Entrevistas

Konrad Black

Konrad Black

Portadas diabólicas en las que aparecen los primitos de los protagonistas de “El grito”, música con más brumas que la periferia del castillo de Drácula y voces fantasmales pidiendo fuego eterno en la mayoría de sus producciones, convierten a Konrad Black un personaje atractivo a ojos y oídos del público medio que también adora a su socio Mathew Jonson. Nos topamos con la psicofonía del joven de Vancouver en el camerino de ese garitazo que es el Mondo madrileño y nos demostró que además de ser un espectro parlanchín es un malhablado con cierta predilección por la palabra “fuck” que usa como muletilla cada tres palabras. El techno que se escucha en la casa de las caras de Bélmez se manifiesta en el Mondo.

Al leer su biografía destaca una estrecha conexión con el drum & bass que mucha gente desconoce.
Yo estaba muy metido en el rollo drum&bass hace unos siete u ocho años. Me encantaban las primeras producciones de Metalheaz y todo lo que hacía Photek porque me gustaban mucho esas atmósferas pesadas. Además los temas servían para contar historias y entre unas producciones y otras existía una cierta conexión invisible. Por entonces, el drum&bass estaba muy metido en todo lo que tenía que ver con el desarrollo de las nuevas tecnologías y con lo que nos aguardaba el futuro. En todos los discos tenías una cara en la que la música se decantaba por el baile y otra más oscura y extraña que escondían todo un sub-mundo que fue perdiéndose con el tiempo. Eso es algo que he intentado mantener en mis producciones actuales ya sea en 240 volts o en Wagon Repair. Yo he vivido mucho tiempo en Vancouver donde el sonido “West Coast” americano tenía mucha presencia en los clubs con Mark Farina y toda esta gente que abusaba del saxofón y la trompeta y que, por otra parte, me excitaba más bien poco. A mi me gustaba Maurizio y todo lo que se editaba en Klang y eso fue lo que me motivaba a empezar a producir como contrapartida al house 4x4 machacón. Otros de los grupos que me hicieron abrir los ojos un poco después fueron Swayzak. No tienen nada que ver con el drum&bass pero vinieron a Vancouver en una gira legendaria compartiendo cartel con Juan Atkins y Stacey Pullen y entonces mi vida cambió porque los conocí en persona y empezamos a trabajar juntos. Me gustó mucho su directo porque si bien el disco que presentaban, “Snowboarding in Argentina”, era bastante bonito su live act se planteó con una base electro bastante sucia que acabó por enamorarme.

Entonces dejará Vancouver por Londres y allí contacta con Virus Recordings que es el sello de Optical…

Cuando me mudé a Londres, Optical era mi productor favorito sin duda. La casualidad hizo que conociera a su representante y me dije: “Oh, seguro que en Virus Recordings necesitan a alguien como yo”. Entonces fue cuando empecé a trabajar en el estudio de mi sello favorito sin haber producido ni un solo tema de drum&bass, algo que me pareció bastante divertido. Me pedían que hiciera algo cercano a ese estilo pero nunca lo hice. Optical y yo probábamos diferentes sonidos pero yo siempre me decantaba por algo diferente. Me gustaba la filosofía del “drama” pero adaptándola a mi estilo, porque sabía que si por algo debía destacar era por elaborar un sonido propio. Mi música siempre escondía algo detrás que estaba conectado con el “drum &bass” pero no se podía etiquetar como tal. Y así he seguido hasta ahora.

Resumiendo: usted se apodera del espíritu del drum&bass para hacer algo muy personal pero que se acerca más al techno.

Bueno, de manera natural me encontré haciendo algo así como “drum&bass” minimal porque me gustaba la atmósfera de esos temas antiguos cercanos al hardcore pero había cosas como el bajo acelerado que no me convencían, de algún modo hacía que el misterio se evaporase. Inconscientemente el drum&bass ha calado en todas mis producciones, pero es cierto mi sonido estaría más cercano al techno aunque con un tempo mutante que no tienen nada que ver con otras etiquetas.
Siempre se han destacado sus atmósferas, tan misteriosas como sus inquietantes portadas.

Eso es debido a mi ciudad. Vancouver es una localidad donde la gente adopta una especie de escudo protector. No estamos en Detroit, tampoco vivimos en Chicago, estamos un poco a medio camino de todo y chupamos información de todos esos sitios sin pertenecer a ellos y eso nos da como resultado un trabajo diferente al del resto de ciudades importantes. Vancouver es una ciudad satélite y su música, por tanto, es satélite de otras músicas. La gente en Vancouver se siente fuera de la locura americana pero también es cierto que se aprovecha de su sonido.

Ahora se dedica a la gestión del sello Wagon Repair junto a Mathew Jonson con el que ha editado dos referencias, “Draconia” y “Medusa smile”. Por cierto, este último título me parece muy acertado.

Gracias, me encanta que me lo digas porque estos detalles –título, diseño, art cover…- son muy importantes en mi música. En la electrónica el concepto es muy importante y creo que no todo el mundo lo valora como tal. Detrás de la música tiene que haber algo escondido que llene el contenido de lo que se escucha. Odio cuando la gente se refiere a un tema como el track del riff de piano… No, ese tema tiene un título por alguna razón, seguramente forma parte del trabajo global de un músico o de un productor. Mucha gente interesada en el techno me dice que no les gustan mis portadas porque no remiten a la estética techno. Y entonces es cuando yo les respondo, “Exacto!, tu lo has dicho”. Claro que no son portadas techno porque de eso va mi música: se encasilla como música techno pero es un cruce entre otras muchas referencias. Cuando alguien coge alguna de mis portadas y dice “¿que coño es esto?”, mi música ya ha empezado a surtir su efecto en el oyente sin necesidad de haber pinchado el disco. La historia que se esconde detrás de mi música afecta a mi trabajo y al que la escucha. No elaboro mis discos pensando que son un pedazo de herramienta más para rellenar una sesión. Igual es que provengo de un background audiovisual –las portadas las diseño yo mismo- y por esa razón le doy tanta importancia al art work, pero es que lo que yo quiero contar necesita de la imagen y del sonido.

Una vez se plancharon las primeras promos de “Medusa smile” gente como Richie Hawtin, Villalobos o Ata pincharon ese tema la misma noche en una especie de festival que se celebró en Berlín llamado “New kids on acid”. A primera vista eso es muy bueno pero también puede ser negativo en tanto en cuanto la gente puede cansarse de ese mismo tema.

Una vez editas un tema pierdes el control sobre él. El problema de las promos es que si gustan a la gente y no se pueden encontrar en las tiendas, ese mismo interés inicial se puede haber evaporado una vez se ponga a la venta.

También juega a favor de sus discos que los verdaderos amantes de la música se sienten atraídos por el recipiente y eso hace que se hagan con el original
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Si, eso es cierto. Me lo decía Trevor Jackson el otro día. Una de las soluciones al tema de la piratería es que se vuelva a valorar en su justa medida la importancia de las portadas como ocurría a mediados de los ochenta. El mercado vive momentos en los que todo va muy rápido y los discos se queman en seguida, pero lo que realmente permanecen son las portadas. Ese ha sido uno de los problemas del techno en la actualidad: sus fundas blancas. Claro, después habría que ver si esa portada envuelve buena música pero ese ya es otro cantar.

Entonces usted compra discos “quemados” sin importarle que los haya pinchado todo el mundo.

Por supuesto, hay discos que debo comprar si no quiero que en el futuro me de con un canto en los dientes. Hoy está quemado pero, ¿quien te dice que en un futuro no experimentes unas ganas horribles de escucharlo? Es obvio que no voy a pinchar según que tracks cuando ya todo el mundo los ha aireado, pero eso no es excusa para que me los compre y los escuche en casa. Entre otras cosas, porque es bueno y por esa misma razón todos los Dj’s del mundo lo han pinchado.

Me imagino que vende mucho más en Europa que en Norteamerica.

Si, ahora mismo todo el mundo está entusiasmado con la música de baile excepto en EE.UU. Allí hace diez años todo el mundo vendió sus guitarras para comprarse unos platos cuando la época buena de las raves. Hace tres o cuatro años cuando grupos como The Strokes hicieron acto de presencia todo el mundo vendió sus platos para volver a las guitarras. Veremos a ver cuanto tiempo les dura la fiebre por el rock añejo. Malditas modas.

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