Lee Scratch Perry @ Joy Eslava (Madrid)

Escrito por Rubén Orta | Fotos de Selector Marx | Publicado el 01.05.2009

Cada cierto tiempo se tiene oportunidad de ver a esa gran estrella de otra época que revolucionó la escena musical con su pequeña o gran aportación. Hace unos meses era Grand Master Flash, ahora le ha tocado a uno de los jamaicanos más ilustres que todavía permanecen vivos, Lee “Scratch” Perry.

Lee “Scratch” Perry junto a King Tubby son sin duda alguna los dos personajes que más han influenciado a gran parte de los músicos electrónicos que suenan en la actualidad, quizá no de una manera directa, pero si por el sonido que crearon y dieron forma, el dub.

Los orígenes de este PERSONAJE (noten las mayúsculas y observen las fotos que acompañan el artículo), se remontan a sellos totalmente míticos del sonido jamaicano como Studio One o el Amalgamated Records de otro clásico, Joe Gibbs. En este y otros lugares realizó todo tipo de tareas que incluían desde técnico a productor pasando por vendedor de discos. Pese a su indiscutible talento, en todos ellos acabó tarifando con sus socios por el dinero. Estos contratiempos le condujeron a  independizarse definitivamente, montando primero su sello Upsetter y posteriormente su estudio de grabación, el mítico Black Ark.

En su estudió además de grabar a gente como Bob Marley & The Wailers o The Congos, se dedicó a experimentar y a concebir primero el sonido tan característico de la música reagge, y posteriormente a realizar las primeras remezclas, de aquí lo de dub versión, de la música que se realizaba en Jamaica. Sus técnicas eran totalmente rudimentarias (es en el año 1970!), y además del uso de los clásicos tape delays, se dedicaba a hacer todo tipo de barbaridades con las cintas. Desde acelerar y frenar la cinta cuanto estaba en funcionamiento, como a echar el humo de los porros de maría sobre la cabeza lectora para producir alteraciones en el sonido. Con este bagaje a sus espaldas, uno desde luego que no puede dejar de tener ganas de ir a ver que puede deparar uno de sus conciertos, pero claro, una es la historia que tiene como productor y otra la que tiene como perfomer. Y para nuestra desgracia en este rol era como venía de visita.

Acompañado por The White Belly Rats, un trío de blanquitos austríacos en formación clásica (bajo, guitarra y batería), el jamaicano entró al escenario entre humo de incienso y su voz característica desde el backstage. Saludando al personal y rociando por todas partes de colonia, iba recitando estrofas como un gran predicador de la religión rastafari, mientras que el grupo tocaba una buena selección de los mejores riddims del sonido jamaicanos. En todas las canciones iba un sonido pregrabado que aportaba el dub a la ecuación. Delays magnéticos, subidas y bajadas y todo tipo de parafernalia dubera que en su conjunto quedaba más que resultona. Hasta el momento, tiene buena pinta, ¿verdad? El problema es que el papel de predicador al final consistía en farfullar de manera continua una serie de estrofas, con un tono más que cansino. Y es que entre nasty girl I am a clean boy y god bless you, el señor Perry se despachó el concierto. Todo ello aderezado con más colonia, mecheros para quemar no se sabe muy bien que, pequeños bailecitos de desfile y una piedra sanadora que nos mostró con orgullo.

Tras este descripción, ¿que puedo decir?. ¿Flojo? Hostias que el prenda tiene 72 palos y encima la gente ha disfrutado como si fueran enanos. Pues entonces venga, lo damos por bueno.


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