Crónica: Sónar 2017 - Jueves

Escrito por Javi López | Fotos de Sónar Festival | Publicado el 19.06.2017

Sudor. Me imagino un tobogán de sudor. Un tobogán por el que deslizarse desde las alturas de la Fira de Barcelona hasta el césped artificial del Sónar Village… Y zambullirse en una piscina. Una piscina de sudor. De todo el sudor acumulado por los asistentes a la 24º edición de Sónar Festival. Un Sónar con récord de asistencia de público (61.000 personas en Sónar de Día y 62.000 en Sónar de Noche). Y récord de sudor.

Pasan los años pero todavía escucho a algún incauto decir que el Sónar de Día en el CCCB era mejor: "Mas familiar". Si consideras familiar bailar emparedado entre dos humanos en un Village con limitador puede que tengas un problema acerca del significado de familiaridad. Y más considerando la buena producción de los escenarios de Sónar de Día en la Fira (este año el sonido de los stages ha sido atronador), y que continúas cruzándote con todo el mundo, sea entre conciertos, frente al clásico macro-futbolín de la zona VIP o en el magnífico Sónar+D.

El jueves nos recibe la elegante DJ catalana Gemma Planell, Tutu, apostando por el riesgo y contando su propia historia mediante incursiones sintéticas, debatiéndose entre el baile y la furia. Es una DJ valiente. Ojalá se anime con la producción y continúe sorprendiendo. En el escenario SonarDôme otra DJ menuda venida de la otra punta del planeta ofrece una de las clásicas sesiones que sólo pueden verse en el escenario de la Red Bull Music Academy. Se trata de RayRay, artista de Taiwan, ganadora del Red Bull Thre3style en 2013 y también ghostproducer para artistas pop de su país. Mueve las manos rápido y agita los hombros con brío, ofreciendo ritmos quebrados, melodías tubulares, arrebatos hip hop y sonidos de sierra. La típica sesión bomba que te deja roto a la hora de comer. Cuento hasta siete subwoofers al pie del escenario del Dôme. Me pongo los tapones.

Aprovecho las primeras horas para ponerme un rato las gafas de realidad virtual, pasear por el MarketLab y descubrir productos interesantes. Uno de ellos es el Mod Duo. Un pedal en el que puedes cargar diversos cadenas de efectos y aplicarlos a guitarras, teclados u otros instrumentos. Me parece una solución interesante sobre todo para condensar distintos efectos en el escenario sin necesidad de llevar e invertir en docenas de pedales. Chequeadlo aquí.

También descubro juguetitos como el Dato Duo, un sintetizador-secuenciador que parece creado por Fisher Price, pero que ofrece buenas posibilidades y resulta muy divertido e intuitivo de usar, al igual que el pequeño pero matón sintetizador analógico patcheable Ants!de los catalanes Plankton Electronics. También tengo la oportunidad de probar la famosa mesa de mezclas Model1, ideada por Richie Hawtin: Un festival de filtros. Sin duda es un monstruo si pinchas techno/tech. Pero la bicha cuesta casi 3.000€.

En el Village Destiny Frasqueri aka Princess Nokia sale corriendo al escenario vestida como la Spice Negra. Sin lujos ni estridencias, y con una DJ de apoyo. Se ha retrasado su actuación. No sabemos por qué. Transmite entusiasmo y energía desde el inicio. Empieza con Tomboy y la audiencia enloquece. A medida que avanza su show (muy cortito, apenas de 35 minutos) su voz y energía se van apagando hasta el punto en que oímos más los coros per-grabados de apoyo que su propia voz. Suple la carencia vocal con una galería de gestos efectistas: escupe agua al público, hace un calvo, lanza hinchables a la multitud y se marca un stage diving. Correcta aunque no epatante. Eso sí, Brujas es un gran un hit.


Princess Nokia

El oscuro Sónar Hall recibe a Matthew Barnes, para presentar las canciones del tercer álbum de su proyecto Forest Swords. Desde su irrupción vía Tri Angle y posteriormente con su aclamado álbum Engravings en Ninja Tune, el de Liverpool no ha parado de recibir elogios. Le acompaña un bajista en escena que ofrece líneas densas y pesadas que resuenan en el estómago (los subgraves del Sónar Hall este año han sido demoledores, sobre todo si estabas en las primeras filas). La música de Forest Swords requiere espacio, tiempo y mentalización. Su dub narcótico y boscoso tiende puentes con la música cinematográfica y el pop –en el amplio sentido del término–, ya que echa mano de infinidad de recursos para engrandecer su música: arreglos de cuerda, secciones de vientos, samples vocales… Su show queda reforzado gracias al apartado visual: postales en alta definición que tratan, siempre en cámara lenta, sobre la naturaleza y la mujer.

De la distinción y la elegancia de la propuesta de Forest Swords pasamos a las catacumbas del sonido del nuevo SónarXS para ver a Young Beef: "El príncipe del Trap en España". El concierto fue un absoluto despropósito. Tanto él como sus MCs de apoyo vociferaban sin medida, cortaban los temas, se metían continuamente entre bambalinas y volvían a aparecer para arengar a la audiencia o perderse ente ella. Entre el público un chico ataviado como Arca (con un exiguo tanga) se ponía a cuatro patas y frotaba su trasero contra la polla de su amigo. Varias chicas también se arrancan a bailar meneando el culo. Young Beef se lanza al público y se forma un mosh pit considerable. El MC granadino combina sus hits recientes como Dinero E La Ola o clásicos como Beef Boy, con sus temas de reggaeton y otros arrebatos. Todo a una velocidad de infarto, con un sonido desastroso, borracho de agudos e hiriente por momentos. Esto es un show de punk del 77. Es un desastre, pero un 'digno desastre', porque no te deja indiferente. Transmite asco y desidia. Me acuerdo de GG Allin y de su mítico video en el que defeca en el escenario y luego lanza la mierda al público. Pues lo de Young Beef es lo mismo pero sin excrementos de por medio.

Ya sabemos que el Sónar puede vivirse de muchas maneras. Para los que el festival es una celebración, la sesión de Prins Thomas fue uno de los mejores platos de la jornada. Discoide y crápula (no paraba de fumar cigarrillos y beber cerveza con una sonrisa de coyote entre mezcla y mezcla), firmó una sesión festiva y culta, que ofreció perlas de todos los colores. Fue desde el Walking On Sunshine de Eddy Grant hasta el flamante y chispeante house de Octo Octa (un Fleeting Moments Of Freedom que devino la metáfora perfecta para definir el éxtasis del momento). Cerró su genial sesión con el Overground de Alkalino arrancando los bailes más honestos y entregados de la jornada. Después de Prins Thomas, el que la lió parda fue el británico Denis Sulta en el Dôme. Epítome del DJ hooligan, el de Glasgow se hace dueño del escenario, pincha house espídico, mete clásicos noventeros, conatos de mákina y latigazos electro en un cierre de jornada que fue un despiporre en el escenario de la RBMA, con el propio Sulta saltando de la cabina a bailar enloquecido. Puro nervio.


Arca

Llegó el momento de hablar de Arca. Ha estado en boca de todos estos días y he leído crónicas apasionadas, de un fervor casi religioso. No hay duda: Alejandro Gershi es una estrella total. Se encuentra en un estado de gracia increíble y lo demostró en Sónar con un recital que pasará a la historia del festival. El discurso de Arca resulta difícil de definir, se basa en el apropiacionismo y deconstrucción de los códigos de la ópera, la copla y el bolero para crear un universo romántico, extraño e híper sexual. Fue un concierto de gran intensidad y de plena comunión con un público muy variado, pero con una gran legión de gays adorándole en las primeras filas. Alejandro Gershi es ya todo un icono. La Rocío Jurado del Sónar. Se cambia varias veces de vestuario (primero salgo con torerilla blanca y luego con tanga y látigo negros), se mueve como una vedette por la pasarela que penetra hacia el público, interpreta sus temas con intensidad, se arranca a bailar con sensualidad en los pasajes instrumentales, baja del escenario al final del concierto a desgañitarse entre la multitud… Éxtasis y devoción. Arca basó su show en el cancionero de su último disco homónimo en XL Recordings y lo combinó con pasajes instrumentales de trabajos previos como Xen. Y combinó también el despecho, la angustia y la desesperación de sus canciones con silencios. Silencios entre temas que se apoyan en el extraño universo visual de Jesse Kanda formado por serpientes, intestinos, bebés sintéticos que tocan el piano y anos penetrados por un enorme dildo negro. El jueves, más que nunca, Arca se sacó la polla y nos abofeteó la cara con ella. Grande.



Más información:

Sónar: Web Oficial

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