A poco de acabar el festival los medios de comunicación generalistas se empeñaban en reducir el festival a unas cuantas cifras. Abultadas, enormes, magníficas, rentables… pero simples datos, a fin de cuentas. Un apartado en el que el Sónar 2012 ha sido fabuloso. Ha batido récords de asistencia de tiempos de la Björk. Para eso no hacía falta esperar al parte. De todos modos, el diablo siempre se encuentra en los detalles como así ha sido realmente. Y este Sónar tuvo muchos de ellos. La petición de entradas “bajo mano” que he recibido este año hacía presagiar un lleno absoluto a poco de empezar. Como así fue realmente. Todo el mundo quería ir al Sónar. En realidad todo el mundo tenía ganas de Sónar. Los barceloneses no estaban dispuestos a dejar pasar esos tres días de verdadera fiesta mayor. Recibes a todo el mundo. Disfrutas con todo el mundo. Además de día y al aire libre, como en Ibiza. No está mal pasar tres días a rebufo con la que está cayendo. Para los lugareños de aquí, Sónar es la fiesta del pueblo de verano en la que ves a esos forasteros que sólo tratas fugazmente una vez al año. El Sónar es un estado de ánimo que esta vez se ha disfrutado mejor en época de crisis (esa que afecta a todos los que esos días han quedado fuera de ese oasis que forma el eje MACBA/CCCB). Lo dije en Twitter imbuido por el arrebato y lo vuelvo a refrendar ya con el planeador asomando: Sónar es un estado de ánimo. Y ya lo dijo Heródoto, tu estado de ánimo es tu destino. Así que nos queda Sónar retumbando en nuestras cabezas para rato. De todos modos este año lo disfrutaremos como siempre habíamos querido hacer: de día y fluyendo. Cuatro vistazos como a vista de pájaro del cartel y muy pocas prisas. Me tomo un Sónar de veteranos que no están de vuelta.
Miércoles. 13 de junio.
Sónar es también un globo constante que da inicio con la que para un servidor es la mejor fiesta del año. Nuestro particular y sofisticado chupinazo en junio abre juego ya el miércoles en el Real Club Maritim de Barcelona con la particular barbacoa de Red Bull Music Academy. Este año más animada que nunca. La culpa fue del productor de hip hop Just Blaze que además de aparecer en el vídeo juego NBA Street Vol. 2 cuenta también con otros méritos como haber trabajado para Beastie Boys, MF DOOM, Kanye West o Jay-Z. Fue entrar en cabina y el de New Jersey arrastró a dos o tres negrazos hacia la pista… Y cuando dos o tres negrazos toman la pista la fiesta está asegurada, man. Mucho soul para salvarnos del rescate. Por entonces, la barbacoa ya estaba tomada por los españoles que formaban en procesión hacia la carne aprovechando que los alemanes estaban jugándose los cuartos delante de la tele contra los tibios holandeses. El efecto Eurocopa y Mundial de cada dos años acrecienta ese sentido de patio de colegio “cosmopolita” del evento en cuestión, algo más afectado este año por mor del ruido que venía de fuera respecto a Grecia, el récord de la prima de riesgo y nuestro rescate. El molesto ruido se apaga con Jackmaster en cabina con una sesión deliciosa aliñada de techno de Detroit. Planeadora, muy de cómo debería sonar el techno por la tarde y al calor de una barbacoa. El hedonismo te agarra por la acreditación y ya no te soltará hasta el domingo cuando decidas cortar la pulsera y de paso con el cordón umbilical que te une al paraíso artificial. Después viene el últimamente ubicuo Gerd Janson con el que la organización decide relajar unos ánimos que estaban a punto de derramarse antes incluso de empezar el banquete electrónico. De las pocas veces que sientes realmente que en ese justo momento, por lo menos en lo nuestro, estás en el punto más cool del planeta. Y a sólo veinte minutos andando de tu casa. Será verdad eso de que Barcelona es un pueblo.
Jueves. 14 de junio.
Es jueves al mediodía y el Sónar ha empezado con el directo de Microfeel que es el proyecto de Sebastian Seifert con el que se estrena oficialmente el Sónar. Tarea tan ingrata como simbólica por la poca presencia de público en el escenario Village a esas horas de la mañana. Primeros minutos de tanteo, de sacarle fotos al flamante césped despojado a esas horas de pliegues y faldas. Poco va a durar la tranquilidad porque del esforzado pelotón nacional empiezan a despuntar los primeros demarrajes. De tal modo que d.Forma del sello barcelonés lovethechaos se convertirá en la primera revelación del festival con un directo demoledor y muy de Sónar: el apocalipsis puede llegar tan pancho a la hora de la siesta del borrego. Un poco de aire y sol para continuar con el boogie charm del vasco El_Txef_A que contradice a los que afirman que en el País Vasco se folla poco (escuchen su edit del tema Calgary de Bon Iver y reconozcan de una vez que la vida puede ser maravillosa). El directo del joven de Guernica servirá de correa de transmisión para el showcase del día, el del sello de Flying Lotus, Brainfeeder que contó con Dj Kutmah como punto de arranque y con nuestro Blastto como punto y final (y con Totally Enormous Extinct Dinosaurs como atractivo más o menos mediático de la velada en ese incidir de nuevo en el cameo entre indie rock y baile). Por desgracia para él, a esas últimas horas de la tarde Carlos Llorente tenía en los Djs de Juke y Footwork, DjSpinn y Dj Rashad a dos grandes rivales. El Dome tembló como nunca con una sesión fibrosa y nervuda. Triunfaron con bases sólidas y apoyándose en un Spinn con mucho pulso al micro (que ya tiene mérito porque aquí en nuestro país ya se sabe que no nos gusta demasiado que nos calienten la oreja con el mic.). Lo que está claro es que cuando el Sónar le pide a RBMA que le ponga el día entonces recurre al ghetto y éste (pro)clama y ruge. Otro que se llevó el Nobel de física del día fue Daedelus con su Archimedes Show que visualmente está muy bien. En lo musical su remedo rave ya es otro cantar, sobre todo después de haber visto a LFO hace tan solo diez días en #PS12. Siendo quisquillosos lo que hace Daedelus me parece bastante inofensivo. Algo así como la nueva vuelta de tuerca de la vanguardia pret-a-porter que gusta a todo el mundo. Siendo realistas, su trabajo es equivalente casi siempre a efectividad máxima y efusividad en forma de brazos al aire.
Viernes. 15 de junio.
El viernes da inicio con una sesión muy especial para un servidor por motivos intra y extra musicales. El versus entre Guillamino (cómo canturrea el tío y casi sin quererlo por cierto) y mi querido Xavi Riembau, uno de los “tapados” del sello Bankrobber que pincha con su alias Diego Armando y que desde hace años merecía pinchar en Sónar aunque fuera de tapadillo. Le tocó el año de Lana del Rey, pero le tocó. Aún me llama el “techno-man” de España cuando me ve. Pero en realidad es Xavi el que mea música. Le conocí en scannerFM de cuando dirigía su programa Morsambxilòfons en el que demostraba su pasión por todas las músicas del mundo tal y como quedó patente también en su sesión del Village. Siendo fiel a su estilo, Diego Armando cubrió con sus “africanismos” la parte de “música de la periferia del mundo” que parecía iba a ser norma hace dos años en Sónar (por cierto, el brasileño Psilosamples hacía bandera de su localismo justo al lado con una camiseta del equipo brasileño del Corinthians presidiendo el escenario Village). Trevor Jackson era otro de los que apetecía ver a una hora intempestiva como las cuatro menos cuarto de la tarde. Se presentaba con las credenciales de su nuevo recopilatorio para Strut, Metal Dance con el que parece haberse quitado años (Trevor fue de los primeros en petarla en materia nu disco cuando no se había inventado la palabra). No hubo EBM, ni mucho menos industrial, tampoco post-punk, ni fiesta antigua. Por contra, el veterano productor de Playgroup bordó una primera hora de house a lo balearic muy atmosférico –algún guiño inicial al reggae- que acabó enredándose hacia ninguna parte después de una mezcla algo chusca que obligó al propio Dj a disculparse. Después de ese fallo, que yo creo que sólo notó él, el buen pulso del cerebro del sello Output Recordings se fue diluyendo con el calor. Daniel Miller en cambio lo tuvo claro desde el principio: techno y para adelante. El responsable de Mute no se complicó la vida, ni puñetera falta que hacía a esas horas de la tarde. Lo mismo que Mouse on Mars. Siguen siendo valor seguro en la bolsa de la electrónica parda. Un día se decidieron a romper el hip hop. Y ahí siguen. Rearmando una y otra vez esas piezas que parece que nunca acaban de encajar. Por entonces la británica Nightwave ya había sobrepasado la etiqueta de “soy la novia de Rustie y me gusto en el Twitter” con una sesión de alto voltaje en un SónarDome atestado y que esperaba a Flying Lotus a 40 grados a la sombra. Si, efectivamente, se puede ser una belleza del extrarradio y pinchar como los ángeles. De Nina Kraviz no puedo decir lo mismo porque no la vi. Es que tenía buen sitio y mejor compañía en la Capella dels Àngels (la compañía no es baladí en un festival en el que dejas fluir, siempre acabas encontrándote a quien más necesitas). Indra Dunis y Aaron Coyes parecían muy tranquilos en uno de los laterales de la capilla ante el que iba a ser su directo en Sónar. Peaking Lights cuentan con temas catedralicios que funcionan tan bien como All The Sun That Shines, incluso en entornos sagrados que seguro no pagan IBI como el del convento de las monjas de Sant Doménec. Menos brumosos, más radiantes que en sus discos, pasaron con éxito la prueba del algodón. Temíamos por una decepción en directo pero ya podemos decir que Peaking Lights nos gustan sin ningún reparo.
Sábado. 16 de junio (San Harvey)
Lo del sábado se presentaba como un discurrir las horas a ver qué me encuentro hasta las ocho de la tarde que pinchaba Harvey. Y eso que la fiesta empezó muy pronto con Logical Nosense haciendo las delicias de la comunidad “bolli” de Barcelona con una mezcla de pop electrónico bailable y mucho sentimiento. Después podías acercarte a la capella para dejarse mecer por el dream pop evanescente de un Albert Zaragoza Gas que muy temprano pedaleaba sobre sus Lenticular Clouds. Hasta enseñó guitarra y todo. Antes se le decía IDM pero ahora yo diría que lo suyo es Hypnagogia pura si no fuera porque es tan joven (o tal vez por ello, quién sabe con la palabra de marras). Vamos que el de Universal Geometry suena a ya oído antes, pero no se sabe si fue en un sueño. A la vuelta de la comida el Sónar Dome es un hervidero con un itinerario casi perfecto formado por los cachorros con alas Salva-Brenmar-Jesse Boykins III-XXXY… y desembocando en el esperado Harvey. Al barbudo lo conocí hará unos 10 años o puede que más cuando leí su nombre en una revista de tendencias que se llamaba Cultura de Noche o algo así en la que el periodista Javier Blánquez listaba los, por entonces, 50 mejores Djs del mundo. Del medio centenar de pinchas de corte highlight el único que no me sonaba en absoluto era precisamente el barbudo inglés que vivía a todo trapo en alguna playa paradisiaca de los EE.UU. donde montaba fiestas exclusivas. Desde entonces se fue agrandando su leyenda en mí, por otro lado, cada vez más castigada imaginación. Con el paso del tiempo caían torres más altas de la cabina pero Harvey y sus fiestas Sarcastic Disco seguían revoloteando en mi imaginario más húmedo así pasaran los años (y eso que se hinchó a pinchar en Portugal durante muchos años, pero claro, Portugal queda tan lejos siempre…). Hasta el sábado a las ocho de la tarde que salió al escenario Dome con ganas de liarla parda. Parapetado en una bestial mesa de mezclas Bozak que infunde respeto por la música ya de buenas a primeras. Él no tanto tras unas gafas que recordaban al recordado humorista Eugenio. Una media sonrisa a poco de empezar delatará sus perversas intenciones: “Yo soy Harvey y vosotros no”. Sabía que lo tenía todo ganado con ese ambiente veraniego, mediterráneo, algo malsano en el que me comentan que hubo predisposición al striptease. Y es que de desnudos hubo de todo tipo, a alguno vi llorar en pista. El americano sabedor de su triunfo de antemano empezó sin prisas y muy lineal. Una vez en candela se permitió pinchar a Vitalic que ya tiene delito a un tipo tanta pasta y una mesa de mezclas de orfebrería para que suene un tema de Vitalic. Lo mismo ocurrió con unas remezcla temprana del The Sky was pink. Pero esa es la grandeza de Harvey. Que pincha más tarde el Crispy Bacon y entonces ya no sé si odiarle o pedirle un hijo. Al “figura” a veces se le ve el plumero, como esa botella de bourbon que asoma por debajo de la mesa y que delata su condición de bon vivant, pero el mito sí que entiende de disculpas. Un broche de oro en clave mítica y mística que seguro escucho en una grabación y no me hace ni cosquillas. La cuestión era vivir el mito. Respirarlo. Es como el Sónar que cada año ves el cartel y piensas que va a peor. Pero después llegan los detalles. Y ahí sí que puedes encontrar al diablo. Dj Harvey hace mucho que sabe más por lo mismo que por viejo. Los detalles. Al Sónar lo carga el diablo. |
Lo de talabot lo tenía claro... Y aunque me tuve que salir al minuto al pasillo derecho del Sonar Hall (debido al volumen excesivo donde estabamos) lo difruté como un enano... Daba gusto bailar casi en trance con su música solo en un pasillo
Nightwave, no la conocía de nada ya que no soy para nada seguidor del Dubstep/bass Music/como sea que se llame ahora... pero tengo que reconocer que la chaval montó un fiestón que acabo con lágrimas de ella misma...
El resto... Ni fu ni fa.