Si la vista no me falla y confío en que no lo haga, el reloj marca en estos mismos instantes las 02.28 A.M. y aunque el cansancio acumulado de un frenético fin de semana post-exámenes agarrota buena parte de los músculos del cuerpo y ha convertido mi cabeza en un coladero o quizás en un hervidero con notables síntomas de pérdida de audición, se hace necesario comentar con ustedes una vez más la jugada no sin antes pedirles perdón de antemano si el orden de los acontecimientos no es el adecuado, nunca fui de los que van armados con libreta y bolígrafo.
Partiendo de la hipótesis de que todos o al menos casi todos conocemos lo que representa Goa para buena parte de la chiquillería de la capital y del extrarradio, entendiéndose por ello música electrónica (ése gran desconocido), mujeres despampanantes, camisetas de baloncesto, tatuajes, dilataciones y demás parafernalia moderna todo ello aderezado con interminables horas de fiesta, que en el 30% de los casos no pasan del párking y/o aledaños, no obstante somos muchos los que aún concebimos este macroevento como un noble intento de los que andan siempre en la sombra, que no son otros que los que elaboran las programaciones, de reunir a talentos emergentes, viejas gloria del negocio y fauna local (en el mejor sentido de la expresión) todo ello para nuestro disfrute dominical. Por todo esto y mucho más se hace necesario esta vez darles las gracias a ellos, que bien merecidas las tienen, por brindarnos la oportunidad como ya hicieran en muchas otras ocasiones de ver en directo a artistas como Señor Lobo, del cual se comentaba a pie de pista que hizo una sesión fulgurante, Karizma que empezó enérgico, vibrante y muy enchufado loopeando incluso con nariz y boca (han leído bien), pero que se desinfló a mitad de la actuación para terminar de manera más que decente, no sin antes regalarnos clásicos de la house music como el Good Life de Innercity. En la upper también destacaba la aparición de Seth Troxler, tachado de mi lista VIP tras el lamentable Boogybites que firmó para B Pitch Control en el mes de febrero, pero que confiamos en que diera juego y baile. En la zona satélite otra de las apuestas interesantes era el cierre de Chris Carrier, del cual desconocemos si fue capaz de aprovechar al máximo de posibilidades del extraordinario soundsystem del que está dotado esta nueva sala.
Como alguno ya se habrá hecho a la idea esta no iba a ser una Goa normal en la que recorrer las numerosas zonas en busca del frenesí sonoro. Esta Goa iba a ser especial por un más que claro motivo, la actuación de una de las leyendas vivas de la electrónica, el francés: Laurent Garnier. Como si de una estrella del rock se tratase, Laurent con una actitud relajada y poco o nada chovinista se movía a sus anchas por las instalaciones rodeado de un sinfín de guardaespaldas, véase también porteros de discoteca, y comenzaba a preparar el tinglado unas cuantas horas antes de la hora de despegue. Pasadas las 9 de la noche, rodeados de torsos sudorosos al descubierto, gafastas habituales y con una temperatura en pista rozando los 308,15 Kelvin se daba el pistoletazo de salida al gran momento de la jornada. Laurent Garnier, rodeado de saxofonista, trompetista, teclado, bajo, guitarra y pinchadiscos (Scan X si no nos falla la vista) comenzaba su particular tribulación de meterse a un público poco acostumbrado a estos menesteres con pesados bombos technoides y melodías con regusto a IDM durante 20 minutos sin tregua. Parecía que el del país vecino comenzaba a convencer al personal y tras un pequeño respiro que agradecimos enormemente lanzó, como ya hiciera en la Salle Playel de París, la primera bomba de la noche The Man with the Red Face en su versión original lo que propició ver a más de uno volar por los aires. A partir de aquí uno podría llegar a pensar que el house, el jazz y el soul iban a ser la nota predominante del resto de la actuación, entonces fue cuando a Garnier se le ocurrió regalarnos Crispy Bacon para así poder tirar el teatro abajo definitivamente. También merece la pena resaltar lo entusiasmado que anda Laurent con una de sus últimas composiciones de lo cual nos hizo partícipes, el impronunciable Gnanmankoudji. La transición del primer al segundo acto se produjo a modo de interludio gracias al drum & bass de Bourre Pif dando pie (o eso creemos) a escuchar por primera vez en la main room de Moraleja de Enmedio este tipo de sonidos. Con un público, en su mayoría entregado y rendido a los pies del francés, el resto fue coser y cantar. Techno, mucho techno y de nuevo volvía a sonar The Man with the Red Face, esta vez la remezcla de Funkagenda y Mark Night que tanto ha dado qué hablar en los últimos tiempos y que ha vuelto a subir a la palestra a la gran obra maestra del antiguo residente del Yellow. Rozando ya la hora y media de periplo, el susodicho daba las gracias en un torpe pero valiente castellano a un público exhausto y deshidratado y anunciaba el último corte de la noche para lucimiento del mismo y entre una delicadeza hipnótica ciertamente colorista, este enfant gâté echó el cierre y se despidió de la capital, al menos hasta dentro de un buen tiempo.
Tales of a Kleptomaniak, último compacto de Garnier, publicado por PIAS en mayo de 2009 es sin ningún género de duda un álbum ciertamente raro y anodino, pero sobre todo muy atrevido; cargado de influencias que pasan por el hip hop de Afrika Bambaataa, el downtempo, el techno de Detroit o el house de Chicago. Todo ello es lo que el señor Garnier ha tratado de plasmar en un directo cargado de vida y emoción. Es más, ayer noche demostró que es un gran músico y compositor que además sabe liderar con creces y sin despeinarse la melena a un buen puñado de músicos. En resumen: hizo lo que le dio la real gana, lo hizo bien, él se lo pasó en grande, nosotros nos lo pasamos mejor y fue capaz de meterse en el bolsillo a un público tremendamente difícil que no fue capaz de regalarle una sentida ovación, lo cual aún siendo triste, no deja de ser cierto.. Son las 04.12 A.M. Es hora de dormir.
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