Electronica en Abril 2011

Escrito por Raúl Linares | Publicado el 12.04.2011
Electrónica en Abril 2011

Durante nueve ediciones el festival Electrónica en Abril se ha caracterizado por una ajustada selección de nuevas tendencias dentro de la música electrónica, sabiamente repartidas entre propuestas de calado más intelectual, menos comerciales, y otras algo más comerciales y viscerales. Esto ha permitido a la gente conocer propuestas que no entrarían dentro del radio de acción de otro tipo de eventos y a presentarlas en un entorno más que correcto, al que poco a poco se le han ido puliendo esas deficiencias de sonido que contaban otras ediciones, todo ello en un emplazamiento pequeño pero ideal para evitar masificaciones que impedirían el correcto disfrute de los directos-sesiones; otra vez más La Casa Encendida se ha prestado ha realizar otro evento de música electrónica del que los madrileños nos sentimos agradecidos, algo que se demostró con las entradas agotadas para los tres días (de patio) y con la gente disfrutando como si de un festival veraniego se tratase.

Viernes
La toma del contacto con el festival de este año no pudo ser más dura. Se presentó a Eleh en el auditorio, a oscuras, con tan solo un par de linternas alumbrando sus osciladores, de él tan solo se intuía la espalda, ya que se tiró todo el show dándonos la espalda, imbuido en sus frecuencias y ondas que manipulaba a su placer, bien para hundirnos en el fango bien para narcotizarnos. Tuvo su punto sobre todo en el momento en el cual lanzaba un bajo que modulaba hasta deformar y al que después iba añadiendo o quitando frecuencias – algunas de un volumen e intensidad algo molesto -, creando un ambiente frío que algunos no aguantaron en su totalidad. Todo esto a oscuras, repito, que hace todo bastante más íntimo y obligaba a uno a meterse de lleno en la actuación. Anika se encargó de inaugurar el patio junto a su banda, de formación clásica (guitarras, batería, bajo y teclados), pero con intenciones algo más actuales. De ellos se valió para reformular temas clásicos, de gente como Pretenders o los míticos Shocking Blue (un correcto Love Buzz), que instrumentalmente eran correctos, con paradas en el dub y en el trip-hop hundido en un poco de noise. Lo que disgustó un poco más (no a todo el mundo) era como desafinaba la mujer, algo que en disco es algo del encanto, pero que en directo es más bien un lastre, con esa cara y esos gestos de no disfrutar del show. Lo dicho: para algunos una maravilla, para mí (y algunos más) algo meramente anecdótico. El cierre por todo lo alto lo puso Egyptrixx, el cual puso patas arriba el patio con su live basado en su gran Bible Eyes. Un live de los típicos, de tirar de Mac (y Ableton, se supone) y de ir llevando a la gente a su terreno nada más empezar el show. Su techno que tiene algo de electro y de bizarro atrapó a todo el mundo y si no llegó a ser lo mejor del festival fue por el sonido, al que le faltaba chicha, y por que al día siguiente Elektro Guzzi se alzaron con el trofeo con todo merecimiento.

Sábado
Había ganas de ver lo que Thomas Brinkmann podía ofrecer presentando un show que se basa totalmente en su magno y genial Klick? (por la mañana mutó en Soul Center para dar un show familiar), un disco que tiene ya unos añitos pero que sigue siendo una de las piedras puntales del minimal-techno más actual. Este colega de Hawtin se presentó con todo su arsenal (mesa y efectos varios) para reproducir los sonidos que pueblan ese disco y fue algo genial simplemente por mostrarnos como sacó todos esos ruidos, esos samples con los que creó este disco, generando poco a poco piezas que cobran ente y que te van atrapando. Abstracto fue, claro, pero con una clase que le hace destacar por encima de la media. Triunfó (claro) cuando fue poniendo las piezas más “accesibles”, las que tienen un ritmo más marcado o bajos de escándalo, como ese gran 0101. Beans traía disco nuevo bajo el brazo, con la colaboración de gente de Anticon (su nuevo sello) o de gente más cercana al indie, como Tv On The Radio. Su directo fue correcto, con un dj arropándole y él dándolo todo, dejando claro que quiere que dejen de preguntarle por Anti Pop Consortium, dejando las cosas claras con su estilo agresivo y su buen y característico flow. En realidad fue un mero trámite para lo que la mayoría de la gente esperaba: el show de Elektro Guzzi. Los austríacos se presentaron con su batería, bajo y guitarra, procesados por mil pedales que les hacen sonar únicos. Un grupo con una estructura clásica que suena a algo totalmente diferente. Una sesión tocada con instrumentos por músicos, algo que poca gente es capaz de hacer. Encima todo esto suena a gloria, con la guitarra lanzando sonidos que parecen efectos, el bajo modulado de tal forma que suena a todo menos a un bajo clásico y una batería tratada de tal forma que el bombo no se diferenciaba mucho de un bombo de techno de toda la vida hecho con un ordenador o una caja de ritmos, con la diferencia de que veías al batería llevarlo en tu cara. No fue una sesión, pero casi tampoco fue un directo, simplemente fue una mezcla de ambas cosas y una de las mayores sorpresas en lo que llevamos de año en la capital.

Domingo
Lamentablemente me perdí el primer pase del domingo de Markus Schmickler (más que correcto, según contaron), pero eso permitió llegar a Dan Deacon con las pilas a tope, y hacía falta. Para esta ocasión no vino con su mega-banda festivalera, el se lo guisó y se lo comió solito con sus cachivaches de colorines y su calavera fluorescente. Todo ello y esa música tan especial hizo que el público se volviera loco por momentos. Logró captar la atención de todo el mundo haciéndoles partícipes, hizo bailar hasta el técnico de sonido con casi todos sus temas y encima le dio tiempo de mostrar algunas canciones más que buenas, todo ello bañado en su electrónica-pop acelerada que suena a veces a rayos, algo de lo que no te das demasiada cuenta por que estás en pleno baile sonriendo a todo el mundo. Me imagino que en su pase de por la mañana los niños se lo pasarían de lujo. Como cierre nada mejor que una pedazo de sesión de Hudson Mohawke, el cual (por fin) se presentó en Madrid y dejó claro que está hecho un jefe. Se marcó un poco de todo: grime, R&B, dubstep y demás lindezas, todas con bajos muy, muy gordos y ritmos lo más rotos posibles. Nada más que tenías que ver a la gente bailar para notar que fue uno de los puntos fuertes del festival, aunque se notó que bastante gente iba tan solo a ver a Dan Deacon, porque se empezaron a abrir espacios y se podía bailar con tranquilidad. Ahora las ganas son de que se pase por alguna sala y se haga alguna sesión más larga, y a una hora más idónea, que eso de terminar a las once y poco e irse a cenar no pega demasiado con el espíritu fiestero que llevábamos algunos, pero bueno, al menos se pudo disfrutar de unas propuestas más originales de lo normal por estos lares, a buenos precios y con un ambiente perfecto.


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