Crónica: Primavera Sound 2017

Escrito por Reinaldo Gil Peñas | Publicado el 13.06.2017

O de una figura literaria que reza en el título de este texto, que ha sido utilizada siempre (o al menos por el que escribe), para echar unas risas, para sobrellevar los problemas rutinarios de la vida diaria o simplemente por tocar la moral en mayor o menor medida al interlocutor correspondiente. Pero en este caso, la exageración se convierte en evento de música multitudinario, pantagruélico y mastodóntico. Se podría asegurar, sin llegar a error, que durante el primer fin de semana de junio pasaron por el Parc del Forúm una gran cantidad de estilos musicales y actuaciones significativamente difíciles de presenciar, en un espacio inmenso (las piernas de los asistentes podrían corroborarlo) y con una gran diligencia en cuanto a servicios y comodidades dentro del recinto. No sé si será la máxima de los organizadores pero les viene que ni pintada: “Que no se respire miseria”.

Nuestro paso por el evento se centró en la zona denominada como Primavera Bits, que se estrenaba este año, y que se podría considerar como un festival de electrónica dentro del mismo espacio, con dos escenarios, el Bacardi live, destinado a directos y el Bower and Wilkins, más destinado a dj sets. Aunque también hubo tiempo para visitar los escenarios más multitudinarios y otros más pequeños, que no sólo de electrónica vive el clubber.

Jueves, 2 de junio: Aphex, twin y especias sin igual.

El jueves, a priori, se destacaba por la vuelta a los escenarios de Richard D. James, mítico dónde los haya, debido a su calidad produciendo música y a su gran manejo del marketing, haciendo de su figura una leyenda. Y así lo cercioraba Aurora Halal, empezando su dj set con el remix de afx para el Falling Free de Curve, en homenaje al remixador para que al público en el Bower and Wilkins no se le olvidara la que se les venía encima. El discurso de la norteamericana se centró en un techno poco previsible, ácido y por momentos recordando al bacalao más noventero y trance, invocando a Emmanuel Top, en contraposición al primer dj set que pudimos disfrutar, en el que los canadienses Pender Street Steppers se dedicaron a arrancar los primeros bailes y sonrisas a base de pianos y cuerdas épicos, house y disco, italo más clasicorro y toques ácidos.

Justo antes de AFX, en el escenario Mango, y en la otra punta del recinto del festival (las distancias a recorrer son el mayor handicap que tiene), tocaban Slayer, unos mitos del trash metal, que tocaron temas míticos de su discografía de forma enérgica y salvaje (el pogo que se formó durante el concierto dio cuenta de ello, y las cámaras también).

Aphex Twin

Y por fin aparecía en escena el pelirrojo de Limerick con la única idea en la cabeza de triturarnos la psique además de los pies. La verdad es que después de su show no sabes muy bien que ha pasado; te deja con una sensación de haber estado en un sitio, al menos, diferente. A decir verdad y para ser sincero, me costó entrar en el set de Richard, con una primera media hora en la que coqueteó con el dubstep y ritmos rotos sin llegar al braindance, hasta que llegó a un tema con una mezcla de ritmos sincopados y reaggeton que puso el escenario Heineken del revés pero que a mí, no me convenció del todo hasta que empezó a ser el más AFX posible, intercalando idm/acid/house/techno/hardcore, creando un collage de sonidos que producían en el espectador un estado catatónico en el que no puede bailar ni con la cabeza ni con los pies, o el consabido término, braindance. Hubo un momento que me llamó la atención y fue cuando mezcló el 303 de Public Energy con el Seawolf de UR, en el que no sabías donde empezaba y donde acababa cada tema, además del tramo final que transcurrió entre idm rotísima, jungle anfetamínico y una catedral de sonido por medio de bombos hipercomprimidos y concatenados entre sí, para finalmente dejarnos con la boca más que abierta y las caderas en Nueva Zelanda.

Después de este show bien podríamos habernos ido a dormir la mona, pero decidimos pasarnos a ver Skinny Puppys, grupo consagrado del industrial canadiense, que nos dieron un concierto entre lo melódico, lo oscuro y lo vitaminado en su justa medida dándonos una transición elocuente hasta el final de la noche que se daba lugar en el Bower and Wilkins, en el que el polifacético y archiconocido Ben UFO repartía house, techno, breaks y otras lindezas del derecho y del revés, sonando algún tema de Technasia y Groove la chord del sueco Aril Brihka, que con el soundsystem allí presente, sonaba como la primera vez que lo escuchamos.

Viernes, 3 de junio. Atardeceres, hechos post rock.

Bien es sabido por todos que el PS se caracteriza por tener secret guests, conciertos imprevistos en lugares improvisados dentro del festival y demás. Pues bien, el viernes, previo chivatazo del día anterior, estábamos entusiasmados porque iba a tocar Mogwai en el escenario Bacardi live, que aunque priori no tendría nada de especial ya que son fieles acérrimos a tocar en el evento esta vez tocaron en primicia mundial su nuevo disco aún sin editar, otorgando al atardecer barcelonés una calidez y epicidad dignas de los mejores inicios para un segundo día de festival.

Justo antes de que fuera el show del día, estuvimos viendo el dj set a Lord Of The Isles, que a base de 4x4 bastante evidente y muy poco atractivo calentaba una pista necesitada justo de eso mismo. Por el contrario Huerco S siguió calentando la pista a base de house oscurísimo, con toques tribales y africanos.

Con la oscuridad cerniéndose sobre el Parc del Fórum nos desplazamos a ver a Marie Davidson, cuyo directo se convirtió en el highlight del segundo día de festival, a partir de techno tremendamente sincopado, con tintes ebm e industriales y llegando a tener un punto muy coherente de experimentalidad en cuanto al ritmo. Fue muy divertida su puesta en escena haciendo partícipe al público del show, con mucha actitud, cantando e incluso rapeando sobre alguno de sus temas. La parte final del directo transcurrió entre el Adieux au dancefloor y un unreleased con la base rítmica con más músculo de la noche, con unas vocales que recordaban al guetto techno, siempre con el verbo trabajar, en inglés, mediante.

Otra de las actuaciones imperdibles fue la de The xx en el escenario principal patrocinado por Heineken. Con una puesta en escena muy efectista que llenaba el escenario de iluminación muy colorida y una carencia de volumen al principio del concierto, a priori decidido así por ellos para que el concierto fuera más intimista, impidió que conectásemos del todo con el show. Tras disfrutar de la tremenda voz de la cantante y de un principio en la que sólo apareció el beat con su archiconocido Crystalized, nos desplazamos al Primavera BITS de nuevo.

The xx

Allí en el Bacardi live tocaba un sueco de altos vuelos en todos los sentidos. Abdulla Rashim dio buena cuenta de lo que es capaz, a pesar de una serie de problemas técnicos durante su directo. Un viajazo de techno más bien monótono, con infinitas capas y texturas diversas, con el volumen capado al inicio del set para que la progresión del mismo avanzara de forma proporcional al aumento de volumen, acompañado de un juego de luces que ayudaban a que el hipnotismo más visceral se apoderara del espectador, mezclado con unas melodías que bien parecían auroras boreales. Por poner una pega, se echaron en falta un poco más de esos tintes ácidos tan característicos suyos.

La noche finalizaba con Voiski a.k.a Polar Inertia (había una vez un productor francés tan multidisciplinar en esto de la electrónica, que hace exactamente lo que le da la gana). Sonando a Detroit, trance noventero, ácido y más minimalista por momentos y más agresivo en otros. Quedamos tan contentos de gastar suela que nos retiramos hasta el día siguiente para comenzar la última jornada de festival lo más pronto posible.

Sábado, 4 de junio. Ambient, como forma de vida.

Previo vermouth en la Bodega Carol y chubascos moderados mediante, nos dirigimos a disfrutar del dj set de Lauer, con el sol y la intensidad de calor en lo más alto. A base de house, muchas cajas de la mítica 808 y la melodía por bandera, comenzaron los bailes en el último día de Bower and Wilkins. Una grata sorpresa el alemán poniendo música muy emotiva, atmosférica y épica a partes iguales, con tintes disco e incluso algún tema de synth pop y new wave. De hecho acabó con The Last Track de Trisomie 21, ovacionado por los allí presentes.

Lo que vino después fue un concepto radiofórmula un tanto manido; uno de los componentes de !!! (chk chk chk) se plantó con su portátil a soltar temas de funk, soul, dem bow y otros ritmos negroides de este siglo, que para pasar un rato de tarde no estaba mal pero para nada fue significativo.

Reseñable fue el dj set del norteamericano Dave P, que sustituyó la radiofórmula por un dj set a base de macarreo en todos los estilos, tirando de acid house con vocales, house oscuro y electro con toques ebm. Fue el set más enérgico y sudoroso de la tarde, sonando temas de Bicep y cerrando con un tema de Tok Tok que se encuentra en el imaginario colectivo de casi todo clubber, Missy Queens gonna die. El baile desenfrenado estuvo más que garantizado.

Golden Bug era el encargado de continuar con la tarde, música con una cadencia mucho menor que los anteriores dj sets pero con un preciosismo y un 4x4 poco común, lo que hizo divertida la sesión. Si bien este estilo de música es llamado por unos compañeros de pista como “sheepsleeping” con bastante ironía, no peca de aburrir sino más bien lo contrario.

Con la siguiente actuación ya empezaban a aparecer la crew de Hivern Discs, responsables de la programación del Bower and Wilkins el último día. JMII le dio al africanismo y al timbaleo bien entendido continuando con una cadencia parecida al anterior set.

Aunque nos trasladamos al Bacardi live, ya que el directo de Sau Poler nos parecía más adecuada para ese momento de la tarde. Música con mucha profundidad y muy detallista, a ratos más deep house y a ratos más techno melódico, sonando a muchas cosas diferentes, bastante inclasificable y sobre todo, lo suficientemente épica para que el sol cayera como debiera sobre el Parc del Fórum.

Al caer la noche, aparece el dj set del día y probablemente del festival: Vladimir Ivkovic dio un recital de música totalmente inverosímil, tan pronto sonaba a italo disco como aparecía el oscurantismo, detroit, acid, electro de la Haya, idm inclasificable, dub con vocales en castellano, en definitiva un viajazo para bailar con la cabeza y con los pies a una cadencia lo suficientemente lenta como para que tu cerebro flipe y tus pies quieran saltar de forma irremediable. Intachable actuación del yugoslavo.

Antes de lo que yo consideraba el plato fuerte de la noche a nivel electrónica, Huerco S. y GAS, nos desplazamos una vez más al escenario Heineken a disfrutar de Grace Jones, diva y cantante de reagge, dub, disco y lo que sea necesario. Con una puesta en escena espectacular, sobre todo de vestuario, y una energía apabullante en el escenario, se metió a la gente en el bolsillo desde el minuto uno, siendo una de las mejores actuaciones del festival sin lugar a dudas.

GAS

Para no faltar a la costumbre volvimos a hacer el recorrido hasta el Bacardi Live, donde nos esperaban casi 3 horas de viaje astral con un americano y un alemán; el primero ha sacado un lp de ambient aclamadísimo por la crítica, y el segundo, que no necesita introducción, es Wolfgang Voigt, amo y señor de Kompakt Records.

Vamos con el americano, que a partir de noise oscuro, bombos rotos, xilófonos, melodías abstractas y una infinidad de capas en las que aparecían sonidos propiamente de naturaleza (grillos, golpes entre rocas, tintineos) convirtiendo el viaje en algo terrenal, y para nada sideral. Hacia el final del set aparecen flangers aplastados, bombos venidos a menos a posta, melodías heladas y cajas distorsionadas. Cercano al house e incluso sexy, hace del ambient otra cosa diferente, como si fuera a sonar un piano totalmente orgánico en cualquier momento. Es posible que utilice sampleos de ritmos negroides para conseguir este efecto. El juego de claroscuros en el escenario combina de forma elocuente y genial con la música.

El alemán por otra parte utilizó unos visuales en slow motion de una belleza excepcional, cuevas con estalagtitas y estalagmitas, bosques, naturaleza cristalizada y congelada. Ambient techno con un bombo muy definido, cuál sonido congelado en el pleistoceno del mismo pero con una calidez abrumadora. Melodías ensoñadoras que van y vienen, que suben y bajan, el ambient hecho groove. El final del show es lo más bonito que ha escuchado el que escribe en el evento, bombos vigoréxicos ultracomprimidos acompañados de una especie de cuerdas que definían una catedral sonora digna de ser contemplada. El directo ganador de forma indiscutible del último día.

Después de esto, continuamos el festival bailando el dj set especial de disco y ritmos negroides de John Talabot que puso patas arriba el Bower and Wilkins que tuvo la afluencia de público más significativa de todo el festival en este escenario.

Posteriormente, subimos al Bacardi live para volver a bailar un techno muy facilón aunque efectivo de Recondite, cuyo directo en el Bacardi live fue demasiado previsible ya que a altas horas un bombo a negras nunca está de más para ningún clubber. Esto, al ser demasiado aburrido, decidimos volver a Bower and Wilkins a terminar de disfrutar de la sesión de dj Dustin, componente de Giegling, que cerró el festival con música bonita y una sonrisa en todos los asistentes a él.

Así pues, dimos por finalizado el festival de la opulencia, tanto por calidad como por cantidad. Está claro que volveremos, que a nosotros también nos gusta exagerar, y cumplir con lo que exageramos, como es el caso. Ah, y tampoco descartamos la idea de crear unas camisetas customizadas que expongan: “La hiperbolización de la vida en general, y del Primavera Sound en particular”. El evento, bien merece la pena ser disfrutado, y por supuesto, exagerado.


Más información:

Primavera Sound: Web Oficial

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