Entrevistas

Professor Angel Sound

Professor Angel Sound

La historia ya es conocida y poco agradable. Professor Angel Dust, uno de los dj's más emblemáticos de la escena de Barcelona desde la década de los 90, es invitado a pinchar en Panamá en septiembre de 2008. Allí es víctima de una trampa. Un grupo de narcotraficantes le amenazan a él y a su mujer y les usan como mulas de carga de cocaína. Como era de esperar, les descubren en el aeropuerto de Tocumen y son arrestados. Han pasado cinco años desde aquel suceso fatal y el que fuera estandarte de las fiestas Bongo Lounge de La Paloma por fin está de vuelta (y ha podido re-encontrarse felizmente con su hija). Lo más sorprendente es que el Professor (Paco para los amigos) ha convertido la terrible experiencia en algo positivo y enriquecedor. Ahora inaugura una nueva vida, personal y profesional, en la ciudad que tuvo a sus pies durante años, y no ha tardado en volver a la actividad. Su nuevo nombre de guerra es Professor Angel Sound, acaba de editar dos nuevos ep's, prepara un álbum de estudio y ya podéis volver a verle en acción en su residencia en Ker Club.

¿Qué tal estás?
Bien, bien...

¿Cuándo volviste?
A mediados de septiembre. Todavía estoy digiriendo las diferencias de esta nueva Barcelona. He estado cinco años sin verla.

¿La has visto cambiada?
Sí… Tanto el turismo como la noche los he visto un poco apagados, pero entiendo que sea debido al momento que atraviesa el país. Fui a dar una vuelta por el centro, a visitar los lugares donde solía ir y he visto muchos cambios. La gente local está como escondida… Algo muy sintomático fue comprobar el ambiente que había en el metro a las doce de la noche antes del fin de semana. Veía a la gente como cansada, lánguida, agotada… Hace años a esa hora se respiraba mucha euforia en el metro de Barcelona. ¡Por eso hay que meter una nueva inyección de energía a la ciudad!

¿Has vuelto con energías renovadas?
Sí, de momento no me he dejado influir por el malestar general. Cuando salí de la prisión muchos me decían: ¿Por qué vienes aquí? ¡Vete a otro lado, aquí está todo fatal! Pero Barcelona es mi ciudad, llevo más de 20 años viviendo en ella, y no se me pasaba por la cabeza establecerme en otro lugar. Me han ofrecido trabajos en México DF, en buenos estudios, pero dije que no. Me gusta el DF pero es una ciudad en la que se respira demasiada tensión. En Barcelona la vida es más fácil.

¿Cómo valoras la experiencia de haber estado cinco años preso en El Renacer?
Para mí ha sido excelente. No ha sido divertido, pero sí excelente; porque he aprendido muchas cosas. Durante estos años he seguido creciendo como músico. En la cárcel pude montar un pequeño estudio gracias al material que me enviaron los amigos de Sofa Experience, la productora de Bernat Lliteras, y he tenido horas y horas para concentrarme en la música y en la producción, además de enseñar a otros reclusos. Aquí fuera siempre hay poco tiempo. Allí, en medio de la selva panameña, pude encontrar lo que siempre necesita un músico: tiempo y motivación. Por otro lado no ha estado mal desvincularme de la escena durante una temporada… Y en todo este tiempo la verdad es que me he sentido muy creativo.

Aunque los dos primeros años estuviste totalmente en blanco…
Sí, durante los primeros meses me preocupé en aprender las reglas del juego… En sobrevivir y adaptarme a aquella nueva realidad. Al cabo de dos años pude conectarme a Internet, siempre de manera ilegal, y volver a estar al tanto de la actualidad musical.

¿Por qué te han reducido la condena?
Ha sido gracias al proyecto que comencé en la cárcel, el proyecto RAM (Rehabilitación a Través de la Música). He salido 20 meses antes de lo previsto. Mi mujer sigue allí… Pero se encuentra bien, trabaja en la prisión como enfermera y estamos esperando un bebé. Un mes antes de que viniera me concedieron una visita conyugal intercarcelaria y quedó embarazada.

Háblame de la experiencia de enseñar a producir música electrónica a otros reclusos.
Nadie tenía ni idea de nada, algunos ni siquiera habían tocado una computadora. Todos los que estaban conmigo lo único que habían usado en sus vidas habían sido pistolas. Pero les encantaba la música… No fue complicado empezar porque había mucha hambre y mucha alma. Hambre de hacer cosas nuevas y estimulantes. Se volcaban en la música, en expresarse y aprender.

¿Qué música hacíais?
Mucho reggaeton y dancehall, que allí le llaman butron. Y muchos temas vocales, les encanta cantar. Su dialecto es muy rítmico, se asemeja al francés, debido a la colonia gala que se estableció en el país en los tiempos de construcción del Canal de Panamá. Tienen expresiones que me encantan. Por ejemplo, para decir "Me gusta mucho", dicen: "Rantan Buco Pocotón".

Eso suena bien...
Sí, no hay que olvidar que en Panamá hay muchísima tradición de reggae y roots music y lo llevan en la sangre. También se escucha mucha salsa, bachata y merengue.

Osea que le dabais a todo…
Sí, produjimos mucho material. En mi estancia en la cárcel hice alrededor de doscientas canciones. Muchas han visto la luz gracias a Internet. Las distribuíamos de forma gratuita en las páginas de Panamá y tenían muchas descargas. Algunas de ellas, como dicen allí, estaban pegás al ghetto. Sonaban en los autobuses, los llamados Diablos Rojos, que son como sound systems ambulantes, en las barberías…

¿Cómo era el proceso de trabajo con los reclusos?
Casi todos cantaban, y los más curiosos tenían interés en la producción. La dinámica era como la de un taller práctico, mientras grababa con unos, los otros veían el proceso. Ahora que ya no estoy allí el proyecto sigue en marcha con otros reclusos que ejercen de tutores de los demás.

¿Has pensado en replicar este modelo en Barcelona?
Es algo que podría funcionar en cualquier parte porque la música es el medio ideal para canalizar las frustraciones. Prácticamente todos los que están encerrados en Panamá son víctimas. A muchos les ha tocado vivir una vida difícil… Cuando tienes nueve años y matan a tu amigo de un tiro y al día siguiente alguien te tiende una pistola y tienes la oportunidad de vengarte… La rueda empieza a girar. Pero la cárcel es un mundo diferente. Dentro hay una gran sentimiento de hermandad y predisposición a compartir y protegernos entre todos.

¿Cómo fue posible que acabaras tocando fuera de la cárcel ante 10.000 personas?
Gracias al proyecto Paz en el Ghetto, que creció de una manera estratosférica. Organizamos un festival por la paz dentro de la prisión. Programamos a La Orquesta de Salsa de la Policía, que es muy buena, y a varios regueseros panameños. Montamos un escenario en condiciones y ese día los familiares de los reclusos pudieron entrar al penal. Compusimos el tema Paz en el Ghetto para la ocasión. A Rafa Zeballos de la Fundación Panamá Segura le gustó y propuso grabarlo en un buen estudio y que lo cantasen algunos de los actores y artistas más famosos del país. Hicimos como una especie de We Are The World a la panameña (risas,) y la bola fue creciendo y haciéndose enorme.

Es increíble lo que has podido conseguir dentro de un territorio a priori tan hostil…
Al principio fue duro, pero tuve claro que había que propiciar un cambio de mentalidad, que vino dado por la espiritualidad, para seguir adelante. Y, ya sé que es un cliché, pero en los lugares más oscuros es donde más se ve la luz. Si enciendes una vela en una habitación en penumbra, te van a ver seguro. También mi proyecto funcionó porque los reclusos se volcaron en él.

¿Después de esta experiencia qué quieres expresar ahora con tu música?
Me interesa hacer música que ayude a celebrar. No quiero dejarme influenciar por esta depresión que parece haber contagiado a la gran mayoría, no quiero entrar en el mismo túnel… Quiero hacer música que permita a la gente evadirse y mirar hacia otro lado. También tengo otros proyectos en marcha, estoy trabajando en un álbum producido junto a mi mujer. Es un disco que escribimos en la cárcel.

¿Cómo lo hicisteis?
Por teléfono, también ilegal… Ella me cantaba, yo le grababa por el móvil y hacía la producción de los temas. Sacaba los acordes con la guitarra, grababa las demos y el cura, que era español y también visitaba su prisión, hacía de mensajero y le llevaba las maquetas. Siempre traté de involucrarme al máximo en todo… También dirigí el coro de la cárcel. Lo organizaba, tocaba la guitarra, me aprendí sus canciones… ¡Era como un ejercicio! También produje el disco al jefe de seguridad de la prisión. Tenía una formación de música evangélica, tocaban al estilo de los grupos panameños de los 60, una mezcla de salsa y calypso. Les hice la producción como si fuesen un combo antiguo de salsa al estilo Fania. ¡Eso estuvo muy bien!

También has estado trabajando en la banda sonora del documental Angels & Dust de Héctor Herrera y qué narra tu caso.
Sí, el documental se estrenará en Abril de 2014 y está co-producido por TVE. Se comenzó a rodar dos semanas después de que cayéramos presos. No es un film exactamente sobre mí, sino sobre la situación de la narco-política en Panamá. Nuestro caso sirve como ejemplo ilustrativo. He visto algunas secuencias y es un documental duro y caótico. Héctor se movió por sitios muy sórdidos… Ves la vida en los ghettos, niños armados, sicarios, las muertes, los funerales… Es un mundo durísimo.

¿Qué proyectos tienes ahora en Barcelona?
El primero es mi residencia en Ker Club. Es curioso porque cuando llegué en los años 90 uno de los primeros trabajos que hice fue la producción de un casete de acid house para Florida 135. Me reuní con ellos y cuajó todo. Estoy muy motivado porque Ker es un club muy bonito, tiene muy buen sonido y su tamaño es ideal. La gente que está detrás es muy profesional así que se puede trabajar muy bien.

¿Y cómo serán tus fiestas?
Quiero que sean fiestas con mezcla de públicos y estilos, una cosa más urbana y fresca… Y apostar por sonidos bailables y alegres: house, disco funk… Algo muy alegre y optimista.

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