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Santiago Salazar

Santiago Salazar

Publicada el 21 Marzo 2012 por David Puente
Santiago Salazar espera en el hall de su hotel para salir y disfrutar de una tarde noche del domingo, casi primaveral, tapeando por  el centro de Barcelona de la mano de los chicos de The Monkey Bar que lo han llamado para pinchar en el segundo aniversario de sus estilizadas fiestas (yo quiero ser como ellos, guapos, estilosos, jóvenes, políglotas, buena selección musical y casi siempre bien acompañados). Un cartel que completaba en paralelo el marciano, más marciano que nunca, Jeff Mills que cerró la sala techno. A nuestro Salazar le tocó lidiar con la sala house (“de repente la gente se fue marchando, pensé que sería por mi música, después caí en la cuenta de que Mills ya habría empezado”).  El comandante Salazar parece tranquilo en esta nueva andadura en la que probablemente lo veremos más a menudo por nuestro país ya que parece desligado de algunos proyectos de los masones de UR para centrarse en su nuevo sello Historia y Violencia y en su proyecto Ican, diminutivo de “mexican”, el ancestro del bueno de Salazar que, sin embargo, no habla español. Mexicano de cuarta generación pincha house y techno de otra galaxia.
Recuerdo su paso por Barcelona con Los Hermanos. Una demostración de funk más que de techno al uso.
Si, en realidad Los Hermanos siempre se han mostrado como un grupo de afinidad góspel. O por lo menos como una banda con un cariz marcadamente religioso. Gerald Mitchell, bajista e ideólogo del proyecto, cuenta con experiencia en iglesias, con un background como músico que ha tocado en iglesias afroamericanas donde como sabes todo se celebra con música. La iglesia como edificio de culto en el que se celebra la vida y el acercamiento a Dios. Mi misión en esa banda era la de proveer de ese toque latino tan característico de los chicanos que viven en LA. Nadie lo estaba haciendo y creo que nadie lo sigue haciendo, así que en su momento me pareció una buena manera de acercarse al público con un talante festivo pero también religioso o espiritual si lo prefieres así. 

Funk, góspel y “vibe” latino.
Con esos tres conceptos se puede decir que tienes armas suficientes como para mostrarte en público bien pertrechado. Si escucháramos de un tirón todo el catalogo de UR te darías cuenta de que es como un viaje. Un recorrido con múltiples aristas en las que conviven el sonido más rave con los pasajes del techno mas galáctico. Electro, góspel… tienes de todo. El recorrido del sello responde a una progresión de lo que Mike Banks entiende que debería ser el sonido de su plataforma. Cada uno de los artistas que formaron el núcleo principal del sello aportaron su granito de arena. Gerald Mitchell y Rolando se escoraron  hacia un sonido más espiritual, más de la tierra madre con The Night of the Jaguar como principal exponente de esto que te explico. Robert Hood, en cambio, definió los parámetros de la música más esquelética y fría. Dj Dex y Skurdge más hacia el electro que marcaba las pautas de un sonido electrónico sobre el que se cimentaba a la vez el corpus de lo que hoy entendemos por techno.  Yo también me decanté por un sonido propio que llamé “Slide” a través de la referencia número 57 del sello que firmé entonces con mi seudónimo S2. Una combinación que no era techno aunque podías reconocer formas del techno. Es funk, pero también dirías que es electro. Es mi gran obra en un catálogo en el que todo el mundo intenta dejar una firma. Su propia seña de identidad con la que, como ocurre con todo artista, se pretende trascender en el tiempo. Mike siempre se ha preocupado por trascender con su sello y para ello no ha dudado en pervertir las normas generales. Por ejemplo, en sus últimos tracks se ha quitado de encima el 4x4 con un beat esquivo que a veces ni si quiera está presente en el tema. O por lo menos, no de una manera obvia. Desaparece el bombo y eso exige un conocimiento del disco por parte del Dj. Son discos que exigen estudio. Demandan que el Dj se meta de cabeza en ellos. Mike pretende que sean los discos los que jueguen con el Dj. Y no al revés. 

Un buen filtro para descartar a los Djs malos o regulares.
Mike respeta a la música y por eso es respetado. 

Volviendo a su papel en UR. Creo que usted ya no acompaña en las giras a Los Hermanos. 
Estamos involucrados en el proyecto pero ya no giramos con ellos. Gerald está en otro nivel, en una nueva a fase tal y como ha demostrado con su nuevo álbum. De todos modos, Gerald tiene pensado sacar un disco con material antiguo que vendrá con remixes de gente como yo mismo que conozco la filosofía del grupo.  Ahora estoy más concentrado en mi nuevo sello Historia y Violencia que llevo por delante junto a mi amigo John Mendez. Un concepto que entiendo es bastante duro ya desde el nombre. Se lo debo a Silent Servant que tiene raíces en Guatemala, un país con un historial de violencia bastante acusado. A mi me encantó lo de Historia y Violencia. Es pasión, es sangre. Lo tiene todo.

Usted se considera a si mismo como un “Chicano del sci-fi”.
Si, es un término que se lo debo a David Alvarado que es una gran referencia musical. Me acuerdo que lo escuché una vez en un programa de radio y estaba pinchando una música que no había escuchado en mi vida.  La manera como pinchaba esa música era para mí pura ciencia ficción. Alvarado es también chicano y me gustó mucho ese contraste. Me agarré a él como mi faro creativo.

Un buen concepto el suyo: lo chicano remite a la tierra, a unos orígenes que no se pierden ni si quiera en tierra extraña… Y “sci-fi” remite a lo que está allí afuera, a lo que no se conoce.
Si, algo parecido a lo que intento trasmitir con mi otro proyecto Ican. Mi compañero Esteban Adame me dice que el mexicano es en realidad una amalgama de muchas razas, una acumulación de muchas sensibilidades llegadas de puntos muy diferentes de la tierra. Es la raza cósmica por excelencia. México guarda una tradición cultural y racial muy rica. Todo está incluído en el mexicano. Mi mujer es de raíz mexicana y tiene una cantidad de primos y de tíos que se me escapa. Esas familias numerosas de tradición latina que ya casi no existen en los EE.UU. Mi mujer mantiene esas raíces porque forma parte de la segunda generación de familiares que se instalaron en EE.UU. Yo en cambio ya he perdido toda relación con esa tierra porque formo parte de la cuarta o quinta generación. Es una pena porque en mi familia ya nadie habla español. 

Y eso le produce una cierta insatisfacción.
Lo de no hablar español me mata porque pierdo puntos de comunicación con esa comunidad. Me cuesta entrar en una cultura que mis tatarabuelos sí que dominaban. Es mi sangre, es mi historia, pero contacto con ella a través de una cierta espiritualidad que no se ve pero está ahí. Bueno, si que se ve. Mi cara es latina. Y mi nombre y apellidos también. Y eso marca, claro.

Hay un futbolista peruano que se llama igual que usted.
Si, ya he oído hablar de él. Pero yo no juego al fútbol, nunca se me ha dado bien. 

¿Qué deporte se le daba bien en el instituto?
Esa es la cuestión. Yo no practicaba ningún deporte. Yo estaba más por la labor de conquistar chicas. Mi deporte favorito eran la chicas, si. Yo estaba más centrado en la música. Que por cierto me servía para entrarle a las chicas. Cuando mis compañeros estaban más por otras labores musicales, yo iba y les pasaba mis cintas de house de corte neoyorquino con Todd Terry como figura principal. Luego me acercaba a ellas y les preguntaba si habían escuchado este o aquel nuevo estilo que no escuchaba el resto de mis compañeros.

Si no le gustaba el deporte, estaba más motivado en la música y encima tenía rasgos marcadamente latinos… Entonces probablemente sería considerado el rarito de la clase.
Bueno, a mis compañeros también les gustaba la música. Estaban más centrados en el sonido rave que llegaba de Inglaterra. Música festiva que por entonces rulaba de mano en mano por unas cintas que apenas trascendían el consumo inmediato. A mi lo que me gustaba era quedarme embobado delante de la carátula y descubrir qué había detrás de todas aquellas piezas. Me interesaba por el productor, por el sello, por el masterizador, por la letra pequeña que siempre escondía alguna que otra historia paralela… Yo tenía a mi hermano mayor como referente. Frecuentaba locales gays donde se escuchaba una música que obviamente no llegaba a los institutos. Yo en cambio me metía a escondidas en la habitación de mi hermano y le revisaba las cintas que contenían la música de esos clubs. ¡Qué música más especial! Hasta que llegó mi amigo David Charles y me enseñó el disco Discovers Ring of Saturn de X-102. Eso fue lo que me fundió los plomos. Mientras mis compañeros escuchaban rave juguetona con la que desfasar, yo en paralelo hacía tiempo que me había perdido por entre los anillos de Saturno. 

¿Sigue escuchando productores de aquella época?
Si, claro. Mira, después de tanto tiempo sigo comprando todo lo que publica Kerri Chandler. Me sigue rompiendo los esquemas. Sigue sonando fresco. A mí me sigue pareciendo innovador.

¿Y del lado más latino?
Pues te diré que si he llegado a apreciar con intensidad el lado más latino del techno y del house ha sido gracias a Claude Young. Si escuchas la línea de bajo de su tema Impolite to refuse, precisamente la primera referencia de Astralwerks publicada en 1995, te darás cuenta de cómo lo latino se infiltró en el techno con una naturalidad que antes pudiera parecer contra natura. Sin mucho estruendo pero con mucha efectividad. Es que es una línea de bajos que podría aguantar un tema de salsa. Pero es techno. Y a la vez es salsa. Eso es lo que más me gusta del techno. No se define por unos referentes fijos y canónicos. Si no por la mezcla, por la mutación de la que ha ido gozando en todos estos años. Esa es una filosofía muy Underground Resistance, por cierto. Osunlade es techno pero nadie lo llama techno. Es house espiritual. Se dan muchas situaciones de cierta confusión. Muchas veces pincho house y al finalizar la sesión la gente se acerca a mi para felicitarme por tan maravillosa sesión de techno. Ya no me extraño ni me enfado por esos malentendidos. Porque house y techno están condenados a confundirse.

Por cierto, una reflexión al vuelo. Anoche pinchó algún que otro tema de salsa. Si llega a pincharlo un Dj local, seguro que la reacción no es tan buena.
Si, seguramente. La clave está en sentirlo. No en quien pincha tal o cual tema. También es verdad que hay que saber meterlo en el momento adecuado. Vengo de pinchar en Skopje, capital de Macedonia, donde también pinché algunos de esos temas. Y la gente se volvió loca. Me gusta pasear mis discos de salsa por todo el planeta porque de esa manera compruebo cómo producen reacciones diferentes en el público. Me encuentro con maneras diferentes de bailar ese tipo de música. Es mi particular trabajo antropológico-musical. es mi particular manera de disfrutar de la música y las reacciones que provoca.

Más información:

Myspace: Santiago Salazar
Soundcloud: Santiago Salazar

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