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Guillamino

Guillamino

Publicada el 07 Junio 2005 por David Puente
Pocos artistas pueden alardear de haber participado el mismo año en el Primavera Sound para, semanas más tarde, remachar el principio del verano en el Sónar. Que sepamos, uno de ellos va a cumplir esta plusmarca, se llama Guillamino y lleva dos discos largos de difícil definición estilística en la humilde disquera Bankrobber: “1 dia” (2003) y “Somnis de llop” (2005). Dice que su padre es de Figueres pero que se siente muy identificado con la locura de Figueres y toda la mítica de la tramontana, su viento por excelencia. John Peel y Gilles Peterson le apadrinaron los discos seguramente por su desparpajado al fusionar soul y electrónica con ornamentaciones que van de la bossa nova al pop-jazz de Chicago.
"El mal moment d'Eivissa” (“El mal momento de Ibiza”) es un experimento en el que mezcla house con sardanas.
Si, pero sin ánimos de crear un subestilo. No os asustéis. Se trata de una muestra más que la postura electrónica se atreve con cualquier híbrido. Es algo así como un reto personal por el placer de mezclar.

¿El título denuncia la comercialización excesiva de la cultura de clubs en la isla?
Es un título muy buscado. De nuevo juego con la mezcla, porque por un lado intenta reproducir esos títulos clásicos de composiciones sardanísticas que siempre se contextualizaban con un término geográfico, como “L'estiu a Cadaqués” (“El verano en Cadaqués”) o “Blanes bonica” (“Blanes bonita”). Además, Ibiza siempre remite a house en términos de música de club. Así que ahí tenemos la ecuación solucionada. El mal momento se podría referir a un mal viaje motivado por las drogas pero en realidad habla de una experiencia mía propia en la que decidí viajar a la isla un 3 de enero, cuando no había nadie, muy necesario para superar unos demonios interiores que aún así no he logrado exorcizar.

Los demonios internos son necesarios para un compositor…
Son necesarios cuando no te empujan a la creación y, por el contrario, te pudren por dentro. De todos modos y a riesgo de ponernos demasiado introspectivos, hay algunos demonios con los que debes aprender a convivir porque se enquistan en uno mismo.

En sus dos primeros álbumes ha jugado con híbridos inimaginables hasta que usted los mezcló…
Me decanto por un tipo de sonido híbrido que me va muy bien porque me abre muchas puertas. Las del Primavera Sound, por ejemplo, que no es precisamente un festival electrónico pero que han contado conmigo después de la edición de “Somnis de llop”. Con el Sónar es diferente, porque llevo varios años de relación con este festival, incluso he trabajado en él, así que me encuentro muy cómodo. Pero también iré al festival Senglar rock de Montblanc, que es un festival centrado tradicionalmente en el rock catalán y que obviamente no tiene nada que ver con los otros dos y donde tocará gente como Bumbury, Companyia Elèctrica Dharma o Maria del Mar Bonet. Esta variedad de festivales no significa que mi música llegue a un gran público, pero si es cierto que demuestra que mi trabajo cuenta con diferentes lecturas. Eso no quiere decir que no me interese la electrónica pura. Estoy pensando en remezclar yo mismo algún tema para editarlo en formato vinilo para entrar en el circuito de Dj's. Es una forma guapa de entrar en ese círculo de selectores que tanto peso tienen en la promoción de un disco. El Cd está muy trillado y un vinilo siempre aporta un plus a tu música. Me interesa esa otra puerta para calibrar nuevas valoraciones de mi música.

Le interesa el sonido de club, entonces…
Si, además algunas veces hago de Dj. Nada lineal, mezclando cosas diferentes, pinchando versiones mías y también me atrevo a cantar encima de los temas. Me gustaría explotarlo más. ¿De técnica? Voy justillo porque me estoy oxidando. Me he pasado al CD –la opción “cue” es un gran invento- y al ordenador y ahora me da mucha pereza mezclar con vinilos. En mis mejores tiempos llegué a dominar la técnica del scratch. Pero a mi lo que realmente me gusta es ir a los locales con poco equipaje y montar una fiesta sólo con lo puesto. Ese rollo trovador que es más difícil de reproducir con una banda encima del escenario. Y menos ahora con este formato de banda más o menos convencional que estrenamos en el Primavera Sound. Aunque a decir verdad, disfruto mucho tocando como uno más en un grupo.

Cuénteme lo de la banda que estrena porque según lo escuchado en el Primavera Sound su sonido cambia bastante en relación al disco.
Antes desplegaba un ordenador y una guitarra como pack básico de mis conciertos al que se unía un rapero. Ahora la sensación es otra porque cuento con un bajista que el sólo se encarga de llevar el groove, con lo cual se ocupa de una parcela muy importante del buen desarrollo de un concierto. También tengo un guitarrista-teclista que se encarga del sinte y de lanzar samplers. Yo me ocupo de cantar y de tocar mi guitarra española. También mantengo al rapero para cumplir con la cuota de hip hop de mi show.

Y entonces, ¿quien es Guillamino?
Guillamino es un personaje o un papel que desempeño yo mismo. Ellos son la “guillabanda”. Yo soy de aquí, de Barcelona, pero me gusta esta ambigüedad con la que se me ha presentado ante los medios a costa de mi lugar de nacimiento. Tampoco te creas que eso de reivindicar la locura ampurdanesa es gratuito. Piensa que cuando estudiaba Bellas Artes también hacía unas buenas “pajarracadas”. Una vez me hice unas zapatilla con dos panes que tenían un no sé que daliniano que siempre me ha acompañado en mi proceder artístico.

En sus dos obra parece tocar cuantos más palos mejor: soul, jazz, blues, house…
Aún me falta para ese momento de maduración total a la que llega todo músico hasta anclarse en un estilo. Yo reivindico ese acto de valentía que significa decir: “Ey tios, tengo 30 años y todavía no he madurado creativamente”.

Además, parece que cuando uno cumple años intenta olvidar según qué músicas que gustaron en su juventud pero de las que parece abominar con la edad…
Bueno, yo también tuve un pasado hardcore al que seguramente no volveré. Porque todo aquello tuvo que ver con un estado adrenalítico que ahora mismo no me apetece reproducir. Cada uno escoge sus puntos de agarre, pero dependiendo de su ciclo de vida más que de la propia edad. Te has vuelto un “carca” cuando a cierta edad te vuelves de nuevo un ser monotemático.

Un fenómeno como el suyo puede acabar con la mala imagen de la música popular catalana...
Si, la tradicional se ha mostrado demasiado “naftalinada” y demasiado inadaptada al contexto general. Existe ahora una tendencia a cambiar esta inercia hacia el inmovilismo. No puede ser que Catalunya tenga un Sónar o un Primavera Sound como referentes en toda Europa y siga estando tan amarrada a cuestiones políticas algo reaccionarias. Tengo la convicción que a un cambio político como el que hemos pasado aquí le seguirá un giro estético algo más radical. Veremos a ver a donde nos lleva este triunvirato sexual que nos gobierna.

¿Ya piensa en su tercer L.P.?
Cuando me plantee “Somnis de llop” quería hacer un disco doble con un disco de hip ho y dub tranquilo y otra de house y drum&bass. Lo del doble L.P. no es del todo cierto porque en él hay 14 temas, pero estilísticamente yo creo que cumplí con lo previsto. Y en este segundo quiero hacer un cruce entre Jaume Sisa y Moreno Veloso, el hijo mayor de Caetano Veloso. Quiero hacer algo muy tranquilo, pero orgánico y electrónico a la vez.

Seguro que le vuelve a gustar a Gilles Peterson...
Lo vi en la Paloma de Barcelona cuando vino a pinchar. Mis compañeros de Bankrobber le llevaron un ejemplar de mi disco y este les recordó que ya se lo habían hecho llegar a Londres y que le gustaba mucho el primer tema, “Sexy daze”. No tenemos relación, pero está atento a lo que hago. Y eso me enorgullece.


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