Entrevistas

Jon Sa Trinxa

Jon Sa Trinxa

La historia de Jon SaTrinxa es de las que te hacen creer en el destino. De las que te abre las pupilas y te hacen exclamar un “¡Joder!” interior. Sí, sí; ríanse ustedes de mierdas hippies pero lo cierto es que hay magia ahí. Y lo mejor de todo es que Jonathan Grey es muy poco esotérico, por lo menos a simple vista. Es sencillamente un hombre con algo más de medio siglo a sus espaldas. Reposado, afable, casi risueño e independiente. Hace 4 años que lo conozco personalmente y siempre he tenido la sensación de que ha vivido a su ritmo y como ha querido. Sin pedirle nada a nadie. Una especie de “dejadme tranquilo” pero sin acritud ninguna. Un DJ que lleva casi treinta años pinchando, siempre ajeno a la industria de la música y al show business. Viviendo los veranos en Ibiza y viajando de aquí a allá en invierno. Siempre cómodamente. Sin forzar la máquina. Pasando temporadas en Bali, Tailandia, Perú, Panamá, Estados Unidos, Japón, Italia o Dinamarca o cualquier país que se puedan imaginar. Todo ello pinchando música no dirigida al club de turno. O si. 

Su historia de amor con la música y los acontecimientos que le precipitaron a ser uno de los Dj´s más respetados de eso llamado balearic están descritos a viva voz, por él mismo, mientras compartíamos el pasado Octubre un café a la hora del té en San Rafael, el corazón geográfico de la isla de Ibiza. ¿Cómo fue el pasado verano?
Pues he estado desde mayo pinchando en beach parties por toda Europa, Nueva York y Sudamérica, además de pinchar en mi residencia en Sa Trinxa y mis otros bolos en Ibiza durante el verano. Muy bien gracias.

Parece que eres más popular ahora que antes fuera de Ibiza
Bueno estoy consiguiendo más bolos fuera aunque creo que mi popularidad ha sido constante los últimos años. Algunos DJs crecen tan rápido como bajan. Yo no soy un DJ que este aquí por la gloria o pinchando para dos mil personas saltando como monos.

¿Nunca has hecho eso?
Si, lo he hecho, pero no es para eso que me dedico a esto. Mi trabajo es diferente al DJ de un club al uso.

¿Consideras que estás en otra la liga?
Hay muchos DJs profesionales y amateur que lo son porque aman la música. Ese es el denominador común de los DJs de “balearic”, pero ninguno de ellos es igual que el otro. Somos todos diferentes, en diferentes partes del mundo. Una colección de “music lovers” 360º interesados en escuchar y pinchar cualquier estilo.

¿Y por qué crees que el nombre de balearic se acuña aquí?
En los 60 muchos hippies americanos trajeron discos a Ibiza e iban a los bares donde intercambiaban discos con los dueños de los bares que eran españoles. Y también vinieron ingleses que mezclados con gente de otras nacionalidades intercambiaban discos de hard rock, o de la west coast u otras músicas. La gente salía por todos esos bares y escuchaba toda esa música diferente. Algunas canciones en particular sonaban muy bien aquí, en este entorno, con la luz del sol. Creo que ahí nace realmente el concepto.

¿Y crees que la gente sigue estando tan abierta?
Hay gente que viene a escucharme y que comparte ese amor por la música. Pero en general a la gente le gusta bailar, la fiesta y no necesitan ser especialmente melómanos. La música es solo un vehículo para ellos. Por eso la mayoría de DJs se encasillan en un género, porque es lo que funciona. Pero yo no quiero que me metan en un saco. Amo la música. Para mí la música significa libertad. Parte de la gente que viene aquí busca esa libertad y el balearic representa esa mezcla de culturas. Ibiza es un lugar único donde convergen diferentes nacionalidades y la música debe representar todos esos colores. La música trasciende a la política y la religión y hace que la gente se convierta en seres más bonitos. Que salga la persona más pura. Desde la cabina puedo ver eso.

¿Ha cambiado algo en esencia?
En esencia no. Solo que la gente se arregla más (risas). Al final siguen siendo personas que salen de su pequeña cajita del día a día y llega a “Dreamland” y la música es la clave para liberarlos. La verdad es que tengo un trabajo fantástico. Estoy muy feliz con eso.

¿Sigues pinchando con esa libertad?
Sí. No hay otra manera. Si no lo hubiera dejado. Ahora en invierno me dedico a buscar música nueva así que me renuevo constantemente y eso hace que siga manteniendo el entusiasmo, la energía de cuando empecé. Me sigue haciendo sentir como un niño.

Pones muchos edits. ¿De dónde los consigues?
Me gusta escuchar revisiones de canciones antiguas. La verdad es que llevando tantos años pinchando básicamente las consigo de mi network. DJs o productores amigos que me las pasan, además de todo lo que corre por internet, aunque hay mucha bazofia.

¿Por qué no las produces tu? Con tu knowhow y tu backgroud te saldría bien.
No tengo tiempo de meterme en un estudio y producir. En invierno me gusta vivir esa vida de DJ y viajar de aquí para allá.

Pero tu no tienes management o agente. ¿Cómo consigues bolos fuera?
Mi tarjeta de presentación son mis sesiones aquí. Recibo invitaciones para ir a fuera a menudo de gente que me escucha en Ibiza, gente que se ha emocionado con mi música. Y después está la gente que hace años que conozco que me siguen invitando.

Tengo la sensación que llevas años viviendo la vida tal y como va sucediendo. Sobre la marcha. Sin planes.
En la isla no puedes hacer planes. No funciona como en el resto de europa. Mejor dejas que pasen las cosas. Además estoy contento de no haber entrado nunca en la dinámica de la industria musical porque puedes acabar siendo esclavo de ella y perder tu imagen real. A mi me gusta acabar después de 8 horas, montarme en el coche, resoplar y decirme: “ha estado bien pero mañana será otro día”. El otro día veía un documental de un chef japonés que tiene un restaurante donde solo caben doce personas. Hace sushi; muy simple pero increíblemente bueno. Él mejora día a día para que cada pequeño elemento sea mejor. De alguna manera eso es lo que hace que continúe. Quiero que cada día sea mejor. Estoy eternamente frustrado (risas). No soy tan bueno como debería ser.

¿Cómo es tu día a día?
Siempre he sido un rebelde y escapo de cualquier forma de rutina. Me gusta la normalidad pero no la rutina. De todas maneras viajo mucho así que me cuesta tener una regularidad en el día a día. Soy bastante mayor pero bastante caótico. Me gustan que las cosas sean diferentes. Por eso me gusta viajar. Ir a un país donde no entiendo la lengua y donde todo es nuevo, donde todo huele diferente. Eso me hace sentir vivo. Además soy bastante perezoso y todo eso me hace espabilar.

¿Qué te hace sentir vivo a parte de la música?
Bailar, soy de los pocos dj's que bailan.

Nunca te he visto bailar.
Bailo como un poseso (risas). Era punk-rocker. Solía ir a los conciertos y me volvía loco. Me encanta bailar: Además al final eso hace que acabe bailando con las chicas (risas) .

No quiero ser cotilla pero, ¿y tu vida amorosa?
Esto va a sonar a cliché pero la música me da amor. Cuando he tenido novia en verano, al final siempre acaba decepcionada conmigo porque me paso el día libre buscando música. La música me da momentos fantásticos, muy emocionantes. Cada día en la playa me dan ganas de llorar en algún momento especialmente bello. A todo el mundo alguna vez en su vida se le ha puesto la piel de gallina escuchando “What a wonderful world”. Quizá no la segunda, pero sí la primera vez. Y eso es lo que siento en la playa muchas veces. Son orgasmos. Es como tener sexo. El otro día pinche en la boda de un amigo y me dieron un USB para que pusiera una canción. Joder, era Robbie Williams: “Angels”. El caso es que todo el mundo canto la canción y se creó un momento increíble (aunque fuera Robbie Williams). Así que siempre hay una canción que hace que un momento o un recuerdo sea mucho más intenso. Y eso es lo que busco yo.

O sea, es el amor de tu vida.
Siempre he hecho esto. Todo ha sido escuchar música. De adolescente escuchaba discos cuando tenía que ir a la escuela. Trabajaba en una tienda de discos cuando debía haber tenido un trabajo formal. Aún así llegaba a casa y escuchaba discos. Y los fines de semana montaba conciertos. El único trabajo duradero fue fotógrafo en la industria musical. Y sigo escuchando música. Me gano la vida con ello, por lo que soy muy afortunado. Como no sé hacer otra cosa me moriría de hambre y haría lo mismo que si tuviera trece años. No he evolucionado nada. Soy muy cabezón (risas). Con 8 años compré mi primer álbum y desde entonces no ha cambiado nada. [Jon se descojona]

¿Qué año era? ¿Qué álbum era?
En el 68. Un Greatest Hits de Jimi Hendrix. Bueno, antes compraba a medias con mi hermana discos de los Beatles y los Rolling.

Háblame de algunas bandas que recuerdes especialmente.
A finales de los 70 trabajaba en una tienda cerca de mi ciudad en Gloucester entre semana. Aprovechamos yo y mi colega de la tienda para organizar conciertos regulares como promotora en una sala multiusos del ejército, que tenía un cuartel por la zona. Así que empezamos a traer a bandas como The Selecter, Specials, Madness, The Cure. Mucho punk y mucho reggae: U-Roy. I-Roy, The Heptones. Era alucinante. Yo solía poner las cintas que grababa antes y después de los conciertos, así que ya era una especie de DJ entonces. Me llamaba Ranking J (risas). En la época en que estuve desconcertado estuve en muchos conciertos. De todo tipo. No tenía ninguna identidad. No sabía donde iba. Y esa fue mi mejor educación de los 15 a los 21.

Entonces, ¿Cuándo empezaste a pinchar? ¿Cómo empezó tu carrera como DJ?
En el 87 me robaron la cámara así que no podía seguir con mi trabajo de fotógrafo. Me la robaron un lunes y al jueves siguiente empecé a pinchar. Justo empezaba el primer verano del amor aunque yo pinchaba en Londres. Más tarde empecé a ir a algunas raves pero con mi propio soundsystem y me colocaba detrás del escenario principal. Es curioso porque por entonces yo estaba pinchando lo mismo que pinchaba en Ibiza DJ Alfredo o Pippi. También pinchaba eso Danny Rampling en Inglaterra, claro que él había heredado eso de sus viajes a Ibiza. Yo en cambio no tenía ni idea de lo que estaba pasando en la isla.

Ranking J.... Luego vino lo de Jon Sa Trinxa.... Es alucinante la relación que tienes con Ibiza y con Sa Trinxa. Después de tantos años sigues pinchando en el mismo lugar y tu apellido artístico es el del chiringuito.
Es mi casa. Sa Trinxa es el primer lugar que encontré en la isla la primera vez que vine con 20 años a mediados de los 80. Estaba con mi madre conduciendo y llegamos a Ses Salines. Caminé hasta el final de la playa y vi una figura espigada, de una mujer y el sol se reflejaba en su pelo dorado. Estaba frente a un chiringuito. Tengo esa imagen grabada en la memoria. Luego esa mujer fue amiga mía durante años. Murió hace poco de cáncer... [se queda pensativo]. Lo curioso es que después de ese viaje volví a UK. Estaba en un momento de cambio en mi vida. Tenía unos amigos que estaban metidos en rollos esotéricos y me mandaron a una futuróloga. Me dijo que me veía en una isla del sur de Francia o España, trabajando en un restaurante haciendo algo relacionado con la ambientación. “¡Qué cojones! Si soy fotógrafo. ¿Qué dice!?”. Pero se hizo realidad.

¿Cuándo abandonaste Londres?
En el 93 vine con tres personas en un autobús con un gran soundystem para pinchar en una boda y un par de fiestas más y al llegar aquí nada de eso ocurrió. Así que nos quedamos y se nos acabó el dinero. Al cabo de unos días ellos se marcharon sin mi. No me dijeron nada. Y yo me quedé aquí, pensando en que no podía volver diciendo que había fracasado. Estaba en un punto de no retorno. Estuve sólo tres semanas. Todo se torció. Conocía a gente pero aún así me dije a mi mismo: “No te preocupes, todo irá bien. Sal de esta tu sólo. No molestes a nadie”. Un día, cuando estaba tocando fondo, jodido y desorientado, tuve un accidente. Ese día el dueño de Sa Trinxa me encontró y me ayudó. Ya me conocía. Había ido a pedir trabajo alguna vez a su chiringuito. Así que me subió en el coche y me llevó a Sa Trinxa. De repente vi en el parking el autobús con el que habíamos venido. Mis amigos lo dejaron allí con todas las cosas, con el equipo y con los discos. Y justamente al día siguiente el DJ de Sa Trinxa no se presentó. Así que Nito (el dueño) me dijo que ya que estaba allí con todos mis discos podía pinchar. Puse Pengüin Café Orchestra, luego dub, luego reggae y música clásica. La reacción a cada canción que ponía era un “WTF”. Puse cosas que no habían escuchado nunca. Y desde entonces empecé a trabajar.

Joder, estabas predestinado a acabar en Ibiza.

Bueno, las cosas pasan así en la vida. Yo nunca quise estar atrapado en un sistema así que inconscientemente lo iba buscando. Cuando conseguía un buen trabajo no duraba nada. El único trabajo que me duró fue el de fotógrafo. Perdí la cámara, empecé a pinchar y todo eso me precipitó hasta aquí.

Pues eso.


Más información
Jon Sa Trincha: Soundcloud | Facebook

Compartir