
Autor: Matias Aguayo
Título: Ay Ay Ay
Sello: Kompakt
Nota: 5 / 10Con todos mis respetos, no sé que acabaréis pensando vosotros, ya me gustará saberlo, pero me da la sensación que a Matías Aguayo se le han acabado de cruzar los cables definitivamente. No recuerdo un disco donde hayan abusado tanto de unos digichorus en el micro. Tantas voces haciendo ruidillos o melodías ridículas que termina siendo angustioso. Él mismo se confiesa asegurando hice muchísimas cosas con mi voz, algunas veces hasta grabaciones de 60 capas sólo con ésta. Difícil digestión.
Una verdadera lástima, fondos rítmicos desnudos como Desde Rusia o Menta Latte no están tan mal. Pequeños experimentos de compases curiosos, Rollerskate por ejemplo, primer single extraído, donde incluso la voz está más potable. Conocida es la pintoresca guasa de Matías Aguayo y lo característico que es en todo lo que hace. Nadie duda de su savoir affaire, sobretodo como performer, antes que DJ o productor. De su basta ya de minimal, del dinamismo que desprende cuando se enfrasca en una fiesta, pero echamos de menos demasiado en Ay Ay Ay la profundidad y el trato más serio dado en EPs como A Night at the Tilehouse o Are You Really Lost. No dudamos que se lo haya pasado pirata en el estudio entre loops y efectos, pero si tanto pitorreo al final resulta extraño, desquiciante. Y son más de dos años elaborando este disco, idea loca que comenzara a plasmarse en Buenos Aires. Ciudad donde también comenzarán a sucederse las BumBumBox Parties (fiestas sorpresa en lugares públicos anunciadas con muy poca antelación) que finalmente han acabado pasando factura en su proceso de (re)creación. En ellas más que pendiente de los discos que pinchaba, lo estaba del micro como si de un miembro del cuerpo más se tratase.
Advertirte también que si buscas electrónica de baile en este disco andas bastante mal encaminado. A no ser que te pongan los sonidos caribeños alienígenas (Me Vuelvo Loca), el reggaeton esotérico con letras como con este ritmo cógete el hueso, si es que está bueno róbate un beso (Ay Shit-The Master), al menos eso parece decir, o saborcillo a ballenato (Juanita). Además persiguiendo los pasos del último trabajo Tribute to the Sun de su compatriota chileno, también instalado en terreno europeo, Lucien Nicolet, es decir Luciano, Matías aporta su granito de arena etno africano con Koro Koro. Oído lo oído sólo me quedan dos dudas por dilucidar, Matías Aguayo, ¿loco liberal o genio incomprendido por este que os escribe?