Brunch In The Park Barcelona 2017 #6

Escrito por Bruno Garca | Fotos de Astrid Bosch Miskovic | Publicado el 08.08.2017

A finales del mes de Julio se desveló por fin el cartel de la ‘cita sorpresa’ de la actual temporada del Brunch-in the Park Barcelona. Esa caja sin descubrir que prometía guardarnos “una convocatoria con el pasado, el presente y el futuro de la música de baile”. Pues esa misma, se abrió finalmente este pasado domingo 6 de agosto, lo que en principio era una ‘sorpresa’ acabó convirtiéndose en una ‘extraordinaria sorpresa’. Ojos como platos al descubrir un line-up comandado –nunca mejor dicho, estos tipos tiran de galones- por el mítico Andrew Weatherall y Octave One. Completando el desfile de talento en cabina, savia nueva representada por Factory Floor y Psychemagik (para ser exactos solo uno de ellos). Y no me olvido no, teniendo los honores de abrir esta misa al aire libre donde se rinde tributo a la electrónica, todo un caballero al que deberíamos tener ya muy bien controlado: DJ Lui.

Luis Costa en casa, DJ Lui fuera de ella, el autor del sonado libro ¡Bacalao!: historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995 tiró de experiencia y sensatez en un set magnífico de tres horas ¿Muchas? No, pocas teniendo en cuenta lo que esconde en sus maletas el barcelonés. Su comienzo fue sencillo, bonito e ideal para ir generando ambiente. El que buenamente te puedas imaginar que suscita músicas como las de Boards of Canada, Bola, Space Dimension Controller, Thomas Fehlmann, etc. Todo siempre muy planeador, texturas que ayudaban a conciliar mejor la digestión y acomodar un inicio de tarde bajo el solano donde ya se empezaba a percibir que terminaría siendo pletórica. Muy agustico que se encontraba el muchacho haciendo al respetable viajar entre los 85 y los 100 BPM. El bueno de Luis también se dejó caer con unas buenas pinceladas de Balearic, temas de Morgan Geist, Thomass Jackson… en esa onda vaselina, hasta alcanzar un pelín más de despiporre. Ya os digo que lo que esconde este hombre en su maleta, mejor dicho chistera, puede llegar a ser muy sorpresivo y ecléctico. Y es que tampoco faltaron temas de cosecha local, de artistas como The Two Mamarrachos, Undo o Lokier por ejemplo. Su broche, el Strandbar (Disko Version) de Todd Terje.


DJ Lui

Como suele suceder siempre en el Brunch, poco a poco y a medida que el sol bajaba y picaba menos, una legión de ‘brunchers’ se fueron agolpando en los jardines Joan Brossa de Montjuïc hasta finalmente convertirse aquello en un hormiguero sediento de baile y ganas de pasarlo bien. Según nos comentaron desde la organización al final de la jornada, se llegaron a las 6 mil personas. Una de las mejores entradas de la temporada. Sino la mejor. A nivel personal me esperaba más ‘viejos rockeros’ como yo teniendo en cuenta los cabezas de cartel. Que los había. Sin embargo me encontré con un recinto mayoritariamente joven y donde ni las nacionalidades, ni los acentos, ni los colores de piel importaban lo más mínimo. Algo que, como leeréis más tarde, leyó a las mil maravillas un erudito como Andrew Weatherall.

Eran las 16:00h, turno para que se luciera Psychemagik. Concretamente el más mozo de este dúo de remezcladores británicos: Tom Coveney. Lo suyo, bastante lógico, al mismo tiempo que sugerente. En otras palabras, un tour por un buen puñado de latigazos de disco volador, neo-funk y electrónica de baile puntillista, es decir, repleta de detalles musicales donde se podía percibir (casi) todo tipo de géneros musicales. Así hasta que, tras una charla distendida con Nik Colk (mitad de Factory Floor) despegará de golpe como un Concorde. Comenzaron a sonar cortes de techno arpegiado y house con pellizcos analógicos. Oscuros también. Me pareció reconocer un remix que Tom bajo su seudónimo Thomaas Banks realizó hace poco del track Heisenberg, un original del dúo español K-Effect (formado por David Martin y Diego Gomez). El caso es que se notó a leguas que les estaba preparando una alfombra roja al ahora dúo formado por Nik (quien supliera al miembro original Mark Harris) y Gabriel Gurnsey, este sí que estuvo ahí desde 2005. Fecha en la que nació este dúo artístico que se desvive por el techno minimalista analógico e industrial no exento de líneas de bajo muy divertidas (¿controlas el Two Different Ways de 2011? Menuda chicha). Antes que se me vaya el santo al cielo, los chicos hicieron ‘live’. Un directo donde pudimos degustar prácticamente al completo su último LP de estudio 25 25 (DFA Records). Canciones como Meet Me at the End o el propio single que da título al disco, eran reconocidos al instante. Mención aparte para Ya, su adictivo rollete acid-disco, que hizo las delicias de todos. Tenían ratos en los que parecía que los temas tardaban un poco más en ‘estallar’ (ya me entendéis, en generar bullicio y esa subida de brazos tan habitual de eventos como el Brunch), pero teniendo en cuenta que se trataba de directo, puro y duro, con cacharretes sobre la mesa (aunque no tantos como Octave One, que bueno, esos son de otro planeta), sin mezclas de libre albedrío y sí con composiciones propias cuyo encanto está en el desarrollo… Poquito que reprochar. Momentazos de sonrisa en cara y manos intentado coger uno de esos teleféricos que pasan por encima de la pista, los hubo. Y unos cuantos. Con ellos más mecánicos y conceptuales de los que la masa suele buscar, lo que es un gustazo para este que os escribe.


Psychemagik


Factory Floor

Ahora que me he quedado más a gusto que un arbusto dándole carantoñas a la pirámide analógica llena de exploración hacia la música de baile de Factory Floor… vamos con el –para mí- plato fuerte de la tarde-noche: Andrew Weatherall. A sus 54 tacos, Andrew James 'The Major' Weatherall, sigue estando hecho un chaval que disfruta haciendo disfrutar. Lo suyo fue un ejercicio de lectura rápida de la pista desde que pulsó el primer ‘play’ (pinchó con los Pioneer DJ, y si no estoy equivocado, solo con CD), que no fue otra cosa que el corte acapella de clásico de 1992 C'hantal The Realm. Acto seguido esa intro se fundió con el Let Me Go de Mutant Beat Dance. Una rareza del indie house borrachuzo –los vocales van un tanto pedo- editada hace unos pocos años por Hour House Is Your Rush Records. Para mi gusto hubiese estado muy bien arrancar, un ratito al menos, con algunas de sus remezclas pioneras. Qué sé yo, así como para cumplir un sueño. Leftfield, New Order, Finitribe, Primal Scream, Meat Beat Manifesto, Galliano, Luke Slater… Madre mía ¡ha pasado tantísimo por sus manos! Otra vez será, o al menos eso espero. El caso es que Andrew se metió en el bolsillo a las miles de personas que ya en ese momento abarrotaban la pista de baile, y alrededores (que en el caso del Brunch son unos cuantos). Actuó como el maestro que en clase sabe cómo hacer callar a sus alumnos, pero en este caso al revés: los puso literalmente a sudar y en más de una vez gritar al unísono que seguían sus beats. Entre los buenísimos discos que mezcló, pude reconocer varios publicados en Correspondant, sello de Jennifer Cardini: el Mithril de Zombies In Miami, 2001 de V o Sentimental Idiot de Kempes. Este último una verdadera joya del techno-disco volador a la vez que épico. Un rato más tarde, e igual de galáctico, aunque esta vez bien embadurnado de toques acid y electro, The Love Supreme con Splash Monkey. Infalible. A todo esto, un pequeño susto me pegué cuando hizo su primera mezcla. La verdad es que no acabó de afinar bien el BPM de los temas y un poquito del Séptimo de Caballería tuvimos. Nada grave. Además, loable como salió al paso de esa, situándose rápidamente en su sitio, que no solo eso, haciendo las delicias de todos durante sus dos horas exactas de sesión. Tampoco se le vio con malos gestos, todo lo contrario. Andrew Weatherall embebido en esa camiseta rollo ‘Abeja Maya’ y la chaquetilla motera donde se leía Gnostic Sonics, resultó de lo más entrañable. Tampoco quieto, menudos bailes y pitillos se fumaba durante las mezclas. Incluso se atrevió más de una vez con alguna que otra tímida ‘mano en alto haciendo la cobra’.


Andrew Weatherall


Octave One

A todo esto, lo pensé estando allí, y lo vuelvo a pensar ahora. Mucho humo y nicotina observé esta vez en varios de los artistas a los mandos. Andrew por supuesto, Tom de Psychemagik y Gabriel de Factory Floor. Me resultó curioso. Yo además no fumo. Soltada lo que para muchos de vosotros resultará una chorrada, vayamos con la guinda del pastel dominical. Los no menos legendarios Octave One. Ningún ‘pero’ que ponerle a la actuación en directo que ofreció la unidad central de este proyecto representada como de costumbre por los hermanos Lenny y Lawrence Burden. Menos aún al tinglado de cacharros que montaron que cogía más de medio escenario. Entre ellos pude adivinar un Korg Electribe MX, un Mopho de Dave Smith (que para bajos es una pasada), un Drumcomputer MFB-522, un MeeBlip SE… y coronando toda esta montaña de maravillosos armatostes, una Roland TB-03. Octave One dio un recital de hora y media donde demostraron porque son esenciales para entender la música de baile de las tres últimas décadas. Al menos de esa que bebe del house, el techno y el soul de altos vuelos. En Detroit tuvieron que nacer estos ‘chavales’ que arrancaron pegando fuerte en 1990 con aquel I Believe. Tema que no sonó, sí que lo hizo a media hora de acabar, el clásico entre clásicos Black Water. Lo tocaron desde el principio, ese que todo el mundo reconoce a las primeras de cambio. Fue un momento mágico cuando, tras un ratos de violines, comenzó a sonar esa particularísima secuencia melódica y… poco después, la voz de Ann Saunderson que tampoco faltó a la cita. Eso sí, enlatada. Importante apuntar que además de clásicos como Black Water, a lo que vinieron Octave One realmente es a defender su último álbum de estudio Love by Machine (430 West Records, 2016). Sonaron temazos de pista como Pain Pressure (ghetto-tech urbanita y racial), el pegadizo Sounds Of Jericho, Pain Pressure o [Where] Time Collides (más electrificado que todos los anteriores). Cerraron puntualmente a las 22:00h con todo un Afterglow. Producción incluida esta vez en el LP Burn It Down (2015). Termino con ellos diciendo que, Lenny fue el responsable de trastear con la montonera de máquinas, mientras Lawrence lo hacía con el gigantesco mezclador, corazón y cerebro por donde pasaba todo lo que sonaba. Ah, los golpes secos, azotes de cuello de este último mientras baila y sigue el ritmo no son normales, si alguien de su entorno, su tour manager, o él mismo porque le dio por traducir esta entrevista en Google quiere pasarme el contacto de su fisioterapeuta, que no se corte.


Más información:

Brunch In The Park Barcelona: Web Oficial

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