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Patrick Pulsinger

Patrick Pulsinger

Publicada el 13 Enero 2008 por David Puente
En su biografía se destaca que su familia huyó del sistema comunista de la DDR para instalarse en Viena y que ya mozo se marchó a EE.UU. para evitar el servicio militar. Ahora reconoce que abandona el mercado del techno al uso. Su vida se define por las huidas regeneradoras: ''Huyo de lo que considero sistemas peligrosos'', comenta con una sonrisa. Vivió en Nueva York entre 1992 y 1993 -''un periodo en el que el techno volvía a entrar en EE.UU. a partir de Djs que se habían fogueado en Europa''- donde empezó a introducirse en el mercado del techno que le llevarán a relacionarse con los mismísimos Jeff Mills y Robert Hood. ''Eran otros tiempos. Yo le pedí un disco a Hood para Cheap Records. Él me dijo que para lo que le iba a pagar le hiciera uno para M-Plant. Hicimos un intercambio de viva voz y sin contratos de por medio. Con él tampoco hacen falta comprobantes porque es muy directo: si no había dinero mejor un trueque''.
La escena de Viena su puso muy de moda a mediados de los 90 gracias a los medios especializados y ahora no sé si fue un sueño.
Aquella presión mediática -sobre un supuesto fenómeno que aún hoy tampoco entiendo muy bien si estaba justificado- no fue demasiado positiva. Normalmente en estos casos la atención masiva provoca que el público predisponga un cierto tipo de música por parte del productor. Se te exige además una cierta continuidad editorial que no tiene porque ser la natural. La gente espera que te perpetúes en tus producciones y eso estresa mucho a alguien que se supone que es creador.

¿Entonces que es lo que se cuece ahora en Viena?
Ahora mismo hay como dos partes diferenciadas en la escena de electrónica de mi ciudad. Por un lado tienes esa especie de corriente downtempo, que tal vez fue la responsable del hype al que te referías, con Peter Kruder como máximo exponente y otra mucho más experimental pero más deforme en la que entrarían sellos tan dispares como Mego, Cheap o toda la corriente de la electrónica de Fennesz, por poner tres ejemplos. Pero todos nos conocemos y no existe aquella sensación negativa de que cada uno produce de espaldas al otro. Algo parecido a lo que ocurre en Berlín. Si la música es la excusa para mantener una buena atmósfera en una ciudad, entonces ya es buena de por si. Una vez se acabó la presencia de Viena en los medios fue cuando empezó a salir a la luz un material mucho más arriesgado y más interesante. Yo no recomendaría estar en el mercado editorial mucho más allá de dos años.

Por lo que entiendo ya no está involucrado con Cheap, por cierto, un sello popular de esa movida vienesa a la que nos referíamos antes.
No, mi último proyecto fue una recopilación que celebraba los diez años del sello. Hace cuatro años decidí que me concentraría en mi estudio que ya entonces era profesional y me puse a grabar a bandas de jazz y otros grupos que, por suerte, empezaron a confiar en mi trabajo. A lo que me refería antes con lo de los dos años es que si estás metido en muchos de los plazos del mercado editorial debes tener en cuenta que se hará muy difícil poder aguantar a buen ritmo. Hay un momento de tu carrera en el que si quieres progresar debes concéntrarte en un aspecto de todo ese trabajo. Me di cuenta de que no se podía ser responsable de un sello de lunes a viernes si además eras el productor, sin contar con que los fines de semana también debías pinchar para cobrar unos bolos con que financiar tu trabajo y hacer promoción de nuestras referencias. Eso sin descuidar las novedades de otros sellos para ir renovando tu maleta. Es una especie de locura que al final decidí vivir desde mi estudio. Es que además, con 37 años... ¿cuánto más voy a aguantar en el circuito de clubs? A mi edad, si quiero seguir viviendo con y por la música me debo replantear mi trabajo desde una posición más recogida o concentrada. También me cansé de ser el único hombre encima del escenario. De un tiempo a esta parte prefiero actuar en directo con algún grupo haciendo de complemento de la parte electrónica.

Entonces ahora prefiere ver los toros desde detrás de la barrera...
Es verdad que no pincho tanto como en los 90 pero por decisión propia. Porque en la época en la que pinchaba fuera cada fin de semana perdía una media de no menos de tres días por semana y llegó un momento en el que no me compensaba. A mi lo que me interesaba era rentabilizar el estudio y poder experimentar en el mismo. Sigo informándome de lo que ocurre en los clubs, pero he hecho un replanteamiento en mi vida profesional para que mi realidad no me obligue a pinchar cada semana.

Y eso que usted vino con regularidad a España.
Si, la verdad es que es uno de los países que mejor conozco de toda Europa. Pero no me interesa estirar esa imagen de Dj que sigue en la brecha para seguir siendo reconocido. Pero me lo he pasado muy bien en los primeros Sónar. Me acuerdo que estuve una vez en Madrid una vez para pinchar en las fiestas del festival Arco. Pinché hasta tres veces en dos días. En una me llevaron a una discoteca muy de gente bien del que no recuerdo el nombre. Un tipo se situó detrás de mí para controlarme el volumen, a veces lo subía un poquito, otra me lo bajaba con mucho tacto. ¡Claro que me molestaba! Pero todo lo hacía tan sutil que en ese momento se hacía imprescindible. Yo además no podía decirle nada porque no dejaba de ser el invitado. Al menos parecía que sabía lo que se hacía. Estaban los jugadores del Real Madrid de fútbol y aquello se puso hasta reventar de gente refinada. Bueno pues en aquella fiesta hubo barra libre hasta que a las cuatro de la madrugada o así se dejó de servir alcohol por un tema de permisos y el encargado de la empresa me dijo muy gentilmente que pusiera el último tema. La gente después de beber gratis durante cinco horas se puso como loca y yo tuve que salir por piernas porque igualmente no me iban a dejar alargar la fiesta. También sigo pinchando en países como Alemania. Sin ir más lejos a principios de febrero voy a pinchar en una fiesta Disko B en Tresor en la que coincido con uno de mis Djs favoritos que es I-F y que aunque pinchará en la sala de arriba intentaré no perdérmelo.

No echa de menos esos días en los que estuvo en el candelero...
Grabo, mezclo, masterizo y produzco en mi estudio. Es más de lo que puedo pedir, así que tampoco es que haya tenido que renunciar a mucho de lo que me gusta. Además creo que es un buen momento para los estudios de grabación porque la gente vuelve a demandar este servicio. Ya la gente domina el software y cada vez hace producciones más complejas. Pero cuando uno lleva dos discos en el mercado empieza a valorar la calidad del sonido. Es consciente de sus limitaciones. De tal manera que mucha de la gente que se emocionó con aquella máxima del ''do it yourself'' y ''tú solo puedes'', después de un tiempo de trastear el equipo, decide recurrir a los estudios para mejorar la textura del sonido. Si uno quiere mejorar el sonido y no tiene conocimientos de ingeniería de sonido, tarde o temprano acaba recurriendo a un estudio externo.

¿Y qué es lo que buscan las bandas que han recurrido a su estudio?
Estamos especializados en técnicas de grabación vintage. Hay muchos grupos que buscan la grabación en cinta que después volcará en el ordenador para que una vez en casa se hagan los recortes necesarios. Existe una especie de vuelta a ese sonido terroso de la cinta como oposición a la nitidez del entorno digital. Después vuelven al estudio para el proceso de la mezcla definitiva. Patrick Wolf vino a grabar su último disco en mi estudio y en realidad lo que buscaba era un sitio tranquilo donde poder tocar el piano y ponerse a cantar. Buscaba ese entorno musical tan específico de un estudio de grabación. Han vuelto esos tiempos de bandas encerradas en un estudio durante un tiempo. Los músicos volverán a recurrir a esas concentraciones grupales para encontrar un entorno "psicológico" propenso a la recreación musical.

Entonces, vivimos tiempos paradójicos en los que la tecnología corre mucho pero los artistas recurren a ese halo mágico de lo analógico…
No es paradoja. Es una reacción lógica de la gente. Yo me desprendí de mi televisión porque decidí que ya había visto demasiada. Toda presión obtiene una reacción a la contra como respuesta. Entre tanta producción programada se ha impuesto una corriente que valora ese momento en el que una vez se han ubicado los micrófonos alguien dice: ''un, dos, tres… ¡grabamos!''.

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