Crónica: Cruïlla 2017. Fiesta Mayor

Escrito por Javi López | Fotos de Cruïlla | Publicado el 12.07.2017

Soy fan del Cruïlla. Por muchas razones. Es un festival que se ha ido labrando una personalidad distintiva a lo largo de los años. Trae a artistas difíciles de ver en otros contextos pero también grandes headliners. Su ambiente es festivo y relajado, sin el stress propio de otros grandes festivales. En su octava edición ha alcanzado la cifra récord de 47.000 asistentes durante el viernes y el sábado, y ha presentado un cartel heterogéneo, que ha ofrecido propuestas para el gran público (Pet Shop Boys, Die Antwoord, Ryan Adams, Little Steven) y exquisiteces para la audiencia más leída, como el intenso y extravagante recital de Dorian Wood (escuchen su maravilloso Xalá y miren sus vídeos) o el vibrante show que ofreció el francés -M- aka Matthieu Chedid acompañado de un auténtico all star de músicos africanos.

El Cruïlla se ha consolidado como el festival para el público de Barcelona. Aunque podías ver a algún extranjero (franceses e ingleses mayormente), la mayoría de los asistentes son de la ciudad y otros lugares de Catalunya. Eso hace que el ambiente del evento sea de plena celebración, muy parecido al de una fiesta mayor, sin postureos, ni presiones, ni dramáticos solapes. Un festival con conciertos principales de al menos hora y media de duración, con buen sonido en general (salvo excepciones en esta edición como las actuaciones de Los Fabulosos Cadillacs, Exquirla o algunos tramos de Jamiroquai), y sin publicidad invasiva en escenarios y recinto. Este año además, el Cruïlla contó con un stage dedicado al baile, el pequeño pero agradable Klipsch Soundsystem, por donde desfilaron destacados selectores de la ciudad como DJ Zero, Abu Sou o la habitual de la cabina de Marula Café Barcelona, la elegante y soulera DJ Virginie. No quiero comparar porque cada festival tiene su modelo, pero dice mucho de la filosofía del Cruïlla que el espacio en el que otro festival ubica su -enorme- zona para VIPs, el Cruïlla dispone un espacio verde para el público lleno de food trucks, bancos, mesas y zonas para descansar con excelentes vistas a uno de sus escenarios principales.


Jamiroquai

El viernes fue la jornada grande en cuanto público. El gran reclamo fue Jamiroquai, pero por desgracia Jay Kay no estuvo a las alturas de las expectativas, principalmente por sus recientes problemas de salud (esa operación de hernia y su escasa movilidad en el escenario hizo que se ganase el apelativo de "Chiquitoquai"). Sonaron los clásicos (Cosmic Girl, Canned Heat), alternándose con el material nuevo del reciente y frío Automaton, pero el show fue un "palantepatrás" en cuanto a intensidad y energía. Eso sí, Jay Kay sigue conservando la voz en perfecto estado, cosa que se pudo comprobar sobre todo en la recta final del show.

El poderío y la fiesta de esa jornada lo pusieron los siempre efectistas Two Door Cinema Club. El trío irlandés comienza a ser el relevo generacional de Kaiser Chiefs, gracias a su capacidad de facturar hits instantáneos que conectan con todo tipo de audiencias. Sus temas dance-pop son tan simples como efectistas. Muchos les critican por ello, pero no hay que olvidar que a veces el mejor pop es el que consigue llegar al hueso, el que consigue desprenderse de florituras y transmitir mucho con poco. Anthems como Something Good Can Work, Are We Ready (Wreck) o What You Know se bailaron y corearon a fuego en el Cruïlla.

Otro de los triunfadores fueron Die Antwoord. El dúo sudafricano vino a desplegar su espectáculo eléctrico y visceral, en el que reina su particular vendaval sónico: 'rave-trance-hardcore-rap' para botar como pollos sin cabeza. Con los años han ido mejorando su puesta en escena. En esta ocasión salieron parapetados por un gigante triángulo lumínico y proyecciones epilépticas. Yo-Landi iba cambiándose de atuendos, Ninja liándola cada dos por tres (incluso lanzándose al público un par de veces), repasando lo más destacado de su discografía: desde recientes hits como Love Drug o Banana Brain hasta clásicos de su repertorio como Ugly Boy, Fatty Boom Boom o el incendiario I Fink U Freaky. Probablemente están en el momento cumbre de su carrera y en el futuro los recordaremos como uno de los artistas definitorios de esta época. Fue demasiado contraste entregarse después al 'Sonido Nomad' de Nicola Cruz, un artista que se disfruta muy bien al calor del hi-fi del hogar pero que en un festival a las tres de la mañana supone un frenazo en la maquinaria, y más viniendo del torbellino de los Die Antwoord.


Die Antwoord

El sábado la jornada comenzó con una de las sorpresas más agradables del festival, el estreno de Lamomali el nuevo disco del artista galo Matthieu Chedid, más conocido como -M-. En Lamomali, Chedid, muy popular en su país y con una carrera mayormente basada en el pop-rock, se ha rodeado de primeras espadas de la música africana, muchos de los cuales le acompañaron en directo: desde el virtuoso de la kora (arpa tradicional africana de 21 cuerdas) Toumani Diabaté, hasta la pujante cantante Fatoumata Diawara, quién se comió el escenario con sus brillantes interpretaciones y bailes; y el jovencísimo y talentoso Sidiki Diabaté (vozarrón y también un crack con la Kora).

El sonido de este singular y exótico proyecto es una colisión de músicas africanas, disco-funk y euforia pop. Fue un derroche de talento a todos los niveles y una muestra de que todavía es posible encontrar lenguajes innovadores a través de la colisión de estilos y la colaboración intergeneracional de músicos de diferentes latitudes. Fue un concierto bailable y emotivo que arrancó ovaciones sinceras y una entrega del público total. El disco es una maravilla, exótico y exultante, y contiene hits como Manitoumani, Bal de Bamako o Soliradité, en referencia al conflicto de Mali. Si rodeos lo digo: Uno de los mejores conciertos que he visto este año.

Pet Shop Boys eran los cabezas de cartel indiscutibles de la jornada y cumplieron con creces con un show en el que tocaron todos sus palos. Salieron acompañados de tres jóvenes músicos de refuerzo (dos chicas asiáticas y un chico) que asumían labores en percusiones, teclados, violines y coros. Durante los más de 90 minutos de su show intercalaron algunos de sus grades éxitos de todas sus épocas –Western End Girls, Opportunities, Domino Dancing o unos fervorosas interpretaciones de It's A Sin y Go West con un Cruïlla cantando a coro junto al dúo inglés–, con material reciente de su híper bailable álbum Súper (que bien suena The Pop Kids) y concesiones al material del notable Electric. Sólo una pega: falto la discoide y petarda New York City Boy, uno de los singles más rotundos de la discografía de Neil Francis y Christopher Sean Lowe. Pero su actuación fue casi sobresaliente, sobre todo si tenemos en cuenta que ambos señores ya rondan los 60 años de vida y casi los 40 de carrera.


Pet Shop Boys

No hubo tregua para la fiesta con la aparición de Residente (René Pérez Joglar), que pese a venir a presentar su álbum de debut en solitario, basó su directo en el incendiario cancionero de Calle 13. La banda puertorriqueña ya es historia (se disolvieron en 2015), pero todavía pesa su legado y su reguetón alternativo con concesiones al rap, el folclore latinoamericano, la electrónica y el afrobeat, continúa funcionando a las mil maravillas. Igual de vigentes continúan The Prodigy (parece increíble después de tantos años de oficio y la zarza que se han metido en el cuerpo), pero la formación británica continúa siendo una apisonadora encima de las tablas. Su show pasa de efectismo escénicos y se basta de la energía del combo y de la locura en los juegos de luces para llevar a la audiencia al éxtasis. En la primera parte del concierto ya fueron a por todas, combinando clásicos como Firestarter y Breathe con singles recientes como Nasty y Wild Frontier. En el segundo tramo reventaron la explanada del Fórum con un atemporal Smack My Bitch Up y rabiosas interpretaciones de Voodoo People o Take Me To The Hospital. Me encantaría chequearles otro día en otra plaza porque realmente en el Cruïlla sonaron como un cañón y si continúan funcionando tan bien con regularidad seguramente podemos asegurar que Prodigy están viviendo una segunda juventud.

El Cruïlla se cerró el domingo con su tradicional jornada family-friendly, en la que el recinto se llenó de familias y un público joven para disfrutar de juegos, la Holy Party y actuaciones distendidas que resultaron todo un acierto (los que tenemos churumbeles agradecemos estas propuestas) y terminó de conquistarnos por completo. Desde luego, este Cruïlla enamora.


Más información:

Cruïlla: Web Oficial

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