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Suso Sáíz

Suso Sáíz

Publicada el 19 Diciembre 2016 por David Puente
Suso Sáiz ha visitado Barcelona dos veces en menos de dos meses. Estuvo a finales de octubre en el festival LEM en un concierto donde coincidió con el batería Xavi Melero y el guitarrista David Soler y hace unas semanas se dejó caer por Casa Bonay  como invitado a la fiesta de la emisora neerlandesa Red Light Radio que se trajo hasta el Eixample barcelonés una bacanal de new age en co-producción con el sello  Music From Memory en el que también se pudo ver y escuchar al pionero del ambient italiano Gigi Masin. Fue imposible poder entrevistar a Sáiz esos días, así que hemos tenido que tirar de Skype para poder conversar con este pionero del new age, que como todo pionero que se precie, no se aprecia como tal. Lo que está claro es que últimamente está siendo muy reivindicado, gracias a la retrospectiva en formato doble LP, Odisea, que publicó el sello neerlandés en marzo pasado. Imposible abarcar las infinitas producciones de este guitarrista de lo imprevistamente etéreo, nacido hace 59 años en Cádiz. Si no tienes a mano uno de sus discos, nada mejor es escucharle hablar. 
¿Qué estás haciendo estos días? Te imagino muy ocupado y liado en mil proyectos a la vez. 

Pues ahora estoy medio tranquilo, aunque esta mañana he estado grabando una sesión con un amigo pintor y poeta de Huesca, con el que estoy colaborando en un disco con poemas suyos. Vamos quedando cuando podemos, la verdad es que es una grabación muy extendida en el tiempo, grabamos una sesión cada tres o cuatro meses, porque está un poco pachucho y cuando puede se acerca por Madrid. Pero lo que hacemos es muy interesante porque es un tipo excepcional. 

Te gusta colaborar con otros y aportar tu música a las creaciones de otras personas. 

Es una actividad que me gusta hacer a menudo, pero como me gustan miles de cosas más. Le entro a muchas cosas. Mira, te puedo decir que he pasado gran parte de mi vida solo. Metido entre cuatro paredes, trabajando en rollitos que a mucha gente le pueden parecer que se limitan a apretar un botón y ya está, pero que en realidad remiten a un trabajo laborioso. Dotar de carácter a esto que se llama música electrónica supone pasar muchas horas solo. 

Así que ya te digo, la mayor parte de mi vida la he pasado entre cuatro paredes probando cacharros, desmontando sistemas operativos, provocando que instrumentos que están concebidos para una función concreta puedan servirme para otras funciones para las que no estaban diseñados originalmente como, por ejemplo, hacernos soñar. En realidad, éste ha sido siempre mi principal objetivo. Coger una guitarra y en vez de tocar rock & roll, pues someterla para que emita otros sonidos alejados de lo que en principio se espera de una guitarra. 

Por eso disfruto tantísimo cuando me pongo a trabajar con otros que tienen ideas distintas y sienten la música de manera distinta a cómo la siento yo mismo. Es una maravilla porque me saca de esas cuatro paredes y sobretodo de mí mismo. Y entonces es cuando aprendo de verdad, porque eso de mirarse siempre al ombligo pues deja de tener gracia con el tiempo. Para evolucionar necesitas de los otros. Yo pretendo seguir aprendiendo mientras siga viviendo. Para conseguirlo debes dejar que el mundo exterior te vaya alimentando. 

El hecho de que hayas trabajado solo también ha motivado que tu música sea siempre muy evocadora. 
 Puede ser. Pero mira, yo me considero melómano antes incluso que músico. Creo que la música tiene un poder brutal sobre nuestro estado de ánimo. Creo no se puede comparar con nada. Eso es lo que tiene la música, que te permite desplazarte y teletransportarte de manera casi física pero sobre todo psíquicamente. Es el mejor teletransportador que conozco. 

Un día sales de tu estudio y de esas cuatro paredes y te enteras que eres pionero de la música new age en nuestro país. No sé si eras consciente por entonces que estabas haciendo new age. 

 Nunca lo entendí porque nunca pensé que hacía new age. Cuando todo el mundo me empezó a etiquetar en esa historia y se incluía mi nombre al lado de otros artistas que supuestamente hacían new age, todavía lo entendía menos, porque a muchos de esos músicos ni los conocía, ni me parecía que lo que estaban haciendo tuviera relación con mi sonido. Con muchos de esos artistas no he sentido nunca cercanía alguna. 

Creo que tiene más que ver con una cuestión cronológica que con una cuestión puramente estética, todos esos artistas éramos coetáneos. Creo que la mayor parte de la música que he producido no se ciñe a los cánones de la new age. Nunca me he sentido sujeto a las opiniones de los demás. Si alguien dice que hago new age pues estará bien dicho. No le doy muchas vueltas. Empecé a hacer música cuando surgió la new age y por eso me han colgado el cartel. 

Con el tiempo, la etiqueta new age empezó a sufrir cierto desgaste y a estar muy mal considerada. De hecho, no se te vuelve a reivindicar con fuerza si no es gracias a una retrospectiva del sello neerlandés Music from Memories, con lo que de rebote vuelves a interesar a un montón de jóvenes. De tal modo que hace poco vuelves a Barcelona para tocar en un evento organizado por una emisora neerlandesa como es Red Light Radio. ¿Cómo has vivido este fenómeno? 

De una manera un tanto paradójica, porque a mí el pasado me interesa bastante poco. De hecho, cuando desde Music from Memory me preguntan si estoy interesado en la retrospectiva les digo que no. Estuvieron dos años detrás de mí y siempre les daba largas. Además, es que no soy amante de mi propio trabajo. Disfruto con la producción, pero después no soporto escuchar mi música porque siempre detecto imperfecciones. No paraba de preguntarme, "por qué estos holandeses quieren sacar estas cosas que a mí me parecen una porquería". Gracias a su insistencia, al final accedí, fueron tan cabezotas que al final me convencieron... Y es verdad que la experiencia posterior ha sido muy positiva. Han acercado mi música a toda una generación que desconocía totalmente mi trabajo. Y bueno, ahora he recuperado un cierto cariño hacia mi música porque lo que me ha traído de vuelta pues encuentro que es muy positivo.

En este país ya sabemos lo que pasa, si no estás en el top de lo que se supone es mainstream dejas de existir rápidamente. Hay gente espectacular en España de la que no tenemos constancia de su trabajo porque nadie lo difunde. Es una característica nacional. Yo mismo, ante la ausencia de feedback, empecé a trabajar para otros. Llega un momento en el que llegas a circunscribir tu música al puro trabajo de encargo o a un círculo muy reducido de gente que es la que valora realmente tu trabajo. Es como que neutralizas esa ambición de compartir tu música con la gente, porque no llega el feedback ni social ni económico necesario para seguir trabajando en tu sonido. Fuí reduciendo mi presencia pública como autor, porque no me interesaba. Incluso me plantee desaparecer totalmente. 

Y te va bien. Acabo de entrar en tu Facebook y veo que mañana mismo, para el lector el pasado 16 de diciembre, publicas unas remezclas en el sello Fohen para una banda de Barcelona, Seward. 

Bueno, no sería el concepto de remezcla que tenemos todos en mente. He construido ambientes a partir de un disco de Seward. He seguido haciendo esto durante todos estos años. Bandas sonoras, música para otros… Lo que pasa es que la he colocado en el sitio para el que me lo habían pedido y punto. Lo que dejé de tener es actividad pública, dejé de tocar en directo unos nueve años. Estuve más metido en grabaciones, me resultaba absurdo tener que pelearme con el mundo para que se me tuviera en consideración. 

Llegas incluso a trabajar para Beth de Operación Triunfo. Qué es más complicado, ¿trabajar con Beth o con Javier Corcobado? 

Pues si, produje un disco en inglés de Beth... Pero yo no diría que es más fácil o complicado trabajar con este o aquel artista. Porque cuando entro en el estudio para trabajar con otros, dejo de lado al Suso Saiz persona y me pongo a pensar como productor. Es que no hay otra manera de trabajar para otros si no entras en el estudio libre de prejuicios. Cada artista requiere de un trabajo distinto. Siempre he independizado los proyectos. Cada encargo es un trabajo nuevo que intento producir como si no hubiera producido ya unos 200 discos en mi carrera. Quiero que sean discos distintos y siempre cambio mi manera de trabajar. Porque entiendo que las fórmulas le quitan honestidad al trabajo de un productor. Creo que trabajar de esta manera es una falta de respeto para los demás. Para el artista que te contrata y para su público. Es que cada artista como persona que es, lleva algo dentro que, como productor, tienes que sacar a la superficie. Y eso no se consigue con una fórmula que se repite igual en cada encargo. 

No te gusta hablar del pasado pero permíteme que te pregunte por otro proyecto tuyo muy interesante y que también se ha reivindicado en los últimos tiempos. ¿Qué significó Orquesta de las Nubes en tu carrera? 

Pues fue mi primer grupo y eso significa muchísimo. Yo tenía 17 o 18 años cuando arrancamos con ese proyecto. Estuve quince años metido en este proyecto con Pedro Estevan. Antes de empezar el proyecto, a finales de los 70, ya me interesaban músicas medio marcianas. El minimalismo estadounidense de Phillip Glass y Steve Reich, las músicas no occidentales… En mi círculo de conocidos no había nadie por entonces interesado en estas músicas. Así que cuando conocí a Pedro, pues te puedes imaginar, nos pusimos como locos a interpretar piezas de nuestros compositores favoritos. Y a partir de ahí empezamos a trabajar en nuestro propio sonido. De hecho, tardamos bastante en grabar nuestro primer tema. Se puede decir que Orquesta de las Nubes es el germen de todo, fue mi escuela. Donde realmente aprendía era en esas interminables horas de estudio. 

Y llegan los 90, se desata la cultura del Dj y todo eso de la electrónica para masas y a Suso Saiz todo eso le pilla en qué momento de su carrera… 

Pues hice programaciones para algunas producciones. Escuché mucho trip hop, creo que fue de los grandes momentos de la música de los últimos 30 años. Se los cepillaron de manera absurda. Los tacharon de marcianos, de snobs y otros se pasaron al mainstream, con lo que rápidamente se cargaron el movimiento. Algunos de esos artistas me pedían sonidos para samplear para sus propios discos. Era un fiel seguidor de toda esa corriente. Esos finales de los 80, principios de los 90, fueron muy importantes para la música popular hecha con electrónica, porque de repente entraron con fuerza los ‘no músicos’. Porque venían cargados de otro tipo de exigencias en su obra. La faena es que todo aquello fue subiendo de tal manera que esos ‘no músicos’ intentaron convertirse en número 1 de las listas y esa progresión acabó quebrando. El mainstream se los acabó comiendo con patatas. Dejaron de ser la reserva espiritual de occidente, a convertirse en un artista pop más en todo este entramado. Degeneraron en gente chabacana y vulgar que sólo quería beber champán, viajar en limusina y vivir a todo trapo. 

Pero creo que ahora está pasando algo parecido a esos finales de los 80, todo está tan desfigurado y atomizado… ¿qué estilo es el que se lleva ahora mismo?... cada uno hace la guerra por su cuenta… Toda esa dispersión está favoreciendo que la gente se anime a hacer cosas interesantes. Ese por-qué-no-lo-hago-si-total-nadie-me-hace-caso es vital para mover la creatividad. Esta miseria y crisis que contamina todo acto humano, esta crisis moral que lo tiñe todo a su paso, ha provocado que mucha gente se tire al vacío sin red. Nos hemos dado cuenta que somos miserables, pero esa reflexión ha generado una cierta libertad creativa. Se han multiplicado los festivales que dan cabida a propuestas muy minoritarias, que antes no tenían un escenario en el que mostrarse a un público.



Más información:

Suso Sáiz: Discogs

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