Especial: L.E.V. 2011

Escrito por Xavier Puig | Fotos de Alfredo Carreño | Publicado el 03.05.2011

Lev no es la moneda de Bulgaria. Eso habría que saberlo ya a estas alturas en las que el festival asturiano que homenajea en su nombre a Lev Theremin anda por su cuarta edición, cada cual más brillante en cuanto a cartel se refiere. Este es un festival que se desvive en clavar la letra del forward thinking, que ya se sabe, con sangre entra. Todo un oasis en nuestro país, tierra de secano e inopia en cuanto a propuestas vanguardistas se refiere. En Lev lucen una actitud inconformista que asume riesgos aunando electrónica para gourmets de fino paladar, y todo cuidando el aspecto visual del asunto. Es casi un reflejo antagónico del Viña Rock -un festival mojigato y costumbrista que se celebra en las mismas fechas-, recordándonos inevitablemente al hermano menor humilde y comprometido del todopoderoso Sónar. En fin, que más deciros del mismo que no os haya dicho David Puente ya en su especial remember de la semana pasada. Aún así lo haré, aunque seré breve: El marco del festival está ubicado en las afueras de Gijón, en el recinto Universidad Laboral, un edificio de pasado franquista que Lev se encarga de redimir a base de electrónica militante. El todo rodeado de verdes paisajes, y este año elevado al cubo debido a la inclusión del bello y místico Jardín Botánico. En las inmediaciones y con un papel importante también encontraremos un camping-mordor -por los orcos se entiende-, varios mesones y su rica sidrina. En fin, basta de tópicos. El Lev es sin duda el lugar donde tienes que estar si te gusta la música electrónica en el último fin de semana de abril. Sin más dilaciones, os dejo con la crónica de lo acontecido en el apartado musical.

VIERNES
Johan Johansson
Después de un viaje eterno, vino el sonido de las abejas, bueno perdón, vino el sonido de Johan hijo de Johan. Su formación de directo consistió en un cuarteto de cuerdas clásico: dos violines, un cello, y una viola mientras que el propio Johan se parapetó detrás de un piano de cola y dos macs desde el que controlaba los sonidos sintéticos. El show empezó con una pieza larga y tristona que sonaba como un memorial de Auswich:  drones oscuros y cuerdas melancólicas, el todo apoyado con unas visuales en el que flotaban grúas y obreros en blanco y negro, en una clara alegoría sobre la destrucción del planeta a mano del hombre. Según iba avanzando, el tono del concierto pasó de la tristeza a la nostalgia, pero no varió su fórmula neoclásica minimalista rica en elementos sintéticos, grabaciones de olas rompiendo sobre algún fiordo y cajitas de música. Todo muy sentido, rozando lo deprimente, oiga. Seguro que los que empezaron pronto la noche y ya iban de speed o coca lo pasarían muy mal, anclados como estarían a su butaca en un concierto de lo más denso. El caso es que bromas aparte, fue un magnífico espectáculo que no hizo sino recordarnos la grandeza de los músicos al uso, demostrando en cada tremolo su capacidad para la precisión y sentimiento fuera de lo común. Como datos finales, reseñar que tocaron la pieza Odi Et Amo de su primer disco Englabörn -fácilmente reconocible debido a la voz en una suerte de loquendo que contiene-, y que a mitad del concierto una de las violinistas se atragantó en riguroso directo.

Demdike Stare
La señora Elizabeth Southerns, más conocida como la bruja Old Demdike, fue una curandera pagana inglesa que recientemente se ha visto reencarnada en el grupo de electrónica Demdike Stare, probablemente para librarse de la caza que el rey James I le libró allá por el siglo XVII. Este es un proyecto que une a Miles Whitaker y Sean Canty, dos amigos que tienen backgrounds distintos, el primero siendo un francotirador de la escena mancuniana en cuanto a electrónica de baile se refiere -Modern Loves y Pendle Covens incluidos-, mientras que el segundo es integrante del colectivo-sello de buceadores de perlas que es Finders Keepers. Su amistad nace de su afinidad por el coleccionismo de discos y sus largas horas de discusiones musicales. En este proyecto, las funciones están claramente definidas y cada uno aporta su especialidad: Miles pone el know-how como productor y Sean trae siempre al estudio del primero una saca de discos inencontrables que si gustan a ambos acabarán revirtiendo como sampleos en el proyecto. De hecho, el propio Miles Whitakker define en una entrevista a Demdike como un proyecto sample-céntrico. Resucitar sonidos antiguos es la base sobre la que construyen sus paranoias y pesadillas más oscuras en forma de audio, siempre basculando entre sonoridades folk y tribales, siempre con un punto siniestro en clave de drones druidistas y dark-ambient, que ocasionalmente mezclan con estructuras de música dance como el techno o el dubstep. Podría resumirse que el proyecto es una batalla entre librería Vs síntesis. Un cóctel de influencias tan complejo y variado que les hace ser únicos en un panorama musical lleno de clones. Su directo fue muy progresivo y especialmente tribal, con un final rico en bajos y rítmicas half-step. Se lo pasaron muy bien en el escenario, y si bien Canty estuvo con un portátil toda la noche, al final acabó cerrándolo y poniendo vinilos. 

Pantha du Prince
Al bueno de Pantha apenas pudo verle un servidor, debido a que se acercó con Puente a las catacumbas del Lev para escucharle entrevistar a los del grupo anterior. Me comentaron que Pantha llevaba un Theremin casero en forma de triángulo que apenas hizo sonar, y sobre su actuación hubo consenso en que estuvo a la altura. Habrá que fiarse. 

Sbtrkt
SBRKTRCuando Subtrkt se pone a hacer temillas tech-houseros con flirteos minimal enfocado a pistas de baile sin amor propio como su colaboración con Sinden, no hay quién le aguante. Su carrera empezó después de un remix facilón a Radiohead y temillas bastante insípidos hasta que llegó su remix del Timeless de Goldie. Un día alguien debió de enseñarle lo que era la ciudad del motor, Chicago y el Re-201 de Roland y enseguida decidió que aquello era lo suyo. El caso es que el chico supo como adaptar estas nuevas sonoridades y útiles a su pastiche de ritmos rotos con denominación de origen Uk y visado jamaicano, todo sin perder su afinidad por el tech-house bailonguero y querencia en destrozar pistas de baile. El chaval apareció tocando la batería y un portátil y tocado con una careta -si, el tipo también va de Burial-, mientras que a su lado estuvo Sampha, un cantante cuya voz recuerda a la de Robert Owens y que lleva colaborando con Sbtrkt desde su e.p Break Off/Evening Glow. Juntos realizaron un incendiario directo que derrochó energía a raudales y que estuvo basado en conjugar melodías con alma con bajos monstruosos y ritmos demoledores.

Apparat
Apparat
Si lo sé, uno apenas vio a Apparat debido al cansancio y la densidad de población de la pista, si bien por lo poco que pudo ver estuvo muy en su línea: techno sintético, muy duro y al riñón, con esos subidones que no acaban nunca de estallar y hacen llegar al paroxismo al público presente. Todo mientras menea la cabeza como si le fuera la vida en ello, agitando efusivamente sus pelacos de profesor chiflado. Su actuación debió de ser grande, aunque a uno nunca le ha acabado de encantar su música, y si, ya lo sé, es un pecado.

Architectural
Decía hace poco un amigo y colaborador de clubbing en su Facebook que Marcel Heese le comentó en su visita a Madrid que los fans de Architectural berlineses lo llaman con cariño Reekshape. Desde luego a nivel de producción -muy mental y con miras a Detroit- este enmascarado productor -otra casualidad sin duda-, si tiene aires de tener algo que ver con las motivaciones que llevaron a Sebastian Kramer a reconducir su carrera hacia sonidos más cálidos y enmascararse en pos del anonimato conceptual. El caso es que Architechtural se marcó una sesión brillante de techno con alma à la Craig que dejó a la gente encantada y que confirma su gran estado de forma. Para revivirlo solo deben acudir al podcast que grabó para nuestra web hace bien poco. Fue un cierre perfecto para la noche del Lev basada en el 4x4, ya que el día siguiente vendría marcado por los ritmos rotos. 

SÁBADO

Downliners Sekt
A los Downliners Sekt les silbaron en Nitsa en la noche del sábado del festival Cau D’Orella. La gente -que en su mayoría iba con ganas de mamporros- no atendió a su sutil sonido, a sus ambientes que tienen la rítmica dubstep entre cejo y cejo, el silencio por eje y una sensibilidad r&b y soulera que nadie, y repito nadie, del post-dubstep ha sabido depurar mejor que ellos. El nuevo escenario del festival Jardín Botánico que es un bello parque basado en la flora y fauna del Atlántico y adornado con riachuelos, que resultó un marco incomparable para disfrutar de semejante deleite auditivo en forma de caricias melódicas, escondidas en estructuras tan inteligentes como retorcidas. A su habitual directo basado en las producciones de su reciente trilogía para Disboot, añadieron un final basado en un tema dub que no podía sino remitir al trabajo de Rythm & Sound, y del que esperamos sea material que publicarán en un futuro cercano. El segundo directo que veo suyo en un mes confirma a Downliners Sekt como uno de los grupos más brillantes de los últimos tiempos. Al acabar el live, regalaron al público un breve pero sentido discurso sobre el amor y la música, sin duda con ganas de sacarse los demonios del Nitsa, al mismo tiempo que ofrecían cariño a un público que acabó entregado.

Ametsub
AmetsubEste tímido japonés de quien dicen se alimenta a base de bolsitas de polvos y que ha sido recientemente alabado por Ryuchi Sakamoto, realizó sin duda el mejor directo del festival. Su combinación de idm orgánica basada en glitches de pianos, texturas jazz y especial sentimiento melódico-ensoñador y desplegado en pleno jardín botánico, funcionó como catalizador místico de sentimientos, reemplazando la empanada producida por la dura resaca contraída el viernes por unas sonrisas de oreja a oreja propias de quién se acaba de enamorar. Empezó tocando una suerte de marimba electrónica que iba sampleando en vivo, desmontando su estructura y volviéndola a construir a base de efectos sobre una base de ambient aéreo y planeador que masajeaba el alma. Poco a poco aparecieron unos ritmos rotos que no hicieron sino reforzar la potente simbiosis entre glitches y armonías con una perfección y creatividad muy japonesa que no podía sino remitirnos a Krush, si bien sus lenguajes son distintos. En su directo cupo de todo: flirteos con el hip-hop, devaneos jazzy, rítmicas dubstep, cuerdas, truenos, coros celestiales, pianos Rhodes… Un pastiche único comandado por un sentido de la sensibilidad melódica dreamy nunca antes escuchado por un servidor. El tío ni pestañeaba ni sonreía ni se inmutaba, sino que se expresaba únicamente con la música. Después de tocar el Peaks Far Afield de su último disco, decidió levantar al público de la tarima de madera a base de house baleárico vitalista -creo que era su Snowy Lava pero con un buen beat house- y un tema con una sonoridad muy cercana al Beau Mot Plage de Isolée -que juraría era Time For Free- que acabó en un increscendo de proporciones épicas. Fue acabar y la gente se arrancó con el aplauso más largo y sentido que uno nunca ha visto en un festival y que hasta logró borrar de la cara del japonés su rictus inescrutable e incluso provocarle una sonrisa. Y no era para menos. Pasara lo que pasara después de su actuación, el festival ya habría valido la pena.

Darkstar
Se podría simplificar Darkstar en que son un grupo one -hit wonder de esos Aidy’s Girl Is A Computer, y eso sin duda sería una gilipollez del tamaño del piano de Johan Johansson. Darkstar es un grupo que sabe aunar diferentes influencias en cada release que sacan, cada una más arriesgada e innovadora, y que ha ido evolucionando de bases más duberas como en sus primeros trabajos hacia una suerte de pop chiptunero que conjuga las vocales muy típicas del synth-pop británico de James Buttery con ritmos en síncopa y melodías simples, normalmente a base de piano. A los productores James Young y Aiden Whalley les encanta aplicar un tratamiento a sus texturas en clave lo-fi que las vuelve atemporales, ensoñadoras y preciosistas. Su directo en el auditorio fue muy progresivo, empezando con la citada sensibilidad melódica con aires de pop lo-fi en temas como Gold o When It’s Gone o Deadness, para acabar con los ritmos marciales a lo Machinegun de Portishead como en el enorme tema North. En todo el concierto apenas aparecieron las sonoridades chip-tune, ni las síncopas del post-dubstep en el que muchos les enclaustran, aunque si infinidad de ambientes sacados de reverbs de cinta añejos, melopeas sintéticas a lo Emeralds, junto a ramalazos de idm y techno. En definitiva, el suyo fue un directo maravilloso que no hizo sino superar nuestras expectativas y reforzar esa aura mística mostrada en sus referencias.

Ital Tek
Un artista que empieza su carrera con un e.p titulado Terminator 2, y que junta la bso original y fragmentos vocales de la película con un breackore más cafre y animal que Pepe o Arbeloa en una final de copa del rey, forzosamente nos tiene que caer bien. Si bien es cierto que después de este violento inicio el chico se calmó metiendo la pata entera en el barro dubstep ambiental con aires sci-fi lúgubres y fríos como un palacio en un fiordo noruego y toques de electrónica idmera. Últimamente y si atendemos a su set del sábado, parece que le ha dado por dejarse todo esto en casa y tirar de dubstep garagero al uso, bastante cálido cabría añadir. Ni rastro hubo de breackore ni de la frialdad, aunque si algunas estructuras rotas enrevesadas propias de su anterior música. Aún así el chico salió airoso y actuación si bien no fue memorable, si dejó un buen sabor de boca.   

King Midas Sound
King Midas SoundEste proyecto de Kevin “The Bug” Martin no es sino un árbol de dub orgánico y espectral enraizado en la jamaica más mística y oscura e irrigado por la tradición filo-reggae inglesa, que le cede hechuras de trip-hop y buenas dosis de mala baba electrónica. Como meter en una batidora a Tricky y Massive Attack junto a Scientist y que los mezcle un productor con la cabeza metida en un saco de hierba. Su actuación fue lo que cabía esperar y aún más. A su fórmula habitual de ritmos y bajos profundos y atmósferas orgánicas bañadas en Re-201, el señor Martin le añadió unos riffs de guitarra metalera que le añadían más pesadez si cabe. Los sonidos humeantes y apocalípticos se juntaron con la invocación a quemar babylon que entonaban los cantantes Roger Robinson y una Kiki Hitomi encapuchada. Uno no entendió como podían oírse en la densa neblina de sonido tejida por The Bug. Tocaron el infausto Earth a Kill Ya’ y buena parte de su Waiting For You, si bien la maraña de guitarras y violencia con la que las versionearon dificultaban su reconocimiento. King Midas Sound demostraron que son un grupo capaz de reinventarse en directo y añadir dosis de psicodelia guitarrera y una mayor potencia capaz de asesinar cualquier pista. Como ellos mismos dijeron en su tema Cool Out: “We kill soundboys with our Shaolin styles / Run them out the dancefloor wiping tears from their eyes”. No existe mejor descripción para lo que vimos en la noche del sábado.

Harmonic 313
Mark Pritchard en su alias armónico es un embajador del hip-hop made in Detroit, y la primera mitad de su sesión fue exactamente eso. Armado con un Serato, empezó con un arpegio a lo mohawke y un par de temas de cosmic funk con líneas de 303, para enseguida instalarse en su confort zone rapera en la que coló su colaboración con Whiley y unos cuantos pepinos rompe cuellos. La transición del rap a la electrónica la protagonizaron el Dirtbox empalmado con su incendiario remix de Battlestar junto a Phat Kat y Elzhi. Un beat gamelanoide, unas miajas de dubstep con muchos horns y a revolucionar al personal recordándonos que el tipo viene de la electrónica. Después de un poco de techno acidorro noventero, se lió a poner hardcore inglés del 92-94 rico en Amen breaks, un par de temas de juke y toques de dancehall asesino. Podríamos habernos sorprendido, pero viniendo de este inquieto francotirador, ya sabíamos que podíamos esperar cualquier cosa, y solo buena. Pedazo de set del inglés y a disfrutar de Jon Hopkins.

Jon Hopkins
Jon HopkinsUn tipo que publica neoclásica y ambient, electrónica áspera y ensoñadora, que colabora en discos de Brian Eno -Small Craft On A Milk Sea-, que es autor bandas sonoras como la de la película Monsters-, teclista de Cold Play y que ha remezclado a Nosaj Thing, debería ser calificado cuanto menos de tío ecléctico. Si además de eso es capaz de inventarse una actuación que discurre entre melodías de piano y sensibilidad melódica preciosista con bofetadas de avant-techno a la raster noton, wobble emotivo y contundente, idm tortuosa, ramalazos hip-hop, unos helicópteros de charles y cajas que ni Plastikman, y acabar con un tema de ambient ensoñador, pues apaga y vámonos. Tocó prácticamente todos los palos de la electrónica de baile y en absolutamente todos sonaba incomprensiblemente a Jon Hopkins. El tipo no paraba de golpear insistentemente su controladora y a algún cachondo se le ocurrió decir que no estaba sino jugando al Simon. Las visuales de Alba G. Corral reforzaron la nota hipnótica del set del inglés que acabó con un solo resultado posible: Matrícula de honor.

Lorn
Lorn o el carnicero de Milwaukee. Un mote perfecto para describir al tipo -una mole de 1,95 de músculo-, o a su música, un cóctel incendiario de hip-hop muy electrónico, ramalazos dirty-south y estructuras dubstep. El suyo fue exactamente eso, un set lunático y violento, que luce atmósferas sórdidas y unos bajos bañados en esteroides penetrado por joyas de una gran belleza melódica como su Greatest Silence. De hecho su set fue un compendio del adictivo material que encontramos en su primer álbum, el genial Nothing Else, del que llegaron a sonar hasta tres o cuatro beats del mismo junto a un buen racimo de nuevas bombas que el americano acaba de sacar. Para decepción de muchos, no tocó el Cherry Moon, aunque se marcó un directo muy lineal y muy bien construido que nos dejó serias magulladuras tanto en la caja torácica como el cuello. 

Photek
El señor Rupert es un nuevo artista. Poco queda del genial productor que podía pasarse esculpiendo el beat de Ni Ten Ich Ryu durante varias semanas con un gran afán de superación en cuanto a ciencia de manipulación de breaks se refería. Photek se fue a vivir a Hollywood, imaginamos que en busca de un puñado de dólares y proyectos supuestamente más adultos que hacer música para clubbers. Esta nueva actitud resume un poco lo que nos hemos encontrado a su regreso: un último e.p bastante decepcionante si tenemos en cuenta el nivel de crema al que nos tenía acostumbrado, así como una actuación extremadamente pobre en cuanto a contenido se refiere. Cerrar un festival que ha tenido unas actuaciones tan brillantes debe conllevar forzosamente un set final rico en misticismo y emotividad. Esto solo se consigue de dos maneras: o con un set peculiar y arriesgado como el de Arquitechtural ayer, o bien a base de temas conocidos o bofetadas para que se divierta la pista. Photek no hizo ni lo uno ni lo otro. Se cascó un set de dubstep bastante vulgar y aburrido que dejó chafao a más de uno, borrando las sonrisas de las caras del público que bien se habían encargado de forjar los artistas anteriores. Todo un compendio de tracks insípidos y sin alma. Viendo su última obra no es que esperásemos tampoco mucho del inglés, aunque si estábamos preparados para llevarnos alguna sorpresa que brilló por su ausencia. Un tema de su disco Solaris, un par de temas house y poco más. Además el tipo tuvo una actitud poco menos que endiosada, poniendo caras falsísimas y exaltando a un público que estaba más por abuchearle que por levantar las manos en el aire. Después de hoy, y para uno, Photek se ha dormido en los laureles -remezclas a Daft Punk para Universal y esas cosas-, ha dejado de ser un artista preocupado por el concepto de sus discos a la par que muy exigente con su música para ser es uno más de la escena bass británica, una gota de agua en un mar de propuestas interesantes que no destaca como hacía antaño. Pese a que este último día de Lev fue poco menos que perfecto en cuanto a evolución y propuestas, Rupert se las arregló para mandarnos a casa tan cabizbajos como resentidos. Aún así y para acabar, debemos agradecer a la organización el hecho de hacer posible un festival tan mágico como acertado en las programaciones. Viva el Lev.


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