de la noche del viernes, American Music Club en el escenario Rockdelux. El grupo de San Francisco liderado por Mark Eitzel presentaba nuevo disco, “Love songs for Patriots” para convencer a propios y extraños con la sutileza de su folk-rock con ínfulas. El video clip del clásico “Debaser” de los Pixies fue coreado por los miles de aficionados que esperaban expectantes a los cabezas de cartel de este año, New Order: “Chain andalusian” gritaban todos en un guiño de la organización a modo de puente entre los cabezas de cartel del año pasado y los del presente. Los mancunianos se sabían vencedores desde el principio sin bajarse del autobús –del de Los Planetas no, más bien del de Helenio Herrera- e hicieron gala de una flema británica que animó a Bernard Summer a formular continuos reproches dadas las malas críticas de su último álbum “Waiting for the sirens call”: “Sabemos que no ha gustado en España nuestro nuevo material, ahora vamos a tocar “Crystal” y os jodéis”. Jodienda doble cuando se presentaron y despidieron con un “Viva España” que sonó a The Beatles entrando hace cuarenta años por la Monumental ataviados con montera. “Como no os sabéis las canciones del último disco ahora os vamos a regalar los clásicos” acabó por sentenciar Summer que regaló a los incondicionales “Atmosphere” y “Blue Monday” para acabar. Pocos minutos antes habían cometido la bendita herejía de tocar “Love hill tear us apart” de Joy Division con el que el festival se apuntaba su cuota de misticismo con división de opiniones al abandonar la explanada principal del Fòrum. Por su parte, The Human League jugaron también a repasar hits y abrieron su concierto, que tenía que haberse celebrado el año pasado para repasar su “The very best of”, con “Seconds”. “Mirror man” o “Tell me when” de entre los más aplaudidos y “Don’t you want me baby” entre los más coreados. Philip Oakey le puso mucha más ganas que Bernard Summer, incluso hizo más metros sobre el escenario. Cuestión de actitud. Y es que The Human League venían a cumplir lo prometido mientras New Order se pasearon a sabiendas que los festivales más importantes de este país se los habían rifado. A esas horas la gente non stop de la electrónica esperaba a Alter Ego y a los chicos de Kompakt confinados en la pequeña carpa Estrella Damm con temazos de temporada como “Never be alone” de Justice vs Simian. Michael Mayer y Jennifer Cardini –pinchó a nuestro Iñaqui Marín- se peleaban a ver quien pinchaba el techno más sexy hasta que decidieron dar rienda suelta a la testosterona. Un par de apuntes antes de acabar el repaso del viernes: lo único artificial del punk de Genesis P-Orridge como Psychic TV fueron sus nuevas tetas. Si señores, el ex Trobbing Gristle se ha apuntado a la moda silicona sin que su punk desatado necesite de incómodos sostenes. Otra curiosidad: Nouvelle Vague rubricaron su concierto del escenario Nasti con su versión de “Love Will tear us apart” –incluida en su homónimo álbum para Peacefriog- momentos antes de que el mismísimo Bernard Summer se disculpara por tocar el susodicho tema invocando de esta manera el espíritu de Ian Curtis, cinco lustros después de su muerte.

Hago chas y aparezco a tu vera
El sábado se rompieron todas las previsiones a priorísiticas debido a un cansancio general que obligaba a picotear de los escenarios más cercanos. Esa rara avis que es Guillamino no tocó su mezcla de sardana y house, “El mal moment d’Eivissa”, incluida en su último álbum “Somnis de llop”, aunque se presentó en el escenario con una banda de corte más o menos clásico para juguetear con el blues y el soul peinado a golpe de tramontana locuela. Más tarde, Sonic Youth jugaron a ser Sonic Youth con un concierto standard con guitarrazos de su último álbum “Sonic Nurse” que dio rienda suelta a los esperados Gang of Four. “Es el concierto al que hay que ir”, me comentaba horas antes una Christina Rosenvinge que se alegraba de tocar a las seis de la tarde porque así tendría tiempo de ver a sus queridos Sonic Youth. La señora de Loriga nunca podrá agradecer suficiente a los neoyorkinos su ayuda para superar el trauma post-Álex y Cristina, así que, suponemos, se situaría en primera fila para aplaudir al combo de Kim Gordon. Algo después, los de Leeds hicieron buenos los augurios de la Rosenvinge para reescribir la historia del post-punk ahora que el término está tan de moda: se bastaron con su disco de debut, “Entertainment” de 1979, para meterse en el bolsillo a todos los de su generación que abominan de LCD Soundsystem –que bueno su concierto a eso de las seis de la mañana de hace un par de años- y demás coetáneos. El chiste de moda el sábado de festival fue “¿Has entrado a Tortoise?”. La cola enorme que se plantó delante del Auditori fue de aúpa y dejó sin ánimos a los medrosos. Los valientes que se animaron a entrar dicen que, literalmente, volaron ante las buenas artes de las huestes de John Mc Entire y su post-rock chicaguero.

En general, hubo de todo y para todos en un festival que tiró de grandes nombres en el apartado indie-rock-pop-folk que en esta ocasión se vieron trufados por artistas electrónicos en la órbita del Nitsa –y por tanto accesibles cada cierto tiempo en el club del Apolo- que tomaron posiciones a última hora de la madrugada (Nathan Fake, Wighnomy Brothers, Dj Coco, Soft Dj…). Estos últimos no aportaron nada nuevo bajo las estrellas –tampoco es necesario en un festival donde hay que hacer mover el culo a una cantidad de gente que daría para llenar esa noche una docena de Nitsas- pero fueron suficientemente solventes como para dejar un buen sabor de boca ante tamaño festín primaveral. Sin alergias ni apneas que valgan, el verano se presenta calentito.
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