Entrevistas

Dj Zinc

Dj Zinc

Ben Pettit se destapa en esta edición barcelonesa de la Red Bull Music Academy como un profesor animoso que no deja de arengar a sus pupilos para que no pierdan el tiempo y aprovechen su estancia en la fábrica Fabra i Coats para hacer horas de estudio. El artista antes conocido por sus sesiones a cuatro brazos con Dj Hype y sus referencias en sellos míticos como True Playaz cubre su cabeza con una gorra azul color Renault que no se quita ni para hacerse la foto de la acreditación. Gasta maneras de chico duro que contrastan con sus modales de alta cuna: “Voy a hacer el esfuerzo de hablar un inglés estándar porque si hablo como en casa me parece que ibas a alucinar”. Si le preguntas por su papel en la Academia te dirá: “Me dedico a robar software”.

Le he visto buscando información sobre software y hardware en los ordenadores públicos de aquí de la Academia. ¿Va detrás de algún equipo en concreto?
No, tengo de todo en mi estudio. Alguien que estaba en ese mismo ordenador antes que yo se dejó encendida su sesión y sólo estaba curioseando un poco. Yo creo que con lo que tengo en mi estudio es suficiente. No necesito nada más.

Ya que estamos. De que está más satisfecho de todo lo que tiene en su estudio…
De mi Moog Voyager, por ejemplo. Tengo algún sintetizador analógico del que también estoy enamorado. A veces me pongo a componer algún track y lo acabo abandonando porque el sonido no me acaba de llenar. Lo dejo un tiempo en barbecho, lo vuelvo a retomar y, efectivamente, entonces suena como yo quería en un principio. Lo analógico es mágico porque gana con el tiempo. Lo analógico valora la espera y la espera recompensa a lo que suena analógico.

La tecnología ha cambiado mucho en los últimos años. Usted empezó a producir en un momento en el que el acercamiento a la tecnología era muy intuitivo. ¿En todos estos años ha cambiado su manera de tratar con las máquinas?
Si, soy bastante mayor ya, cuando yo empecé en esto debía ser allá por la prehistoria.

Bueno, me refería más bien a que el equipamiento doméstico ha cambiado mucho en poco tiempo. Quince años han dado para mucho.
Cuando yo empecé a hacer música tenías dos opciones: podías comprar tu propio estudio o pagarle a alguien para disponer de sus servicios. Es decir, para producir necesitabas bastante dinero. Ahora todo el mundo puede hacer música y esa democratización es un logro por el que luchábamos en mis inicios. Ahora nos hemos dado cuenta que lo malo es que precisamente todo el mundo pueda hacer música.

Paradojas de nuestro tiempo.
Cuando empecé en esto todos los sonidos estaban hechos por ingenieros. Obviamente, en este mismo saco caían los samplers que nosotros “robábamos” y que también estaban compuestos por profesionales del sonido. Ahora tenemos sonando a nuestro alrededor unos sonidos producidos por gente que no es profesional. La música se alimenta de sonidos amateurs en su mayoría. Los sonidos ya no son manufacturados por profesionales con todo lo que eso supone de contaminación musical. Un tema original producido por un amateur será remezclado por otro amateur que a su vez pinchará esos temas de manera digital y, probablemente amateur, en un club que suene amateur. De todas maneras lo prefiero así a que la música permanezca en un entorno elitista. Uno debe aferrarse a sus ideas aunque el contexto se empeñe en hacernos pensar todo lo contrario.

Usted empezó haciendo algo así como hardcore que para muchos es uno de los estilos más imaginativos, intuitivos y vigorosos que ha dado la música popular en los últimos 20 años. Para usted debió ser una gran ventaja empezar a trabajar en un momento en el que la gente estaba muy abierta de mente.
Si, sobretodo porque la aparición del jungle coincidió con una primera  fase en la que los estudios empezaban a  ser algo más asequibles para el productor medio. Por entonces, los productores de colectivos como Shut Up & Dance empezaron a comprar samplers por 300 libras y entonces estalló todo un movimiento que aportó muy buenos réditos a la escena rave de mi país. Porque había mucha gente metida en el tema y que además provenía de escenas muy diferentes, con lo que se llegó a crear un todo que parecía inconexo pero que era muy efervescente. Podías samplear todo lo que quisieras, pero yo recuerdo que hacer un tema te podía llevar semanas y semanas. No sólo por la producción en si, si no también por toda la preparación previa que debíamos seguir antes de ponernos manos a la obra. El uso del sampler requería un análisis  de la música que ibas a saquear para construir tu propio monstruo de Frankestein que era precisamente tu tema. De ahí que salieran temas tan imaginativos y tan cambiantes a la vez. La gente acababa montando un tema que en realidad eran cinco a la vez. Todo ese factor sorpresa en la inclusión de samplers se ha perdido y eso si que lo echo de menos. Necesito una máquina del tiempo para volver atrás.

Entonces en qué quedamos: ¿avanzamos o retrocedemos?
Las posibilidades en cuanto a la calidad del sonido ha ido creciendo. Lo que pasa es que una vez se almacena en ordenadores empezamos una regresión sónica. Es paradójico, por un lado disponemos de mejores equipos, pero por otro lado la música se consume o se expande en unas condiciones que no parecen las óptimas.

Y usted qué cree que puede aportar con su nuevo sello Bingo respecto a lo que decíamos de la calidad del sonido y de la música en general.
El año pasado decidí dejar de lado el drum&bass. Aún han ido saliendo cosas referentes a ese estilo pero porque tenía un montón de temas en mi disco duro que debía sacar cuanto antes. Ahora mi mente está en otras cosas. Estoy más interesado en el house y en los breakbeats a una velocidad que va de 125 a 140 bpm’s. Estoy trabajando un álbum que intentaré acabar una vez se acabe la Academia. Debo reconocer que tampoco estoy muy ilusionado en llevar adelante un sello, pero la industria está cambiando y dispongo de pocas más opciones que editar mi propia música. Después de diez años sin gestionar un sello me he dado cuenta del valor de gestionar tu propia música. Del valor del copyright. Todavía gano dinero de temas que hice hace más de doce años. Estoy hablando de diez libras por aquí y otras diez por allá, pero todo cuenta. No sé, prefiero ofrecer mis temas gratis antes de que otro se lucre con lo que hago. No sé... todo está cambiando tan rápido...

Mucha gente en Barcelona todavía recuerda sus sesiones con Dj Hype en Nitsa.
Estuve el otro día en el Apolo y la visita me trajo muy buenos recuerdos. Dejé de trabajar con él en el año 2002 y lo he visto alguna vez. Lo mismo me pasa con Pascal con el que también compartí muchos momentos en True Playaz y con el que ahora apenas intercambio algún email.
 
El drum&bass no está pasando por un buen momento.
Me tomé un año entero para decidirme a dejar el estilo. Puedo pincharlo pero no durante una sesión entera. Cuando se enteraron de mi decisión, algunos de mis amigos me decían que sentían envidia porque ellos también querían dejarlo que el estilo no molaba y que no podían dejarlo porque tenían un nombre y todo eso. A mucho les dije que tuvieran arrestos para hacer lo que les pedía el corazón. Con el tiempo decidí que únicamente debía pinchar lo que yo quería. Hay una participante aquí de Shangai que dijo en la presentación en público que el drum&bass era lo más en China e incluso se enfadó con otro compañero por expresar lo contrario. Por la noche ya con unas copas de más se acercó a mí para reconocer que el estilo se había vuelto un poco aburrido. Me gusta el estilo pero le ha ocurrido lo que a todos. Se ha ido desgastando. No pasa nada. Es ley de vida. Los Djs de drum&bass se van haciendo mayores y los más jóvenes se vuelcan en otras corrientes. El dubstep, por ejemplo, vive un buen momento aún porque no entiende de reglas y un día viene Skream y pincha su tema que igual no es fiel a la genética del género y todo el mundo dice, “mira que bien, Skream siempre sorprendiendo”. En estilos en los que ya existe un cierto recorrido esto es más difícil porque la gente cuenta con una experiencia en el tema, ha seguido una tradición, por tanto adopta ciertos vicios…

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Myspace: Dj Zinc

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